Capítulo 5
Dojin apenas logró contener la risa ante una decisión que no parecía muy considerada. Justo cuando el rostro de Yun-yeong se torció de enojo, como si hubiera escuchado algo que no debía, la señora de la tienda entró. Parecía que le había tomado mucho tiempo y estaba curiosa.
—¿Ya escogieron todo? El clima está raro, así que elijan rápido y váyanse. ¿Vinieron de la casa grande de allá? El camino de regreso no tiene farolas, así que no se demoren —dijo la señora, mezclando el dialecto con el lenguaje estándar. Aunque su acento era marcado, no era tan fuerte como el de los ancianos comunes. Parecía que no había vivido allí toda su vida.
—Ah, ¿ya es tan tarde? Justo acabamos de elegir —respondió Dojin tomando los dulces de Yun-yeong y terminando de pagar.
Los precios en el campo eran baratos y le sobraron 3,000 wones de cambio.
Con las bolsas llenas de dulces y alcohol, salieron de la tienda. Los ancianos sentados en el banco, contentos de ver a jóvenes poco comunes, detuvieron a Yun-yeong y le dieron todo tipo de dulces. De repente, con las manos llenas de galletas y snacks, Yun-yeong siguió incómodamente a Dojin.
—Parece que tienes el gusto de un abuelo, joven Maestro. Galletas y snacks también —comentó Dojin, burlándose.
Yun-yeong no cayó fácilmente en la provocación. Ignoró sus burlas y solo revisó lo que tenía en las manos. Dojin, riéndose de su expresión similar a la de un niño que descubría algo nuevo, de repente recordó algo que había olvidado.
—¿No dijiste que estabas enfermo? ¿Está bien caminar tanto? Puedo cargarte de nuevo si lo necesitas —preguntó Dojin, preocupado.
La distancia entre la cabaña y la tienda era de aproximadamente una hora ida y vuelta. Había escuchado que Yun-yeong estaba allí para recuperarse, así que caminar tanto no parecía bueno para su salud.
—He estado tanto en casa que me aburro, así que caminar esto no es un problema. De todos modos, cuando regrese estaré encerrado en mi habitación —respondió Yun-yeong con voz seca.
Dojin se sintió incómodo con el tono de fastidio y desapego del chico, como si estuviera explicando algo molesto. Era extraño ver ese escepticismo en un niño, algo que normalmente se veía en adultos.
—Además, probablemente tengo mejor condición física que usted —añadió Yun-yeong abruptamente.
Parecía que no quería seguir hablando, así que Dojin lo dejó ser.
—Eso podría ser difícil. Entre los Alfas soy bastante destacado en fuerza y resistencia —dijo Dojin sonriendo.
Aunque no se podía comparar con los atletas profesionales, Dojin realmente tenía talento. Después de que su padre falleciera no tuvo la oportunidad de seguir entrenando y abandonó su sueño de ser atleta, pero en su momento estaba seguro de que lograría algo significativo.
—… Aun así, yo soy más fuerte. Eso es lo que me dijeron —murmuró Yun-yeong.
—¿Qué? —preguntó Dojin, confundido.
—Nada —respondió Yun-yeong cortando la conversación.
Su rostro serio y pensativo hizo que Dojin no lo presionara más y solo apuró el paso.
Como había dicho la señora de la tienda, el camino estaba bastante oscuro, así que encendieron la linterna del teléfono. De lejos, vieron las luces de un auto brillando.
—Oh, parece que vinieron a buscarnos —comentó Dojin, agitando su teléfono.
No sabía si era tarde o si era bueno que hubieran llegado. Suprimiendo un presentimiento inquietante, hizo lo que tenía que hacer.
El auto, que venía a toda velocidad, redujo la marcha al ver la luz. El sonido de las ruedas sobre el camino de tierra resonó antes de que el auto se detuviera frente a ellos.
—¡Joven Maestro! —gritaron varias personas al salir corriendo del auto.
Desde el asiento del conductor salió el Director Song, y desde el asiento trasero, el hombre que había venido con Yun-yeong esa mañana. El rostro pálido de Yun-yeong iluminado por los faros se torció con incomodidad.
—¿Está bien? ¿Por qué salió de la casa? ¡Fue peligroso! —gritó el hombre que había estado sentado en el asiento trasero, corriendo hacia Yun-yeong y reprendiéndolo.
El Director Song, pálido, miró a Dojin y frunció el ceño. Justo cuando iba a hablar, la puerta del acompañante se abrió de golpe y un hombre grande salió.
—Ah.
«Ese hombre. Lo había visto esta mañana cuando llegó a la mansión».
No sabía su nombre, pero el Director Song le había dicho que era un guardaespaldas traído por la familia de Yun-yeong. Como no era un empleado contratado como Dojin o el Director Song, no había tenido la oportunidad de verlo bien.
Dojin intentó saludarlo, pero el hombre, lleno de ira, se acercó de manera amenazante. Aunque no esperaba esa reacción, Dojin se detuvo, pero el hombre lo agarró por el cuello de la camisa.
—¿Eres tú el que se llevó al joven Maestro? —preguntó el hombre, con voz amenazante.
La incomodidad apretó su garganta. Sabía que reír en esta situación solo lo haría parecer provocador, así que mantuvo la calma y habló:
—No, me lo encontré mientras hacía un recado —respondió Dojin.
—¿Qué? ¿Cómo te atreves a responder? ¡Si lo hubieras visto, deberías haberlo traído de inmediato, idiota! —gritó el hombre sacudiendo a Dojin y haciendo que las bolsas cayeran al suelo.
Dojin miró los dulces esparcidos y sintió que la ira lo invadía. Honestamente, la culpa no era suya, sino de ellos.
—Nuestra tarea es patrullar el exterior, ¿no? La seguridad del joven Maestro dentro de la casa era responsabilidad de su equipo, ¿verdad? Deberían estar enojados con el equipo que no se dio cuenta de que un estudiante de secundaria se escapó, no conmigo —dijo Dojin, defendiéndose.
El rostro del Director Song, que observaba la escena, se puso pálido. El hombre escuchó la respuesta de Dojin y guardó silencio por unos segundos antes de gritar con los ojos desorbitados.
—Este maldito… —murmuró el hombre, soltando a Dojin.
La mano que lo agarraba se soltó. Dojin, sintiendo un presentimiento ominoso, dudó sobre si retroceder, pero antes de que pudiera decidir, una mano enorme lo golpeó en la mejilla.
¡SLAP!
El golpe hizo que su visión se nublara por un momento. Sintió un sabor amargo en la boca, como si hubiera sangrado. Aunque no cayó, la fuerza del golpe le hizo sangrar la nariz.
Dojin parpadeó y recuperó el aliento. Sabía que podrían golpearlo, pero, aun así, se sintió mal. Si hubiera guardado silencio tal vez no habría pasado esto.
Honestamente, todo esto era ridículo. Normalmente dejaba que las cosas siguieran su curso, y, en una sociedad jerárquica como esta, sabía que mantener la boca cerrada era lo más inteligente.
Pero se sintió mal. Era obvio que no se preocupaban por Yun-yeong, ni siquiera lo suficiente como para darse cuenta de que había salido de la casa. Después de escuchar al niño decir que no tenía a nadie que se preocupara por él, se sintió peor. Si el equipo de seguridad estaba a cargo de Yun-yeong, ¿cómo no se dieron cuenta de que había desaparecido hasta una hora después?
El ambiente se volvió tenso y el lugar quedó en silencio. Dojin escupió sangre y miró hacia Yun-yeong. Su rostro, iluminado por los faros, estaba pálido. Decidió que era suficiente. Después de todo, su posición aquí no significaba nada.
—Lo siento. Hablé fuera de lugar —dijo Dojin, enderezándose y disculpándose.
El orgullo no ayudaba en estas situaciones. Pero, como era de esperar, el hombre grande no quería dejarlo ir tan fácilmente.
—Maldito, ¿crees que una disculpa es suficiente? ¿Dónde crees que estás? ¿Trajiste a este idiota aquí? —gritó el hombre, dirigiéndose al Director Song.
—Lo siento. Lo enviaré de regreso de inmediato —respondió el Director Song con voz temblorosa.
—Maldita sea, solo dices “lo siento” y ya. Este tipo y ese otro viven en un mundo de fantasía —continuó despotricando.
El hombre grande siguió desquitándose aprovechando la oportunidad. Yun-yeong, que estaba al lado de un hombre de mediana edad, el que probablemente los había contratado a todos, observaba la situación con ojos secos. Normalmente, alguien habría intervenido, pero el hecho de que lo dejaran continuar confirmaba que este no era un lugar normal, como había dicho su superior.
—Actué por mi cuenta. El Director Song no tiene nada que ver —dijo Dojin, defendiendo al Director Song.
Las miradas se volvieron hacia él. Los ojos del hombre brillaron con ira. No era solo un tipo fuerte y de mal carácter, sino alguien que había golpeado a muchas personas y probablemente había hecho cosas peores.
—Eres un maldito listo —dijo el hombre, levantando la mano de nuevo.
Dojin miró la mano que se acercaba y por un momento pensó en devolver el golpe.
¡SLAP!
—¿Dónde crees que estás, maldito? ¿Crees que esto es un juego? ¿Crees que no es tu culpa, sino nuestra? —gritó el hombre, continuando los golpes.
*Merlisys: No te dejes Dojin regrésale los golpes…que rabia con este tipo que no asume su culpa.
Los golpes resonaron en la cabeza de Dojin como si su cerebro estuviera girando. El dolor era menos importante que la sensación de que su piel perdía sensibilidad. Su vista se nubló y el sabor amargo de la ira llenó su boca.
Cada golpe lo enfriaba más. Justo cuando su puño se apretaba, un grito lo detuvo.
—¡Basta! ¡Deténganse! —gritó Yun-yeong, corriendo hacia ellos.
La primitiva y violenta escena lo asustó, y su rostro estaba pálido.
El hombre que golpeaba a Dojin se detuvo, sorprendido por la intervención de Yun-yeong. Pero no parecía dispuesto a ceder. Más bien, miró al niño con desprecio, como si fuera una molestia.
—Joven Maestro, aléjese. Esto no es asunto suyo. Usted es el que causó todo este alboroto al salir. No se meta —dijo el hombre en tono amenazante.
El hombre de mediana edad que estaba al lado de Yun-yeong también se acercó lentamente y lo detuvo.
—Joven Maestro, vámonos. Nos encargaremos de esto —dijo el hombre con voz firme.
—¡Yo fui el que salió! ¿Por qué golpean a otra persona? ¡Él no hizo nada malo! No hay necesidad de llegar tan lejos solo porque salí un momento —protestó Yun-yeong con voz temblorosa.
—Segundo Joven Maestro —llamó el hombre de mediana edad de nuevo, con aun más firmeza en su voz.
Su tono no mostraba preocupación, solo autoridad. El hombre grande, pensando que la situación estaba bajo control, apartó a Yun-yeong y agarró a Dojin del cuello arrastrándolo hacia el bosque. El Director Song lo siguió apresuradamente.
—Señor Kim Seok-ju, lo siento, pero es solo un niño. ¿Podría dejarlo pasar esta vez? Nos aseguraremos de que no vuelva a pasar. Así que, por favor… —rogó el Director Song.
—Cállate si no quieres morir —respondió el hombre con voz fría.
La paciencia de Dojin llegó a su límite. No iba a seguir aguantando eso. ¿Realmente iban a matarlo frente a tantos testigos? Incluso si eran una banda de matones, matar a alguien por algo tan trivial sería una estupidez. El mundo ya no era como antes, donde las cosas se podían ocultar fácilmente.
—Ah, por cierto, fue bueno haberle comentado a la señora de la tienda —dijo Dojin mintiendo descaradamente.
Era mentira, pero decidió arriesgarse. Afortunadamente funcionó. El hombre de mediana edad, que había estado observando, suspiró con fastidio y detuvo al hombre llamado Kim Seok-ju.
*Merlisys: Ya era hora… si Dojin no hace ese comentario el viejo deja que lo maten…

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: BYUL
CORRECCIÓN: MERLISYS
REVISION: FREYJA