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Capítulo 19

Eun-gyeom solo separó sus labios de los de ella cuando tuvo a Si-young a su merced. Ella, completamente tumbada boca arriba y atrapada entre los brazos de él, relajó finalmente los músculos de su cuerpo. 

Finalmente entendía que, por mucho que se resistiera, no podía contra a aquel hombre que anhelaba poseerla con ferocidad. Aunque, a decir verdad, tampoco es que ella realmente tenía la fuerza de voluntad suficiente como para impedir sus avances. Si-young deseaba tanto el cuerpo de Eun-gyeom sobre el suyo, como él al de ella.

—Hmph… Ahhh…   

Un gemido largamente desesperado escapó de sus labios carnosos, que comenzaban a hincharse, tras haber sido devorados por él. Si-young por fin fue capaz de respirar y, entre jadeos, contempló a Eun-gyeom con una mirada borrosa, llena de deseo.

Las respiraciones entrecortadas de ambos se entremezclaban, disminuyendo paulatinamente hasta silenciarse. Justo en ese momento, Eun-gyeom la miró fijamente. Sus ojos oscuros centelleaban ardientes y vibraban con vigor, dejando entrever la poca fuerza que le quedaba para contenerse. Pese a que la poca cordura que le quedaba, la cual parecía que, de un momento a otro, se la llevaría el viento, Eun-gyeom logró preguntar: 

— ¿Crees que podrás con esto?

Era un último aviso, recurriendo al uso de la sensatez de dos adultos. Pero, entre los engaños del alcohol, poco se podría respaldar con la palabra “consentimiento”.

—… No lo sé.

Si-young dijo que no lo sabía, pero no podía afirmar que su apetencia hacia él era, únicamente, fruto del estado en el que se encontraban. La tensión sexual entre ambos era algo palpable desde hace tiempo, quizá desde el primer momento en que se conocieron, y, tanto él como ella, eran conscientes, aunque no tenían el suficiente valor como para desglosar aquella tácita verdad. Por eso, todo lo que pronunciara Si-young con aquellos, sus tentadores labios, de poco valía para él. 

Sin embargo, esta vez Eun-gyeom vio el miedo asomándose en su hermoso rostro. Sus párpados agitados y la mandíbula apretada eran claros indicios de su esfuerzo por no dejarse llevar por el momento. Unos instantes en los que Si-young se sintió como si él se estuviera apoderando de su mente, como un hechicero que la encantaba con la mirada. Esa sensación de perder su fuerza de voluntad era tan aterradora, que podría intentar huir si le daban la más mínima oportunidad. Solo bastaba con que él moviera uno de sus brazos para que ella desapareciera de allí, atemorizada por la lujuria que se había despertado en ella, y que no quería reconocer.

—Una vez que empiezas, no puedes parar. —susurró él, a escasos centímetros de su rostro.

Era una declaración, teñida con sutiles toques de advertencia. 

Una cierta consideración de Eun-gyeom hacia Si-young, quien lo empujaba a los bordes del delirio, por la provocación del olor dulce que emanaba su cuerpo voluptuoso. Ella misma había cruzado la línea con sus propios medios y llamado, con sus manos, a las puertas que escondían el oscuro deseo sexual que Eun-gyeom sentía por ella. Una atracción que apenas podía controlar a estas alturas. Si Si-young estaba dispuesta a tentarlo de esa manera, al menos, era justo que ella también asumiera la responsabilidad de todo lo que estaba por venir.

«¿Se arrepentirá?» 

La cuestión asaltó la conciencia de Eun-gyeom y, por un instante, vaciló.

Pero, por su parte, Si-young reflexionó. No estaba segura de si sería demasiado doloroso para ella, pero no tenía la menor duda de que sería un error lamentable. Ya fueran por los sucesos de aquel día, o por el momento de embriaguez, lo cierto es que ella ya no podía resistir el impulso que lo atraía hacia él. Además, tampoco era desconocedora de lo que sentía. Intentó frenar un deseo que era demasiado fuerte para ella, hasta que, finalmente, se rindió ante él. En un instante de lucidez, cuando estaba tan cuerda que no podía culpar a nada más por si ambos acababan con un lío de una noche, simplemente dijo:

—Llegará un momento en que tendré que asumir la responsabilidad… Por esta elección…

Si-young, con una sed que llamaba a lo carnal, tragó las últimas palabras, “tarde o temprano”, con la boca seca. Luego, con un bajo murmullo, añadió:

—¿Por qué estoy haciendo esto? Pues la verdad… No lo sé…

Los últimos hilos de la razón se aferraban a ella y no la soltaban. 

«Si Tae-ra descubre el hecho de que me estoy acostando con Eun-gyeom a sus espaldas, no habría excusa. Más aún, tras haberle mentido descaradamente por teléfono…»

Si-young suspiró. 

No quería acabar con la pizca de cordura que aún la retenía, pero tampoco deseaba parar lo que estaba haciendo con Eun-gyeom. Si hubiera una frase que describiría a la perfección su estado en aquel momento, esta sería: 

“Mi fuerza de voluntad se rompe ante el impulso y la atracción sexual incontrolable que siento hacia él”  

Por eso, Si-young ya no podía negarlo más. Quería entregarse a las sensaciones que Eun-gyeom despertaba en ella. 

Tal vez, nublada por la excitación, su voz tembló ligeramente cuando continuó hablando. Sonaba más descansado que de costumbre. Tal vez estaba nublado por la excitación.

—Pero una cosa es segura…

Su pronunciación sonó más pausada que de costumbre, como si se arrastrara con un leve gemido. Eun-gyeom la miró, era la pura tentación encarnada. Sus labios voluptuosos y su boca sensual se movían lentamente, tomándose su tiempo para pronunciar lo que él ansiaba escuchar.

—No quiero dejarlo.

No había nada más que decir, el deseo era mutuo, y sus labios, ávidos de placer, volvieron a fusionarse.

━━━━━━━ ∙ʚ♡ɞ∙ ━━━━━━━

Las manos de Eun-gyeom estaban ocupadas mientras descendían por la espalda de Si-young. Rápidamente le quitó la camiseta por encima de la cabeza, pero la dejó en sus brazos, donde la enrolló y arrugó a la altura de sus muñecas, a modo de unas improvisadas esposas que la inmovilizaron por completo. Mientras tanto, Si-young, en busca del sabor de sus labios, levantó su cabeza de forma natural, y él la complació, metiéndole la lengua hasta el fondo. 

Sin embargo, él deseaba más, quería saborearla por completo. Así que, detuvo el beso pasional por un instante y, con sus labios empapados de saliva, recorrió su dulce piel. Lamió su barbilla y se deslizó hasta el cuello, donde chupó fuertemente para marcarla. Ante esto, la muñeca, que tenía agarrada por su mano y camiseta, se estremeció e intentó soltarse. Pero Eun-gyeom la apretó con más fuerza y, abriendo su boca como una bestia cegada por el sabor de su carne, le hundió los dientes en la nuca, justo en la parte donde conectaba con su hombro. Eun-gyeom se deleitó mordiendo su tentadora piel, tomándose su tiempo, antes de apartarse lentamente para devorar otra parte.

—¡Aaaah…! ¡Haaaa! ¡Ahhh…!

La garganta de Si-young se abarrotó de gemidos ante la estimulación desconocida. Su cuerpo se encendió lo suficiente como para que todos sus músculos se tensaran y sus pelos se erizaron por los constantes estremecimientos que recorrían su espalda. Poco acostumbrada a la sensación del aliento caliente de un hombre, cuya saliva húmeda dejaba un rastro de sus lamidas y mordidas, Si-young se vió sin saber cómo gestionar todo aquel placer embriagador que la inundaba por completo. Eun-gyeom, por su parte, era implacable. Su deseo por poseerla era tal, que la degustó con su boca de un lugar a otro, succionando su delicada piel, para dejar los vestigios de sus desenfrenados besos.

Mientras Si-young se concentraba en aquel éxtasis, nuevo para ella, la mano ávida de Eun-gyeom soltó el prendedor de su sujetador. Las vendas deberían haber ralentizado sus movimientos, pero no le costó nada desabrochar el sostén para quitárselo, sin prisas. Con facilidad, él lo tomó entre sus dedos y lo tiró al suelo, revelando, ante sus ojos, los provocativos senos sensuales que ella escondía. Excitado, Eun-gyeom inclinó su cuerpo sobre ella. Su mano, que aprisionaba las muñecas de Si-young, se deslizó hacia las palmas de la chica, y la camiseta arrugada, que había atrapado sus brazos momentos antes, acabó sobre la almohada como si a él le molestara. 

—Mmm… Haaa…—gimió ella mientras, avergonzaba, ocultaba su mirada tras sus párpados.

Eun-gyeom trató de calmarse, para tomarse su tiempo, pues la noche era larga y apenas habían empezado. Lentamente, acercó sus labios y la besó. Su lengua lamió sus dientes, como si pidiera permiso para entrar en las profundidades de su deliciosa boca. No obstante, en el momento en que Si-young, tímidamente, le permitió la entrada, la engañosa delicadeza de un principio desapareció, dando paso a una boca que, con frenesí, la devoraba hasta dejarla sin aliento.

Cuando ella sintió que el oxígeno se agotaba en sus pulmones, su instinto de supervivencia despertó, y, por consiguiente, ella quiso aferrarse a algo. Cualquier cosa le bastaba, pero, lamentablemente, una fuerte mano implacable aprisionaba con fuerza sus muñecas.

Mimy: Preguntas random que me hago mientras corrijo: ¿Cómo te ahogas? ¿Es que no existen orificios nasales en el smut Coreano? No es que tengas una po*** metida hasta la garganta, que ahí, aún puedo puedo entenderlo, pese a ser un poco surrealista. En fin… Sigamos 🤣

De repente, Eun-gyeom pareció otorgarle un momento de clemencia. Detuvo su lengua y apretó sus labios contra los de ella. Pero, cuando una sonrisa torcida, con tintes de picardía apareció en su rostro, Si-young supo que sus intenciones eran todo lo contrario a consideración. Con un brazo le levantó ambas piernas y la besó lentamente, al mismo tiempo que subía su mano libre por su pierna. Al llegar a la cintura, la despojó de sus pantalones y, mientras éstos caían sobre el suelo, le quitó  también las medias* que, en cuestión de segundos, se hallaron yaciendo desordenadamente a los pies de la cama. La piel desnuda provocó, en él, la tentación de explorarla. Sin embargo, la superficie áspera de las vendas, que rozaba la carne de Si-young, hacía que ella se retorciera por las cosquillas que sentía en vez de deleitarse por sus caricias.

*Las típicas medias finas, hasta las rodillas, que llevas con zapatos.

No obstante, él no se inmutó y, mientras ella lo miraba, Eun-gyeom acomodó las piernas de Si-young, cuyas rodillas aún se hallaban levantadas. Él, con un hábil movimiento, las abrió y colocó su cintura entre ellas. Luego, se inclinó sobre su cuerpo y, cuando finalmente obtuvo la posición perfecta que deseaba, entreabrió sus labios. Sin apartarse de ella, bajó aún más su rostro y le pasó la lengua por el cuello. Luego, volvió a morder suavemente sus hombros antes de descender y lamerle de repente los pechos, blancos, que se elevaban como montes nevados hacia el techo.

—¡Aaaah!

Si-young curvó su espalda con un estremecimiento incomparablemente mayor que los de antes. Pero no fue suficiente para apartar la ávida boca de Eun-gyeom que saboreaba sus senos. En su lugar, le rozó las aureolas rosadas con la punta de la lengua, buscando provocar estímulos, que ella ni siquiera sabía que existían. Tras esto, y sin compasión, Eun-gyeom se llevó el duro pezón a la boca y succionó ligeramente. Si-young, embriagada de excitación, jadeaba, haciendo que la parte superior de su cuerpo subiera y bajara, tal que si fuera llevada por una ola.

De súbito, la lengua de Eun-gyeom se movió rápidamente, jugueteando con las puntas de sus pechos. Ante esto, Si-young levantó sus caderas, que temblorosas, se sacudían sin control, mientras su entrepierna, húmeda, se calentaba. 

—Mmmmm…—contuvo Si-young, mordiéndose el labio para no hacer ruido con sus gemidos. 

Sin embargo, por mucho que se mordiera, no podía enmudecer por completo sus sonidos amortiguados y, lo único que conseguía, era que sus labios hinchados se enrojecieran aún más, luciendo de forma apetitosa. Apretó los ojos, para concentrarse y no emitir siquiera rastro de sus ahogados jadeos. Pero sus intenciones se vieron truncadas, a medida que la lengua de Eun-gyeom se volvía más implacable, con cada lametón que le proporcionaba a la deliciosa carne de sus senos. 

Sin esperarlo, él liberó las muñecas de Si-young. No porque se apiadara de ella para que pudiese mover sus brazos libremente, sino porque era mucho más eficiente inmobilizarla con sus manos sujetando la cintura y el pecho izquierdo de Si-young, respectivamente. Sin contar, que era una mejor postura para poder estimularla al límite. Sorprendentemente, el redondeado pecho encajaba perfectamente en su palma, y, como saboreando la sensación de satisfacción, apretó y soltó la mullida carne de su busto, hasta que sus yemas alcanzaron el pico. Su dedo índice subió y bajó, mientras rozaba el pezón erecto. El toque era tan tentadoramente obvio, que los gemidos, que ella había estado conteniendo, estallaron, inundando la habitación con lo que eran casi gritos de placer.

—¡Ahhh…! ¡Aaaaaah! ¡Haaaa…! ¡Ahhh…! ¡Aaaaaah!

A partir de ese momento, fue difícil volver a juntar sus labios separados, jadeantes de deseo.

El pelo de Eun-gyeom, traviesamente despeinado, cayó sobre el pecho izquierdo de Si-young e, inmediatamente, sus labios dejaron el seno derecho, para tragarse el otro por completo junto con el pezón hinchado. 

Las manos de Si-young, a pesar de su libertad, vagaron sin rumbo hasta acabar posándose en sus hombros. Parecía injusto que él siguiera vestido, mientras ella estaba casi desnuda, salvo por unas bragas diminutas del tamaño de la palma de su mano. Aun así, no se atrevió a desvestirlo, así que se limitó a hundir sus dedos arrugando el cuello de la camisa. 

Como si leyera sus pensamientos, Eun-gyeom separó los labios y se enderezó lentamente. Cuando se detuvo al alcance de sus brazos extendidos, susurró.

—Quítamela.

—…

Tímidamente, Si-young recorrió su cuerpo por los costados y los acarició suavemente. Ante esto, él se estremeció ligeramente. La mano que se movía lentamente hacia arriba tocó su nuca, y la otra, encontró su camino hacia su abdomen, musculoso y plano. Todo lo que ella tocaba le resultaba electrizante y excitante, enviando ráfagas de calor que se extendían como fuego hacia la parte baja de su vientre. 

La camisa de Eun-gyeom tenía muchos botones. Sin embargo, eso no la desanimó. Con sus  manos temblorosas, desabrochó cada uno de ellos, revelando más y más el cuerpo robusto, que se dejaba entrever a través de los huecos del cierre que se abría.

«¿Por qué me siento tan avergonzada haciendo esto? ¿Es, quizás, porque es la primera vez que veo el cuerpo de un hombre tan de cerca? ¿O es porque se trata de la primera vez que muestro mi propio cuerpo desnudo a alguien? Sea lo que sea, la situación es más embarazosa ahora, que puedo ver su pecho al descubierto…»

—…

Para quitarle completamente la camisa a Eun-gyeom, Si-young también tenía que desabrocharle las mangas. Por unos instantes, sus manos vacilaron. La razón era obvia: dudaba en revelar las cicatrices que él tanto odiaba evidenciar. Pero, si en veras quería desnudarlo, tal y como le había pedido, esto era algo inexorable. 

Eun-gyeom, quien supo lo que ella estaba pensando, le susurró cerca del oído:

—Desabróchalo.

Si-young obedeció. Lenta y cuidadosamente liberó los botones de la parte que escondían sus muñecas y, una vez que la camisa estuvo completamente abierta, con todos los cierres sueltos, Eun-gyeom se quitó su propia camisa de un tirón. Con aquel movimiento brusco, la arrojó al suelo, donde cubrió las otras prendas caídas de Si-young. Ahora, Eun-gyeom, mostraba, en su esplendor, su musculosa parte superior ante los ojos, muy abiertos, de ella.

Inmediatamente, él se inclinó de nuevo, superponiendo sus cuerpos. Su pecho duro se apretó contra los senos suaves y mullidos de ella. La excitación se apoderó de él. Era más fuerte que lo que había sentido cuando las manos de Si-young lo acariciaron, o incluso cuando se deleitó comiendo sus puntiagudos pezones, pues se trataba de un impulso completamente visceral. Era sorprendente que, con solo el hecho de que ahora faltará aquel endeble trozo de tela, que antes los separaba, la actual sensación de sus cuerpos tocándose, piel contra piel, fuera claramente distinta y estimulante con respecto a la anterior. 

Ella podía sentir sus músculos, calientes y flexionados, contra las palmas de las manos que acunan su espalda y hombros. Mientras él percibía la suavidad y voluptuosidad del cuerpo de Si-young contra sus fuertes pectorales. Era indescriptiblemente erótico.

Ella estaba tan embriagada, que no se dió cuenta de que su ropa interior estaba completamente mojada. Sin embargo, Eun-gyeom sí notó su humedad al instante. Sin previo aviso, él separó las piernas de Si-young tanto como pudo deslizando sus ávidas manos por los torneados muslos de la joven. Al llegar a las nalgas, las elevó suavemente metiendo sus dedos hasta que éstos encontraron la goma superior de sus braguitas.

—¡Aaaaaah! ¡No, espera!

Eun-gyeom, con una pícara sonrisa, bajó la prenda fácilmente, a pesar de sus protestas, y Si-young se quedó desnuda, al natural, incluso con sus lugares más íntimos expuestos frente a él. 

Estaba avergonzada, llena de pudor, pero, a la vez, fervientemente excitada por la intensa mirada de Eun-gyeom, que recorría cada centímetro de su cuerpo. Sus ojos, eran las honestas ventanas del corazón de un joven que ardía con intenso deseo. Unas pupilas que emitían tanto calor, hasta el punto de sentir su piel en llamas allá donde su penetrante vista se posase.

De repente, Eun-gyeom se rindió ante la tentación y las yemas de sus dedos rozaron la parte más placentera de Si-young: su clítoris, rosado y empapado. La provocación más intensa para la mirada de un hombre.

—¡Ah!—exclamó ella, alarmada.

Fue más un grito que un gemido. Las manos de Si-young se apartaron para agarrar las sábanas con fuerza y la parte baja de su espalda se arqueó por reflejo. Sus ojos, se abrieron por completo, las piernas inmóviles se retorcieron, se sacudieron, y cientos de estremecimientos la invadieron. Era, ciertamente, un espectáculo placenteramente sensorial para Eun-gyeom, que la contemplaba, hipnotizado. Solo pensar en lo sensible que era ella, ante el leve movimiento de sus dedos en la parte exterior de su vagina, provocó calambres en su polla y su cuerpo se sintió tan electrificado como el de Si-young, cuyas caderas temblaban violentamente con su toque.

—¡Mmmmm! ¡Ugh! ¡Haa!

La mano de Eun-gyeom era lo suficientemente grande como para cubrir el íntimo espacio mojado entre las ingles de Si-young y sus dedos, eran bien gruesos y traviesos. Por eso, él no dudó en frotar su clítoris erecto, con sus yemas. 

Ante esto, ella se sintió tan sumamente abrumada que intentó cerrar las piernas, pero no pudo, pues la otra mano de él la agarraba por los muslos con fuerza. Impotente, giró su cara roja y avergonzada hacia un lado, mientras se mordía el labio inferior. Sin embargo, la sensación era tan intensa que su boca se separó y gimió estrepitosamente sin poder evitarlo. Era como si hubiera cruzado el límite de lo que podía soportar. 

Los dedos que habían estado acariciando suavemente la delicada parte, con movimientos circulares, se humedecieron al instante y Eun-gyeom supuso que ya había llegado el momento. Lentamente, introdujo uno de sus dedos resbaladizos en su vagina empapada, penetrando y palpando suavemente para buscar su punto G. 

—¡Oh…! ¡¡Ah!!

Si-young apenas podía pronunciar siquiera una palabra. Desesperadamente quería tiempo. Unos segundos de compasión para asimilar lo que estaba sucediendo. Si-young, que se veía incapaz de decir algo coherente con su cuerpo tembloroso, agarró a Eun-gyeom por el brazo, en un último intento, y él se detuvo, sin sacar el índice de su interior.

—Yoon Si-young. —susurró él, mientras besaba su cuello.

A pesar de que era su primera vez, Si-young intentó no asustarse, trató de ser fuerte y afrontarlo, pero, en aquel momento, sintió una ráfaga de miedo. El pánico se apoderó de ella, y no se trataba de ir, o no, hasta el final con él. Era, más bien, temor a lo desconocido.

—…

Temía que no fuera solo un impulso pasajero, que no fuera capaz de satisfacer la necesidad que subía a lo más alto de su cabeza, haciendo que su prudencia desapareciera por completo.

«¿Y si no quiero parar nunca de hacer esto con él? Aunque el corazón me late con fuerza por todas estas nuevas sensaciones, tengo miedo de perder la cordura por este hombre que me hace sentir así, como nunca me he sentido antes…»

—¡Ugh!—gruñó él, sintiendo su dura erección presa en sus pantalones apretados—. Lo siento, pero no puedo parar ahora, ni aunque grites.

El pecho de Si-young subió y bajó rápidamente con su agitada respiración. Su corazón latía tan fuerte que parecía ensordecer su mundo alrededor. 

THUMP, THUMP, THUMP, … 

El bombeo era inusualmente fuerte. Al punto de plantearse que, si ahora moría, no sería porque se le parara el corazón, sino por el hecho de que palpitaba demasiado deprisa, desbocado, y sin control.

Eun-gyeom elevó su cuerpo. Su brazo se zafó del agarre que lo sujetaba y ella, con las manos repentinamente vacías, las cerró en un puño. Incapaz de verlo a los ojos, su mirada vagó por su cuello. Sus pupilas, curiosas, se deslizaron hacia abajo, pasando por sus duros pectorales y su musculoso abdomen. No podía negarlo, su cuerpo parecía esculpido por los mismísimos Dioses, pero, mientras lo contemplaba, Si-young se detuvo en un punto. Eran sus dedos, brillantes y mojados, rozando su piel desnuda. Inevitablemente, ella se dio cuenta, al instante, de que eran los mismos que habían estado jugueteando en su vagina y buscando en su interior.

Con ese pensamiento en mente, la sangre se le subió a las mejillas, e intentó poner su vista en otro sitio. Justo cuando sus ojos se posaron detrás de sus manos, húmedas y obscenas, Si-young captó algo mucho más abrumador. Se trataba de un enorme bulto que amenazaba con romper los pantalones de Eun-gyeom si no era liberado. 

Siguiendo la vista de Si-young el sonrió satisfecho y, con un movimiento, desabrochó el cinturón, que cayó sobre la cama cuando se lo quitó. Luego, al liberar el botón y abrir la cremallera de sus pantalones, evidenció las dimensiones de lo que escondía. Pero Si-young no tuvo tiempo de asimilar lo que aquello conllevaría para ella, porque, al instante, él volvió a apretar su muslo con la mano mientras, con la otra, quitaba rápidamente el resto de su ropa.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R



© 2026 ACOSB

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