Capítulo 9
Era la fiesta de recepción al final de la exhibición, y Si-young, quien no llevaba mucho tiempo allí, solo tenía un pensamiento en mente:
«Quiero salir.»
Ya comenzaba a sentir un cosquilleo en el rostro de tanto forzarse a reír ante los invitados y, frotándose las mejillas con el dorso de la mano, suspiró brevemente. Había una puerta justo delante de ella y se moría de ganas de abrirla e irse, pero su cabeza no dejaba de dar vueltas sobre si debía, o no, hacerlo.
«¿Cuánto tiempo ya ha pasado?»
Mientras la fiesta aún seguía en pleno apogeo, ella jugueteó con su muñeca, buscando el reloj, y como no quería ser obvia, levantó la vista primero.
Su mirada se desplazó de izquierda a derecha, panorámica y prolongada, viendo si alguien se acercaba a ella. Sin embargo, cuando estaba a punto de posar sus pupilas en el segundero de su reloj, unos ojos, que le resultaban familiares, aparecieron ante ella. Inmediatamente, al verlos, sus dedos, que palpaban lentamente su muñeca, se pusieron rígidos.
—…
—¡Oh! ¿Eres tú esa persona…?—dijo un hombre que había aparecido repentinamente.
El que la miraba con intensidad, desde cierta distancia, era Eun-gyeom, quien relajó su expresión, al instante, cuando vio al varón que hablaba junto a ella. No obstante, Si-young, como hipnotizada, no podía quitar sus ojos de Eun-gyeom, pese a tener al lado a un joven que esperaba entablar una conversación con ella. Pero, en el momento en que él trazó, en el aire, un leve y cordial ademán hacia ella, el cuerpo de Si-young se petrificó ante el insignificante gesto y desvió su mirada.
Aunque, como él había dicho, debía disimular y comportarse apropiadamente delante de los demás, su cuerpo reaccionaba involuntariamente recordando las secuelas de lo ocurrido entre los dos en el despacho. Así que, si no “pensaba cuidadosamente” como Eun-gyeom había esclarecido, no era culpa suya, sino la de él mismo.
Sin embargo, no podía hacer otra cosa más que enmascarar sus expresiones mientras intentaba aferrarse a la sensación borrosa de haberse transportado hace unas horas atrás. Era como intentar recordarse a sí misma que, si no lo hacía, volvería a estar frente a una situación similar con Eun-gyeom al volver de la fiesta.
Bien es cierto que ella esperaba que ahora nadie quisiera saludarla ni preguntarle nada, para poder irse cuanto antes. No obstante, como era habitual, alguien siempre aparecía frente a ella para arruinar sus planes, como si le leyeran la mente a cada segundo. La sola idea de volver a oír lo que había oído y repetir lo que había dicho le daban ganas de darse la vuelta y salir corriendo.
—¿Señorita Yoon Si-young?—dijo el hombre.
Si-young inclinó la cabeza y saludó a aquel desconocido que sabía cómo se llamaba:
—Hola.
—He oído tu nombre muchas veces sin poder ponerle cara, pero bien por dónde hoy estás aquí. Me presento, soy Choi Young-joon.
Si-young cogió por enésima vez otra tarjeta de presentación. Era como estar ante un ritual repetitivo donde ya había recibido lo mismo de varios invitados, repitiendo las mismas palabras y expresiones. Con indiferencia, ella leyó las palabras de los cuadrados blancos:
[STUDIO Y.]
La voz de Young-joon, quien parecía no poder esperar a hablar sobre sí mismo, sonó algo nerviosa y entrecortada. No obstante, Si-young no le prestó la atención necesaria que él quería obtener, y lo que dijo se escuchó como un murmullo en su cabeza que carecía de la importancia suficiente como para ser recordado:
—Trabajo como director artístico en el equipo de producción. Solíamos rodar en el Hotel Taejoong. Además, Eun-gyeom y yo somos compañeros de instituto. Hablamos a menudo de ti en las reuniones…
Frunciendo los labios, por la molestia de tener que integrarse a tal banal conversación, Si-young respondió mecánicamente:
—Es un placer conocerte.
Después de escupir aquellas palabras lentamente, ella, como había hecho hasta ahora, durante toda la fiesta de la exhibición, forzó las comisuras de sus labios con una sonrisa formal. Pero, la respuesta que obtuvo, fue de lo menos placentera.
—¡Vaya! ¡Es cierto! Os parecéis mucho cuando sonreís así.
—¿Disculpa?
—Sí, tú con Si-young*.
*Se refiere a la hermana de Eun-gyeom, Yoo Si-young.
—…
Si-young se esforzó por no mostrar su sorpresa ante las repentinas palabras. No podía decir exactamente cómo era su expresión porque no había nada para ver su cara. Solo esperaba que no fuera muy diferente a la anterior, la cual se mostraba impasible y formal. Afortunadamente, a estas alturas, ella ya había oído, varias veces, cosas similares a esa, por lo que fue capaz de recuperarse rápidamente de su asombro y dar una respuesta corta:
—¿Es eso así?
Si-young no podía decir qué aspecto tenía la joven Yoo y si, en verdad, eran tan similares como para decir eso de buenas a primera. Sin embargo, sabía una cosa con seguridad, al ver la expresión de Young-joon.
«¿Qué pasa? ¿Es mi reacción tan inesperada? Y si es así… ¿Qué tipo de actitud esperaba obtener este hombre? Bueno, está claro que solo vino aquí para provocarme…»
Si-young estudió atentamente la cara del hombre, cuyo estupor era notable con sus ojos abiertos como platos. Pero, como si no se hubiera dado cuenta de lo desconsiderado que había sido, Young-joon continuó hablando:
—Bueno, a decir verdad, el director ejecutivo y otras personas a menudo dicen lo mismo…
—…
—No lo sé, debe de ser por tu cara.
En verdad, ella no conocía a Yoo Si-young en persona. Pero, al contrario de lo que muchos se esperarían, Si-young recordaba su aspecto mucho más claramente que los que ya la habían comenzado a olvidar. Al fin y al cabo, vivía en una casa llena de recuerdos de la joven Yoo, con algunas fotos donde se la veía muy joven, sonriendo entre Tae-ra y Jang-hyun. En algunas aparecía triunfante, agarrando sus premios, y en otras, llevaba en sus brazos los trofeos que había ganado; todo para exhibir lo fantástica que ella era en vida. Imágenes que ahora volaban por la mente de Si-young mientras respondía:
—En fin, supongo que nos parecemos lo suficiente como para que incluso los extraños nos reconozcan.
Pero, lo cierto, es que cuando Yoon Si-young miraba a Yoo en las fotos, ni una sola vez pensaba que se parecía a ella. Eran tan diferentes, que en varias ocasiones se preguntaba por qué Tae-ra había pensado en ella al principio. A veces, hasta temía que un día ella se diera cuenta de que no se parecían en nada y la encontrara innecesaria.
—¿En serio? Bueno, era de esperar, porque realmente os parecéis mucho.
Si-young apretó los puños en silencio ante la mirada observadora de Young-joon. Era desagradable, pero no podía mostrar que estaba incómoda. Sin embargo, para empeorar la situación, la compostura imperturbable, que Si-young apenas podía mantener, jugó en su contra. El hombre interpretó su reacción como si pudiera continuar hablando libremente sobre aquel tema. O quizás simplemente buscaba obtener la expresión de rechazo que, desde un principio, había venido a encontrar.
—Quizás te cuesta reconocerlo porque, al fin y al cabo, es tu cara y no conoces a Si-young.
—Sí, debe ser eso.
—¡Claro que sí! Eun-gyeom, ¿tú qué opinas?
Mimy: Fuiste a preguntarle al menos indicado.
De repente, Si-young sintió cómo su corazón volvió a retumbar en su pecho. Mientras sus latidos se aceleraban, sus manos se cerraron en puños, como si ya se hubiera sorprendido por la respuesta, que Eun-gyeom aún no había formulado. Cuando él la miró fijamente, con la boca fuertemente cerrada, contestó con un tono frío, diciendo:
—No, no se parecen en nada.
Su mirada, posada en ella, no vaciló en ningún momento, dándole la seguridad a Si-young, de que no mentía.
—…
—Si en algo simplemente se parecen, es en el nombre. —continuó Eun-gyeom.
Si-young, aún atónita, reflexionó sobre sus palabras en silencio:
«Solo en nombre…»
Pero, la repentina exclamación de Young-joon, hizo que ella levantara su mirada con un pequeño respingón:
—¡Oh! ¡Es cierto!—dijo el hombre alzando la voz—. ¡Eso mismo es lo que estaba pensando! ¿Cómo se pueden parecer en tanto, hasta el punto de tener el mismo nombre? Además, incluso el apellido es similar. Ja, ja, ja… Sería Yoo si no fuera por la última letra.
—Sí, lo sé.—respondió Eun-gyeom, cuya aura a su alrededor se iba volviendo más fría.
—Sí, ¿verdad? ¡Qué coincidencia que…!
—Choi Young-joon. —masculló Eun-gyeom, cortando sus palabras—. Dijiste que tenías que pedirme un favor.
—Así es.
—Entonces, ven conmigo a la oficina.
—Sí, verás hace tiempo que no nos vemos, pero después de la fiesta, me gustaría que salieras un rato y visitaras…
Sin dejar que el hombre terminara lo que decía, Eun-gyeom dio media vuelta y se marchó. Young-joon, que ya se había olvidado de Si-young, no le quedó más remedio que seguirlo, murmurando algo para sí mismo.
Cuando los dos estuvieron a una distancia considerable de Si-young, ella, de pie, dejó escapar un largo suspiro, abriendo finalmente su puño. No obstante, un ligero hormigueo permaneció en las manos durante un buen rato, como para recordarle lo tensa que había estado hace unos momentos atrás.
Eun-gyeom se veía que estaba bastante cansado de escuchar lo mismo sobre ella y su hermana, pero no parecía que mintiera al decir que las dos, a duras penas, tenían un aspecto semejante.
«Realmente… ¿Es verdad? Parece que, durante todo este tiempo, él consideró que solo compartimos un nombre, una similitud con el apellido y un escaso parecido… ¿Será cierto? ¿Siempre me ha visto como “Yoon” y nunca como “Yoo”?»
En cuanto ese pensamiento le cruzó la mente, a Si-young se le secó la boca de nerviosismo. Se sentía algo molesta, ya que sabía que debería haber cortado de raíz su relación con Eun-gyeom, antes de meterse en la boca del lobo. Un museo como éste, donde él tenía todo el control, no era algo adecuado para ella. Pero, más que nadie, estaba enfadada consigo misma por bajar la guardia y perder el tiempo en aquel lugar, a expensas de Eun-gyeom, quien la trataba como su capricho particular.
Si-young, mientras volvía a su asiento al otro lado de la sala de exposiciones, ahora desierta, reflexionó sobre el tema brevemente:
«Hmm… Después de todo, el verdadero hijo de Tae-ra es Eun-gyeom y, por mucho que se lleven a morir, la realidad es que, si algo le ocurre a Tae-ra, será él, el único miembro de la familia que quede. Entonces, si sigo dependiendo, durante más tiempo, del patrocinio de Tae-ra, acabaré a cargo de él de un modo u otro… En manos de Eun-gyeom…»
Si-young sacudió la cabeza mientras se imaginaba a sí misma en aquella hipotética situación, que, de solo pensarlo, ya era demasiado horrible como para querer experimentarlo.
«No, no puedo seguir de esta forma… Si llegara el caso, después de toda la hostilidad que me ha mostrado hasta ahora, estoy segura de que, probablemente, me dejará sin un céntimo y, a la mínima oportunidad, me echará de la casa a patadas.»
Si-young, se estremeció. Estar a merced de Eun-gyeom, le causaba pavor.
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Una vez dentro del museo, Eun-gyeom se quitó la chaqueta y la colocó bruscamente sobre el mostrador.
—¿Por qué el fuego…?—murmuró para sí mismo, apretando el entrecejo arrugado mientras el cansancio le invadía.
Hacía tiempo que el personal había terminado de ordenar y se había ido. Pero como uno de los tres pabellones, divididos por una fina pared falsa, seguía iluminado, la entrada no estaba demasiado oscura. Así que, Eun-gyeom no se molestó en encender ninguna otra luz.
No había dormido bien durante los días antes de la exposición y, después de que Young-joon lo dejase sin aliento, tras beber unas cuantas copas fuertes, sentía que se le iban a cerrar los ojos de un momento a otro.
Eun-gyeom se desabrochó el botón del cuello de la camisa que le estaba estrangulando, aflojó la corbata de un tirón y desabotonó ambas mangas, para luego subirlas desordenadamente por el antebrazo. Por mucho que quisiera irse a casa a descansar, no pudo evitar preparar en la oficina el material que necesitaba para mañana.
«No debería haberme dejado llevar por Choi Young-joon…»
Eun-gyeom frunció el ceño y se pasó una mano por el pelo encrespado.
Se preguntó por qué estaba encendida la luz.
A diferencia de hace unas horas, cuando el lugar estaba abarrotado de gente, la sala de exposiciones vacía parecía tranquila. Lo único que quedaba eran las obras de arte de las paredes. Mientras Eun-gyeom caminaba despreocupadamente entre los cuadros, dobló la esquina hacia el tercer pabellón, donde la luz en cuestión estaba brillantemente encendida, y, en ese instante, se dio cuenta de que no se encontraba solo en el museo.
—…
La cabeza de Eun-gyeom se inclinó hacia abajo. Para ser precisos, hacia la espalda de Si-young, que se hallaba desplomada sobre una de las mesas que aún no se habían recogido.
Eun-gyeom se acercó cuidadosamente, prestando mucha atención a lo que le rodeaba. Sin embargo, se sentía tan en trance que no se dio cuenta del eco de sus pasos en la sala.
TAP, TAP, TAP, …
El sonido de sus zapatos, golpeando el suelo de mármol, era bastante fuerte y, aunque era de noche, la iluminación de aquel pequeño espacio era tan brillante, que le escocían los ojos. Sin embargo, no parecía importarle, ya que no apartó su mirada de Si-young, quien estaba tumbada en la mesa con los brazos doblados y la cabeza descansando sobre ellos.
Comparada con la limpieza de las otras zonas de la sala de exposiciones, el lugar donde estaba Si-young aún parecía que acababa de terminar una fiesta. Eun-gyeom recorrió lentamente la habitación con los ojos inyectados en sangre. Las mesas estaban sembradas con libros y folletos sobrantes, y las macetas, que le habían dicho que guardara, seguían en su sitio.
—Yoon…
Eun-gyeom estaba a punto de llamar a Si-young, pero cerró la boca rápidamente. No tenía por qué preguntar. Debía de haberse quedado dormida mientras limpiaba en lugar del resto del personal, quienes ya se habían ido a comer.
«Seguramente ella misma los animó deliberadamente a hacerlo.»
Durante la fiesta de recepción, tras la exposición, Eun-gyeom no había sido ajeno a la frustración de la gente que llamaba a Si-young, intentando captar su atención. Al igual que aquel hombre, Jun-ho, quien la había abordado aquel día con frases como:
{—En realidad, solo quiero hablar con la señorita Si-young.}
{—No me importa lo que digan los demás empleados, estoy bien con Si-young…}
Sin embargo, por algún motivo, aquel incidente de la sala de suministros era extrañamente distinto. En ese momento, no pensó en intentar interrumpirlos de forma intencionada como había hecho en otras ocasiones, donde Si-young se veía claramente incómoda. Él mismo temía que hubiera un muro impenetrable entre el personal y ella. De hecho, solo quería que Si-young se integrase en el Museo con normalidad. No obstante, aquel día la había apartado tan deliberadamente de su compañero, como si quisiera separarlos, que no entendía el por qué de aquel comportamiento tan poco racional.
En ese instante, Eun-gyeom frunció el ceño, recordando la cara de Jun-ho, que se había quedado grabada en su mente.
Marie T: jajaja está celoso XD
Pero inmediatamente se sacudió ligeramente la cabeza, sintiendo que volvía el malestar, que lo había golpeado con fuerza, aquel día en que los vio, a ambos juntos, en la sala de suministros.
«No esperaba que siguieras mi consejo de “piensa cuidadosamente” haciendo cosas como estas.»
Fue un acto impulsivo lo que lo había llevado a sacar a Si-young de allí, para llevarla a su despacho.
{—No sabía que lo aceptarías así.}
También fue su brazo el que se extendió antes de que pudiera pensar y verse envuelto en un estímulo desconocido que lo empujó a mantenerla entre sus brazos. Aunque ella no opuso mucha resistencia al responder:
{—Lo haré bien.}
Se sintió algo molesto al ver las lágrimas en los ojos de Si-young. Aunque no eran de tristeza, sino de rabia y humillación, ¿por qué con él siempre reaccionaba así? Su cara estaba roja, mientras masticaba y escupía su respuesta, temblando ligeramente, que no pudo evitar sentir una mezcla de irritación y fascinación. Por fin, veía a la Si-young que no fingía. La que se mostró ante él, enfadada y no avergonzada, era la verdadera “Yoon”, quien Tae-ra ignoraba.
Eun-gyeom contempló a Si-young, que dormía indefensa, pensando en cómo, siempre que la veía, parecía que iba a desaparecer de su vista al menor contacto.
Pero debía reconocer que hoy Si-young había interpretado bien su papel. Sonreía y saludaba a la gente que se le acercaba, y no estaba tan tensa, ni congelada, como cuando estaban los dos solos. Incluso cuando la gente hacía preguntas groseras sobre Tae-ra y Yoo Si-young, ella las respondía con calma y mantenía la conversación fluida.
«Respondió como debía y cumplió con lo que me prometió… En verdad, lo hiciste muy bien, Yoon Si-young…»
Aunque había algo que no estaba bien, no era ella, sino él mismo. Lo que no era natural eran las emociones ajenas que lo invadían cada vez que la veía. Sentimientos profundos que no podía explicar con frases o palabras.
—Yoon Si-young.
—…
¡CHAS!
Eun-gyeom chasqueó los dedos, y los hombros de Si-young, que no se habían inmutado mientras él se acercaba, de repente, dieron un respingo y se movieron pesadamente. En menos de un segundo, ella se incorporó, aspirando una fuerte bocanada de aire y parpadeando rápidamente. Su rostro estaba un poco más pálido de lo habitual, y Eun-gyeom no estaba seguro de si era la luz, o si se había sobresaltado tanto que se había puesto blanca del susto. Sin embargo, optó por lo segundo cuando observó cómo Si-young, despeinada y atónita, lo miraba boquiabierta.
—Es más de la una de la madrugada.
—¡Oh! ¿Si? Esto…
Si-young, al darse cuenta de la situación, se levantó rápidamente. Luego, se alisó primero el pelo y se colocó un par de mechones detrás de la oreja, antes de aclarar la garganta y explicar:
—Se suponía que tenía que limpiar el resto del desorden… Pero debo haberme quedado dormida en medio de lo que estaba haciendo.
Cuando Eun-gyeom se quedó como hipnotizado, con sus ojos fijos en ella, sin responder, Si-young desvió la mirada y se dispuso a recoger las cajas del suelo. Cuando colocó un par de ellas sobre la mesa, se excusó:
—Lo siento, enseguida acabo.
Antes de que pudiera pensar en lo que estaba haciendo, Si-young movió sus manos con impaciencia. Sus acciones eran más urgentes de lo habitual, como si fuera consciente de lo que había ocurrido con él en la oficina.
Pero, en el momento en que estaba reorganizando los folletos y libros, a un lado de la mesa, colocándolos de nuevo en sus respectivas cajas, Si-young se vió, de un momento a otro, entre una pila de papeles que caían estrepitosamente sin poder hacer nada para evitarlo. No era de extrañar, pues estaba tan nerviosa que sus manos temblaban. Mientras recogía el desastre que ella misma había creado sin querer, se fue acercando lentamente hacia Eun-gyeom, hasta que, sin darse cuenta, se encontró ante él, de cuclillas, reuniendo varios folletos desperdigados por el suelo. Aunque Si-young aún no había dicho ninguna palabra, Eun-gyeom vio que se mordía el labio inferior por un momento y dedujo lo que estaba pensando; necesitaba ayuda.
Sin decir nada más, Eun-gyeom se puso delante de la mesa, ordenando los folletos por montones, mientras los colocaba en la caja. Cuando Si-young se levantó, después de recoger frenéticamente los papeles que habían caído al suelo, vio que la mayoría de los panfletos ya estaban adecuadamente dispuestos en su lugar. Ante esto, Si-young, perpleja, miró la caja y murmuró:
—Este era mi trabajo.
—Técnicamente, era el trabajo del personal.
—… Me pidieron expresamente si podían irse primero, como tardé más de lo que pensaba en ordenar mi parte, se estaban quedando sin tiempo para su reunión y…
—Son ellos deberían poner las excusas frente a mí. No tú.
Si-young empezó a decir algo inaudible entre dientes, pero luego, con resignación, bajó la cabeza sin decir nada.
Mientras ella metía en la caja los folletos que llevaba en los brazos, Eun-gyeom permanecía de pie, con las manos sobre la mesa, pensativo. El descontento del personal con Si-young ya había alcanzado un punto álgido y, si echaba más leña al fuego, ella podría salir corriendo primero. Algo que él, a toda costa, quería evitar.
«Todavía es demasiado pronto para que Si-young se marche del museo.»
Si su proceso para independizarse se precipitaba debido a la situación que la rodeaba, Tae-ra podría retenerla por todos los medios. Era mejor esperar un poco más, para dejar que se fuera de forma natural, cuando se hubiera establecido más completamente en el mundo laboral. De ese modo, Tae-ra no tendría motivos para aferrarse a ella por más tiempo.
«Bueno, lo primero es lo primero. Eliminar todo rastro de Tae-ra y Jang-hyun del Museo Janglim y después, vendrá el tema de Si-young. De todos modos, mientras tanto, será mejor fingir que no sé nada sobre su completo distanciamiento con el personal. Además, no sé por qué, a veces, parece que ella misma no quiere integrarse… Tal vez…»
Mientras Eun-gyeom estaba organizando sus pensamientos en silencio, volvió a mirar a Si-young y, ladeando la cabeza, preguntó:
—¿Qué estás haciendo?
Si-young estaba de pie, con las manos en la caja, estupefacta.
—Yoon…
Pero, en un instante, Eun-gyeom se quedó paralizado con la boca abierta, a punto de llamarla, cuando su mirada se encontró con la de ella.
Inmediatamente se dio cuenta de que, la mirada de Si-young, se había posado en su mano, la que tenía sobre la mesa. Desde allí, su muñeca estaba completamente al descubierto, bajo la manga, que se había arremangado, para aliviar su frustración, tan solo unos momentos atrás.
Eun-gyeom retiró rápidamente la mano y dio un paso atrás, haciendo que Si-young soltara un sonido corto y levantara la vista. En cuanto sus ojos se cruzaron con los de él, Eun-gyeom supo que ella lo había visto perfectamente.
Era lo que él siempre se había molestado en ocultar:
Su cicatriz, en el interior de su muñeca.
Marie T: TAAN TAAAN TAAAAN – TERMINÓ LA PRIMERA PARTE.
Mimy: No tengo muy en claro si Eun-gyeom es bueno o malo, o si Si-young es parásito o no, jejeje. Bueno, ahí va mi opinión hasta ahora:
Técnicamente creo que algo malo le pasó a Eun-gyeom con sus padres (de ahí la cicatriz) y quiere que Si-young se independice para que no viva lo mismo que él. Si-young, por otro lado, está traumatizada de sus días en el orfanato. No quiere estar sola de nuevo y se aferra a la mentira de “familia” que montó Tae-ra, porque, sinceramente, Si-young cree que eso es mejor que vivir por ella misma, sin nadie a su lado. Obviamente ambos protagonistas se atraen, aunque no quieran reconocerlo, y, como no se entienden, ni saben los traumas de uno y del otro, se malinterpretan mutuamente. Así que, es mejor que estos dos aclaren sus intenciones antes de que explote el asunto. (Que lo hará, por lo que se ve en los saltos temporales.) Y con esto, colorín, colorado, nos vemos en la segunda parte <3

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MARIE
CORRECCIÓN: MIMY
REVISION: M.K.R