Capítulo 8
—¡Cállate, maldito bastardo!
Aunque la hubiera abofeteado dos veces, aunque hubiera descubierto que era una mujer… No, precisamente porque había descubierto que era una mujer, Rane se volvió aún más feroz.
Al verla, Jer entrecerró los ojos… y luego los abrió de nuevo, con calma.
«Ella todavía no sabe quién es Jer realmente.»
Justo entonces, por suerte o por desgracia, Akisha, que había estado inconsciente, comenzó a moverse. Cada vez que su cuerpo se movía, un poco de sangre brotaba de las heridas abiertas por las cuchilladas.
Jer se acercó y, sin cuidado, procedió a quitarle los pantalones a Akisha, quien aún no recuperaba el conocimiento. Rane apartó la vista al ver el estado mutilado de sus genitales. Al comprobar que ya no podía hacer uso de su virilidad, Jer simplemente se levantó.
—Como lo castraron, no pudieron pasar la noche juntos, ¿verdad?
Rane quiso gritarle que se callara, que dejara de decir cosas tan repulsivas. Pero en ese momento, Jer llamó a los sirvientes que esperaban afuera. De pronto, Rane abrió los ojos como platos al ver que en el suelo estaba el falo de madera y su pecho al descubierto. Jer, con lentitud, comenzó a cubrirla, arreglando como pudo la ropa rasgada con sus propias manos. Era tan poca la tela y tan destrozada, que el más leve movimiento podía dejar sus senos expuestos.
Justo cuando los sirvientes entraban, Jer pateó el falo de madera y lo hizo rodar hacia un rincón, fuera de la vista.
—¿Me llamó, señor?
Rane contuvo la respiración.
«Ahora que el coronel Jer sabe que soy mujer, algo terrible podría suceder».
Cada imagen que cruzaba su mente era peor que la anterior.
Afortunadamente, Jer solo les ordenó que se llevaran a Akisha. También les pidió que trataran bien sus heridas, para evitar infecciones.
Sin embargo, Rane entendió que no debía pasar por alto ni una sola palabra ni una acción, por mínima que fuera.
«¿Por qué llamó a los sirvientes para que se llevaran a Akisha? ¿Cuál sería la razón por la que ocultó que soy una mujer?»
—¡No!
En el momento en que arrastraban a Akisha fuera de la habitación, Jer le arrancó los pantalones a Rane. Su ropa interior, ahora sin el falso falo de madera, y sus muslos marcados por cicatrices, quedaron al descubierto con facilidad.
A pesar de los gritos de Rane, Jer le quitó incluso la ropa interior que llevaba puesta.
Aquella fiereza que la había caracterizado desapareció. Solo le salían gemidos ahogados con la boca abierta sin poder articular palabras.
Sin decir nada, Jer dejó que su mano, grande y áspera, que le había abofeteado la mejilla, descendiera sin vacilar hacia debajo de su pelvis.
—¡…!
Era la primera vez que una mano ajena tocaba esa parte íntima y vulnerable de su cuerpo. Aparte de sus pechos, nadie la había tocado nunca así.
El rechinar de sus dientes se escuchó con fuerza. Aunque Rane expresaba el horror con los ojos desorbitados, Jer se limitó a mover la mano con impasibilidad. Sus dedos se abrieron paso entre los labios mayores, rozaron los menores y bajaron hasta la entrada de la vagina.
Y entonces…
—¡Ugh!
Introdujo un dedo dentro de ella.
Rane sabía lo que ocurría entre hombres y mujeres al tener relaciones sexuales, pero jamás había pensado en sí misma como una mujer.
Sentía su cuerpo ultrajado y ajeno, y una ola de autodesprecio la empujó a negar con fuerza, moviendo la cabeza como una loca.
Aunque no fue lo suficientemente profundo como para romper el himen, la sensación del dedo como cuerpo extraño le causó dolor. Cualquiera, incluso un idiota, al ver su rostro en ese momento, habría entendido que, si le quitaban el palo que mordía, se cortaría la lengua y se suicidaría al instante.
—¿Te pregunté si has estado con un hombre? —dijo Jer, sin retirar el dedo.
—¡Ugh…! —Rane lo único que logró responder fue un gemido sofocado
—Cuanto más te resistas, más miserable será tu vida aquí. Por cada acto de rebeldía, te mostraré lo fácil que es doblegarte.
«…»
—¿Aún no entiendes que, ahora que sé que eres mujer, deberías tener más cuidado?
Jer intentó introducir el dedo más profundamente. Ramu, desconcertada, intentó retorcerse. Pero él la sujetó de la cintura con fuerza y la inmovilizó, como si no fuera nada más que un objeto que le pertenecía.
Jer había sido indulgente con Rane en más de una ocasión. Le había dado más oportunidades para responder que a otros. Al menos, como Príncipe de Akin, le había concedido cierto trato especial, e incluso después de descubrir que era una mujer.
Pero ella seguía comportándose como una potra indómita, lanzándose contra él.
Nynx: Potra indómita: Figura comparativa que alude a alguien rebelde y difícil de controlar.
Jer bajó la mirada hacia Rane, ahora completamente inmovilizada. En sus ojos, aunque confusos, aún brillaba una determinación feroz. A pesar de haber sido descubierta, no parecía dispuesta a doblegarse con facilidad.
Retiró el dedo que estaba a punto de introducir en su vagina y, sin previo aviso, desabrochó el cinturón de cuero que mantenía sus pantalones firmes contra la cintura.
—La oportunidad de responder ha terminado.
—No tengo intención de contestar ninguna de tus preguntas.
—Entonces, solo me queda comprobarlo por mí mismo.
Cuando se soltó el cinturón de cuero, los pantalones ajustados que Jer llevaba se quedaron flojos.
Se acercó a Rane, que colgaba con los brazos atados. Sus pupilas se contrajeron con inquietud ante la cercanía.
Aunque había dicho que no respondería, cierta resignación se había colado entre sus pensamientos. Ser descubierta como mujer y quedar expuesta de esa manera… pero todavía no era el momento de rendirse. Aún no.
Lo supo con certeza cuando Jer dio un paso más y bajó únicamente la parte delantera de sus pantalones. Lo que reveló fue un pene masculino real. Nada de falsedades.
Lo tomó con la mano, aún flácido y empezó a estimularlo lentamente frente a Rane. Mientras observaba cómo su rostro comenzaba a agrietarse, frotó su miembro hasta que comenzó a llenarse de sangre.
—¿Q-qué estás haciendo? —Rane intentó mantener la calma, pero las alarmas rojas en su mente ya se habían disparado—. ¡Te pregunté qué estás haciendo! ¡Aléjate con esa carne asquerosa y grotesca…! ¡Ugh!
—¿Qué ocurre? ¿Te asusta ver algo real, en lugar de esa falsedad que llevabas contigo?
Jer, sujetándole la mandíbula, trataba abiertamente de quebrar al “Príncipe Ramu”, no solo físicamente, sino mentalmente. Ella intentó calmarse, pero cuando el pene erecto de Jer rozó su pelvis y el glande se deslizó por su piel hasta frotarse contra su vello púbico, su mente colapsó como un castillo de arena.
—Tú… maldito… tú…
No quería imaginar lo que vendría después, pero las imágenes llegaban igual, una tras otra, sin que pudiera detenerlas. Mientras Rane tartamudeaba, Jer la observó con ojos entrecerrados, el brillo burlón marcando su expresión. Sin darle tiempo a reaccionar, levantó bruscamente una de sus piernas.
—¡Aah!
El dolor en su muslo, quemado por la postura forzada, era intenso. Pero antes de que pudiera concentrarse en ello, el pene de Jer descendió aún más, acercándose a la vagina donde antes había introducido sus dedos.
—Loco… estás loco. ¿Qué pretendes hacer?
—Parece que no entiendes ni siquiera cuando te advierto que midas tus palabras. Aunque, siendo sincero, me gusta tu actitud. Si cedieras tan fácilmente, esto no tendría gracia.
—Si no tuviera las manos atadas, te arrancaría las extremidades… ¡No! ¡Las arrancaré! ¡Quita esa asquerosa masa de carne! ¡Te mataré…!
Las palabras se desvanecieron. Los movimientos de Jer, desgraciadamente, coincidían con las imágenes horribles que se formaban en su mente. Soltándole la mandíbula, agarró su pene y presionó el glande contra su entrada.
—Te mataré… te mataré. Ahora… ¡ah…!
Ignorando sus murmullos, Jer empujó el glande hacia adentro. Sin la menor preparación ni cuidado, intentó introducir su enorme miembro con fuerza.
—¡Ugh!
¡CLANG, CLANG!
Rane agitó los brazos, emitiendo sonidos de dolor y frustración. Los grilletes metálicos resonaron al chocar entre sí, pero Jer no se detuvo. Empujó con más fuerza sus caderas.
¡SLURP!
—¡…!
El glande finalmente penetró. Ramu, olvidándose incluso de gemir, abrió la boca por el insoportable dolor.
Jer, sin apartar la vista de su rostro angustiado, continuó hundiéndose en su interior.
—¡Ugh!
Sus colmillos ya estaban rotos por la tortura anterior. Aun con el palo entre los dientes, parecía a punto de romperlos de tanto apretar.
Jer detuvo momentáneamente el empuje, le retiró el palo de la boca y, sin darle tiempo a nada más, colocó su propia mano en su lugar.
—No tendrás fuerzas ni para morderte la lengua, pero si lo deseas, puedes desgarrar mi mano. Si quieres devorar mis miembros, con gusto te daré hasta mi carne —la voz de Jer resonó con crudeza.
Los labios de Rane se vieron cubiertos por una barrera turbia… lágrimas. Lágrimas que se habían escapado sin que ella lo notara, mientras su cuerpo virgen era violentamente invadido. Al notarlo, apretó los dientes con rabia y hundió su mordida en la mano de Jer.
Pero el dolor en sus muslos y entre las piernas resultaba insoportable, tanto que apenas si podía ejercer fuerza. Sus labios temblaban sin control.
Jer, al verla así, la hirió con palabras aún más crueles:
—Y pensar que eres solo una mujer frágil.
¡CRASH!
Apenas escuchó sus palabras, Rane le mordió la mano con toda la furia acumulada. Y como si no bastara, comenzó a desgarrarle la piel, como si realmente quisiera arrancarla.
Sin embargo, Jer, como si no sintiera dolor, la dejó hacer.
Entonces, reanudó el movimiento de su falo. En ese instante, Rane, que aún lo mordía, se vio obligada a abrir la boca de nuevo.
¡PLAF!
—¡Ugh! —un gemido de dolor escapó de sus labios, y en lugar de morder, saliva comenzó a gotear por las comisuras.
—Veo que estás muy tensa… ¿Así que no tenías experiencia?
—Nng… nhh…
—El Coronel del ejército enemigo se convierte en tu primer hombre… ¿Qué vas a hacer ahora?
—¡Ah!
Con un grito desgarrador, Rane volvió a morderle la mano. Pero Jer, imperturbable, continuó moviéndose dentro de ella.
El dolor se multiplicó cuando, tras la primera penetración, comenzó el incesante vaivén. Cada embestida hacía que las lágrimas brotaran sin control en los ojos de Rane.
¡PLAF! ¡PLAF!
—¡Hng!
Cuanto más lo hacía, con más fuerza mordía Rane, concentrando toda su rabia en desgarrar la carne de Jer.
«No soy una princesa… En un instante, me he convertido en una mujer violada por un hombre.»
El sabor metálico de la sangre le inundó la boca. Había arrancado un pedazo de piel de Jer.
Aun así, él no se detuvo.
¡PLAF! ¡PLAF!
Sin pausa, sin compasión, su pene seguía clavándose con fuerza. Sostenerla en esa posición, con una pierna levantada, era algo que muy pocos hombres habrían podido lograr.
¡PLAF!
—¡Haah…!
Pero el ritmo de Jer se volvió más rápido. Su pelvis golpeaba con fuerza, y pronto, la pierna temblorosa de Rane comenzó a estorbarle.
¡ZAS!
De pronto, Jer levantó ambas piernas con las manos. Rane, aún mordiéndolo, soltó un grito ahogado al sentir cómo su pene la penetraba aún más profundamente, desgarrando cada músculo adolorido de sus muslos.
Saliva mezclada con sangre goteaba de su boca. Jer observó un segundo el fluido y sin decir nada, se sumergió en ella con aún más brutalidad.
¡PLAF! ¡PLAF!
—¡Hngh…! —ahora, incapaz de morder, los gemidos de Rane brotaron con más claridad.
Ella sacudía la cabeza desesperada, golpeando con fuerza una y otra vez su frente contra el hombro de Jer. Tras varios impactos, apenas su frente se arrugó levemente.
—No me haces ni un rasguño. Solo terminarás con el cráneo roto.
Pero Rane no se detuvo. Con las manos atadas, esa era la única forma que tenía de devolverle algo del dolor.
¡PLAF! ¡PLAF!
—¡Ahh…! ¡Ugh!
Las embestidas se volvieron más violentas. Jer la embestía como si necesitara marcar su dominio. Rane, incapaz siquiera de resistir, se limitó a temblar. Entonces, sin previo aviso, detuvo sus movimientos. Retiró su miembro y soltó sus piernas. Luego, con brusquedad, le metió un trapo en la boca, como si temiera que intentara morderse la lengua y suicidarse.
Su interior palpitaba con un dolor sordo. Sin fuerzas, Rane dejó caer la cabeza, el cuerpo entero gritando abrumado por el sufrimiento.
Jer no volvió a levantarle las piernas.
En cambio, terminó con la mano. El semen, espeso y caliente, se mezcló con la sangre que aún brotaba de su himen desgarrado antes de manchar su piel.
Ya no hubo gemidos. Rane permaneció inmóvil, con la cabeza gacha, como un cadáver.
Jer se ajustó el cinturón con tranquilidad, como si nada hubiese ocurrido. Luego alzó el rostro de Rane, que colgaba sin vida, y lo contempló.
—¿Qué tal tu primera vez?
«…»
—Por tu cara… diría que esto te pareció el infierno.
Ella cerró los ojos. No pudo soportar mirar su expresión repulsiva. Pero sus párpados ya pesaban demasiado y no tuvo fuerzas para volver a abrirlos.
Su cuerpo, torturado, sin agua ni tregua, había llegado al límite.
Sin darse cuenta, Rane perdió el conocimiento. Su cabeza cayó aún más, sus muñecas quizás fracturadas, sin sentir nada, sus piernas colgaban, flácidas, sin un gramo de fuerza.
Jer desató sus ataduras. En cuanto lo hizo, su cuerpo se desplomó como una hoja seca en pleno invierno y él la atrapó antes de que cayera al suelo.
Aunque había vivido disfrazada de hombre, su cintura resultó ser frágil. Casi quebradiza.
«…»
Al ver que no recuperaría el conocimiento pronto, Jer le retiró el trapo de la boca y revisó sus dientes. Afortunadamente, salvo por un colmillo roto, los demás dientes seguían intactos.
Su mano descendió hasta sus muslos y presionó con fuerza las heridas. Al hacerlo, brotó un líquido espeso y purulento.
A pesar de todo, incluso en ese estado lamentable, la dignidad de Rane como príncipe seguía intacta. Su resistencia merecía admiración; mucho más que la de esos soldados patéticos que apenas lograban mantenerse firmes en el campo de batalla.
Aunque ahora, debía resistir de otra manera.
₊ ⊹ ✧ ˚
Cuando Rane despertó, no supo cuánto tiempo había pasado desde que perdió el conocimiento. Al abrir los ojos, la invadió el horror al notar que llevaba puesto un uniforme del ejército de Cask.
Intentó moverse, pero un palo entre sus dientes le impedía cerrar la boca y sus extremidades estaban firmemente atadas con cuerdas.
Miró a su alrededor, desorientada.
Ya no estaba en la sala de torturas. Se encontraba en una habitación cálida, iluminada por una hoguera encendida. Incluso había una cama improvisada cerca del fuego.
—Ugh…

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: NYNX
REVISION: ARALDIR