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Capítulo 9

La mirada que había estado recorriendo el entorno se nubló cuando el dolor, retrasado, llegó finalmente a su cuerpo. El malestar en los muslos se había calmado un poco, pero la zona bajo la pelvis seguía ardiendo como si el fuego la hubiera alcanzado.

Rane dejó de mover las piernas; el dolor la había doblegado. Cerró los ojos, intentando alejar las imágenes que comenzaban a invadir su mente.

La sensación de aquel trozo de carne empujándose dentro de ella, el dolor abrumador que experimentaba por primera vez… y su pecho, ese que él le había agarrado.

Cuando esos recuerdos regresaron invadiendo su mente con nitidez. Su rostro se contrajo, colapsando como un muro al derrumbarse.

«¿Qué se supone que haga ahora? Estoy atrapada en una situación donde ni siquiera puedo elegir morir… y fui humillada como mujer por el coronel enemigo.

Si mi padre… si los súbditos descubren esto…»

—Haah…

El gemido que escapó de sus labios se mezcló con el aire cálido y se hundió en el suelo. La lujosa suavidad de la alfombra, que impedía que el frío de la tierra subiera, le resultaba a Rane tan pecaminosa que no podía soportarlo.

—…

De pronto, alguien entró junto con el viento frío del exterior. La puerta se cerró tras él mientras dejaba a un lado la espada que sostenía con familiaridad. Sin dirigirle una sola mirada, pasó junto a Rane y se sentó en la cama, moviendo el cuello con pesadez, como si el cansancio le colgara de los hombros.

Apenas vio su rostro, el cuerpo de Rane se tensó por completo, la sangre le hervía por dentro, pero él seguía ignorándola.

—Hoy te trasladaremos al castillo donde solías vivir. Ahora que el Príncipe Ramu ha sido capturado, la guerra está prácticamente terminada. Bueno, hasta que demos con el Rey de Akin, mantendremos esta situación. Ah, por cierto, ya todo tu ejército, incluso los civiles, ya lo saben. Que fuiste capturada.

—¡…!

—Aunque aún no se enteran de que eres la Princesa Rane… ni qué fui tu primer hombre.

—¡Cállate!

Ante el tono áspero de su voz, Jer giró la cabeza muy lentamente hacia ella. Rane le sostuvo la mirada, cargada de un odio mortal. Aunque seguía fuertemente atada, forcejeó por soltar las cuerdas.

El coronel, al ver sus esfuerzos, se acercó, cruzando el espacio con pasos firmes, y se inclinó hasta quedar a su altura.

¡PFUAH!

Rane le escupió, desafiándolo. Sus labios secos, agrietados por la falta de agua, apenas lograron dejar caer unas gotas de saliva sobre su ropa.

—¡Ugh!

—Rebélate cuanto quieras. Así me aseguraré de recordarte, una y otra vez, que no eres Ramu, sino Rane… y que eres una mujer.

—Te mataré. Te destrozaré y devoraré cada uno de tus miembros.

—¿No lo hiciste ya? Muy bien que mordiste… tragaste mi pene.

—¡…!

Las palabras crudas de Jer dejaron a Rane en silencio. Solo un sonido ahogado brotó de su garganta antes de desvanecerse por completo.

—Si quieres seguir rebelándote, lo harás en tu castillo. El Rey Hetept ha ordenado que permanezcas allí mientras atendemos a los soldados heridos.

«Los civiles de Akin… temblando bajo el frío, sin una manta siquiera.»

A diferencia de ellos, los invasores dormían calientes, con el estómago lleno. Y ahora, incluso, se apropiaban del castillo con mejores lugares para dormir.

Esta guerra ya se había perdido. Y si todos sabían que ella había sido capturada, ¿qué esperanza les quedaba para soportar este sufrimiento?

«¿Qué puedo hacer en esta situación?»

El rostro de Rane, antes lleno de ira, se oscureció como el cielo gris. Jer, que le había agarrado la barbilla, soltó su mano. Las marcas de sus mordidas seguían allí, rojas sobre su piel.  

—Dime dónde está el Rey de Akin. Si te arrastras como una bestia y te disculpas ahora, no habrá más sacrificios.

—…

—¿De verdad crees que resistir cambiará el futuro de Akin? Esto ya terminó.

No había nada que Rane pudiera decir para rebatir. Aunque los generales que quedaban pelearán hasta el final, la noticia de que el príncipe había sido capturado y que el castillo había caído solo podía destruir lo poco que quedaba de su espíritu.

«¿Qué estará pensando mi padre ahora?»

Recordó aquel momento, cuando había insistido en ir a la guerra mientras regresaban de Cask. Había pensado que era lo correcto… que era su deber, al ver a su gente morir de hambre.

Pero ahora, con Akin en ruinas, su corazón simplemente… se desgarraba.

Jer se levantó al ver que Rane guardaba silencio. Sin mostrar prisa, le dio la espalda y tomó una jarra de vino que reposaba junto al fuego. Al observarlo, Rane apretó con fuerza las piernas, soportando el dolor persistente en los muslos y la pelvis.

Con esfuerzo, forcejeó para incorporarse. Afortunadamente, Jer no se volvió para verla.  

«Si me lanzo al fuego… quizás las chispas lo hieran.»

Mientras calculaba la distancia, Jer servía el vino con calma, ignorándola.

«Ya no me queda nada. Por este maldito cuerpo, sufrí algo atroz. No hay razón para vivir. Si logro herirlo y morir en el intento, al menos podré limpiar mi deshonra.»

Rane respiró hondo.

«Uno, dos… tres…»

—Con las piernas atadas, saltar es imposible.

Rane se detuvo de golpe.

—¿Qué pretendes lograr en ese estado? —Jer se giró con tranquilidad y bebió un sorbo de vino, observándola. Verla así, de pie, con manos y pies atados, le resultaba patético—. Al menos te queda fuerza. Pensé que seguirías en cama varios días más. Aunque, incluso inconsciente, devorabas la papilla como si quisieras vivir.

—¿Qué?

—¿Sientes vergüenza? ¿O no lo recuerdas? Cada vez que uno de mis hombres te daba de comer, tragabas desesperadamente.

—¡…!

—¿De verdad crees que podrías estar de pie, después de ser torturada y casi sin haber comido?

—¿Dices que incluso inconsciente… comía papilla? —Rane no lo recordaba en absoluto. Pero al escucharlo, de pronto, sintió el sabor de aquella papilla en su boca. Ahora entendía por qué podía sostenerse.

—Durante dos días, antes de que despertaras, te alimentaron varias veces. Tal vez por eso tu muslo sanó tan rápido.

De repente, cayó al suelo y sintió náuseas. Pero la papilla ya había sido absorbida, nutriendo su cuerpo hambriento. Solo vomitó un líquido transparente. Jer, sin inmutarse, bebía su vino con lentitud, sin dejar de mirarla.

Afuera, el bullicioso ambiente crecía. Siguiendo las órdenes de Hetept, los soldados se preparaban para trasladarse al castillo, como si se tratara de una celebración.

Las lágrimas le nublaron la vista al intentar vomitar de nuevo sin éxito. Incapaz de contener su rabia, arañó su propia piel con las uñas, una y otra vez, hasta hacerla sangrar.

—Si no revelas dónde está el Rey de Akin, de todos modos, morirás.

—Mátame ahora. Jamás lo diré. Nunca sabrás dónde está mi padre. Perderás la confianza de Hetept y tu dignidad como Coronel se hundirá. Solo eres una bestia que codició mi cuerpo. Deberías avergonzarte.

—Hay muchas formas de torturar a un prisionero con la boca muy firme: arrancarle los dientes, cortarle la lengua… u otras partes.

—¿Crees que me asusta?        

—Las mujeres no suelen resistir ese tipo de tortura. Aunque… hubo una a la que le arrancaron cada uno de sus dientes.

—Hazlo. Mientras me los arranques, sentirás miedo. Porque sabrás que jamás revelaré dónde está mi padre.

—¿Miedo?

—¿No es eso lo que sientes ahora? Por eso me explicas cada detalle de esta situación. Pero no obtendrás lo que quieres. Ni aunque Akin caiga.

—Quien sentirá miedo serás tú… cada vez que veas mi rostro.

—Deja de decir tonterías, maldito imbécil.

—Sin dientes, no podrás morderte la lengua. Quizá hasta te saque ese palo de la boca. Aunque… ¿podrás hacer “orales” sin ellos? Dicen que la mujer sin dientes en el burdel raspa fantásticamente con las encías.

—¡Tú… tú…! —tartamudeo Rane—. Cállate.

—Pensé en matarte limpiamente, por tu pasado como Príncipe. Pero quizás convertirte en eso tampoco suena tan mal.

—¡…!

—Tranquila. Si quieres que te arranque los dientes, lo haré. Cuando se corra la voz de que la “Princesa Rane” sirve orales, ese burdel hará fortunas —la voz de Jer, grave y monótona, hacía que cada palabra sonara como una profecía.

Rane ya no pudo gritarle que se callara.

«Si se descubre que el Príncipe Ramu era en realidad la Princesa Rane… y que terminó en un burdel de Cask…»

Su padre no lo resistiría. Tomaría la peor decisión.

—El hecho… de que yo… soy la Princesa Rane…

Jer la miró de reojo y arrojó su copa de vino al suelo.

¡CRASH!

Ramu se encogió ante el estallido de los vidrios rotos. Tragó saliva seca.

—¿Qué?

—Hazme lo que quieras… pero oculta… que soy Rane.

—¿Ocultarlo?

—…Viví como el Príncipe Ramu. Aún me siento así. Como Coronel… tú también gobiernas sobre otros. Por eso… te lo ruego… guarda ese secreto.

Pedirle algo a Jer le costó una decisión desgarradora.

Él entrecerró los ojos.

—¿Otra orden, eh? —respondió.

₊ ⊹🪻 ✧ ˚

—¡Príncipe Ramu!

—¡Alteza! ¿Está bien?

Mientras la trasladaban al castillo, Rane escuchó los gritos de sus soldados.

Afortunadamente, Akisha, pálido, pero con vida, se encontraba entre ellos. Sus ojos la miraban con una desesperación que parecía a punto estallar en llanto. Rane intentó tranquilizarlos con la mirada, pero no logró encontrar a Anne.

Cuando se volvió, un soldado de Cask le dio una patada, obligándola a seguir.

Al cruzar la entrada del castillo que alguna vez había sido su hogar, todo parecía igual… salvo por las puertas quemadas. Era difícil imaginar que ahí se hubiera librado una guerra. Pero aunque el entorno no hubiera cambiado, ella ya no era la misma persona.

Hasta ese momento, parecía que solo Jer sabía que era Rane.

Pero no podía confiar en eso. Él había respondido a su súplica con:

{—¿Otra orden, eh?}

Un escalofrío la recorrió cuando, tras anunciarse que todo estaba listo, Jer salió.

La llevaron a su antigua recámara. Nadie lo dijo en voz alta, pero lo entendió: ahora, ese lugar sería su prisión.

«Si me niego a hablar… ¿volverá a ocurrir lo de aquella tienda?»

La arrojaron al suelo. Apenas se cerró la puerta, se incorporó de un salto. Ahora que tenía las piernas libres, buscó desesperadamente algo afilado, algo con lo que defenderse.

Pero no tuvo tiempo. La puerta volvió a abrirse antes de que encontrara nada. Un soldado entró y, al verla de pie, la derribó de una patada.

—Casi lo arruinas todo, ¿no te parece?

Actuando como si hubiese olvidado su presencia, se acercó y volvió a atar fuertemente las piernas de Rane. Hubo un forcejeo, pero después de dos bofetadas, Rane terminó por rendirse. El hombre se quedó momentáneamente mirando la sangre que brotaba de sus labios, perturbado, y luego la sacudió con fuerza, tomándola del cabello.

—Dilo de una vez, ¿dónde está el Rey de Akin? Akin está acabado, idiota. Y tu vida como Príncipe también.

Lo único que la reconfortó en medio de tanta humillación fue saber que, al seguir llamándola “Príncipe”, ese soldado aún no sabía que era una mujer.

Cuando se quedó sola, Rane recorrió con la mirada su antigua habitación. La cama, los muebles, las paredes. Recordó los días en que Akisha la ayudaba a vendarse el pecho con tela. Ese había sido el lugar donde, una y otra vez, había prometido gobernar Akin con sabiduría. Donde soñaba con su hermano mayor y lloraba en silencio por su ausencia.

Todos esos sueños se desvanecieron cuando Jer abrió la puerta y la realidad cruel regresó.

—¡Ugh!

Después de recibir los reportes de sus subordinados, Jer la tomó por el cuello y la arrojó sin cuidado sobre la cama.

—¡Loco de mierda! ¡Hijo de puta! ¡Animal!

Rane escupió cada insulto que se le cruzó por la mente mientras él, sin piedad, le arrancaba los pantalones. Aunque pateó con todas sus fuerzas, Jer le alzó las piernas atadas por encima de la cabeza, dejándola en una posición humillante, como a un bebé al que cambian el pañal.

—¡Retuerce todo lo que quieras! ¡No servirá de nada! —

Rane gritó, cuando sus gruesos labios vaginales quedaron completamente expuestos

—¡Hijo de perra! ¡Maldito psicópata!

PUF.

—¡Hnng!

Un dedo de Jer se hundió en su interior sin advertencia.

—Dijiste que guardaría tu secreto porque, al igual que yo, gobiernas a otros. ¿En serio?

SCHLICK. SCHLICK.

—¡Ah!

—¿Te atreviste a ponerte a mi nivel? ¿Tú, que no hiciste más que jugar a ser Príncipe? —mientras Jer hablaba, movía los dedos dentro de ella, retorciendo las heridas que aún no cicatrizaban.

—Asqueroso… degenera…

¡GLUK!

Otro dedo se abrió paso, estirando su carne seca. Rane ya no pudo articular palabra. Solo se retorció.

—Me suplicaste y luego tratas de darme una orden. ¿Todavía no entiendes tu lugar?

SCHLICK. SCHLICK.

—Recuérdalo bien. El miedo es lo que sentirás cada vez que veas mi rostro.

—¡Ngh!

—Aceptarás la verdad, que no eres Ramu, sino Rane. Que eres una mujer, de la cabeza a los pies.

—Mier… da…

SCHLICK. SCHLICK.

—Ahora solo sientes dolor, pero llegará el día en que anheles mis dedos.

—¡Cállate! ¡Muere, maldito pervertido!

—Para entonces… tal vez ya lleves a mi hijo dentro. Lo habré sembrado en ti, después de todo.

—¡…!

—¿Recuerdas que te prometí un regalo? Iba a hacerte follar con uno de tus soldados frente a tu gente. Pero ahora que sé que eres una mujer… tengo muchas más opciones.

—Basta… por más que seas… mi enemigo… ¿cómo puedes decir esas cosas y seguir pareciendo humano? Estás demente. Tienes que estarlo… ¡Kgh!

La mano de Jer se cerró alrededor de su garganta, aplastando su frente contra el colchón.

—Princesa Rane.

—Yo no… soy…

—Controla tus arañazos. Con lo que ya has dicho, tengo suficiente para hacer que tu estadía aquí sea… entretenida.

—…

—Y honestamente… espero que no te rindas tan pronto. Me gustaría que todos te vieran gimiendo bajo mí.

Rane no gritó. Se quedó en silencio.

Aun así, Jer hundió sus dedos más profundamente. Cuando ella contuvo el gemido y giró el rostro, resistiendo. Entonces él los retiró, lento, sin prisa.

Sus piernas cayeron sin fuerza cuando él las soltó.

Jer observó sin remordimientos los pantalones y ropa interior enredados aún en sus tobillos, luego se levantó de la cama.

—Por favor…

Él se detuvo.

—No es una orden.

—…

—Es una súplica. Un ruego… a tu manera. Así que, por favor…

—…

—Mantén en secreto que soy la Princesa Rane. Para tu gente.

—¿Por qué debería?

—…

—Si me dices dónde está el Rey de Akin, lo consideraré.

Ramu cerró los ojos. Incluso aún en medio de ese infierno, el juramento de no traicionar a su padre seguía intacto.

Entonces, como un destello fugaz, una idea cruzó su mente.

No tenía el don de la palabra como su hermano, ni era tan hábil en las artes marciales, pero Rane era inteligente, astuta desde niña.

—Tú eres quien más necesita ocultar que soy Ramu.

—¿Ocultarlo yo?

—¿Lo olvidas? Hetept, como bien sabes, quería hacerme su esposa desde que era niña. Si llega a descubrir que el “Príncipe Ramu” es, en realidad, la Princesa Rane, no dudará en tomarme por la fuerza —dijo Ramu con voz firme, clavando los ojos en Jer—. Lo haría solo para humillar a mi padre. Y tú… ya me violaste —continuó, apretando los puños con rabia contenida—. Si tu amado Rey Hetept se entera de eso, ¿qué crees que hará contigo? Mataría al Coronel que, sabiendo quién era, se atrevió a mancharme antes que él.

—…

—¿No arderán tus logros, tu rango, bajo el escarnio de todos? “El bruto que violó a la futura Reina.”

Nynx: No pos muy astuta al hablar.

¡CRACK!

Jer le giró bruscamente la barbilla, obligándola a mirarlo. Sus ojos, antes clavados en el techo, quedaron fijos en la expresión impasible del coronel.

Él no respondió de inmediato. Pero lo sabía. Si Hetept se enteraba, sin importar si Akin se rendía o no, la reclamaría como símbolo de victoria. Como su octava esposa.

PFFT.

Una risa breve escapó de Jer. Rane sintió un escalofrío. Cada vez que reía así, algo terrible le seguía.

—Al menos no eres una completa idiota.

—…

—Bueno. Hetept ya me dio permiso para matar al “Príncipe Ramu”.

Rane parpadeó, sorprendida por la falta de honoríficos al referirse a su rey. Pero lo que dijo a continuación fue aún peor:

—Podría saciarme contigo cuanto quiera… y luego matarte.

—¡…!

—Y si en medio de todo eso me dices dónde está tu padre… mejor todavía. Mataría a dos pájaros de un tiro.

«No… no. Esto no es lo que quería. »

Jer no era solo un guerrero brutal. También era inteligente.

—Muy bien. Guardaré tu secreto —dijo Jer, de pronto, inclinó su cabeza. Rane apretó los párpados al sentir su aliento caliente contra su oreja—. Pero a cambio… vas a tener que aguantar mis deseos.

—…

—Aguanta bien. No vayas a confesar dónde está tu padre… por “accidente”.

Robin: ¡¡¡Okay quiero venganza y la quiero ya!! Como nos van a dar el desarrollo de su “amor” neta que si no se arrastra este kks. ¡¡Me voy a enojar!!  

Nynx: También quiero ver ese desarrollo, quiero ver ese “amor” después de todo eso. Mi Coronel se pasa de mlp, pero Rane un tantito de coraje al hablar.     



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: NYNX
REVISION: ARALDIR



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