Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 7

Los muslos de Ramu, cruelmente quemados, habían sido vendados con hierbas medicinales y envueltos firmemente con tela. Pero todos sabían que, si mostraban alguna mejoría, Jer volvería a marcarlos con fuego.

Había salivado tanto por el dolor que su boca estaba completamente seca. Anhelaba un sorbo de agua, pero no se le permitía ni una gota.

Su cuerpo, desplomado como un muñeco roto, mostraba exactamente lo que Jer había dicho: no resistiría mucho más.

Cada vez que intentaba apoyarse en las piernas, el dolor de la carne viva la hacía colapsar, aunque descargara parte del peso sobre los brazos. Su postura encorvada era tan extrema que ni siquiera los subordinados de Cask se atrevían a bromear.

—Maldito idiota. Si hubiera confesado desde el principio, no estaría así. ¿Duele? Apenas es el comienzo.

—Y todavía tuvo el descaro de decirle cosas horribles al Coronel. Probablemente perderá todos los dientes.

Los subordinados especulaban en voz baja cómo continuaría Jer la tortura. Había rumores escalofriantes. Pero Ramu, incapaz siquiera de pensar en Annie o en sus subordinados, solo podía concentrarse en el ardor constante de sus muslos destrozados.  

«Monstruo…»

De pronto, una ráfaga de aire frío barrió la tienda. Por el alboroto de los subordinados, parecía que el coronel Jer había regresado.

—¡Argh!

De repente, un grito desgarrador retumbó dentro de la tienda. Como había anticipado, al abrir los ojos, Ramu vio que el coronel Jer había vuelto… y traía a Akisha con él.

Akisha tenía la boca amordazada, pero al ver el estado deplorable de Ramu, soltó un gritó lleno de angustia.

Al ver a Akisha, los ojos secos de Ramu se llenaron de lágrimas nuevamente.

—Dicen que eras el más cercano a él. Hoy, él recibirá tu castigo —dijo Jer sin una sola emoción.

—¡…!

—Cómo puedes sentir, tu cuerpo es demasiado débil para resistir la tortura. Igual que el actual reino de Akin.

—Devuélvelo… Dije que solo yo conozco el paradero de mi padre… ¡No tortures a inocentes! ¡Tortúrame a mí…!

—¿Hablas como el Príncipe de un reino? —la voz de Jer mantenía un tono monótono, sin altibajos. Con esa misma calma indiferente, golpeó la nuca de Akisha, que gritaba.

Akisha, debilitado, se desplomó en el suelo frío, con la parte superior de su cuerpo desnudo.

—¡Tortúrame a mí…! ¡¿Qué demonios estás planeando hacer?!

—No te alteres. Extraerle los órganos mientras siga vivo… eso será más adelante.

—¡Maldito… monstruo…! ¡No eres humano!

—¿Lo olvidaste? ¿Cuál es mi apodo?

«El ángel de la muerte»

—Según tus palabras, debería haber terminado como prostituto. Pero en cambió me convertí en Coronel. Te haré entender por qué me llaman así. Así que abre bien los ojos y no apartes la mirada.

—¡Basta…! ¡Por favor… basta! ¡Detente!

Los subordinados que presenciaban la escena junto a Ramu contenían la respiración. Cuando Jer tomó un cuchillo, muchos forzaron su rostro para no mostrar emoción alguna, como si exhalaran por la nariz. Pero Jer, molesto incluso por esos mínimos gestos, giró la cabeza lentamente y les hizo una señal para que se marcharan.

Los subordinados, agradecidos por su misericordia, no dudaron en retirarse de inmediato.

Akisha, golpeado en la nuca, apenas comenzaba a recuperar la conciencia. Pero al ver el cuchillo en manos de Jer y el lamentable estado de Ramu, soltó un gemido que se convirtió en un grito sofocado, más de angustia que de dolor.

Jer posó lentamente el filo del cuchillo sobre el torso expuesto de Akisha.

—¡Lo diré! —Ramu no soportó más y gritó—. ¡Te diré dónde está mi padre!

No tenía intención alguna de decir la verdad. Solo deseaba salvar a Akisha, ganar tiempo. Si mentía y mencionaba un lugar lejano, quizás tendrían oportunidad de escapar o al menos resistir hasta que Jer descubriera el engaño. Quizás, en ese intervalo, surgiría alguna oportunidad.

Los ojos de Jer, que aún sostenía el cuchillo, se posaron lentamente en Ramu.

—¿Dices que hablarás?

—Sí… te diré… dónde está mi padre.

—Nunca pregunté por el paradero de tu padre.

—¿Qué…?

—Solo hablas cuando yo te pregunto.

¡SCHAAK!

—¡Ah!

La afilada hoja trazó dos cortes en forma de equis sobre el vientre de Akisha. Aunque los cortes eran suficientemente superficiales como para no dañar los órganos. La sangre brotó de inmediato, deslizándose por su torso hasta el suelo. Akisha abrió los ojos desmesuradamente, apretando la mandíbula. Aguantaba en silencio por ella. Pero para Ramu, verlo así fue más insoportable que recibir otro castigo.

—¡Por favor! —gritó Ramu con desesperación.

Cuando Jer volvió a alzar el cuchillo, Ramu sintió que algo se desgarraba dentro de él. Ya no sentía el dolor de sus propios muslos quemados. Para alguien como Ramu, que nunca había podido herir a nadie, esto era un infierno.

Ante sus súplicas, Jer tomó un trozo de tela blanca y comenzó a restregarla sobre las heridas de Akisha.

Akisha, a pesar del áspero contacto, no emitió ni un solo quejido.

—Antes de hablar sobre el paradero del Rey. Hay algo que debes entender… Si mientes, o si cuando lleguemos él no está allí… —Jer dejó de limpiar la sangre y alzó la mirada, fija como una lanza sobre Ramu—. Por hacer perder mi tiempo. Desollaré vivo a tu subordinado. Y usaré su piel como vendas para las heridas de tus muslos.

—¡…!

—Con su carne aún caliente, prepararé un caldo y lo repartiré entre mis hombres. Una y otra vez. Hasta que estén saciados.

—…

—Dicen que te preocupas mucho por tu pueblo. Qué comenzaste esta guerra para evitar que murieran de hambre. Pues te prometí un regalo. Y te aseguro que lo recibirás… cuando te exhiba frente a los mismos ciudadanos que tanto amas.

Ramu bajó la cabeza, no pudo evitar admitir su error. Había provocado demasiado a este hombre cruel.

Jer, como si hubiera estado esperando ver el rostro petrificado de Ramu, sonrió. Sobre las dos heridas en forma de equis, talló un extraño símbolo. No era el emblema de Cask ni un sello de guerra conocido. Al limpiar la sangre con firmeza, la marca quedó grabada con claridad, nítida como una sentencia.

—¿Sabes qué es esto? —preguntó Jer y señaló las marcas en el vientre de Akisha.

—No… no lo sé… ¡Pero basta, por favor! ¡Él es inocente!

—Es el emblema de un burdel en Cask, donde se reúnen los hombres que venden su cuerpo. Es el mismo que figura en su bandera.

El rostro de Ramu se tensó de frustración. Las palabras que había lanzado con rabia hacia Jer ahora se volvían contra su subordinado.

—Me retracto de todo lo que dije… Así que…

—Ahora que tu subordinado es oficialmente un puto, podrán mantenerse unidos.

—¡…!

—Ah, pero… ¿todavía sigues siendo el Príncipe Ramu?

Akisha, que había estado soportando el dolor, se agitó al escuchar esas palabras. Jer, con una lentitud escalofriante, le pisó el cuello con su bota y luego estiró el brazo para tomar el rostro de Ramu por la mandíbula.

—En otras circunstancias, habría marcado ese mismo símbolo en tu piel. Pero tus muslos están tan dañados que morirías. ¿Qué haremos? Necesito verte arrastrarte junto a él.

—¡…!

—En Akin no existen prostitutos, ¿verdad? Pero en Cask, sí. Así que, cuando tu subordinado te satisfaga como un puto, entenderás el peso real de tus palabras. Solo entonces podrás decidir si ese título me queda.

—Qué… asco… —tartamudeó Ramu, pálida y temblorosa.

En respuesta, Jer acercó el cuchillo, todavía manchado con la sangre de Akisha.

Akisha intentó moverse bajo la bota que lo inmovilizaba, pero la presión en su cuello se intensificó como si su cuello fuera a romperse.

Mientras, la hoja del cuchillo de Jer descendió con lentitud, rasgando la ropa de Ramu. Nadie podía ayudarlo.

La afilada hoja rasgó las gruesas capas de tela, revelando vendajes apretados alrededor del torso.

—¿Intentabas proteger tu corazón? —Jer se burló al ver las vendas—. Esos trapos no detendrían una cuchillada.

Pero Ramu ya no lo escuchaba. Estaba al borde del colapso, a un paso de que descubrieran su mayor secreto.

«No pueden saberlo.

No pueden saberlo.

¿Por qué dije esas cosas sobre él? No, no… Por favor, no…»

¡SCHAAK!

El cuchillo cortó los vendajes sin esfuerzo. Akisha, aún consciente, cerró los ojos. Y entonces, al romperse las ataduras, el pecho generoso de Ramu quedó completamente expuesto.

—Ah… —un gemido más pesado que un suspiro escapó de los labios de Ramu, su mente se quedó en blanco al verse completamente expuesta.

La carne quemada en sus muslos, el símbolo humillante marcado en el cuerpo de Akisha y ahora la revelación del disfraz masculino desenmascarado.

En ese instante, el príncipe Ramu dejó de existir. Solo quedó Rane, desnuda en cuerpo y espíritu, al borde del colapso.

Los ojos de Jer, siempre inmutables, mostraron por primera vez una chispa distinta al posarse sobre los pechos generosos ahora expuestos. Con un movimiento brusco, soltó una patada directa al abdomen de Akisha, dejándolo inconsciente de inmediato.

Después, se inclinó sobre Ramu, acercándose por completo.

¡RASG!

Al apartar los jirones de tela, sus pechos, firmes y pálidos, quedaron completamente expuestos ante su mirada.

Solo entonces Jer lo comprendió. Aquella espina clavada en su corazón, esa incomodidad inexplicable que lo había rondado desde su primer encuentro… todo cobró sentido.

A pesar del disfraz masculino, su instinto, afilado como el de una bestia cazadora, siempre lo supo: Ramu era una mujer.

₊ ⊹🪻 ✧ ˚

Aquellos pechos, ocultos durante toda su vida, exhibían una piel pálida, casi translúcida. Nunca habían sido tocados por el sol, a diferencia del resto de su cuerpo, endurecido por cicatrices y quemaduras. Esa piel revelaba en un instante los diez años de mentira que habían dado forma al “Príncipe Ramu.”

¡PLOFT!

—¡…!

El coronel Jer agarró uno de sus pechos con fuerza. Aquellos mismos pechos que, en alguna ocasión Rane le había confesado a Akisha que había deseado cortarlos. La expresión de Rane se retorció en agonía, su rostro demacrado por el shock de ser tocada por primera vez.

Jer observó con descaro el pecho en su mano. Los pezones, antes planos, empezaron a endurecerse tímidamente bajo sus dedos. 

—Quita… tu asquerosa mano de mí.

Quería gritar, quería desmayarse. Pero Rane se aferró a su cordura. 

Su cuerpo podía haber nacido mujer, pero ella era el Príncipe de Akin. No podía dejar que ese pedazo de carne invalidara los diez años de vida que había construido como Ramu.

Se sostuvo, se obligó a mantener la cordura.

Recordó a Akisha, tendido en el suelo, sangrando por su culpa. Recordó a cada una de las personas leales que sufrieron por seguirla, sin siquiera notar que los vientos ya habían cambiado.

—Rrgh… —con voz deliberadamente grave, Rane gruñó hacia Jer.

Jer, indiferente, siguió jugueteando con su pezón hasta que se endureció por completo, concentrado únicamente en ese acto. 

Cuando Jer esbozó una sonrisa burlona, el rostro de Rane, que hasta entonces había mantenido la dignidad real, se retorció de nuevo.

De pronto, Jer soltó su pecho y desvió lentamente su mirada hacia su rostro. Luego, sin previo aviso, arrancó de un tirón el turbante que cubría su cabello.

Su melena, larga hasta los hombros, cayó en cascada, desordenada. Jer agarró su mentón y la examinó de arriba abajo.

Aunque había vivido como hombre durante años, con su cabello suelto y el pecho expuesto, ya no quedaba lugar para la mentira: su feminidad era innegable.

—Hace años, se dijo que la Princesa Rane había muerto… ¿no? —murmuró Jer, casi con burla.

“Ramu” apretó los dientes y lo miró con odio.

—El Rey Hetept quería tomarla como esposa, pero murió al caer de un caballo. Siempre me pareció extraño… ¿Por qué no castigaron a los sirvientes que permitieron que una princesa se montara a solas?

—…

—Claro. Porque la que murió no era Rane… era el verdadero Príncipe Ramu.

—Cállate —escupió Ramu, con los ojos encendidos.

—Así que tomaste el lugar de tu hermano muerto.

—¡Cállate! ¡Yo soy el Príncipe Ramu!

—Un Príncipe con pechos… y ropa de hombre.

FSSSH.

—¡…!

—¿Llevabas algo de madera aquí abajo? —de pronto, la mano de Jer se cerró entre las piernas de Rane. Al percibir que se trataba de un relleno, su expresión se tornó de un perverso interés.

Sin demora, deslizó la mano dentro de los pantalones de Rane.

Ella abrió los ojos desmesuradamente, a punto de gritar, pero Jer, con solo una mirada la obligó a callarse.

Su vista se desvió hacia Akisha. Si llegaba a despertar, presenciaría esa escena grotesca. Aunque Akisha ya conocía su secreto, no podía permitir que la viera así, humillada, con la mano de Jer metida en sus pantalones.

—Por favor… mátame.

La mano de Jer, sin un atisbo de compasión, se deslizó bajo su ropa interior, recorriendo el vello púbico hasta alcanzar la talla de madera que simulaba un falo. El contacto de sus dedos, primero en sus pechos, ahora en su intimidad, hizo que los labios de Rane temblaran. Sentía la humillación y vergüenza con una crudeza insoportable.

Jer extrajo el tallo de madera. Al verla, esculpida toscamente para simular un pene, esbozó una sonrisa cargada de crueldad.

—Así que por esto Akin está en esta situación… No sé qué pensaba tu padre al hacerte vivir como hombre, pero si tú fuiste quien declaró la guerra a Cask, entonces ambos son igual de estúpidos.

Rane cerró los ojos. Sin su prótesis, con el pecho al descubierto, no solo era la vergüenza de ser mujer, sino el colapso de una identidad construida con uñas y dientes.

En ese momento, deseó morir.

—Abre los ojos.

Ella fingió no oírlo, conteniendo incluso la respiración.

—¿Debería llamar a tus hombres? Que vean quién eres realmente.

—¡Bestia…!

¡SCHAAK!

—¡Ah!

—Ahora que sé que eres mujer, dejaré de torturarte con heridas. Pero, de ahora en adelante, mide tus palabras. Estuve a punto de desfigurar ese rostro que se atrevió a insultar el mío.

Jer rozó levemente la mejilla de Rane con la yema de los dedos, pero el simple contacto hizo que su mente se nublara. Sintió la mandíbula floja, como si se hubiese dislocado. Tal vez era la ausencia del falo de madera… O tal vez era su cuerpo, que, sin esa pieza, se había rendido por completo a su feminidad.

—Ah, ya no eres un “maldito bastardo”. ¿O sí, Princesa Rane?

—¡No vuelvas a llamarme así! ¡Yo soy el Príncipe de Akin!

—Dices eso, pero mírate… El “Príncipe de Akin”, mostrando sus pechos al enemigo, con su falso pene al descubierto.

—La Princesa Rane está muerta. Ya no existe.

—Bueno, para estar escondidos, tus pechos son bastante generosos.

Sin importarle sus palabras, Jer recorrió su cuerpo con una mirada lenta, deliberada. Rane, que hasta entonces solo había sentido odio, sintió que su mente comenzaba a vaciarse bajo aquella mirada.

Una emoción desconocida, más intensa que el dolor físico, la invadió.

—¿Alguna vez has estado con un hombre?

—Cállate… maldito animal…

¡SCHAAK!

—¡Ugh!

—Te dije que midieras tus palabras.

Con la mandíbula adormecida, Ramu parpadeó, aturdida. Pero en cuanto recuperó la conciencia, gritó con todas sus fuerzas, tan alto que incluso los soldados apostados fuera de la tienda pudieron oírla.

—¡SOY EL PRÍNCIPE RAMU! ¡HEREDERO DE AKIN, HIJO DEL REY! ¡Y PREFIERO MORIR ANTES QUE DEJARME HUMILLAR POR UN DESVERGONZADO COMO TÚ! —su voz, rota y desesperada, resonó como el rugido de un náufrago aferrado a la última tabla en un mar de tormentas.

Pero Jer, lejos de enfadarse, se limitó a reír.

—Qué patética. Gritas como una mujer.

Y entonces, sin más, Jer le arrancó lo que quedaba de su ropa con un movimiento brusco.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: NYNX
REVISION: ARALDIR



© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 6

    Next Post

  • CAPÍTULO 8
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks