Capítulo 13
En ese momento, la otra carta también fue entregada en la del Duque.
[ Como has dicho, dejaré esta familia. Ya no soy hija de la familia Babeloa. Por favor, presente la carta de excomunión con Su Majestad.
Fue horrible nuestro tiempo juntos, (esta frase se repitió muchas veces), no, fue divertido, no nos volvamos a ver.
– Meldenik ]
El contenido de la solicitud de excomunión fue muy claro.
No, fue un poco vago decir que estaba limpio. La carta con las marcas de sombreado todavía parecía estar escrita toscamente.
Meldenik ni siquiera mostró sinceridad al corregir la parte mal escrita o al utilizar una hoja nueva.
La Duquesa levantó el abanico en su mano, su rostro parecía considerar algo cuidadosamente.
Cada vez que abanicaba con su suave toque, su brillante cabello rojo revoloteaba como un rubí.
—¿Por qué pide con tanto orgullo la excomunión? ¿Tiene tanta fe?
Al ver el delicado rostro de su mujer, el Duque de Babeloa estalló en cólera.
—… ¡Ella debe estar tratando de lastimar nuestra autoestima! Está intentando humillarnos de nuevo. Agh, mi cabeza.
Fue el Duque de Babeloa quien actuó como si no tuviera conciencia de que era su hija.
No pensó en el hecho de que fue el primero en alejar a Meldenik diciéndole que se fuera.
Porque tenía la costumbre de olvidar rápidamente sus propios errores y recordar solo las faltas de los demás en forma magnificada.
Eso era natural para personas como él.
Personas que rechazan a los demás a menos que sea beneficioso para ellos. No importaba si eran familia.
—Meldenik, regresará arrastrándose después de fracasar otra vez, ¿no es así, esposa?
Los ojos marrones de Hildegard brillaron.
—Ciertamente inclinará la cabeza, cariño.
Ella asintió con la cabeza como si estuviera de acuerdo con las palabras del Duque de Babeloa. Pero su intuición le decía otra cosa. Sentí que Meldenik había cambiado.
Pero Hildegard sonrió y dobló el abanico.
«Los tres espías también dijeron. Meldenik no está haciendo nada.»
Los matones que contrató informaron que Meldenik estaba revolcándose en el polvo en aquella casa abandonada.
De vez en cuando, se le podía observar derramando lágrimas.
Ella siempre vivió la vida de un perdedor, y por lo tanto sólo podía fracasar.
Hildegard nunca había perdido un duelo contra. Meldenik. Esta vez no sería diferente.
Mientras las comisuras de su boca se torcían, el Duque de Babeloa partió la mesa en dos con un golpe seco.
Jadeando por la presión arterial alta, el Duque de Babeloa parecía que iba a sufrir por ello hoy y mañana.
—Por ahora, creo que sería mejor presentar la carta de excomunión como ella quiere.
Los ojos del Duque se entrecerraron.
—¿Qué quiere decir, esposa? No importa qué, ¿no es una excomunión demasiado grave?
Tal vez sea porque era su hija. ¿O tal vez era porque no quiero un escándalo en la familia?
Era el Duque de Babeloa quién insultaba a Meldenik todo el tiempo, pero una excomunión parecía molestarle.
—No estoy diciendo que realmente vaya a expulsarla. Es solo para asustarla.
—¿Asustarla?
Las delgadas orejas del Duque de Babeloa parecieron revolotear.
—Sí, de todos modos, se necesita un período de mediación de cuatro semanas para la excomunión. Seguido de un, el juicio con Su Majestad presente.
—Hmm, período de ajuste. Sí, es cierto.
Los nobles rara vez son excomulgados. Aun así, la mayoría de las excomuniones fueron canceladas dentro del período de mediación de cuatro semanas.
Era seguro decir que no hubo casos en los que el Emperador aprobará el juicio.
«Si pasas por el período de mediación hasta el juicio, serás la primera noble de alto rango en ser excomulgada.»
Hildegard levantó una mano para taparse la boca. Se sentía como si fuera a estallar en carcajadas.
El actual Emperador era un espantapájaros sin poder, pero también era un enemigo político que mantenía a raya el fuerte poder del Duque Babeloa.
Tal hombre no evitaría excomulgar a la princesa Meldenik, la vergüenza del Duque de Babeloa.
Si excomulga a Meldenik, la hija del Duque de Babeloa, juzgará también le habría asestado un golpe al Duque.
Una vez que Meldenik sea excomulgada, sería fácil deshacerse de ella.
«Arruiné sus negocios para tratar de excomulgar a Meldenik y le di todo tipo de vergüenzas, pero finalmente estoy viendo la luz.»
Hildegard, que había escondido su repugnante corazón dentro de ella, distorsionó sus gráciles labios.
Pronto llegará el día en que su hija tendría todo los de Meldenik.
—Yo me encargaré de los papeles de excomunión.
—Sí, ¿no deberías darle una lección a esa deshonrosa niña?
La señora Hildegard, mirando al quejumbroso Duque de Babeloa, pensó en su hija Sheria.
Su amada hija debería estar disfrutando del sol de la tarde en esos momentos.
Se preguntó si su hija se estaría divirtiendo en el hermoso resort con los sacerdotes de Tierra Santa.
Entonces, ¿no debería tener que sentar las bases por sí misma antes de que Sheria regrese del resort?
Una sonrisa se deslizó por los labios de Hildegard.
—Sí, tendré que darle una lección.
Al ver al Duque Babeloa fruncir el ceño, Hildegard se llevó a los labios la taza de té que tenía sobre la mesa.
Todos los movimientos de Meldenik ya estaban al alcance de Hildegard.
Bajó los ojos y sonrió.
A este ritmo, Meldenik sería excomulgada sin recibir la ayuda del Duque y se convertiría en una plebeya.
El matrimonio entre plebeyos y nobles es imposible en el Imperio. Naturalmente, el puesto de Duquesa Hesman lo ocuparía Sheria.
«Me pregunto por qué el Duque Hesman aún no ha roto su compromiso con Meldenik.»
El ceño de Hildegard se frunció por un momento y luego se relajó.
«… Probablemente sea porque es demasiado molesto y hiere su orgullo.»
Si ese no era el problema, entonces ¿por qué Lenox Hesman, que lo tenía todo, se aferraría a la estúpida de Meldenik Babeloa?
El Duque Hesman no tenía ninguna razón para hacerlo.
—¿Por qué te ves tan ansiosa? No eras muy cercana a Meldenik.
—Aun así, cada vez que sus negocios fallaban, me daba pena.
Mordiéndose los labios, miró de nuevo al Duque de Babeloa.
—Estoy furioso de solo pensar en lo que hizo esa chica.
El rostro del Duque de Babeloa se puso rojo de ira.
Hildegard, que había recuperado la compostura, lo miró y sonrió. Este hombre también la había elegido por encima de su primera esposa, la madre de Meldrick. Así que no había absolutamente nada de qué preocuparse.
—En primer lugar, presentaré la excomunión de Meldenik ante Su Majestad, el Emperador. En secreto, sin que nadie lo sepa.
Todo estaba yendo bien.
Ella sonrió sutilmente mientras recorría la línea de la mandíbula del Duque de Babeloa.
Antes de excomulgar a Meldenik, sería buena idea hacer una pequeña conmoción para que no pueda volver a recuperarse.
«Como siempre, puedo leer a través de mi oponente.»
—También le enviaré un mensaje a Meldenik para informarle que voy a presentar una carta de excomunión.
El rostro de Hildegard se iluminó. Un placer claro y brutal que se extendía por su rostro.
Ese mismo día, la “petición de excomunión de Meldenik Babeloa” fue entregada en secreto al Palacio Imperial.
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Cuatro días después, al amanecer.
La papelería en Meldenik estaba en medio de una remodelación.
Los ojos de Meldenik se abrieron de par en par cuando vio que el cartero venía de lejos. Por fin había llegado la noticia tan esperada.
—¡Finalmente, la excomunión ha llegado!
La oficina de correos había recibido en secreto una carta de excomunión. “Enviamos en secreto una carta de excomunión. Después de un período de ajuste de cuatro semanas, prepárese para ser juzgada por Su Majestad el Emperador.” Se entregó una única carta.
Era la letra de Hildegard.
Después de leer la carta, estuve saltando de emoción desde el amanecer hasta la mañana.
«¡Un paso adelante para la excomunión! ¡Dos pasos para la ruptura!»
¡Pronto podré cortar lazos con el Duque de Babeloa!
Pero a diferencia de mí, Dominic todavía tenía cara de preocupación.
—¿Por qué el Duque Hesman no respondió a la carta de ruptura? Realmente querías romper el compromiso.
Respondí de mala gana.
—¿Él? Supongo que no quiere romper el compromiso, bueno. Dijo que no lo haría.
El no querer romper el matrimonio, parecía haber algún tipo de utilidad para Meldrick, aunque no sabía cuál.
Lenox, que nunca amó a Meldenik, no sólo duda en romper el compromiso, sino que expresaba en secreto su intención de no querer romper el matrimonio, por lo que la respuesta es obvia.
Pero ahora, no importaba si eran las intenciones de Lenox o los pensamientos de la familia Hesman.
—Pero ahora no tiene que romper el matrimonio.
—¿Por qué?
—Si soy excomulgada, me convertiré en una plebeya, y entonces, naturalmente, el compromiso con los Hesman se vuelve invalido. Según la ley imperial, los nobles y los plebeyos no pueden casarse.
Había pedido enérgicamente la ruptura del compromiso porque tenía miedo de que no me excomulgaran de los Babeloa.
Pero ahora no era necesario rechinar los dientes para pedirle a Lenox que rompiera el compromiso. Naturalmente, el compromiso se romperá.
—Realmente se siente como si se te cayera un diente enfermo.
Lenox y Hildegard están en una relación de colaboración.
Sin embargo, los dos tienen intereses claramente diferentes.
El duque Hesman quiere casarse conmigo por razones desconocidas, y la señora Hildegard quiere romper mi compromiso con Lenox para casarse con Sheria.
En otras palabras, aprovechando sus diferentes intereses, podré sonarme la nariz sin hacer ningún movimiento.
N/T: en esta parte ella usa un proverbio que significa que usó sus diferencias para obtener lo que quiere sin hacer nada.
«Fue una operación exitosa, Sra. Hildegard. ¿No te emociona creer que me has dado un golpe en la nariz?»
Pero estoy agradecida de que ella haga que se mueva de la manera que quiere. En la medida en que quiero besar sus blancas mejillas.
Tarareé mientras limpiaba los escaparates de la papelería.
Mirando las ventanas limpias sin una sola mota de polvo, sentí que mi futuro también sería tan limpio como esto.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: MOKA
CORRECCIÓN: TY