Capítulo 38
—¡Oiga, se le cayó algo!
—¡Aaaah!
—¡Espere, vayamos juntos!
—¡Aaaaahhh!
Pero cuando Yeo-woon llegó por fin al edificio, lo único que alcanzó a ver fue una mano aporreando el botón de “cerrar” desde el otro lado de las puertas del ascensor que se cerraban a toda velocidad.
—¿Qué fue eso…? Podríamos haber subido juntos…
Sintió una punzada de desilusión. «¿Por qué había salido corriendo así? ¿Le habrían dado ganas de ir al baño?» Con la cabeza ladeada, Yeo-woon se quedó mirando fijamente cómo el ascensor ascendía.
—¡…!
El ascensor se detuvo finalmente en el noveno piso. A diferencia de los demás pisos, que albergaban cuatro apartamentos cada uno, el noveno solo tenía dos: el de Yeo-woon y el del vecino contiguo.
—¿No me digas que vive aquí?
No podía ser una simple coincidencia.
Parece que la persona que vive al lado… era él.
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—¿Se-hyung, qué haces ahí?
Apenas abrió la puerta, Yeo-woon vio a Se-hyung justo frente al baño, parado en una pierna como un espantapájaros, completamente rígido. Seon-yong lo miró de reojo y negó con la cabeza antes de responder.
—Se volvió estatua esperándote.
—Qué estupidez… Toma esto.
—¿Eh? ¿Y esto qué…? ¡Wow, trajiste udon también?
—Sí. ¿No estuve genial?
—Eres el mejor, amo, te amo. Pero… ¿y los limones?
—Salgo un momento. Tengo que llevar eso al del apartamento de al lado.
—¿Eso?
—No es un regalo de mudanza. El vecino los fue dejando por ahí.
Yeo-woon le pasó toda la comida a Seon-yong y volvió a salir. Dejó su puerta entreabierta y fue hasta la del lado. Tocó el timbre, y en cuanto oyó movimiento del otro lado, se abrió la puerta con el pitido del cerrador digital.
—¡Hola!
—¡Aaaah!
Justo cuando asomó la cara el vecino, Yeo-woon metió el pie en la rendija de la puerta, impidiéndole cerrarla. Sentía que si no lo hacía así, se la iban a cerrar en la cara. El hombre cayó de culo del susto, y a Yeo-woon le pareció gracioso porque se acordó de la primera vez, cuando también se cayó así del susto. El otro, en cambio, le apuntó con el dedo indignado.
—¡T-te voy a denunciar por allanamiento de morada! ¡Instalé cámaras en el pasillo por tu culpa!
—¿Por allanamiento?
—… ¡Eso!
—Todavía no he entrado.
Ante la respuesta tranquila de Yeo-woon, el hombre frunció el ceño con fuerza, aunque pronto pareció convencerse. Al no tener más que decir, sólo chasqueaba los labios con frustración, y Yeo-woon, observándolo, abrió un poco más la puerta. Luego se agachó en el pasillo, poniéndose a la altura del hombre que seguía tirado en el suelo. El otro lo fulminó con la mirada antes de soltar.
—¿Fuiste tú?
—¿Perdón?
—El que mandó mi boletín de notas a mi casa. ¿Fuiste tú, verdad?
«¿Boletín de notas?»
—Ah, por tu culpa mi madre me echó tremenda bronca y hasta me quitó todas las tarjetas, ¿sabes? Qué putada. ¿Cómo conseguiste mi historial académico? ¿Y mi dirección? ¿No me digas que vamos a la misma universidad?
Por lo que decía, parecía ser universitario. Claro que se conocían de antes, pero Yeo-woon ni siquiera sabía que él vivía ahí, así que negó con la cabeza. Sin embargo, el vecino lo miró directamente y suspiró con resignación.
—¿Por qué me sigues todo el tiempo? A ver si me das una razón.
—Yo nunca te he seguido…
—¡Desde el cibercafé estabas pegado detrás de mí! ¿Qué quieres de mí? ¿Dinero? ¿Atención? Si es atención, búscala en otra parte. Si es dinero, te lo doy, pero deja de venir a buscarme.
El tono amenazante y la mirada severa del hombre hacían que Yeo-woon se encogiera más y más con cada palabra. No sabía por qué, pero cada vez que se paraba frente a él, el corazón se le hacía chiquitito como un grano de arroz. Quizá era por aquella primera impresión.
—… Me mudé al piso de al lado.
—¿Qué?
—Departamento 902. Me acabo de mudar.
—… ¿Qué?
—Antes iba tirando limones por la calle, así que los recogí…
Yeo-woon dejó caer frente a él los seis limones que llevaba en brazos. Los frutos amarillos rodaron por el suelo hasta detenerse junto a los pies del hombre. Él abrió ligeramente la boca, sin poder disimular su desconcierto, parpadeando con rapidez antes de preguntar con urgencia.
—¿Yo tiré esto por la calle?
—Sí.
—E-entonces, ¿cuando nos vimos en la cafetería…?
—Vine a una entrevista por esta zona, y como las otras cafeterías estaban llenas…
—¿Y lo de que vivo aquí…?
—No tenía ni idea.
—…No me jodas. ¿Me estás diciendo que todo esto fue una coincidencia?
—Entonces será el destino, ¿no?
Yeo-woon encogió los hombros con ligereza, imitando un tono sarcástico.
—¿Corrió gritando porque pensó que lo seguía con malas intenciones?
Las orejas del hombre se tiñeron de rojo bajo la luz anaranjada del pasillo. No estaba claro si era por la iluminación o por la vergüenza.
—Yo… yo no grité.
—…
—¡Yo no grité! ¡Ya váyase! Tengo cosas que hacer, tengo que jugar.
—¿Jugar? ¿A qué juego?
Ante la pregunta de Yeo-woon, el hombre, que lo había estado fulminando con la mirada, soltó una risa entre dientes. Luego se pasó la mano por el cabello y murmuró con tono molesto.
—Oiga.
—¿Sí?
—Que si juego Tetris, Buscaminas, o no sé, carajo, una novela visual, ¿a usted qué le importa? Todo tiene un límite, ¿no? ¿Por qué anda husmeando tanto? Ya es bastante raro que justo usted se haya mudado al lado, ¿de verdad le intereso tanto? ¿Acaso es gay?
El tipo reaccionaba exageradamente. Bastaba con ver cómo, después de mencionar juegos comunes, soltaba uno que desentonaba totalmente. «¿Una novela visual…? Así que juega eso. Debe darle vergüenza contarme ese tipo de cosas, considerando que no somos tan cercanos.»
—Puedo preguntar, ¿no? Qué sensible…
—En serio, no puede quedarse callado ni un segundo.
—En fin, como somos vecinos, mejor llevémonos bien sin peleas. Y en serio, no sé nada del boletín de notas. ¿No será que le va mal en clase?
—…Oiga.
Justo en ese momento, desde el interior del apartamento de Yeo-woon, se escuchó una voz fuerte y clara.
—¡Amo, el udon se está poniendo blando!
—¡Amo, esto está demasiado rico!
Parece que la charla se alargó más de lo esperado, cuando en realidad Yeo-woon solo había salido a devolver los limones. El hombre miró de reojo hacia el departamento de Yeo-woon y soltó una leve risa antes de agarrar el picaporte.
—Si fue un malentendido, de verdad lo siento. Pero la próxima vez no me siga por detrás así de forma tan tétrica. Mejor salude primero o algo. En serio, uno se asusta.
—¿…?
«¿Es su forma de decir que sí podían saludarse, a pesar de su actitud cortante? Bueno, tiene sentido. Sería raro que los vecinos ni siquiera se saludaran.»
—Entonces, que se divierta con sus esclavos.
Con esa voz burlona, la puerta se cerró de golpe. La ráfaga provocada por el portazo le dio de lleno a Yeo-woon en la cara, separándole el flequillo en dos como si lo hubieran partido con una navaja.
«¿Qué? ¿Esclavos…?»
—¿Ya devolviste los limones?
El Esclavo 1 preguntó mientras masticaba con la boca llena.
—¿Y qué tal el tipo del lado? Seguro es un imbécil, ¿no?
¿El vecino? La realidad superaba la ficción.
—De cerca se ve bastante guapo, la verdad.
—¿… Qué?
—Pensé que daba miedo, pero parece que solo es muy tímido.
—…Otra vez tú, Lee Yeo-woon.
«¿Qué hice ahora?»
—Tenías razón, su personalidad es un poco… áspera.
—¿Un poco? ¿Un poco, dices? ¡Oye, eso no es ser borde, eso es tener mala educación!
—Parece que solo es un poco tímido.
—¡Yeo-woon-ah!
—Creo que cambiará una vez que nos hagamos cercanos. Se ve algo joven, pero habla bastante cuando se suelta. Y bueno, también reconozco que hice cosas que se podrían malinterpretar.
—No, Yeo-woon-ah, piénsalo bien. ¿Qué harás si terminas herido? La forma en que te miraba no era normal, ¿entiendes?
«Bah, exageran… Para mí eso es hasta tierno.» Yeo-woon tomó un nuevo par de palillos mientras dejaba que las advertencias de los “esclavos” le entraran por un oído y le salieran por el otro. El sushi, desde el punto justo del arroz hasta la frescura del pescado, estaba simplemente perfecto. Yeo-woon decidió en ese instante que se volvería cliente habitual de ese lugar.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SPOOKYBOOGIE
CORRECCIÓN: YOUZHAO
REVSION: GOLDRED