Capítulo 37
[(Notificación) ¡Estamos empacando tu pedido con mucho cuidado!
aPara que la comida no se enfríe, por favor recógela en 10 minutos.]
«Justo a tiempo.»
Apenas recibió el mensaje, Yeo-woon se levantó rápidamente de su asiento. Presionó varias veces la tecla de acceso rápido para forzar el cierre del juego y se incorporó de inmediato. El reloj en su teléfono acababa de marcar las 7:30.
El momento no podía ser más perfecto. Si se iba directo a casa, nadie se daría cuenta de que había estado en el cibercafé. «Tontos…» Como tenía hambre, pensó en recoger la comida cuanto antes. Mientras repasaba mentalmente la ubicación del local en la app de mapas, alguien le puso una mano en el hombro.
—¡Hyung! Se dejó su billetera en el asiento.
—¿…?
Un chico que parecía de secundaria le metió con cuidado la billetera en la mano. Tenía una cara juvenil y mejillas regordetas, lo que le hizo pensar en un primo pequeño. Resultaba hasta tierno. Por lo visto, había salido tan apurado que se le olvidó la billetera sobre el escritorio.
—Ah, se me olvidó… Muchas gracias.
Yeo-woon sonrió con torpeza y le agradeció al estudiante. Sin embargo, el chico parecía tener algo más que decir; mordía sus labios y dudaba, hasta que finalmente señaló hacia atrás con el dedo mientras empezaba a hablar atropelladamente.
—E-eh… perdí en piedra, papel o tijeras, así que me mandaron a mí. No es que yo quisiera, pero mis amigos dijeron que tenía que chocar los cinco contigo sí o sí…
Hablaba tan rápido que parecía estar rapeando. Apenas terminó, murmuró para sí mismo, “Ah, qué vergüenza…” Al parecer, habían apostado algo. Yeo-woon soltó una risa por lo bajo y levantó la mano. Cuando el chico, que aún dudaba con la mano a la altura del pecho, la levantó un poco, pudo ver en su placa el nombre, “Jeong Minjae.”
«Qué adorable. ¿Yo también era así cuando era pequeño?»
Yeo-woon le dio una palmada suave en la mano, y luego miró hacia el pasillo desde donde el chico había llegado. Como suricatas, varios estudiantes con el mismo uniforme escolar sacaban el cuello, muertos de risa, mientras observaban cómo su amigo cumplía la “misión”.
Mientras veía al chico, completamente rojo, volver con sus amigos, Yeo-woon se giró… y se le escapó un pequeño jadeo.
—…
—…
Justo cuando el otro hombre se levantaba de su asiento y alzaba la mirada, el corazón de Yeo-woon dio un vuelco. Era el chico que trabajaba en la cafetería frente a su casa, el que siempre alimentaba a los gatos. Nunca se le pasó por la cabeza que se lo toparía en un lugar así. Se quedó quieto, sin poder hacer más que parpadear como un tonto. El otro también lo miraba fijamente.
Ambos se quedaron allí, congelados, en una especie de duelo de miradas, mientras el empleado del cibercafé los observaba de reojo, visiblemente incómodo.
—… Ha…
El hombre frunció el ceño, como si algo le molestara, y se ajustó bruscamente la gorra negra que llevaba en la mano hasta cubrirse bien la cabeza. Luego salió del cibercafé, adelantándose a Yeo-woon.
«¿Qué le pasa? A esta hora… ¿Lo habrán despedido del café?»
Yeo-woon murmuró para sí mismo mientras bajaba las escaleras siguiéndolo. El hombre salió del edificio pero, en lugar de continuar su camino, se detuvo por un momento y echó una mirada hacia atrás. Al encontrarse otra vez con esa mirada fría y penetrante, el cuerpo de Yeo-woon se puso tenso por reflejo.
«¿Y ahora qué…? ¿Hoy sí me va a robar de verdad? Pero si ni llevo efectivo… ¿qué me va a sacar?» Mientras empezaba a imaginar todo tipo de escenarios, el hombre asintió levemente con la cabeza.
—Vete.
—¿Eh?
—Que te vayas primero.
Dicho eso, no se movió ni un centímetro de su sitio. Yeo-woon, al ver su expresión seria, asintió con cuidado. Justo entonces el semáforo del paso de peatones cambió de color. Yeo-woon aceleró el paso y empezó a cruzar la calle.
—…
«Ahora que lo pienso… él salió primero, pero me dijo que pasara yo. Al final, parece más amable de lo que aparenta.»
[[Ji-gu]: ¡¡Newta-nim, ¿Por qué te vas sin decirme nada?!!]
La aplicación Holblu sonó por primera vez en mucho tiempo. Ji9star había enviado un emoticón de sí mismo tirado en el suelo, lloriqueando.
[[Ji-gu]: Después de que tú y yo nos fuimos, Nyang-nim se quedó tan incómodo solo que apagó el juego, jajaja.]
[[Ji-gu]: Están haciendo un escándalo pidiendo que vuelvas rápido.]
Al parecer, se había sorprendido un poco por haber cerrado la conexión de repente. Había vivido toda la vida jugando solo, y de repente, de un día para otro, se unió a un Gremio, así que no estaba acostumbrado. Pensó que la próxima vez debería al menos despedirse antes de salir.
[Estoy fuera, así que voy a volver a conectarme cuando llegue a casa.]
[[Ji-gu]: Oh, yo también estoy fuera. ¿Será el destino? jajaja >ㅅ<]
[[Ji-gu]: Qué tajante.]
[[Ji-gu]: Pero oye, ¿por qué te saliste de DdalgiJam sin decir nada? Iba a presionarlos para que te expulsaran, qué lástima, ㅜㅜ.]
[Lo de salirme del gremio no tenía que ver con el PVP… Ya lo tenía pensado. Motseena no dejaba de coquetearme todo el tiempo;;
[[Ji-gu]: ¿¿Wtf??]
[Pero sí le avisé a Ddalgi-nim antes de salirme.]
[[Ji-gu]: ¡Si yo te dije que ese Motseena era raro! Jajaja.
Definitivamente, parecía que sí era un tipo raro. Cuanto más decía que era hombre, más insistía el otro con cosas como, “Si lo niega así, es cien por ciento que es mujer”, creyendo solo lo que quería creer. Al recordarlo, no pudo evitar soltar un suspiro. «Cuando me vuelva a conectar, lo voy a bloquear de una vez.»
Mientras miraba el celular riéndose solo, Yeo-woon levantó la cabeza al escuchar el crujido de la bolsa de comida.
—¿Cuántos pares de palillos necesita?
—Ah, no es necesario. Me lo voy a comer en casa.
—Entendido, que lo disfrute.
—Gracias.
Después de devolver los utensilios desechables que venían en la bolsa del sushi, Yeo-woon salió de nuevo a la calle nocturna. Si caminaba rápido, calculaba que tardaría unos cinco minutos en llegar a casa. Al cruzar de nuevo por el paso peatonal, se encontró con una figura que salía de un supermercado cercano… Un hombre con una vestimenta que ya le resultaba demasiado familiar.
—¡…!
Quién iba a pensar que volvería a encontrárselo justo aquí. Por un segundo estuvo a punto de decir “¡Ah!”, movido por una extraña sensación de familiaridad, pero como no eran cercanos ni nada por el estilo, decidió mejor quedarse callado. Yeo-woon empezó a seguirlo a cierta distancia, acompasando el paso con el del otro. Como iban en la misma dirección, parecía que el tipo también se dirigía hacia la zona del café. Por suerte no lo habían despedido, seguramente solo se había escapado del turno un rato.
En el callejón, ya cubierto por la oscuridad de la noche, solo se escuchaban los pasos de los dos.
El hombre, bastante alto, caminaba arrastrando las sandalias negras como si el cansancio lo aplastara. De su bolsa de compras, que colgaba floja y estaba rasgada por un costado, se le empezaron a caer limones amarillos.
—¿…?
TAC, TAC, TAC…
Cada diez pasos, uno de los limones se soltaba y rodaba por el suelo. «¿En serio está dejando que se le caigan a propósito? ¿No se está dando cuenta?» Yeo-woon parpadeó sorprendido, y tras quedarse quieto un instante, empezó a seguirlo de nuevo, esta vez inclinándose para ir recogiendo los limones uno a uno.
—… ¿Qué es esto?
«¿Hansel y Gretel?» Yeo-woon murmuró mientras recogía y acomodaba en su pecho seis limones que el hombre había dejado caer. Al doblar la esquina, la familiar cafetería apareció a lo lejos. El cartel de Café Earth bajo la noche tenía un aire especialmente sentimental. Ver las luces encendidas a esas horas le hizo pensar que realmente había hecho bien en mudarse. ¡Tener un lugar que vende pociones de energía justo frente a casa!
—Eh…
El hombre, que caminaba tranquilamente, de repente frenó y se dio la vuelta. Al cruzar miradas, Yeo-woon levantó discretamente la mano y esbozó una sonrisa tímida. Luego aceleró el paso para devolverle los limones que había dejado caer. En ese momento, el rostro del hombre se tornó pálido como la nieve, retrocedió y terminó girándose para salir corriendo a toda prisa.
El hombre agitaba su bolsa de compras de un lado a otro mientras corría. No había manera de entender cómo podía ir tan rápido arrastrando esas sandalias viejas. ¿Y por qué gritaba así? Yeo-woon abrazó cuidadosamente el paquete de sushi para que no se moviera y salió tras él.
Pero el hombre no entró en la cafetería; en cambio, se precipitó dentro del edificio donde Yeo-woon acababa de mudarse. Desde atrás, Yeo-woon le gritó a todo pulmón.

RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: SPOOKYBOOGIE
CORRECCIÓN: YOUZHAO
REVSION: GOLDRED