Capítulo 41
Yo solo quiero vivir en paz y feliz, pero Chase parecía decidido a entregarme el Grupo Kaisa completo, incluso si tenía que amenazar al Vicepresidente para lograrlo. Si me negaba diciendo que no me interesaba, temía que terminara amenazándome a mí en vez de al Vicepresidente.
—Bueno, ya que lo haremos, hagámoslo bien. Primero investigaré a fondo Tesathy.
—…
Hace un momento, su mirada era la de alguien viendo a un problemático que malgastaba su fortuna confiando solo en corazonadas, pero ahora él era el más entusiasmado. Algo me decía que había tocado un tema delicado, así que, titubeante, intenté persuadirlo:
—Dijiste que nos faltaba capital…
Pero Chase, como si hubiera leído mis pensamientos, curvó los labios en una sonrisa burlona.
—Podemos negociar. Nadie está pronosticando un superciclo en el sector naviero ahora. Que Tesathy aún no encuentre comprador lo demuestra. El precio de adquisición caerá aún más.
Sus ojos rasgados se entornaron con elegancia frente a mí. Sus dedos, que antes jugueteaban con mi oreja, se deslizaron suavemente hacia mi mejilla.
—Solo debemos esperar el momento perfecto. ¿Confías en mí?
«Preferiría no hacerlo…»
Frases como “¿Confías en mí?” siempre han sido mal presagio. Un presentimiento se deslizó dentro de mí: mi objetivo en esta segunda vida —vivir tranquilo y por mucho tiempo— podría tambalearse desde sus cimientos y desmoronarse estrepitosamente.
«¿Y si en verdad se obsesiona con recuperar el Grupo Kaisa para mí?»
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Aunque lo dijo, Chase no parecía creer en mi torpe profecía. En cambio, confiaba en su instinto y análisis.
Tras investigar durante días el mercado naviero y la situación de Tesathy, llegó a la conclusión de que valía la pena intentarlo. Aunque sugirió ser más cautelosos con el momento de entrar en la puja. Mientras decía esto, me empujó un informe empresarial que había analizado.
—Tarea. Léelo.
—…
Era mi dinero el que invertiríamos, así que yo también debía entender.
—No pasa nada. Yo confío en Chase.
Más que confiar en Chase, confiaba en el poder de la novela original pero me limité a reírme con incomodidad, evadiendo el tema. La sonrisa forzada que esbocé temblaba ligeramente.
Sin embargo, Chase terminó por obligarme a tomar el informe. Incluso me acarició la cabeza, intentando calmarme.
—Si vamos a expulsar al Vicepresidente, tú también debes entender lo básico. Léelo cuando puedas. ¿Lo harás, mi buen chico?
—¿Y si no soy un buen chico…?
—Pues no.
Su gesto afectuoso se detuvo en seco, y su respuesta fue cortante como un cuchillo. Parecía decidido a arrastrarme a esa supuesta competencia por la sucesión.
A regañadientes, abrí el informe de inversión una y otra vez, pero no era más que papel blanco y letras negras: no entendía ni una sola palabra. Al parecer, aunque había poseído el cuerpo de un genio, mi cerebro —que ni siquiera terminó la secundaria— no se había vuelto milagrosamente brillante.
«Pero, en las historias de posesión, ¿no suele ser el genio el que posee al tonto, sorprendiendo a todos? ¿Por qué en mi caso es al revés…? Bueno, no es que sea un tonto, pero…»
Mientras divagaba así, no pasaba ni un minuto desde que abría el informe antes de desplomarme, como si me hubieran noqueado, y quedarme dormido. Entonces, al día siguiente, me esperaban los regaños de Chase y una brutal tutoría privada.
—¿De verdad está bien torturar así a una persona embarazada?
—¿Qué tortura es pedirte que te quedes sentado escuchando?
—Yeontan dice que no quiere estudiar.
—¿Qué tiene que ver leer un informe de inversión con estudiar?
«¿¡Y qué es, si no es estudiar!?» Lo miré horrorizado, pero él solo se encogió de hombros y respondió con descaro:
—Es estimulación prenatal.
«Menuda tontería…»
—Yo solo quiero que Yeontan nazca sano y fuerte.
—¿Qué dices? Claro que yo también.
«No me lo creo. Da la impresión de que será un padre obsesivo.»
Mientras lo miraba con desconfianza, el cansancio me venció de nuevo y empecé a cabecear. Aunque los regaños seguían llegando a mis oídos, simplemente apoyé la frente en el hombro de Chase y cerré los ojos.
—¿Otra vez te duermes? ¿En serio, cachorro? ¿Así, de la nada?
Los dedos que me tocaban la mejilla eran suaves.
Chase me llevó en brazos hasta la cama, donde dormí profundamente y, cuando desperté, el día había terminado. Cualquiera en su lugar ya me habría dado por perdido, pero Chase repetía la misma rutina al día siguiente.
Al final, no tuve más remedio que aprender a la fuerza sobre Tesathy y su situación. Incluso terminé estudiando economía y tendencias del mercado sin querer. Chase era un verdadero leopardo negro: incansable y obstinado.
Mientras tanto, el tiempo pasaba sin pausa.
Al entrar en el segundo trimestre, mi barriga creció notablemente. Sin embargo, las náuseas matutinas de Chase, que parecían mejorar, empeoraron de repente. Con el tiempo, ya no bastaba con tomarle la mano o abrazarlo; su estado se empeoró visiblemente.
Durante las comidas, me limitaba a revolotear a su lado mientras él vomitaba con dificultad. Lo único que podía hacer era limpiarle las mejillas enrojecidas por los vasos sanguíneos rotos. Después de aguantar así varios días, decidí que ya era suficiente y lo arrastré al hospital.
—Doctor, Chase se está muriendo. Sálvelo, por favor…
—Ah, ¿en serio?
El doctor Jeffrey parecía preguntarse por qué habíamos vuelto, pero su voz sonó tan amable como siempre.
—Las náuseas matutinas suelen calmarse en esta etapa.
Parecía no escucharme. Molesto, estiré la mejilla de Chase hacia un lado y exclamé:
—¡No, es que ha empeorado mucho! ¡Mírelo! ¡Está pálido como un zombi, al borde de la muerte!
—Se ve bien. Los leopardos negros son resistentes; aún puedes exprimirlo un poco más.
—¡Doctor, eso es una falta de profesionalismo!
Solo después de decirlo me di cuenta de mi lapsus linguae*. Afortunadamente, ni el doctor Jeffrey ni Chase parecieron notarlo, porque Chase me tapó la boca rápidamente.
N/T: Expresión en latín que significa “error al hablar”. Se usa cuando alguien dice algo sin querer, revelando a veces un pensamiento oculto o verdadero.
—Ugh…
—¡No, no vomites aquí!
El doctor intentó empujar a Chase fuera del consultorio, pero, por suerte, solo fueron arcadas secas y evitamos que nos echaran.
—Me voy a morir. ¿Las náuseas matutinas siempre son así?
—Sí, así son. Aunque técnicamente las náuseas son cosa del embarazado.
—O sea, técnicamente lo tuyo no cuenta como náuseas matutinas —comentó el doctor, y Chase agitó las manos con frustración, frunciendo el ceño.
—No empieces con eso… ¿No hay algún medicamento? Dicen que existen pastillas para las náuseas.
—Las hay. Para embarazados…
—¿Y por qué no me las recetó antes?
—¿Usted está embarazado?
—…
Frente a la mirada burlona del doctor, Chase se quedó callado. Al ver su expresión desconcertada, levanté tímidamente la mano para intervenir.
—E-em… Yo estoy embarazado…
—¿Eh? Ah, sí. Claro…
El doctor me miró con ojos redondos como platos. Bajo su mirada fija, me sentí absurdamente avergonzado.
—Es que… como Chase está teniendo mis náuseas por mí, pensé que si yo tomo el medicamento, tal vez él también mejore…
—Jaja, no funciona así, cariño.
A diferencia de Chase un leopardo negro irritable y malhumorado, el doctor no me regañó diciendo “¿Cómo va a ser eso posible?”, sino que me lo explicó con paciencia, como si calmara a un niño.
¿Entonces no hay solución? Me ardía el pecho al pensar en tener que quedarme de brazos cruzados viendo cómo Chase sufría. Habíamos ido al hospital para nada.
Pero había algo aún más preocupante.
—Doctor… investigué y resulta que algunas personas tienen náuseas hasta que nace el bebé. ¿Es verdad?
—Sí, ocurre en algunos casos.
Ante la amable respuesta del doctor, el rostro ya pálido de Chase se volvió aún más blanco. La idea de soportar esto casi medio año más parecía hacerle sentir náuseas al instante. Yo también me asusté y balbuceé:
—Pero… si Chase no puede tomar las pastillas… ¿Tendrá que seguir sufriendo así?
—Hay una solución.
—¿Eh? ¿Cuál?
—¡Si existe una solución, debió decírnoslo antes! —exclamé con los ojos brillantes, agarrando las manos del doctor con fuerza. A mi lado, sentí una mirada punzante, pero estaba demasiado desesperado como para hacerle caso y seguí presionando al médico—. ¡Díganos!
El doctor, sin embargo, inclinó la cabeza con expresión confundida.
—¿No lo sabían? Pensé que ya se lo había explicado a Chase. Después de todo, esto no son unas simples náuseas matutinas… ¿No se lo mencioné? Juraría que Chase lo sabía. Es que no se trata de un embarazo común, verán…

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA