Capítulo 40
—¿Ahora quieres lanzarme? ¿Me empujarías frente al lago helado?
«Entre nosotros hay un afecto que se ha ido acumulando con el tiempo… ¿no es así, leopardo negro?»
—Aunque te caigas en pleno verano, ahí dentro hará frío. ¿Estás seguro, cachorro?
—…
«¿Qué pasa con este leopardo negro?»
Mientras jadeaba y lo miraba fijamente, Chase se rió levemente y se apartó el flequillo. Su frente bien definida quedó al descubierto por un instante, antes de que el negro cabello volviera a cubrirla. Le maldije con la mirada, como diciendo: Deja de hacer esos gestos de modelo de revista, inútil. En eso él arqueó una ceja e inmediatamente bajé la cabeza y murmuré con voz tímida:
—No, es que… entonces, ¿qué se supone que haga?
—Si vamos a chocar, que sea como debe ser —dijo.
—¿Cómo debe ser?
¿Y eso qué significaba? Incliné la cabeza con curiosidad, y una sonrisa de villano apareció en el rostro atractivo de Chase. Era una expresión tan irritante que me dieron ganas de golpearlo.
—Hay que recuperar la empresa de las manos del Vicepresidente.
—¿Qué? ¿Qué dices?
No, yo no tengo porqué hacer eso… No tenía ni la más mínima confianza en poder expulsar al Vicepresidente, que estaba a punto de apoderarse por completo del Grupo Kaisa. Ni siquiera tenía motivación para eso.
«¡Yo solo quiero vivir en paz!»
—Para eso, como tú dijiste, lo mejor sería empezar con tu propio negocio. Comenzar desde fuera, hacerlo crecer y luego ir absorbiendo poco a poco el Grupo Kaisa.
—Oye…
Pero Chase ya había empezado a correr por su cuenta. Parecía decidido a librar una batalla frontal contra el Vicepresidente. El brillo en sus ojos era inquietante, y me preocupé de que pudiera salir lastimado.
En la novela, al menos contaba con el respaldo de la familia Artheon. Pero ahora solo teníamos una cuenta bancaria con el dinero ganado en… inversiones inmobiliarias, no especulación de tierras. «¡No sé de dónde saca tanta audacia!»
—Ah, cierto. Lo primero es la adquisición. Dime, ¿qué dice ese Dios que te concedió su gracia?
Afortunadamente, Chase pronto recuperó la lucidez. Además, para mi sorpresa, hasta mostró interés en mi habilidad divina. ¿Ahora que tiene un objetivo, decide confiar en mí? Aunque era un objetivo que él mismo había iniciado sin siquiera preguntarme.
Aun así, me sentí un poco más seguro y comencé a hablar con entusiasmo:
—¡Es que, según mi intuición…!
—Ah, ¿esta vez no es tu habilidad divina sino tu intuición? Eso suena un poco menos convincente.
—Si sigues interrumpiendo, no digo nada.
—Buena idea. Mejor no digas nada.
—Voy a decirlo igual…
Parece que no me lo preguntó porque confiara en mí. Chase levantó la barbilla, con una expresión que decía: Bueno, dime si quieres. «¿Por quién me está tomando?» Molesto, le lancé una mirada de reojo. Mi voz se tornó fría sin querer.
—¿No lo vas a hacer?
—Sí, lo haré…
Recordé el nombre de la empresa que tenía en mente desde antes, me aclaré la garganta y respondí con cuidado:
—Creo que Tesathy sería una buena opción.
—¿Tesathy? ¿Te refieres a la empresa naviera*?
N/T: Naviera es una compañía que opera barcos para mover mercancías o personas por mar.
—Sí. Escuché que está en venta. Si la adquirimos, en uno o dos años podríamos multiplicar su valor por decenas… quizás hasta cientos de veces.
Claro que después el mercado se desplomaría, así que habría que venderla rápido y salirnos a tiempo. Pero con eso, tendríamos un punto de partida exitoso para independizarnos del Grupo Kaisa.
Chase guardó silencio por un momento, como reflexionando. Sin embargo, estaba seguro de que al final aceptaría la idea de la adquisición. Sorbiendo el latte de fresas que él me había preparado, sonreí con picardía.
«De todos modos, esa será tu empresa.»
En la novela, Chase trabajó brevemente en el Grupo Kaisa antes de regresar a Artheon tras la muerte de su madre. Fue entonces cuando se llevó a cabo esta operación, aunque un año más tarde de lo que estábamos ahora. En ese momento, él lamentó no haber adquirido Tesathy un poco antes, cuando las condiciones hubieran sido más favorables. Para entonces, el valor de la empresa ya había subido considerablemente, complicando la negociación.
Ahora era justo el momento que el Chase original había deseado: un poco antes.
La bonanza económica aún no había comenzado, y nadie anticipaba el próximo superciclo de la industria naviera que se avecinaba. Gracias a eso, Tesathy, que llevaba más de medio año en venta, no encontraba comprador y su valor de adquisición caía día tras día.
—El mercado naviero está en su punto más bajo ahora. En el caso de Tesathy… aunque es pequeña para una naviera, es una empresa sólida.
—Vaya, por una vez el cachorro tuvo una idea decente. —Chase murmuró, como sorprendido.
Me irrité al oír eso y lo miré fijamente, apretando los párpados con fuerza.
—¿Siempre tienes que menospreciarme?
—No es menospreciar, es ser objetivo.
—¡Mira, ahí lo hiciste otra vez!
—Si alguien como tú dijera que quiere gastar todo su capital en comprar no un ticket de barco, sino una naviera entera, y su justificación fuera una “revelación divina”, ¿no lo menospreciarías?
—Pues…
Sí, probablemente lo haría. Era un milagro que Chase, tan impaciente, hubiera aguantado mis disparates hasta ahora. Pero no quería admitirlo, así que giré la cabeza con fingido disgusto.
—Solo confía en mí esta vez. ¿Acaso te he engañado antes?
—Me siento como esos que siguen a un charlatán de ¿Conoce el Tao?* a sabiendas.
N/T: ¿Conoce el Tao? Es una referencia cultural a vendedores ambulantes/metafísicos que usan frases llamativas.
—¡Yo soy más confiable que esos maestros taoístas!
—Eso está por verse.
—¡Pues sí lo verás! ¡Lo haremos y lo verás!
—Lo consideraré. ¿Tenemos suficiente capital para la adquisición?
—Ahora mismo hay… unos 200 mil millones de Ducados* en la cuenta, más o menos.
*Eliza: Al Parecer es la moneda usada en la novela.
—Hmm…
Chase frunció el ceño, como si la cifra fuera menor de lo esperado. Aunque el dinero de la indemnización por los terrenos era considerable, comprar una empresa entera era otra escala. Mi voz se hizo más pequeña al intuir el problema.
—¿Será difícil…?
—En el análisis previo, el valor estimado era de 300 mil millones. Aunque ahora podríamos comprarla por menos que eso.
—¿Quiere decir que al menos no caerá por debajo de los 200 mil millones?
Me puse serio por un momento, hasta que de pronto una idea me vino a la mente y exclamé apresuradamente:
—¿Y si vendemos la Mansión Kaisa?
Pero Chase, como si hubiera escuchado una tontería, me presionó la frente con el dedo índice y chasqueó la lengua.
—Piensa antes de hablar. ¿Por qué siempre sugieres vender la Mansión? Si algo sale mal, ¿de verdad quieres terminar viviendo en la calle?
—¿Por qué iba a terminar en la calle? Si Chase hace bien su trabajo, nada saldrá mal.
—¿Qué me crees? ¿Una máquina expendedora que cumple cualquier capricho?
—Si al menos me obedecieras como una máquina expendedora…
—¿Vas a callarte o no?
—¡No!
—¿De verdad no lo harás?
—Sí…
Me desanimé y me senté con la cola caída. Ahora que lo notaba, no sabía cuándo había salido otra vez la cola. Quizás por la emoción del momento, al tocarme la cabeza noté que hasta las orejas se me habían erguido.
—¿Todavía no controlas tu forma verdadera? ¿Qué harás si esto pasa en público? ¿Estás practicando como es debido? ¿Por qué nada te sale bien? Endereza las orejas. Si las doblas, no se ve el interior.
Chase, que nunca pierde la oportunidad de regañarme, se acercó rápidamente y con cuidado me alisó las orejas caídas. Luego, con la yema de los dedos, tocó suavemente la piel rosada del interior. La sensación me hizo cosquillas de un modo innecesario.
Aprovechando el momento, apoyé mi espalda contra el pecho de Chase, pero esta vez él agarró con fuerza mi cola redonda. Parecía creer que mis orejas y cola eran sus juguetes personales.
—Si no vendemos la Mansión, mi gran plan se verá afectado. Nos falta mucho capital. ¡Ay, no me agarres la cola…!
—Ese “gran plan” nunca fue buena idea. ¿Vender la Mansión heredada de tu familia para comprar una empresa incierta? En el momento que lo hagas, el Vicepresidente se apresurará a reclamarla, y así perderías voluntariamente una buena ficha en la competencia por la sucesión.
—¿Qué importa eso? Total, yo no pienso competir.
—¿Y quién dijo que puedes decidir no competir?
—¿Cómo? Obviamente es mi decisión, ¿no?
Al verme tan indignado, Chase de repente abrió los ojos como platos. Luego, inesperadamente, se puso serio de la nada.
—¿Es porque tienes miedo? No necesitas pensar en eso. Yo me encargaré de echar al Vicepresidente.
—¿Eh? ¿De repente?
—Tú ganarás. No te preocupes.
—Pero si no estoy preocupado… —Murmuré, confundido, y entonces él, con una expresión seria, declaró con solemnidad:
—Espérame. Recuperaré todo lo que te hayan quitado.
—No, no hace falta que lo recuperes…
Me empezaba a dar la sensación de que, si esto continuaba, acabarían empujándome a la competencia por la sucesión.

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA