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Capítulo 37

Mientras acariciaba el dorso de la mano de Chase, abrí la boca con cuidado:  

—Aun así, la trasladaremos. Yo me encargaré de los gastos de hospitalización. Después de todo, ahora soy rico, ¿no?  

Gracias al proyecto de renovación de Garden City, había recibido una enorme indemnización que seguía intacta en mi cuenta. Aunque había invertido parte en la película donde Abel aparecería, era una cantidad insignificante comparada con el monto total. Podría cubrir los gastos médicos sin problema.  

El verdadero problema era que Chase no aceptaría tan fácilmente.  

Como esperaba, Chase negó la cabeza con expresión amarga y retiró su mano de la mía.  

—¿Cómo podría aceptar tanto de ti?  

—Es por mi culpa. Por eso debo responsabilizarme.  

—¿Cómo es tu culpa?  

—El Vicepresidente intentó deshacerse de mí, por eso…  

—No haber tenido buenos padres no es tu culpa.  

—…

Sus palabras, inesperadamente, me hicieron sentir un nudo en la garganta. No solo pensé en esta vida, sino también en todo lo que había vivido antes.  

Al ver mi silencio, Chase, como si adivinara mis pensamientos, añadió en voz baja:  

—¿Crees que el Vicepresidente solo descuida a mi madre? ¿Y al resto de pacientes? No. Desde el principio, solo le importa el dinero del subsidio gubernamental.  

—Eso…  

—Escúchame, Leoruca. No es tu culpa. Así que no hay necesidad de esto. No tienes por qué cargar con culpa alguna.  

Su voz era suave, acompañada de un largo suspiro. Aunque sus palabras no eran particularmente cariñosas, me consolaron. Y yo que pretendía consolarlo a él…  

—De cualquier modo, no pienses en cambiar de hospital. No sabemos cuánto más costará.  

La enfermedad de Prus que padecía la madre de Chase aún no tenía cura. Quizás tendría que depender del hospital de por vida, y si yo empezaba a cubrir los gastos, sería como echar agua en un barril sin fondo.  

«Pero en la novela, al final encontraron una cura… ¡Ah!»

De pronto, recordé la conversación que había tenido el Vicepresidente con su secretario. En mi sorpresa por sus maquinaciones, había olvidado un detalle crucial.  

—¡Creo que podemos encontrar la cura! ¡El equipo de investigación de Taylor!  

Al explicarle los pormenores, Chase frunció el ceño. Parecía tener la mente enredada en mil dudas. Tras un largo silencio, se pasó las manos por el rostro como para despejarse y finalmente habló:  

—Es cierto que Taylor es competente. Escuché que en su equipo hay varios doctores como asesores. Pero eso no garantiza que realmente pueda curar la enfermedad de Prus. El mismo Taylor admitió que aún le faltan avances.  

—¿Sabías que su equipo investigaba sobre la enfermedad de Prus?  

—Fui yo quien lo impulsó a comenzar esa investigación.  

—Ah…  

—Se necesita una inversión masiva para obtener resultados. Por eso organizaron esa presentación hace un tiempo, pero el campo es demasiado incierto y no consiguieron inversionistas. Aunque el Centro Médico Kaisa investiga sobre Prus con fondos gubernamentales, parece que Taylor fue allí esperando apoyo…  

El Vicepresidente había rechazado la propuesta sin siquiera escuchar los detalles de la investigación.  

Pero no todo era negativo. Si el Vicepresidente se hubiera involucrado, solo habría empeorado las cosas. Como no tenía intención de ayudar con el tratamiento de la madre de Chase, habría monopolizado la tecnología y complicado todo.  

—¡Entonces podemos invertir nosotros! ¡Es mejor así!  

Sin embargo, Chase seguía desconfiado. Con expresión sombría, murmuró:  

—…¿Y si fracasa?  

—¿Fracasar?  

Parpadeé, sorprendido por la pregunta. ¿”Fracasar”? Eso era imposible.  

La primera vez que conocí a Taylor, su nombre me resultó extrañamente familiar. Había pensado que era por ser amigo de Chase, el protagonista. Pero al recordar la conversación del Vicepresidente, de pronto todo cobró sentido.  

En la novela, un equipo universitario había sido obligado a vender su investigación al Centro Médico Kaisa por una miseria, eliminando incluso sus nombres de los créditos. El investigador principal, Taylor Lionel, perdió todo su trabajo y tuvo que cerrar su laboratorio.  

Con determinación, agarré la muñeca de Chase y exclamé:  

—¡No va a fracasar! ¡Esto es seguro que funciona, te lo digo yo!  

—…

Al ver mi repentino entusiasmo, Chase me miró con ojos desconcertados. Tras un largo silencio, murmuró con voz llena de escepticismo:  

—Esa frase me suena mucho de algún lado…  

—Mmm…  

Es cierto. Cuando invertí en Garden City y cuando insistí en que esa película sería un éxito, usé exactamente las mismas palabras.  

Pero recordar esos momentos solo aumentó mi confianza. Ya tenía dos éxitos comprobados. Eso demostraba que los eventos en este mundo seguían la línea argumental original. Por lo tanto, esta inversión también sería un éxito asegurado.  

El equipo de investigación de Taylor ya había logrado avances significativos, pero la falta de fondos les impedía progresar. Si yo intervenía resolviendo el problema financiero, podríamos acelerar la cura para la enfermedad de Prus años antes que en la novela.  

La madre de Chase podría recuperarse por completo. No era solo por beneficio económico, aunque sin duda también sería una inversión rentable. Era una oportunidad excelente para ambos.  

Mirándolo fijamente a los ojos, pregunté con orgullo:  

—¿Confías en mí?  

Chase sostuvo mi mirada y respondió sin dudar:  

—No.  

—… 

«¿Por qué tenía que ser tan frío de nuevo…?» —Fruncí los labios, desinflado, y murmuré en voz baja:— Y luego dices que soy un perrito clarividente…  

—Ahora que lo pienso, quizás no.  

—¡Pero acerté con el desarrollo de Garden City!  

—Fue pura suerte.  

«¿Desde cuándo cambias de opinión así?» 

—¡Pero si yo mismo te vi murmurando que este cachorro estaba poseído por algo sobrenatural! ¿Y ahora lo niegas? —Me quedé sin palabras y, frunciendo el ceño, le solté una ráfaga de reproches:— ¡También predije el éxito de la película!  

—¿De qué estás hablando? No fue ninguna “predicción”. Hasta yo puedo ver que el guión era bueno. Además, ¡si apenas está en producción! ¿Qué clase de tonterías dices?  

—Entonces, ¿reconoces que al menos tengo buen ojo?  

—Pura suerte.  

—¿Eres un loro o qué?  

—Más bien un leopardo negro.  

Parecía que nunca nos entenderíamos. ¿Por qué desconfiaba tanto de mí? Si era mi dinero y yo decidía cómo gastarlo, ¿por qué siempre tenía que poner obstáculos? Me exasperaba hasta saltar de frustración.  

—Vamos, confía en mí esta vez… ¿En serio no puedes creerme?  

Intenté persuadirlo con mi mirada más inocente, como diciendo: ¿No confías en tu Hyung?, pero Chase no era tan crédulo, y mi expresión probablemente no ayudaba.  

De pronto, Chase cubrió mi cara con su mano grande y me empujó suavemente hacia atrás, haciéndome recostar por completo en la cama.  

—Deja de decir tonterías y duerme un poco más.  

—¡Esto no son tonterías!  

—Bien, bien. Entonces deja de delirar y…

—¡No estoy delirando! —Refunfuñando, me cubrí hasta la cabeza con la manta. Al fin y al cabo, invertiría sin importar si Chase estaba de acuerdo o no.  

Me di la vuelta boca abajo, resoplando, hasta que el sueño comenzó a apoderarse de mí.  

Antes no era así, pero últimamente me dormía en cuanto mi cabeza tocaba la almohada. Chase decía que era normal, que el bebé necesitaba descanso, y que no debía resistirme. Gracias a eso, mientras él sufría náuseas y hacía los quehaceres, yo pasaba el día durmiendo y despertaba con la cara hinchada.  

Pensar en eso me hizo sentir culpable por quejarme tanto.  

Volteé disimuladamente y vi a Chase sentado en la alfombra, recostado contra el borde de la cama. Cuando comencé a juguetear suavemente con su cabello, alzó la mirada hacia mí.  

—¿Qué? ¿Quieres comer?  

—¿Crees que solo pienso en comida cuando despierto?  

—Pues sí, solo piensas en comida al despertar.  

—Bueno, eso es cierto, pero…

—¿Qué tal si asamos carne para la cena?  

—…¿En serio?  

Chase soltó una risita mientras negaba con la cabeza. Los rayos de sol que entraban por la ventana hacían brillar su cabello oscuro, que ondeaba como olas sobre su frente.  

Lo observé boquiabierto, y sin pensarlo, solté la pregunta:  

—Oye, cuando me cargaste…

—¿Mmm?  

—…¿De verdad pesaba mucho?  

Su mirada fija en mí revelaba cierta incomodidad. Frunció ligeramente el ceño y preguntó con insistencia:  

—¿Eh? ¿En serio me lo preguntas?  

—…No.  

—¿No?… pues estabas demasiado liviano.  

Justo cuando esperaba que se quejara de lo pesado que estaba, Chase murmuró algo ininteligible, refunfuñando qué debería engordar un poco, y de repente anunció que iría al mercado, saliendo disparado de la habitación.



TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA


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