Capítulo 31
La producción la dejaré a criterio del Director y de la productora. Chase también dijo que sería mejor hacerlo así.
—Ay, gracias. No sé qué hice para merecer un inversor como Leoruca. Hasta estoy pensando en basar el protagonista de mi próxima película en ti. No, espera… ¿te interesaría debutar como actor? Sería un desperdicio que solo seas el inversor con esa cara. De verdad ¡Inspiras a montones!
¿Será que el Director en realidad es un oso negro? Su cuerpo grande balanceándose de un lado a otro mientras se emocionaba me recordaba a uno rugiendo. Conteniendo la risa, levanté las manos en señal de rechazo.
—¡Ay, no! ¡Yo no podría! ¿Cualquiera puede ser actor?
—No, en serio, considéralo. Podría escribir un guión con esa vibra del primer amor que todos tuvimos…
—No me interesa.
—¿Eh?… pero, Chase… digo, el señor Artheon… ¡no, no! ¡Estaba hablando de Leoruca!
La respuesta inesperada lo dejó titubeando con expresión confundida. Chase, que hasta entonces había mantenido la mirada fija en los documentos, alzó la vista y arqueó una ceja.
—Sí. Yo también hablaba de Leoruca.
—¿Eh? Mmm, ah… bueno…
—¿Qué pasa? ¿Crees que no me aprendería el guión?
Esta vez, fui yo quien frunció el ceño. Claro que no me lo aprendería, pero eso era distinto a escucharlo de boca de Chase. Al acercar mi cara con gesto desafiante, él me apartó suavemente con un dedo en la frente.
—No. Es que me preocupa que causes un accidente.
—¿Qué clase de accidente?
—Que atraigas a un acosador.
—¿Quién me acosaría?
—No sé. ¿Quién sabe? Los gustos de la gente son variados. Quizá en algún lugar haya un fan obsesivo que adore a los cachorros.
—Uff…
Estuve a punto de soltarle: “Ese podrías ser tú, así que mide tus palabras”, pero me detuve. De pronto, me asustó pensar que realmente podría ser él. Mientras movía la cabeza exasperado, una voz suave surgió desde una dirección inesperada.
—¿Por qué? A mí me parece que el papel que mencionó el Director sería perfecto para él.
—Sunbae, ¿me incluyes en el casting de esa película?
—…
—…
Un silencio pesado cayó en cuanto Abel se entrometió. Hasta el Director, nuestro “oso negro”, quedó boquiabierto, parpadeando sin entender. Vamos, cualquiera que escuchara esto pensaría que es un intento descarado de ligar conmigo, ¿no? El protagonista ignorando por completo al interés romántico principal… ¡y fijándose en el villano secundario! Me quedé tan confundido que no pude decir ni una palabra; solo mirando a Abel con los ojos como platos.
Fue entonces cuando Chase cerró de golpe la carpeta de documentos.
—¿No habíamos terminado ya? Mejor lo dejamos aquí.
Por alguna razón, parecía visiblemente molesto. Su actitud fue tan intimidante que incluso el Director, con expresión de oso asustado, asintió rápidamente. Sin embargo, Abel, en cambio, me miró y sonrió.
—Qué bien. Sunbae-nim, qué alegría verte después de tanto tiempo. ¿Qué tal si tomamos un café?
—…
«¿Yo…? ¿Por qué…?» Seguía sin entender nada, abriendo y cerrando la boca como un pez. Pero Chase, que desde un principio se había convertido en mi supuesto “portavoz” sin que nadie se lo pidiera, negó la cabeza con firmeza.
—No.
—Eh… pero si le estaba hablando a Leoruca.
—Leoruca no puede tomar café.
—¿No puede tomar café?
—No se lo permito. La cafeína es mala para su salud.
—Ah… ¿en serio…?
—Tampoco puede comer cosas picantes.
—¿Eh?… Bueno…
—En realidad, prefiere lo dulce y lo salado. Como a todos los niños, ¿no?
—Supongo…
—Aunque a veces exagera, y por más que intento corregirlo, no hace caso.
—Ya veo…
«¿Por qué está revelando mis preferencias alimenticias a Abel? ¿Y por qué Abel está respondiéndole de esa forma?» —Miraba alternativamente a Chase y a Abel, confundido, cuando el Director me dio un codazo en el costado.
—No deberías ser tan melindroso con la comida. ¿Por qué tienes gustos de bebé?
—¿Eso es lo importante ahora…? —desconcertado, por pura costumbre incliné la cabeza.
—¿Eh? Ah… Perdón.
—Ay, ¿por qué me pides perdón a mí? Deberías disculparte con quien te cuida. Chase es más atento de lo que parece, ¿eh?
—S-sí… Chase… lo siento…
—Con que lo entiendas basta.
—¿Eh? Bueno…
Me disculpé sin entender muy bien por qué, y el hecho de que Chase aceptara mi disculpa como si nada me dejó aún más desorientado. Tal vez lo de Abel “pidiéndome una cita” solo había sido producto de mi imaginación paranoica… Mientras me debatía entre la confusión, mi mirada se cruzó con la de Abel, quien parecía incluso más perdido que yo.
En el rostro siempre impecable de Abel, que normalmente irradiaba serenidad, se dibujaba ahora una expresión de perplejidad. Por alguna razón, sentí que Chase había ganado esta ronda, y eso me alegró levemente… hasta que escuché a Chase suspirar a mi lado, como resignado.
—En fin, como sea, yo tomaré el café en su lugar.
—¿Qué?
Esta vez, fue Abel quien no pudo mantener la compostura. Yo tampoco pude evitar que mi expresión se quebrara. La conversación había tomado otro giro absurdo. Un giro muy absurdo.
«¿Qué demonios acabas de decir, maldito leopardo negro?»
—¿Qué fue eso? —Mi voz se elevó sin querer, alertándome de mi propio arrebato.
«¿Acaba de invitar a Abel a tomar café en mi lugar? ¿Qué clase de desarrollo es este? ¿No me digas que esto es el efecto de ser el protagonista?»
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Al final, la reunión terminó cuando Abel, pálido, murmuró algo sobre un “asunto urgente” y se retiró a toda prisa. Pero durante todo el camino a casa, no pude sacarme el malestar de encima. Sin duda, Abel era sospechoso, pero Chase… con su inocencia de niño dejado al borde de un precipicio, me daba más preocupación que alivio.
Aunque no lo pareciera, Chase era inexperto en el amor y tenía un lado ingenuo. Quizá por eso en la novela había caído tan rápido por Abel. Mientras observaba de reojo el perfil afilado de Chase al volante, tomé una decisión: Esta vez, tendré que vigilarlo de cerca. Muy de cerca.
—He estado pensando algo… —comencé con cautela.
—¿Por qué últimamente siempre estás pensando? —Chase frunció el ceño.
—¡No es eso! ¡Siempre pienso mucho!
—Pero nunca en cosas útiles. Seguro vas a decir otra tontería sin sentido.
—¡No es cierto! ¡Esto es superimportante, así que escucha!
Chase se encogió de hombros con una expresión que decía “habla, si tienes algo que decir”. Por un momento, sentí el impulso de dejarlo a su suerte, sin importarme si ese sospechoso “efecto del protagonista” lo envolvía en problemas, pero al fin y al cabo, era el padre de Yeontan. No podía hacerme el desentendido.
—Es que… creo que Blake, digo, el Sunbae Abel… no es buena pareja para ti. Así que, por favor, no te enamores de él.
—¿Eso es lo que consideras un “pensamiento útil”? —se notaba el sarcasmo en su voz.
—¡Busquemos a alguien más! Tú aún eres joven, tienes un futuro brillante…
—¿Acaso me llevaste a un mercado de casamientos? ¿Cuándo lo hiciste sin que me diera cuenta?
—¡Escucha en serio! Abel Sunbae no es para ti. Así que, aunque sea triste, deberías olvidarte de…
—¿Estás escribiendo un guión? ¿Acaso estoy enamorado en secreto de él? No es mi tipo.
—¡Entonces por qué le propusiste tomar café! ¡Eso siempre es un coqueteo! “¿Tomamos café?”, “¿Quieres unos fideos?” ¡Son clásicos!
—Bueno, eso… —Chase se quedó callado, mirando al frente, antes de continuar—. ¿Por qué tomaría café con un desconocido? Solo lo dije porque era obvio que me rechazaría. Si no me metía, tú, en tu inocencia, habrías ido arrastrándote tras él.
—¡¿Qué?! ¡¿Crees que me arrastraría tras él?!
¿Por qué seguía tratándome como a un ingenuo? ¡Si en la historia original él fue quien cayó rendido ante Abel, entregándole hasta el hígado y la vesícula! Yo estaba mucho más curado. Chase, frustrado, golpeó el volante con fuerza.
—¡¿Arrastrarte adónde?! ¡¿No ves que solo está jugando contigo?! ¡¿Vas a caer rendido y entregarle hasta tus entrañas?! ¡Me estás acortando la vida! ¡Desaparece de mi vista antes de que pierda el control!
—¡¿Qué dices?! ¡¿Quién está preocupado por quién aquí?! ¡Chase, cuida tus propias entrañas!
—¿Tiene sentido que tú me estés preocupando? ¡Eres tú el problema! ¡Pregúntale a cien personas en la calle si no!
—¿Por qué siempre sacas eso de “preguntar en la calle”? ¡Hasta cuando me preocupas armas un escándalo! ¡Si terminas embobado con Abel, te usan, te patean y vuelves llorando, no quiero saber nada!
—¡Tú no vuelvas llorando!
Y así, terminamos peleando otra vez.
Nos quedamos en silencio, cabizbajos y sin cruzar ni una palabra. Después de que se me ocurriera preocuparme por él, solo recibí gritos como respuesta. ¡Qué fastidio! Mil veces me juré que no me importaría si su futuro seguía el mismo camino que en la novela. Justo cuando el auto llegó a la casa, abrí la puerta de golpe sin siquiera mirarlo.
—Ugh…
—¡Dios! ¿Qué pasa? ¿Te duele mucho?
Pero el maldito leopardo negro, frágil como siempre, volvió a taparse la boca y a retorcerse de dolor, así que no tuve más remedio que correr y abrazarlo.
De verdad… este leopardo negro es un trabajo de tiempo completo.

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA