Capítulo 27
Fue entonces cuando, aburrido, comencé a juguetear con los dedos de Chase, moviéndolos de un lado a otro. Finalmente, Chase dejó escapar un largo suspiro y habló:
—Está bien… lo dejaremos así.
—¿Dejar qué así?
—No sé si eres un prodigio o un fantasma, pero, de cualquier modo, creeré eso de que tienes “poderes”. A cambio…
—¿A cambio?
—Deja de preguntarte por qué tengo náuseas matutinas por ti. No lo menciones, no sientas curiosidad. Es un intercambio justo.
—¿Eh? Bueno…
«¿Eso contaba como un “intercambio justo”? ¿Y por qué demonios necesitaba intercambiar algo así?»
No lograba entender qué pasaba por su mente, pero acepté de todos modos. Podía dejar que Chase hiciera lo que quisiera. Por ahora, estaba dispuesto a ser generoso. ¡Después de todo, ahora era un cachorro rico!
Entonces, una voz exasperada resonó detrás de mí:
—Miren, otra vez tomados de la mano…
—Antes también estaban pegados. Parece que Leoruca no puede dejar de tocar a Chase…
—Deben estar… muy enamorados… de verdad…
Eran los miembros del club otra vez. Había salido al estacionamiento para evitar llamar la atención, pero al parecer todos nos estaban observando. Antes me había pegado deliberadamente a Chase para molestar a Taylor, pero ahora que la confusión era completa, me sentí algo avergonzado. ¿Realmente parecíamos tan cercanos?
Bajé la mirada hacia los dos dedos de Chase que, sin darme cuenta, seguía sosteniendo. ¿Cuándo los había agarrado? Parecía que ya se había convertido en un hábito.
Discretamente solté su mano y miré a mi alrededor, sintiendo un rubor tonto.
—Dejen de decir tonterías. ¿Por qué se meten tanto en lo ajeno?
Chase frunció el ceño y se dio la vuelta bruscamente. Aunque había mentido sin remordimientos, al parecer tampoco le agradaba ser malinterpretado.
—Cachorro. Vamos, hablemos en otro lugar.
Se escuchó el chasquido de lengua de Chase mientras murmuraba para sí mismo que no podía hablar con tantos ojos encima. Asentí sin pensar y lo seguí, pero al volverme disimuladamente, todos nos observaban con los ojos desorbitados y la boca abierta.
Entre ellos, Taylor parecía el más impactado y balbuceó:
—Oye, Chase… ¿eso es… un apodo?
—¿El qué?
—Acabas de decirle “Cachorro”…
—Es un cachorro, así que la llamo cachorro. ¿Qué quieres que le diga?
—A un lobo gigante… “cachorro”…
La respuesta desconcertada de Chase dejó a Taylor aún más shockeado que antes. Este se volvió hacia Héctor y Remy, que seguían petrificados a su lado, y murmuró:
—Dice que como es lindo, lo trata con cariño… pero ¿qué clase de locura es esa?
«¿Qué? ¡¿Cuándo ha dicho Chase eso?!» La gente oye lo que quiere oír.
En cualquier caso, no era momento para quedarnos aquí. Teníamos que ir a abrir champán y celebrar que me volví rico.
—Vámonos a casa ya.
—Sí…
Ignoré a Taylor y, con determinación, agarré de la mano a Chase y lo arrastré. Por alguna razón, él, con cara de cansancio, comenzó a caminar tambaleándose tras mí.
Detrás de nosotros, la voz desesperada de Taylor nos persiguió:
—¡Oye! ¿Ya están viviendo juntos?
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Supongo que eso de “estar lleno sin comer” aplica para momentos como este. Ver las noticias hacía que el tiempo volara. Hoy también, desde la mañana, me había desplomado en el sofá y encendido la TV.
En los reportes sobre Garden City, aparecieron estimaciones de las compensaciones por el terreno. Me sentí tan eufórico que flotaba en las nubes y, sin darme cuenta, mis orejas se transformaron.
—Orejas rosadas… —murmuró Chase a mi lado, haciéndome reaccionar.
—¿Eh? ¿Salieron de nuevo?
Me cubrí las orejas con ambas manos y solté una risita tonta, lo que hizo que Chase, exasperado, las tocara con la punta del dedo.
—Ganar dinero está bien, pero no hagas tonterías con la indemnización. Si la malgastas, te meterás en problemas.
—Ay, ¿qué tonterías voy a hacer?
¿Cómo iba a malgastar una fortuna tan valiosa? Si seguía el curso original de la historia, todo el grupo Kaisa podría caer en manos del Vicepresidente, así que este dinero era mi salvavidas. Nada calentaba más mi corazón que ver mi propia cuenta bancaria con mi nombre.
Mientras imaginaba las cifras que aparecerían en esa cuenta, no pude evitar sonreír, y esta vez fue mi cola la que apareció de repente.
Al verla, Chase comenzó a acariciarla suavemente mientras me regañaba:
—¡Y deja de mostrar todas estas partes así! ¿Acaso necesitas anunciar que vas a recibir una indemnización? ¿Qué harás si, por sonreír como tonto frente a las noticias, te estafan?
—Afuera no muestro nada. ¿Por quién me tomas?
—Por un cachorro, obvio. En fin, guarda todo bien en el banco y vive solo de los intereses.
—Eso haré. Y el dinero que sobre después de invertir…
—¿Qué inversión? ¡Hace cinco segundos dijiste que no harías tonterías!
—¡No son tonterías! ¿No acordamos ayer en la fiesta invertir en esa película que presentaron?
—¿Qué? ¿Cuándo acordamos eso?
—¡Porque va a ser un éxito!
—Uff…
Al ver mi firme declaración, Chase se llevó la mano a la frente. De pronto palideció como si la energía se le agotará. Después de pensarlo un momento, asintió con resignación.
—Bueno… yo también creo que esa película tiene potencial. El Director es un Senior confiable, tenemos fondos suficientes, y es tu dinero. Si quieres invertir, hazlo. Pero solo para estar seguro…
Entonces, con la expresión más seria que había visto, añadió:
—Dime la verdad ¿Alguien te convenció de invertir prometiéndote ganancias? ¿O recibiste una llamada sospechosa de alguien con acento extranjero raro?
—…
«¿Qué clase de idea es esa? ¡¿Crees que caí en una estafa telefónica?!»
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Al día siguiente, en el camino al chequeo médico regular, me quedé absorto en mis pensamientos dentro del auto.
«¿Qué haré con el dinero que sobre después de invertir en la película y apartar los gastos médicos de la madre de Chase? Chase me insistió en ponerlo en un depósito a plazo fijo, pero tal vez podía invertirlo en otra cosa. Como conozco los eventos importantes que ocurrirían, quizás se me ocurriría otra buena idea si lo pienso bien.»
Tan ensimismado estaba repasando la trama original que ni noté que el auto se había detenido. Chase, que manejaba el auto que habíamos traído de la familia Kaisa, ya se había bajado y abría la puerta del acompañante con expresión confundida.
—¿Qué haces? ¿No vas a bajarte?
—Ah, es que estaba pensando un poco.
—¿Por qué de repente te pones a pensar, si nunca lo haces?
—¡También tengo capacidad de pensar, sabes…!
Refunfuñando, iba a tomar la mano que Chase me tendía, cuando de pronto mi vista se detuvo en ella. Sus grandes manos tenían dedos delgados y largos, con uñas redondeadas de un tono rosado pálido.
«Hasta las uñas son bonitas, qué tipo tan irritante. Si su personalidad fuera aunque sea la mitad de su apariencia, sería tan bueno…»
Con un berrinche repentino, aparté su mano con un gesto y negué con la cabeza.
—Ojalá el bebé herede al menos tu apariencia.
—¿Qué? ¿Por qué dices “al menos la apariencia”?
—Porque sería un problema que también heredara tu personalidad.
—¡¿Qué tiene de malo mi personalidad?!
—Lo sabes perfectamente…
Nuestra discusión continuó incluso dentro del consultorio del Dr. Jeffrey, donde no dejábamos de lanzarnos comentarios mientras él realizaba tranquilamente el ultrasonido.
«No entiendo por qué le cuesta tanto a aceptar que su personalidad era difícil. ¿De verdad cree que es simpático? ¡¿En serio?!» Lo que más me molestaba era que parecía muy consciente de su propio atractivo.
—Está bien que se lleven bien, pero también deberían prestarle atención al bebé. Ustedes dos, miren aquí, por favor.
El Dr. Jeffrey nos llamó señalando la pantalla. Como siempre, solo veíamos un punto negro con un fondo oscuro, así que no esperaba nada distinto. Probablemente esta vez también haríamos como que mirábamos sin entender nada.
—El bebé ha crecido mucho.
—¿Ah, sí…?
Conteste sin muchas ganas mientras seguía mirando al vacío. Al final solo sería un pequeño punto como un guisante que ahora habría crecido al tamaño de un frijol. Dicen que cuando la gente espera un bebé, el instinto paternal surge desde que es apenas un puntito, pero yo seguía sin sentirlo real ni desarrollar ningún apego, lo que me tenía algo preocupado.
—El desarrollo es rápido. Ya se le están formando las orejitas, y aquí puede verse un pequeño comienzo de cola.
—¿En serio?
Esta vez sí que me sorprendió. ¿Así que ahora ya no era solo un puntito sino un puntito con orejas? La curiosidad me hizo estirar el cuello para mirar mejor la pantalla oscura.
—…
«¿Dónde están las orejas? Como siempre, no logró distinguir nada. Ni rastro de la cola, mucho menos. ¿Será que realmente me falta instinto paternal? ¿Habré tomado la decisión de tener este bebé demasiado a la ligera…?» Con estos pensamientos negativos, negué con la cabeza, desanimado.
—No veo na…
—Se parece a ti. Ya tiene las orejitas paradas como las tuyas.
Chase interrumpió mi queja señalando la pantalla. Donde su dedo índice apuntaba, una sombra oscura titilaba levemente.
Eliza: Aquí comienzan las esquizofrenias del Chase JAJAJJAA

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA