Capítulo 22
Sin embargo, Chase pareció notar algo porque al instante abrió los ojos con sospecha y empezó a presionarme:
—¡Este cachorro! Seguro que planeabas comprarlo a escondidas.
—¡Ay, no…!
—¡Te dije que no! ¡No hagas tonterías!
—¡Ah! ¿Pero por qué? ¡Aquí su valor se ha multiplicado por cien! ¡No, seguro que por varios cientos!
«¡Y ahora no te atrevas a hacerte el avergonzado!» bufé para mis adentros e intenté levantarme rápidamente para huir. Pero el enfurecido leopardo negro fue más rápido, liberando feromonas de golpe. Por supuesto, yo también me transformé en un cachorro al instante, quedando atrapado por Chase mientras pataleaba en el aire con las cuatro patas.
¡GUAU!
—¿En cuanto estás en desventaja te vuelves cachorro, eh?
[«¡Si es mi dinero y lo gasto como quiero, por qué tanto escándalo! En fin, ese maldito leopardo negro era demasiado desconfiado.»]
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Mientras discutía con Chase y luchaba por calmar sus náuseas, el tiempo pasó sin pausa. Antes de darme cuenta, tras unas semanas, ya era fin de año.
En ese lapso, tuve que presentar los exámenes finales a la fuerza y, como era de esperar, apenas pude distinguir que lo negro era tinta y lo blanco, papel. Así que me notificaron que tendría que repetir todas las materias el próximo año. Parece que lo mejor será suspender mis estudios para siempre.
Chase, en cambio, era el mejor estudiante de cuarto año, por lo que recibiría una beca completa incluso en su último semestre, la primavera siguiente. Cuando me entregó su boleta de calificaciones, me conmoví tanto que, sin pensar, solté:
—Ojalá el bebé se parezca a ti… ¡Ay, no! ¡Pero si hasta hereda tu personalidad, estamos perdidos! ¡Cancelo lo dicho, bebé! ¿Entendido?
—¿Quieres que te regañe? ¿Qué tiene de malo mi personalidad?
—Mira cómo hablas. Bebé, qué mala educa… digo, ¿no parece de mal carácter?
—A ver, muéstrame tus calificaciones.
—Bebé, ahora que lo pienso, un poquito de mal carácter no estaría mal. Así que, si solo puede parecerse a uno, ¡que sea al papá leopardo! Sobre todo en la cabeza…
—Hablas solo, en serio. ¿Qué le dices a un bebé que ni siquiera tiene orejas?
—No es que esté jugando solo, es que juego con el bebé. Aunque todavía no le salen orejas ni tiene boca, escuché que la educación prenatal es muy importante.
Abracé mi vientre con ambas manos y murmuré en voz baja:
—Bebé, no te sientas mal. No es que el papá leopardo no te quiera, es que simplemente es un maldito…
—¿No decías que esto era educación prenatal? ¿Por qué cada palabra que dices es así?
«¡Es porque tú eres así, por eso mis palabras salen así!» No entendía por qué no me dejaba tener un momento tranquilo para hablar con el bebé. ¿Acaso se enojó porque no juego con él?
Intenté lanzarle una mirada indignado a Chase y refunfuñar, pero de pronto noté que su rostro estaba pálido, como si no se sintiera bien.
—¿Te duele el estómago?
Ya había corrido al baño tres veces solo esta mañana para vomitar sin éxito. Dicen que las náuseas matutinas suelen mejorar a medida que el bebé crece, pero por alguna razón, las de Chase empeoraban cada vez más.
—Un poco.
—No parece que sea “un poco”. ¿No está horrible?
—¡Te digo que no!
Además, su temperamento también empeoraba. Era comprensible que estuviera de mal humor si siempre se sentía mareado, pero «¡Oye, maldito leopardo negro, ahora no es el momento para ponerte así! ¿Acaso olvidaste quién manda aquí?»
—Bueno, ¿entonces lo soportarás solo?
—…
—¿Quieres que te tome de la mano?
—Sí…
Al final, siempre terminaba así, y nunca entendía por qué se ponía tan quisquilloso. Conteniendo un suspiro, entrelacé mis dedos con los suyos.
UGH…
Chase gimió y dejó caer la cabeza hacia atrás. Luego, apoyó la nuca en el respaldo del sofá y cerró los ojos con fuerza. Sus largas y espesas pestañas proyectaban sombras ondulantes sobre sus mejillas regordetas.
En las últimas semanas, había perdido peso rápidamente, haciendo que su mandíbula se viera más afilada. Su flequillo, que ya había crecido bastante, cubría su frente blanca como la nieve. Me dio lástima verlo tan demacrado, así que con la mano libre, le aparté suavemente el cabello negro y susurré:
—¿Te sientes un poco mejor?
—Un poco…
Pero su respuesta no sonó muy convincente. A medida que las náuseas empeoraban, tanto Chase como yo nos habíamos dado cuenta de que este nivel de contacto ya no era suficiente para aliviarlo. De cualquier modo, llevar un bebé en el vientre no es cosa fácil. Todas las embarazadas son increíbles, aunque Chase no esté técnicamente embarazado.
Cambié de posición, levanté su brazo izquierdo y me abrí paso entre quejidos hacia su pecho. Luego extendí los brazos y lo abracé firmemente por la cintura. No importaba cuántas veces lo hiciera, su cintura siempre era esbelta y ágil.
—Cachorro, deja de manosear.
—No estoy manoseando, solo comprobando si has perdido peso.
—Pues deja de hacerlo.
—Sí…
Preocupado, le acaricié ligeramente la cintura y recibí un regaño instantáneo. Pero, efectivamente, parecía más delgada que antes. Aun así, me sorprendía y envidiaba cómo sus abdominales seguían firmes y definidos.
Con un gesto un poco desanimado, bajé la mirada hacia mi propio vientre con ojos melancólicos. «El bebé todavía era del tamaño de un frijol, entonces ¿por qué mi barriga estaba tan suave y regordeta? ¿Habré comido demasiado estos días? Bueno… sí, tal vez un poco demasiado.»
—¿Ahora te sientes mucho mejor?
—Ya estaba bien antes.
—¿Entonces te suelto?
—¿No puedes quedarte quieto?
Aunque ni siquiera cuando lo abrazaba recibía palabras amables, me aliviaba ver que su expresión se aclaraba. Pero las náuseas empeoraban cada vez más, y eso era un problema. ¿Qué haríamos si llegara el día en que ni siquiera los abrazos funcionaran?
Sumido en preocupaciones, me quedé mirando fijamente la demacrada belleza de Chase que seguía con los ojos cerrados. Entonces, una mano grande apareció de la nada y me golpeó levemente la nuca.
—¿Por qué me miras? ¿Quieres comer algo?
¿Cómo sabía que lo estaba mirando si tenía los ojos cerrados? Avergonzado, balbuceé una respuesta.
—Pollo frito… como el que me hiciste la otra vez…
—…
—No es que yo quiera comer… es el bebé quien lo pide.
—Te dije que todavía no tiene boca.
Aun así, Chase se levantó tambaleándose y se dirigió a la cocina. Mientras contemplaba su esbelta silueta, volví a sumirme en dudas. ¿Debería hacer trabajar a alguien que se siente mal? ¡Pero el pollo que hace Chase es tan delicioso!
Al final, lo seguí sigilosamente a la cocina y lo abracé por detrás mientras él preparaba el pollo crudo, enterrando mi cara en su espalda. Su dulce y vibrante aroma a feromonas me hizo cosquillas en la nariz.
—Solo un poquito. Esta noche habrá fiesta de fin de año del club y comeré mucho allí.
—¿Fiesta? ¿Piensas ir?
—Taylor insistió mucho. Aunque habla con mal genio, es de buen corazón. Se ofendería si no voy.
—Él no te lo dijo a ti, sino al cachorro.
—¿Ah, sí?
Ahora que lo pensaba, aunque había asistido a incontables reuniones del club, nunca fui como Leoruca. Siempre entraba en brazos de Chase como perrito, y si la reunión se alargaba, terminaba dormido en su regazo. Así que yo era el único que se había encariñado con los miembros del club, mientras ellos seguramente aún me recordaban como el grosero y malhumorado Leoruca de Kaisa. Era la fiesta de fin de año que todos habíamos preparado con esfuerzo, y los extrañaba. Con un nudo en la garganta y voz apagada, murmuré:
—Como es la fiesta de fin de año… el cachorro no podrá ir, ¿verdad?
—No es en la sala del club. Es un gran evento en un salón de hotel, hasta los exalumnos van.
—Entonces me quedaré en casa. Solo…
—…
—Que te diviertas. Si te dan náuseas, te daré mi pañuelo, por si lo necesitas…
—Vamos juntos. ¡Puedo llevarte, así que vamos!
—¿En serio?
Alcé la cabeza con los ojos brillantes, y Chase suspiró. Se masajeó la frente con esos dedos largos y delicados. No entendía cómo hasta sus manos eran tan hermosas. ¿Será un requisito básico para los protagonistas?
—Tú también eres miembro del club, así que puedes ir. Aunque quizá no todos te reciban con los brazos abiertos. Pero no hay remedio, así que habrá que aguantarse.
—¡Sí, sí!
Salté de emoción y casi me torcí un pie. Chase hizo un chasquido con la lengua, rodeó mi cintura con su brazo y me levantó en el aire. Aunque no era un cachorro, quedé colgando a su lado con las extremidades flácidas, completamente desconcertado. A veces parecía que Chase realmente creía que yo era un cachorro de verdad.

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA