Capítulo 6
—¿Qué demonios…? ¿No eras un lobo gris?
Chase frunció el ceño y me levantó en el aire.
Claro que no fue un suave arrumaco, sino que me agarró por la nuca como si fuera un trapo sucio. Pataleé con las cuatro patas y me debatí, pero en mi estado de cachorro no tenía fuerzas para superar el agarre de Chase, que ya de por sí era difícil de manejar incluso en forma humana.
[—¡GUAU!]
Así que solo me quejé un poco.
[—¡No hay necesidad de apretar tan fuerte! ¡No soy un perro de verdad! Bueno, en realidad sí lo soy, pero ¡también soy humano, maldita sea!]
Pero Chase ni siquiera se inmutó. Estaba demasiado ocupado examinándome de arriba abajo, moviéndome de un lado a otro.
—¿Por qué un lobezno se ha convertido en esto? ¿Alguna maldición repentina? ¿Es por eso que quisiste terminar la relación, para que no se descubriera?
[—¡GRRR!]
[—¡Siempre he sido un perro desde que nací!]
[«No, espera, si lo pienso bien, al nacer era claramente humano. Solo llevo unos días poseyendo este cuerpo y ya olvidé mi vida anterior. Todo por culpa de Chase, que me trata como al perro del vecindario sin preguntar.»]
Pero reflexionando un poco, quizá no deba enfadarme tanto. Si su malentendido hace que cancele el contrato sin sospechar más, mejor quedarme quieto. Total, ahora mismo no puedo hablar como humano, así que me limité a agitar la cola con docilidad y mirarlo de reojo. Chase seguía frunciendo el ceño, apretando mi nuca con fuerza.
—No tiene sentido. Más bien habrías ocultado la maldición con uñas y dientes. No eres de los que se retiran tranquilamente por algo así.
[—¡GUAU!]
—¿Y quién te lanzaría una maldición? Tú eres más de lanzarlas que de recibirlas. ¿Acaso te rebotó como un bumerán?
[—¡GRR! ¡GUAU!]
Pero Chase no me dejó comportarme con decoro.
[—¿Me está viendo como una bruja? ¿Qué me toma por…? Bueno, sí soy un perro, pero, ¡Aunque no sea el verdadero Leoruca, duele que me mire con tanto desprecio y me insulte así!]
—¡Qué ruidoso! Hoy pensé que al fin estarías callado, pero claro, ¿cómo ibas a cambiar de carácter aunque te volvieras un perro?
[—¡…GUAU!]
Cuanto más hablaba, más hirientes se volvían sus palabras. En la historia original, Leoruca era conocido por su personalidad detestable, digna de un villano secundario. ¡Pero yo no soy así! ¿En qué momento he actuado como un antagonista? ¿Acaso no sabe que no existen los perros malos?
—Deja de ladrar y vuelve a tu forma humana, no podemos hablar así.
Finalmente, como si hubiera perdido interés, Chase me dejó caer sobre la mesa con un ¡PLAF!
Parecía frustrado, había lanzado tantas indirectas, pero las únicas respuestas que obtenía eran mis “guaus”. Sin embargo, transformarse no es algo tan fácil.
Bueno, normalmente, sí lo es, pero para mí, que apenas llevo unos días como criatura mágica, resultaba complicado. Aunque había practicado mucho bajo la supervisión del mayordomo, nunca me salía bien.
Además, el denso aroma a feromonas que Chase había liberado antes seguía flotando en el aire, aunque más débil. Retrocedí sobre la mesa, observando su reacción con cautela.
[—GRRN]
De pronto, la suave mirada de Chase se volvió afilada.
—¿Qué pretendes? ¿Por qué alargas esto?
[—GÑIII…]
—Si no vuelves ahora mismo… Oye, ¿por qué estás tan decaído?
Ahora incluso se quejaba de mis orejas, cola caída y mi actitud desanimada.
A mí tampoco me gustaba no poder controlar mi transformación, fuera humana o bestia. ¡Él era el frustrado, pero ni siquiera intentaba entenderme!
Frustrado e injustamente tratado, decidí que debía entrenar más duro con el mayordomo. Hasta que eso pasara, me encogí y me tumbé patéticamente sobre la mesa. Chase, interpretándolo como un acto de rebeldía, cruzó los brazos y frunció el ceño. Me miró fijamente un largo rato antes de hablar, esta vez con algo de duda.
—¿Acaso… no puedes transformarte?
[«¿En serio? ¿Había acertado por una vez?»]
Aunque por un momento me sentí irritado, también me alegró que al menos lo notara. Al fin y al cabo, como protagonista principal, debía tener algo de perspicacia. Conmovido y agradecido, sin pensarlo, me levanté de un salto y di una vuelta entera sobre la mesa.
Chase, horrorizado, levantó las manos en un gesto de rechazo.
—Deja de saltar, me estás mareando.
—…
—No es que no puedas volver a tu forma humana, ¿verdad? Tampoco espero que no puedas… pero, ¿hay alguna posibilidad de que jamás lo logres?
GRRRR…
Retiro lo de “conmovido y agradecido”. Este tipo es mucho más insufrible de lo que imaginaba.
[«¿Cómo pudo Leoruca enamorarse de alguien así?»]
Le enseñé los colmillos y lo miré fijamente, pero él, como si le resultara absurdo, soltó una risita burlona y sacudió la cabeza. Su sonrisa, inusualmente suave, se dibujó en sus labios.
[—¿Qué le parecía tan gracioso?]
Su nariz recta, sus labios bien definidos y la línea afilada de su mandíbula. Cuando estaba serio, parecía una escultura de hielo, fría e inaccesible, pero cuando reía así, con los ojos entrecerrados, era deslumbrante, incluso dulce. Bueno, ahora entiendo perfectamente por qué Leoruca cayó.
[«¿Era un tonto enamorado?»], pensé con fastidio.
Aunque, ahora que estaba en el cuerpo de Leoruca, era irritante sentir cómo su corazón latía acelerado, completamente ajeno a mi voluntad.
¡GUAU-GUAU! GRRR… ¡GUAU!
Gruñí, mostrando los colmillos para exigirle que retirara esas feromonas de una vez. Chase, en respuesta, levantó una comisura de los labios.
—¿O es que quieres que te dé un bocado?
…GÑII
—Si no planeas quedarte así para siempre, ¿por qué no te apuras y vuelves?
Aunque su expresión estaba llena de burla, su rostro seguía siendo tan radiante que me hervía la sangre. Pero, al final, no tuve más remedio que dejar caer la cola, derrotado.
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Forcejee un poco más y al fin logré recuperar mi forma humana. Chase, que parecía haber entendido tarde la razón de mi nerviosismo, me cubrió con su chaqueta y conscientemente redujo sus feromonas.
—¿Cómo es que un híbrido no puede ni controlar su transformación?
«¡Solo llevo unos días como híbrido! ¿Acaso tú lo hiciste perfecto desde el principio?»
Refunfuñando mentalmente, me acomodé apresuradamente la ropa bajo su enorme chaqueta, que colgaba de mis hombros como una capa.
En este mundo, mostrar aunque sea una parte de tu verdadera forma equivale a revelar una debilidad, algo vergonzoso. Pero como ya me había delatado por completo en mi forma de cachorro, no tuve más remedio que fingir que no pasaba nada.
Bebí un sorbo de café y pregunté como si tal cosa no hubiese pasado.
—¿Cuándo lo hice?
—Todavía se te ven las orejas.
Atrapé rápidamente las orejas blancas que sobresalían sobre mi cabeza. Al mirar a Chase de reojo, él soltó una risita burlona.
—¿Y por qué mueves la cola?
—…
«¿Cuándo salió la cola esta vez?» Si escondía las orejas, aparecía la cola; si ocultaba la cola, surgían las orejas. ¡Era un desastre!
Tras forcejear un buen rato, finalmente logré retraer ambas. Entonces Chase, que me observaba con los brazos cruzados, de repente lanzó una acusación inesperada:
—¿Encima fingiste incluso tu forma verdadera?
—¿Yo?
—Sí, tú.
Lo miré con los ojos bien abiertos.
«¿De verdad Leoruca llegó al extremo de hacerse pasar por un lobo para impresionar a Chase?» ¡Seguro solo omitió detalles! Hay una gran diferencia entre mentir y no decir toda la verdad.
—¡Eso es imposible! Es solo que mi familia es de linaje lobuno y tú asumiste…
—¿No dijiste que éramos la pareja perfecta porque yo soy un leopardo negro y tú un lobo gigante?
Parece que… sí mentí. ¿En serio Leoruca creyó que no lo descubrirían?
—Entonces… ¿dónde está el “gigante”?, se burló Chase, mirándome de arriba abajo.
Su mirada burlona no dejaba lugar a dudas. Molesto, respondí con el ceño fruncido.
—Todavía voy a crecer más. Es que no he alcanzado mi tamaño completo…
—¿No has crecido? ¿No tienes 20 años?
—Si siete años humanos equivalen a uno canino, técnicamente solo tengo tres.
—Tus cálculos no tienen sentido. ¿No es al revés?
—¡Da igual! ¡El punto es que todavía soy un bebé!
—¿Estás loco? ¿En qué mundo eres un bebé? ¿De verdad puedes decir eso con toda seriedad?
Chase frunció el ceño, como si hasta la palabra “bebé” le resultara absurda.
«¡Pero si con 20 años todavía soy un chiquillo! ¡Encima soy 4 años más joven que él!»
Aunque me sentía injustamente tratado, saqué un poco el labio inferior en un gesto de frustración, no dejé pasar la oportunidad para insistir.
—¡Ya lo ves! No soy un lobo, sino un perrito, y ni siquiera físicamente estamos a la par, así que nuestro contrato de relación debería anularse…
—¿Anular el contrato?

TRADUCCIÓN: ELIZA
CORRECCIÓN: HASHI
REVISIONISMO: ELIZA