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Capítulo 74

  1. Grabados   

De pronto, sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo, como si la temperatura de la habitación hubiera descendido bruscamente. Chrissy sabía lo que tenía que hacer a continuación. Tenía un plan preparado por si el primero fallaba.

Nathaniel Miller seguía esperando, pero probablemente no dispondría de mucho tiempo. Debía moverse ya. La cabeza, el cuerpo, los dedos.

—Señor Miller.

Aun así, Chrissy intentó agarrarse a un último hilo de esperanza.

—No me importa acostarme con usted. Solo le pido una cosa: libere al inspector Simmons. Si lo hace, haré lo que sea.

Eran palabras patéticas, pero no tenía otra opción. Cuando suplicó con todas sus fuerzas por última vez, los ojos alargados de Nathaniel, que hasta entonces habían permanecido en silencio observando, se entrecerraron lentamente. Justo cuando Chrissy creyó oírle suspirar, una voz grave emergió de entre sus labios entreabiertos.

—¿Me está pidiendo que pague el precio?

Sus amplios labios se torcieron en un esbozo de sonrisa burlona. La palabra “precio” no le gustaba, pero en cuanto a “pago”, él ya lo había hecho. Porque había ganado la apuesta. Pero Chrissy, aun así, no tuvo más remedio que hablar.

—Le prometo que corresponderé a su pago con todo lo que pueda ofrecer.

Aferrándose a esa última esperanza, habló, pero Nathaniel no respondió de inmediato. Solo se inclinó un poco más, sus ojos entrecerrados.

—¿Y qué cree que quiero yo?

Su voz tenía un deje extraño, más de lo habitual. Chrissy sintió un escalofrío en la espina dorsal por el hecho que había estado esforzándose por ignorar, pero ahora el inspector Simmons era lo primero.

—No me importa qué sea. Así que, por favor…

Antes de continuar, Chrissy inspiró y exhaló profundamente.

—Incluso si me mata, no me importa.

Ya estaba decidido. Siempre que el inspector Simmons estuviera a salvo, pagaría cualquier precio. Después de todo, todo esto era culpa suya.

La expresión desapareció lentamente del rostro de Nathaniel Miller. Para ser exactos, era más correcto decir que su sonrisa burlona, artificial, se desvaneció, dejando su rostro inexpresivo como una máscara. El cambio fue tan gradual que al principio no se dio cuenta de que las comisuras de sus labios se habían relajado, ni de que sus ojos entrecerrados habían recuperado su tamaño habitual. Solo recordó vagamente el calor de un cigarrillo que una vez le quemó los ojos, y pensó que quizás esta vez dolería aún más. Justo cuando recordó lo que Alice había dicho, Nathaniel abrió la boca lentamente.

—¿Y para qué haría eso? Si yo fui quien ganó la apuesta.

Dijo esto en un tono monótono, casi sin inflexión, y de repente se movió.

—Me estoy aburriendo. Si eso es todo lo que tenía que decir, mejor lo dejamos aquí.

Sonaba como si le estuviera diciendo que dejara de hacer el ridículo. Al ver al hombre levantarse lentamente, con su cuerpo enorme, Chrissy tragó en seco. Como era de esperar, no había funcionado. Exhaló un breve suspiro y acto seguido extendió la mano. Al ver la mano que agarraba su chaqueta, Nathaniel debió pensar que Chrissy intentaba huir. Pero en lugar de correr hacia la entrada, sacó “eso” que había escondido en el bolsillo interior.

—Vaya.

Cuando apuntó directamente a su cabeza, Nathaniel dejó escapar un breve suspiro.

—Al final, recurres a esto. Qué decepcionante, fiscal.

Parecía genuinamente decepcionado. Una sombra oscura se cernió sobre su rostro al exhalar. Mirándolo fijamente, Chrissy respondió con sequedad.

—A mí también me hubiera gustado brindarle más entretenimiento, pero como sabe, el tiempo apremia. Lamento tener que recurrir a métodos tan bárbaros.

Sus palmas estaban sudorosas. Apretó con fuerza la empuñadura para que no notaran su nerviosismo y continuó con calma:

—Solo quiero una cosa. Libere al inspector Simmons.

Los labios de Nathaniel Miller se relajaron en una sonrisa.

—¿Y cómo podría atreverme…?

Mostró las manos en un gesto burlón mientras hablaba. Fingía humildad, pero en realidad no era más que una burla hacia Chrissy. Por eso, Chrissy también replicó fríamente:

—No hay nada que usted no pueda hacer. Es solo cuestión de voluntad.

Nathaniel no se molestó en negarlo. Su rostro, esbozando una sonrisa significativa, parecía confirmar sus palabras. Chrissy ajustó el agarre de la pistola y repitió:

—Cumpliré mi promesa. Libere al inspector Simmons. Después de eso, haré lo que usted quiera. Arrastrarme como un perro, dejar que me ahorquen, lo que sea.

—Dispara.

Al principio, no entendió bien la palabra que acababa de salir de su boca. Mientras Chrissy parpadeaba, desconcertado, Nathaniel añadió con tranquilidad:

—He dicho que dispares. Ahora. ¿A qué esperas? Mátame y llévatelo. Mi móvil está sobre la mesa del bar.

Luego añadió, como si se mofara:

—Puedes tomar mis huellas dactilares o escanear mi iris del cadáver. Cosas mucho más sencillas que matar a una persona.

Matar a una persona.

Sus palabras eran deliberadas. Apuntar con un arma y apretar el gatillo son dos cosas completamente distintas. Cualquiera que oyera esas palabras se sentiría perturbado. De no ser por esta situación, Chrissy también lo habría estado, pero, por otro lado, de no ser por esta situación, nunca habría llegado a este extremo.

Y, sin embargo, la punta del arma tembló. Aunque ya había previsto lo que ocurriría a continuación, las palabras de Nathaniel lo habían alterado. Y ese breve momento de vacilación cambió la situación de inmediato.

—¡Ah…!

Un grito de sorpresa escapó de los labios de Chrissy. Con una velocidad increíble, Nathaniel se plantó frente a él en un instante. En el momento en que sus miradas se encontraron, Nathaniel le arrebató el arma y la arrojó lejos. Y acto seguido, Chrissy fue derribado al suelo por el cuerpo de Nathaniel.

¡BANG! 

Un ruido estridente retumbó en su cabeza, dejándole aturdido. La luz de la lámpara, encendida y brillante, le quemó los ojos como si fuera el sol, junto con una sensación de vértigo, como si el techo se estuviera sacudiendo violentamente. La memoria de Chrissy no iba más allá de eso.

—Te tengo. —Susurró una voz baja.

***

Le dolía la cabeza. Lo primero que notó fue un dolor intenso en la nuca. No pudo evitar un gemido que escapó de sus labios, pero, irónicamente, fue su propio sonido el que logró despertar parcialmente su conciencia.

—Ufff…

Esta vez, con un sonido más claro, Chrissy frunció el rostro. Sintió una vibración en su cabeza, pero se esforzó por abrir los ojos a la fuerza. Tras varios intentos, finalmente lo logró y pudo ver el mundo.

—…¿Eh?

Su entorno estaba curiosamente oscuro. Había luz, pero solo la tenue iluminación de una lámpara; ni un rayo de sol entraba. En su campo de visión borroso solo distinguía una pared oscura y la cama en la que yacía. Al menos estaba claro que el espacio no era muy grande. Como máximo, sería similar al estudio de Chrissy. Después de asimilar eso, se incorporó lentamente, pero de inmediato, un sonido y una sensación desconocidos lo detuvieron.

Con un desagradable clic metálico, algo tiró de sus extremidades. Sorprendido, contuvo la respiración y, al mirar a su alrededor, se quedó paralizado.

Estaba completamente desnudo, y lo único que llevaba en el cuerpo eran unas cadenas de hierro que sujetaban cada una de sus extremidades a los postes de la cama, y algo colgado alrededor de su cuello.

—¡¿Q-qué…?!

Incrédulo, agitó desesperadamente brazos y piernas. Con cada movimiento, el chirrido metálico y el peso en sus extremidades le confirmaban, de manera innegable, que esta situación increíble era real. Mientras el rostro de Chrissy palidecía al instante, de repente, una risa baja llegó a sus oídos. Al volverse sobresaltado, se quedó con los ojos muy abiertos, paralizado.

Nathaniel Miller estaba sentado en una silla, mirándolo y riendo en voz baja.

—¿Cómo se encuentra, fiscal?

Al oír la pregunta burlona, Chrissy comprendió de inmediato la situación. Qué había hecho este abogado despreciable.

—¡Este maldito…!

En el instante en que iba a soltar un improperio, un dolor inmenso recorrió todo su cuerpo. Al tragar saliva, se desplomó y, por un momento, se quedó acurrucado, sin poder moverse. 

¿Qué? ¿Qué fue eso? Incluso después de que el impacto inicial hubo disminuido un poco, todo su cuerpo seguía temblando levemente. Mientras jadeaba, desconcertado, Nathaniel habló desde arriba.

—Los perros que ladran sin control no son bienvenidos en ninguna parte.

Habló con su habitual tranquilidad, con un tono que parecía disfrutar de la situación.

—Los collares de descargas eléctricas eran eficaces para corregir malos hábitos, pero se prohibieron por crueldad animal. Pero…

Nathaniel hizo una pausa, como si contuviera una risa, antes de añadir:

—¿Y con los humanos?

Robin: Asuuumakina!!! querian historia pues Zig dijo tengan madafakers!!



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA


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