Capítulo 162
Habiendo escuchado por casualidad los planes de Odelli, Rudville sabía todo lo que ella tramaba.
También tenía preparada en su mente la forma de manejar la situación.
Pensaba actuar con madurez, como si lo supiera todo, pero mostrando una actitud de aún es pronto.
Sin embargo, surgió una variable completamente inesperada.
Esa fue… su propia reacción.
Debía rechazarla.
Odelli aún era joven, inexperta en las cosas del mundo, pequeña y frágil, una existencia que parecería desvanecerse si la sostuvieras en la mano.
Así que intentó negar su petición.
Pero, extrañamente, ninguna palabra salía con facilidad de sus labios.
Todo por sus ojos, que brillaban más que cualquier adorno que ella hubiera preparado.
—Odelli.
La llamó en voz baja.
Ella alzó la cabeza y sus ojos azules centellearon con claridad.
—¿Qué?
—……
Desvió la mirada por un momento.
Se percató de que la comisura de sus labios se relajaba involuntariamente y se esforzó por tensarla.
El rostro de Odelli estaba lleno de confianza.
Como si en ese momento pudiera lograr cualquier cosa que deseara.
—Hoy me he arreglado mucho, ¿por qué no dices nada?
Lo sabía.
El problema era que lo sabía demasiado bien.
En su vida pasada como un fugitivo pobre, nunca le había regalado un momento así a Odelli.
Esta era también la primera vez que la veía tan arreglada y glamorosa.
De repente, recordó a Odelli vistiendo ropas sencillas y cocinando, diciendo: «No gastes dinero en tonterías».
Ella siempre decía:
«Lo más importante que el dinero es que estemos juntos».
Aunque creía en esas palabras, Rudville fue al gremio de mercenarios, aceptó misiones peligrosas para ganar dinero y con él le compró ropa.
Odelli, enfadada, no habló con él durante días.
Al recordarlo, sintió un nudo en el pecho.
Porque en ese entonces ni siquiera pudo permitirse el lujo de mostrarle este lado adorable suyo.
El vestido azul oscuro brillaba espléndidamente cada vez que se movía, como la Vía Láctea bordada en el cielo nocturno.
Sus labios, quizás maquillados, estaban más rojos de lo normal, y cada vez que pestañeaba, sus párpados brillaban como joyas.
Era tan hermosa que resultaba desconcertante…
—…Estás preciosa.
Una frase breve y serena.
En esas palabras había remordimiento, añoranza y un anhelo sincero de darle toda la abundancia del mundo.
No sabía qué más decir ni dónde mirar.
Sentía que todas las barreras acumuladas tras incontables repeticiones del tiempo se derrumbarían inútilmente ante una sola de sus sonrisas.
—¿En serio? Entonces, ¿por qué miras a otro lado?
Instintivamente, evitó su mirada.
Pero a dondequiera que dirigía la vista, el rostro de Odelli lo seguía.
Finalmente, suspiró.
Rudville agarró suavemente sus hombros y la hizo retroceder un paso.
—Pero aún es pronto, Odelli. Creer que al convertirse en adulta se es inmediatamente maduro es un error común a esa edad.
Rudville tenía la intención de explicárselo todo pacientemente hasta que ella se rindiera y se retirara.
Pero ella destruyó su plan de un solo golpe.
—Si aún me ves como una niña, ¿por qué evitas mi mirada?
—……
—Seamos sinceros, ¿te dio un poco de nervios, verdad?
¿Un poco? Eso se queda corto.
Su corazón latía tan fuerte que temía que el sonido se filtrara al exterior.
Pero Odelli no parecía tener intención de escuchar su respuesta desde un principio.
—Aunque no te hayan dado nervios, no importa.
Ella sonrió juguetonamente, se acercó en silencio y susurró en su oído:
—Porque pronto lo estarás.
—Espera, Odelli…
Antes de que terminara de hablar, ella se acercó con decisión y se puso de puntillas.
El mundo se sacudió como si las velas en el suelo se balancearan, y su corazón se derritió sin remedio en esa luz.
Pensó que debía rechazarla.
Pero no pudo moverse ante ese beso torpe, inseguro y tembloroso.
Su pecho solo gritaba una verdad:
Ya era demasiado tarde.
Sin siquiera darle tiempo a reaccionar, ella separó sus labios y rió.
—Te permitiré que te conviertas en mi esposo.
—……
—De todas formas, acabarás casándote conmigo, así que no te resistas en vano.
—……
—Ru, en esta vida, en la próxima y en la siguiente, al final te casarás conmigo.
Seguía una propuesta de matrimonio que sonaba a amenaza.
Aunque probablemente no supiera lo que decía, ¿cómo podía ser más precisa que cualquier profecía del mundo?
Rudville, que había estado un momento en silencio, finalmente soltó una risa como si no pudiera creerlo.
Era tan absurdamente adorable.
—Esto es un problema…
—Pero a ti te gusta, ¿no?
…Si es tan adorable, ¿qué se puede hacer?
Exhaló lentamente.
No tuvo más remedio que admitir que este amor torpe era el milagro más brillante que había florecido en su eternidad.
Rudville, como si se rindiera, inclinó la cabeza y besó suavemente su frente.
—…Sí, casémonos.
Ella abrió mucho los ojos y preguntó:
—¿En serio?
A pesar de toda su seguridad, ahora que aceptaba su propuesta, su rostro parecía incrédulo.
Rudville la atrajo firmemente hacia su abrazo, mientras ella sonreía radiante como si tuviera el mundo entero.
A través de su temperatura corporal, de repente se dio cuenta de que sus corazones latían al mismo ritmo.
—El sonido de tu corazón… es ruidoso…
Murmuró Odelli, con las orejas enrojecidas.
Sentía como si los cientos de regresiones y los miles de años de desesperación fueran perdonados por completo en ese instante.
Abrazando a Odelli hasta casi ahogarla, Rudville pensó:
Aunque su vida cambiaría en cada momento, y cada vez todos lo olvidarían…
Incluso si en la próxima vida tú me olvidas, eso sería suficiente.
Porque incluso en miles de finales y comienzos, yo siempre regresaré a ti.
—Después de todo, sí te gustaba, solo estabas fingiendo que no, ¿verdad?
Preguntó Odelli, abriendo sus ojos brillantes.
Rudville sonrió levemente y juntó su frente con la de ella.
—Sí.
Susurró en voz baja.
—Desde hace mucho más de lo que podrías imaginar.
* * *
Rudville abrió los ojos.
El recuerdo de ese día persistió como un eco, titilando lentamente antes de desvanecerse.
Pronto, sintió el frío gélido del subsuelo, lo suficiente para helar los huesos.
Había sido un sueño.
Ese tiempo cálido y brillante ya no tenía ningún significado.
«…Odelli.»
Ella había muerto.
Evidentemente, con el corazón atravesado.
Ya no existía forma de retroceder el tiempo.
Aunque había llegado el «verdadero final», Rudville aún no podía aceptarlo.
Porque nunca aprendió a rendirse.
O, más precisamente, porque no sabía cómo soltar el amor.
En un altar en las profundidades del subsuelo, donde no se filtraba un solo rayo de luz.
Dispositivos antiguos entrelazados por todas partes emitían un tenue zumbido y brillaban débilmente, y en el centro había un cristal transparente.
Dentro de él estaba Odelli.
No, era más preciso decir que estaba detenida.
Su piel estaba pálida y su corazón había cesado de latir, pero aun así, estaba tranquila y hermosa, como si fuera a abrir los ojos en cualquier momento.
Rudville se acercó con el rostro inexpresivo y apoyó la punta de sus dedos sobre el cristal.
A través del vidrio frío, su calor corporal se extendió lentamente.
—…Hoy también estás durmiendo profundamente.
Murmuró en voz baja.
Como si temiera despertar a alguien.
Sus ojos no contenían tristeza ni ira, solo una quietud absoluta.
Sobre una mesa estaban abiertos todo tipo de grimorios y libros prohibidos.
En cada página antigua se superponían fórmulas y rastros de fracasos escritos con tinta roja.
Trabajaba hasta altas horas de la noche, organizándolos todo.
Sin saber hasta qué punto se estaba desmoronando, con tal de encontrar una sola posibilidad.
Pero el resultado era siempre el mismo:
El alma existe, pero una vez que abandona el cuerpo, no hay forma de que regrese.
Entonces, ¿qué se supone que debía hacer?
Con que el alma existiera, era suficiente.
Dondequiera que estuvieras, encontraría la manera de traerte de vuelta.
Aunque eso significara invadir el dominio de los dioses.
—Solo espera un poco más, Odelli.
Su mirada seguía serena.
Era la locura en su forma más pura, florecida en el lugar donde todas las emociones se habían evaporado.
—Esta vez, definitivamente… te traeré de vuelta.
Robin: DIOS MIO!!!

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD