Capítulo 61
El amplio salón estaba lleno de humo de cigarrillo. El olor a nicotina se mezclaba con el penetrante aroma a marihuana, pero la gente reunida allí reía y conversaba sin mostrar el menor interés, exhalando nubes densas de humo. A pesar de que ya era casi medianoche, nadie parecía cansado; al contrario, todos bebían como si la fiesta apenas estuviera comenzando.
En medio de aquel ambiente, cuando apareció un hombre que hacía tiempo no se dejaba ver, un murmullo recorrió el lugar.
—¿Qué pasa, Nathaniel? Hace muchísimo que no te veía. ¿Por qué no habías venido?
El anfitrión del evento, que fue el primero en acercarse, lo saludó con entusiasmo. Nathaniel le estrechó la mano y respondió con voz tranquila.
—He estado ocupado. Te ves bien..
—Tú también. En fin, me alegra que vinieras, gracias..
El anfitrión no pudo ocultar la sonrisa que se le dibujó en el rostro al pensar que la presencia de aquel invitado, tan difícil de ver últimamente, haría brillar aún más la fiesta.
Dejándolo atrás, Nathaniel dio unos pasos hacia el interior del salón, y pronto varias personas se acercaron a él.
—Nathaniel, ¿cómo es posible? ¡Hace siglos que no te veía!
—Siendo responsable del mejor bufete de abogados del país, es normal que esté ocupado. Pero vaya, sigues igual que siempre. Eres todo un Miller, sin duda..
—Qué bueno verte justo ahora. La próxima semana organizo una fiesta en un yate. Le pedí a mi secretaria que te enviara la invitación, ¿la recibiste? Aunque tú sabes que para ti siempre hay pase libre, jaja..
Entre esas conversaciones sin importancia, Nathaniel bebía vino con una sonrisa perfectamente medida. Quienes lo rodeaban estaban tan concentrados en hablar de sí mismos que nadie notó que él no había dicho una sola palabra más.
—Ahora que lo pienso, Nathaniel, ¿por qué ya no vienes a las fiestas? ¿Estás bien?
Un hombre con los mismos ojos violeta que él se inclinó de pronto, olfateando el aire con curiosidad. En ese instante, la expresión de Nathaniel se endureció, y una clara repulsión se reflejó en su rostro. El otro hombre, sobresaltado, se apartó rápidamente y murmuró con torpeza.
—Parece que aún estás bien, me alegra oírlo..
Sin decir nada, Nathaniel sacudió con visible disgusto la manga donde aquel hombre había acercado la nariz, aunque en realidad ni siquiera lo había tocado. Ignorando al tipo que fruncía el ceño molesto, otro se apresuró a intervenir en tono conciliador.
—Todos están preocupados por ti, solo quieren saber cómo estás. No te lo tomes a mal..
Varios de los hombres presentes compartían un mismo rasgo y, por tanto, el mismo problema.
Feromonas.
Por eso, las llamadas “fiestas de feromonas” eran, en cierto modo, un lugar de encuentro. Cuando alguien desaparecía por mucho tiempo, los rumores cargados de preocupación y curiosidad no tardaban en surgir. Nathaniel no necesitaba confirmarlo para saber que también habían estado hablando de él.
Mientras llevaba la copa de vino a los labios, otro hombre tomó la palabra.
—A propósito, ¿supieron de la fiesta que organizó Harrison la semana pasada? Dicen que Keith apareció por ahí..
Ante esas palabras, otro frunció el ceño y preguntó:
—¿Cuándo? Yo también estuve, pero no lo vi..
—Yo sí lo vi..
Una nueva voz se sumó a la conversación.
—Pero se fue enseguida. ¿Habrá estado siquiera media hora? Ni siquiera retiró su feromona. Harrison también decía que no entendía para qué se apareció..
Voces sorprendidas resonaron a su alrededor.
—¿Qué dijiste? ¿Que no eliminó su feromona? ¿Keith?
—Ese tipo llevaba tiempo sin venir a ninguna fiesta. Debía estar bastante cargado, ¿por qué se fue así nada más llegar?
—Dicen que apareció sin avisar. Harrison le presentó a un par de Omegas y aun así se marchó..
—Pero ese tipo no se acuesta con hombres, ni siquiera con Omegas. La culpa fue de Harrison, le presentó a un omega masculino..
—No, lo confirmé yo mismo. Harrison dijo que fue Keith quien pidió específicamente un Omega hombre. Pero cuando le presentó a algunos, ni los tocó; se enfureció y se marchó hecho una furia. Harrison terminó molesto por eso..
—Ese tipo está raro últimamente.
—¿Y si perdió la cabeza por acumular tantas feromonas?
Nathaniel escuchaba aquellas bromas sin prestarles mucha atención. Ahora que lo pensaba, ¿cuándo había liberado su feromona por última vez? Una sola vez, y eso recientemente. Aquella vez en un estudio diminuto, donde ni siquiera había podido tener una relación completa: un encuentro a medias.
Eso era todo, y aun así, no sentía ni la más mínima impaciencia. En realidad, estaba esperando algo mucho más estimulante que un sexo aburrido.
Ya debía de estar esperándolo.
Nathaniel echó un vistazo a su reloj. Casi había pasado una hora desde que llegó a la fiesta. Era casi medianoche. En lugar de volver a casa tras la reunión, había decidido venir aquí. Había retrasado su regreso a propósito, con la intención de saborear la expectativa y guardar el placer para el momento justo. Además, la ansiedad de Chrissy Jin, que seguramente lo estaría esperando nervioso, también formaba parte de esa misma diversión.
Pero su paciencia empezaba a agotarse.
«Ya es hora de irme.»
Terminó el vino que quedaba en su copa y dejó el vaso vacío sobre la bandeja que sostenía un camarero.
—Bueno, me disculpo, me retiro.
Ante su breve despedida, los hombres que lo rodeaban abrieron los ojos sorprendidos.
—¿Ya te vas? Pero si apenas acabas de llegar.
—Nathaniel, espera un momento. ¿En serio te vas ahora?
—Ni siquiera hemos podido hablar bien. Solo bebiste una copa de vino.
—Nathaniel, no seas así. Quédate un poco más, hace tanto que no te veíamos, ¿eh?
Trataron de detenerlo por todos lados, pero Nathaniel ya había perdido suficiente tiempo. El motivo por el que había venido a ese lugar ya estaba cumplido, así que no tenía razón alguna para quedarse más.
—Nos veremos la próxima vez. Me alegra haberte visto.
Tras una breve despedida, se marchó sin dudarlo. Los que quedaron atrás lo observaron con desconcierto, sin entender del todo qué acababa de pasar. Sin embargo, Nathaniel no volvió la vista ni una sola vez y desapareció de su campo visual en cuestión de segundos.
***
Aparcó el coche en el estacionamiento privado y, como siempre, dejó la llave inteligente en la consola antes de bajarse. Eran casi las dos de la madrugada. A esa hora, quizá él ya estaría dormido, agotado.
Una belleza desordenada también tiene su encanto, pensó Nathaniel mientras presionaba el botón del ascensor. Sentía cierta curiosidad por aquella “sorpresa” de la que le había hablado, pero la expectativa por lo que sucedería después era igual de intensa.
En cuanto el enorme ascensor de acero que lo transportaba redujo la velocidad y se detuvo con suavidad, Nathaniel salió con paso decidido. Abrió la puerta del vestíbulo y entró, pero al hacerlo, se quedó paralizado ante una escena completamente inesperada.
Sobre el sofá, dos hombres medio desnudos se revolcaban.
2
Unas horas antes.
—¡¡Aaaaahhhh!!
El grito repentino hizo que Chrissy se sobresaltara y abriera los ojos de par en par. Acto seguido, la puerta frente a él se cerró de golpe con un sonoro.
¡BANG!
Durante unos segundos se quedó ahí, atónito, parpadeando sin entender qué acababa de ocurrir. ¿Qué demonios fue eso? No tenía idea de lo que había pasado, pero el zumbido que aún resonaba en sus oídos lo dejaba aturdido.
«¿No debería ser yo quien gritara?»
Tardó un poco en procesarlo, y entonces la situación le pareció absurda. De la nada había aparecido un hombre completamente desnudo, había gritado y luego le cerró la puerta en la cara.
A fin de cuentas, Chrissy había entrado con permiso, así que no se trataba de una intrusión. Lo cual significaba que ese hombre también debía tener derecho a estar ahí. Y, por su aspecto, era evidente que había llegado antes que él.
«En ese caso, ¿podría ser que…?»
Justo cuando llegó a esa conclusión, la puerta volvió a abrirse. El mismo hombre asomó la cabeza con expresión vacilante. Al ver que Chrissy seguía en el mismo lugar, esbozó una sonrisa torpe y habló primero.
—Perdón por gritar. Me asusté demasiado, no pude evitarlo.
Luego lo recorrió con la mirada de arriba abajo antes de fijar los ojos en su rostro y volver a preguntar:
—¿Puedo saber cómo llegó hasta aquí? ¿Acaso es empleado de la firma de Nathaniel?
Chrissy se sintió de pronto incómodo. ¿Cómo podía explicar aquello? Una duda súbita sobre su relación con Nathaniel le nubló los pensamientos, y las palabras no le salían fácilmente. Al final, respondió de forma ambigua:
—Algo así.
Apenas terminó de hablar, el hombre sonrió con alivio.
—Ya veo. Entonces debe saber quién soy. Mucho gusto.
En ese momento, Chrissy comprendió dos cosas: que no podía seguir preguntando nada más sobre ese hombre, y que, sin duda, él tenía una relación cercana con Nathaniel Miller.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA