Capítulo 55
―¿Por qué me trajo a su casa? Aunque tenga licencia de médico, en estos casos la mayoría llevaría a la persona a emergencias, ¿no? ¿O acaso siempre trae a gente enferma a casa?
A sabiendas de que Nathaniel Miller no podía tener tal abundante amor por la humanidad, no pude evitar preguntar. No encontraba otra respuesta al porqué me había traído aquí. Como era de esperar, él soltó una risa burlona, como si mi pregunta fuera absurda.
―Eres el primero que traigo a mi casa.
Pero eso lo hacía aún más incomprensible. Sin poder ocultar mi confusión, pregunté:
―Entonces, ¿por qué a mí…?
Él echó un vistazo a la habitación una vez más y repitió lo mismo que antes.
―¿No escuchaste? Tu pocilga me resultaba demasiado pequeña.
Claro que lo escuché. Simplemente me costaba creer que esa fuera la única razón.
Pero fue una suerte que no me llevara al hospital. Ya tenía deudas acumuladas por la reparación del coche y demás; si se hubieran sumado los costos de emergencias, quizás habría quebrado.
―… No esperarás cobrarme el tratamiento, ¿verdad?
Pregunté con cautela, considerando la posibilidad remota. No creía que este hombre fuera tan mezquino, pero bien podría hacerlo solo para fastidiarme. Después de todo, los abogados suelen ser así de insistentes, acosando a la gente para obtener lo que quieren.
Ante mis palabras, Nathaniel esbozó una sonrisa peculiar.
―Vaya, ¿quién sabe?
Sin querer, contuve la respiración. Mentalmente, calculaba a toda prisa el precio que tendría que pagarle a este hombre. Lo que Nathaniel Miller quería, lo que yo podía darle.
Eso era…
De repente, Nathaniel alzó la mano. Yo, que estaba desprevenido, me sorprendí y mi cuerpo se tensó al instante. Me preparé mentalmente ante esa mano grande que se acercaba hacia mí. Mi corazón latía descontroladamente y sentí cómo la sangre huía de mi rostro. De pronto, recordé el momento en que esa misma mano había intentado quemarme los ojos. Incluso el calor abrasador que sentí a través de la fina córnea. Un escalofrío de terror recorrió mi espalda, dejándome completamente paralizado.
—… ¿Eh?
Contra todo pronóstico, su mano tocó mi frente. Yo, desconcertado por una acción tan distinta a lo que esperaba, solo parpadeaba mientras él me miraba y hablaba con tono casual.
―Se te ha bajado la fiebre.
No pude evitar sentirme contrariado al descubrir que la mano de ese ser de sangre fría, que parecía incapaz de hacer fluir la sangre, tenía, inesperadamente, una temperatura cálida. En realidad, si lo pienso, es algo obvio. Sin importar las características de Nathaniel Miller, sin importar lo cruel que sea su naturaleza, al fin y al cabo es un ser humano. Es normal que tenga temperatura corporal, pero aun así me sentía tan extraño.
Él continuó hablándome, mientras yo, confundido por un momento, me quedaba mudo.
―El suero terminará en tres horas. ¿Tienes alguna molestia en particular?
Aunque Nathaniel preguntó, no pude responder de inmediato. Vacilé un momento y, solo después de regresar tardíamente a la realidad, negué con la cabeza.
―No, estoy bien.
Era el momento de darle las gracias, pero me era imposible hacerlo. En su lugar, solté una pregunta inesperada.
―¿Por qué te hiciste abogado? Si hasta tienes un título de médico.
Pregunté con sarcasmo. En realidad, ni siquiera era una pregunta genuina. Solo se me escapó, fastidiado por su actitud arrogante. Nathaniel torció una comisura de los labios y esbozó su característica sonrisa fría.
―Porque no era muy divertido.
Al ver que lo miraba frunciendo el ceño sin decir nada, comentó como si no fuera importante:
―Ver llorar a gente viva es más interesante que cortar y suturar a personas inconscientes. ¿A esto se le llama vocación?
Nathaniel Miller añadió, como si pudiera leer mis pensamientos:
―Si tienes algo que decir, dilo.
―Malparido.
Lo solté sin vacilar, y luego añadí con rudeza:
―Con esa personalidad, por supuesto que defendiste a un hijo de puta capaz de violación en grupo y asesinato. ¿Sentiste cierta afinidad con esa basura, como tú? Debiste sentirte genial al obtener el resultado deseado, incluso amenazando a los familiares de las víctimas, ¿no? ¿Te hiciste abogado para ver eso? ¡Para disfrutar viendo llorar a las víctimas!
La rabia que había contenido estalló. Al soltarlo sin filtro, tal vez por la excitación repentina, sentí que la vista me daba vueltas. Me mordí el labio inferior para aguantar el mareo y lo miré fijamente con todas mis fuerzas. Esperaba que me respondiera con sarcasmo o, como mínimo, con un regaño irritante.
Contra todo pronóstico, Nathaniel soltó una risa breve. En el momento en que me detuve, confundido, él abrió la boca.
―Vivir viendo solo un lado del mundo a veces nubla la vista.
―¿Qué clase de tontería dices?
El que él mantuviera una actitud igual a la de siempre, a pesar de mis insultos, me enfureció aún más. Pero Nathaniel continuó hablando con total tranquilidad.
―Estoy diciendo que Anthony Smith quizás no era una víctima tan inocente como crees.
Por supuesto, es algo obvio. ¿Dónde hay alguien sin defectos?
―Aun así, no cometió un delito tan grave como para merecer una violación grupal y un asesinato.
A pesar de mis palabras obstinadas, Nathaniel solo sonreía con una sonrisa indescifrable.
―Vaya, ¿en serio?
No pude evitar poner mala cara. ¿Qué estaba queriendo decir este hombre?
En ese instante, el rostro de la Sra. Smith pasó por mi mente, y entonces Nathaniel habló.
―Ya hice todo lo que podía hacer por ti. Puedes irte cuando quieras.
Entonces lo vi claramente. Mientras hablaba con fingida amabilidad, su mano ajustaba la abrazadera del gotero. Y, junto con eso, las gotas de suero que caían a un ritmo constante comenzaron a fluir rápidamente, como si se derramaran. Inmediatamente después, sentí la escalofriante sensación del líquido frío subiendo por mis venas. En el instante en que dirigí mi mirada hacia él, el portaobjetos que él había traído entró en mi campo de visión. Y la jeringa vacía colocada sobre él también.
Solo entonces me di cuenta de la razón por la que este hombre, actuando fuera de lugar, había sido amable incluso hasta tomarme la temperatura con la mano. Aunque debía tener un termómetro, fingió tomarla con la mano para distraerme y que no me diera cuenta de que estaba mezclando medicamentos en el suero.
Lo miré fijamente, lleno de conmoción e ira, pero no pude aguantar mucho.
―Mal…
Ni siquiera logré terminar de decir “Malparido, ¿qué estás haciendo?”, antes de que mi conciencia se oscureciera por completo.
***
―… Uf.
Mi conciencia despertó al escuchar un gemido que escapó de mis labios. Abrí los ojos lentamente y miré a mi alrededor, pero ya estaba oscuro. El sol se había puesto.
¿Cuántas horas habré dormido?
Al incorporarme tambaleándome, de repente noté que algo colgaba holgadamente de mi brazo. Inmediatamente después, recordé lo que había pasado antes de perder el conocimiento y, al mirar rápidamente hacia arriba, vi la bolsa de suero casi vacía en mi campo de visión.
―… Ja.
Una breve exhalación de incredulidad escapó de mis labios. Ya parecía estar curado del resfriado, ya que no sentía dolor de cabeza ni fiebre. No pude evitar sentir irritación y autodesprecio ante la idea de haberle quedado debiendo un favor a ese hombre.
Si Nathaniel Miller no hubiera venido a buscarme en primer lugar, nada de esto habría pasado.
Al pensar hasta ahí, dejé de holgazanear y salí de la cama. Debía tomar un taxi e irme de aquí rápido. Antes de que Nathaniel Miller me descubriera.
Tomé la bolsa de suero y, tras cerrar la abrazadera, bajé de la cama con cuidado, amortiguando mis pasos, pero me detuve de nuevo. No tenía pantalones.
―… Di…
En ese momento, una palabrota llegó a la punta de mi lengua, pero no logré pronunciarla. De repente, toda mi energía me abandonó y me desplomé de nuevo al borde de la cama.
¿Qué diablos estás pensando, maldito sea?
Ya había pasado algo similar antes. Al menos ahora llevaba puesta una camisa y ropa interior, así que ¿podía considerarse una suerte?
Pero la situación de no poder salir era la misma entonces y ahora. No, ni siquiera lograba ver dónde estaba mi ropa, así que esto era peor. Al final, ¿la única solución era enfrentarme a Nathaniel Miller?
Suspiré profundamente y luego me levanté de la cama. De repente, recordé lo que había pasado justo antes de perder el conocimiento. También la enigmática sonrisa del hombre.
{—Estoy diciendo que Anthony Smith quizás no era una víctima tan inocente como crees.}
«Si se celebra el juicio, todo se sabrá. No puedo permitir que eso pase. Debo proteger el honor de Anthony.»
Honor.
El honor de Anthony Smith, fallecido.
… La razón por la que la familia de la víctima no tuvo más remedio que aceptar un acuerdo, a pesar de contar con circunstancias tan favorables.
¿Qué era?
Sentí como si un presentimiento ominoso recorriera mi espina dorsal. Sin tiempo para seguir pensando, bajé de la cama y salí apresuradamente.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA