Capítulo 52
―¿Qué…? Esa reacción… —Al ver sus palabras y expresión tan significativas, no pude evitar fruncir el ceño, pero inmediatamente me di cuenta—. De alguna manera, ese tipo había descubierto mi dirección.
―Ese día solo tuve mala suerte. Eso no suele pasar a menudo.
Aunque deliberadamente hablé con dureza, no pude evitar sentirme avergonzado. Como resultado, mi tono se volvió automáticamente cortante.
―Y, sobre todo, ¿por qué dices que es un alivio? ¿Qué tiene que ver contigo que sea gay?
Ante mi pregunta casi desafiante, él respondió con la misma tranquilidad.
―Porque así no tengo que persuadirte para que acuestes conmigo.
En ese momento, no tuve más remedio que repetir lo mismo.
―Creo que ya te lo dije: yo elijo a mis parejas.
No era una respuesta completamente equivocada. Era solo una de las muchas razones por las que no podía ser.
―No tengo ningún interés en acostarme contigo.
Con ese tono seco, cerré la boca. Nathaniel Miller tampoco dijo nada. Nos miramos el uno al otro en silencio. De repente, recordé cómo, hacía apenas unas horas, había frotado mis labios contra los suyos como un loco. Sentí que mi pulso se aceleraba al instante, pero fingí no darme cuenta y me apresuré a cambiar de tema.
―¿Por qué no te vas ya? Tengo que lavar tus feromonas y dormir. Mañana tengo que ir a trabajar.
Al añadir deliberadamente esa última frase, escondía otro significado: «Vete tú también y prepárate bien». Nathaniel, que me observaba inquieto por un momento, abrió la boca. Con su característico tono lánguido.
―Todavía me queda una propuesta más.
―¿Qué? ¿Qué es?
Empezaba a ponerme nervioso.
«¿Qué tonterías va a decir ahora?», pensé, presionándole. Entonces, el hombre abrió la boca.
―Entra en mi firma legal.
Otra vez cayó un silencio incómodo. Me quedé mirando fijamente a Nathaniel Miller sin decir nada.
―…¿Qué?
Solo después de unos segundos de vacío pude preguntar, con el rostro completamente contraído. A pesar de haberme lanzado bombas una tras otra, Nathaniel, todavía tranquilo, se llevó el cigarrillo a la boca.
―Deja eso de ser fiscal y ven a mi firma. No hay necesidad de vivir así, sufriendo sin obtener ningún beneficio.
Luego, significativamente, miró alrededor del estudio.
«Este mi estudio… incluso si estiraras la diagonal al máximo, ¿llegaría a cinco pasos con las largas zancadas de Nathaniel Miller?», pensé de repente.
Seguro que este hombre me pagaría generosamente.
Era sin duda una gran tentación. Pero al mismo tiempo, se sentía como una trampa.
―Mi padre es un criminal.
Robin: acá no queda claro si es su padre biológico o el adoptivo puesto que la traducción arroja padre, veremos más adelante solo queda esperar.
Al decirlo sin emoción alguna, Nathaniel me miró a los ojos.
―Lo sé.
Al ver su reacción para nada sorprendida, pensé: «Como esperaba». No tenía sentido que me propusiera unirme a la firma Miller sin haber investigado sobre mí. Debe saber mucho sobre mí, lo suficiente como para hacerme una propuesta así. Al menos, en lo que respecta a lo superficial.
«Pero seguro que no sabe sobre eso».
―¿Y? ¿Hay algún problema?
Ante su nueva pregunta, seguí preguntando con brusquedad.
―Pero, ¿por qué me haces esa propuesta a mí?
Incluso llegué a pensar para mis adentros: «¿Está buscando pelea conmigo?». Pero la respuesta que vino después fue completamente inesperada. Nathaniel, exhalando una larga bocanada de humo, respondió sin dudar.
―Porque eres competente.
Sus palabras inesperadas hicieron que no pudiera ocultar mi sorpresa. Jamás pensé que ese hombre diría algo así.
―…¿Qué… has dicho?
Sin poder creerlo, le pregunté, y él soltó una risa burlona antes de replicar.
―¿Quieres oírlo otra vez? Te lo diré las veces que quieras: eres competente. Tanto, que creo que si entras en mi firma, harás que ganemos muchísimo dinero.
No tenía ni idea de en qué basaba esa generosa evaluación. Yo solo era uno más de los muchos fiscales mediocres. Si acaso, lo único diferente era que había tenido sexo con él.
―¿Teniendo tanto dinero, necesitas más?
Al preguntárselo con desagrado, Nathaniel respondió con indiferencia.
―El dinero es algo bueno. Por solo cien dólares, habría gente haciendo cola para lamerme las suelas de los zapatos.
No era una respuesta que me gustara, pero era cierta. Me callé.
―¿Tu respuesta?
Nathaniel, como si mi reacción le gustara, preguntó con una sonrisa burlona en los labios. Mi respuesta ya estaba decidida.
―Lo rechazo.
―¿Por qué?
Como si ya hubiera esperado mi respuesta, preguntó con calma. Yo respondí con indiferencia.
―Alguien tiene que proteger a los débiles de abogados sin escrúpulos como tú.
―Jajajaja.
De repente, soltó una carcajada. Era la primera vez que lo veía reír tan alegremente, y me sorprendió de nuevo. Se reía, con los ojos entrecerrados, como si realmente lo disfrutara de corazón.
―Qué lástima. Debería haberte reclutado antes de que te graduaras.
―También fue tu suerte —dije con indiferencia.
―Y la mía también.
Nathaniel, sin decir nada, aspiró profundamente el humo del cigarrillo que le quedaba. La punta encendida brilló en rojo y luego parpadeó. Finalmente, apagó el cigarrillo en el cenicero de la mesa y dijo:
―Qué pena. Que hayas rechazado todas mis propuestas.
Parecía que ya no tenía intención de persuadirme. De repente, me pregunté si las dos propuestas que acababa de hacerme eran sinceras. ¿No serían solo tonterías para ver mi reacción? En cualquier caso, mi respuesta habría sido la misma…
Sin tiempo para pensarlo más, Nathaniel tomó la chaqueta del traje que colgaba de la silla. Se puso la chaqueta con habilidad y, volviéndose hacia mí, se despidió.
―Entonces, fiscal, nos veremos de nuevo.
Yo, con los brazos cruzados, no dije nada. Los pasos de Nathaniel al cruzar la habitación parecían algo inestables. Quizás la fatiga acumulada desde el día anterior había afectado a su pierna lesionada. Mientras lo observaba en silencio mover lentamente la pierna del lado en que se apoyaba en el bastón, cerró la puerta y desapareció. Y finalmente, solo en el estudio, por fin pude suspirar hondo y me dejé caer en la cama. Tarde, mi pulso empezó a latir descontroladamente.
«Porque eres competente».
Esas palabras no dejaban de dar vueltas en mi cabeza. Ni siquiera lo había imaginado. Ese hombre me diría algo así.
Después de proponerme ser su compañero de sexo, decirme eso…
Era un tipo imposible de entender. ¿Quiere acostarse conmigo o que trabaje para él? ¿Será que quiere las dos cosas? ¿Me está poniendo a prueba?
Eran preguntas para las que no tenía respuesta.
―Nathaniel Miller… —murmuré su nombre, para luego, con el rostro contraído, despeinarme con fuerza—. Ah…
Al levantar la cabeza, de repente sentí la garganta seca y me giré hacia el fregadero. Enjuagué rápidamente el vaso de plástico en el que había bebido champán el día anterior, lo llené de agua y bebí. De repente, algo entró en mi campo de visión. Después de vaciar el vaso, lo dejé y me dirigí al escritorio. La colilla que Nathaniel Miller había apagado seguía allí. Al lado, extendí la mano hacia una lujosa tarjeta de visita que no había visto antes. El papel, rígido y grueso no sabía de qué tipo era, brillaba de manera cegadora según el ángulo. En ella, solo había un número de teléfono móvil y el nombre del dueño de la tarjeta, que podía reconocer sin necesidad de comprobarlo.
Nathaniel L. Miller.
En silencio, me quedé de pie un rato mirando la tarjeta, luego la rompí lentamente por la mitad y la tiré a la basura. Vaya juego inútil.
Tsk, chasqueé la lengua brevemente y entré en el baño a ducharme. Como queriendo eliminar cualquier rastro de ese hombre que pudiera quedar, me froté y lavé más fuerte y durante más tiempo de lo habitual, antes de meterme en la cama.
Y al día siguiente, al abrir los ojos, me di cuenta de que había llegado el momento de pagar las consecuencias de mi libertinaje.

TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA