Skip to content

ACOSB

  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks
ACOSB

Capítulo 8

Tarde me di cuenta de que él había pronunciado mi nombre. Al parpadear apresuradamente y regresar a la realidad, nos encontramos de pie en medio de la carretera. Nathaniel Miller me miraba desde arriba, mostrando claramente su fastidio entre el ceño fruncido.   

—¿Qué diablos está haciendo?

Su voz tranquila llevaba implícita una acusación hacia mí. Me quedé atónito, pero pronto dejé ver mis verdaderos sentimientos y reclamé.

—El que apareció de repente es el que está mal. ¿Qué clase de conducción es esa?

La ceja de uno de sus ojos se contrajo levemente. Fue una reacción muy momentánea, pero me pareció suficiente para adivinar todas sus emociones. Nathaniel Miller giró la cabeza con indiferencia hacia mi chatarra, que se había estrellado de lleno contra su Jaguar. Con solo mover sus pupilas hacia mí desde esa postura, sentí un escalofrío involuntario.

«Maldición, este olor.»

Entre el aire pesado de la gran ciudad, cargado de humo, una fragancia absurdamente dulce seguía percibiéndose de forma tenue. Si continuaba aspirándola, sentía que mi cabeza iba a colapsar. O quizás me iba a estallar de ira.

Contuve mi temperamento con fuerza y lo miré desafiante hacia arriba. Ojalá midiera cuatro pulgadas más. No, unas seis.

Yo no era precisamente bajo, pero este hombre era demasiado alto. Además, fuera lo que fuera que entrenaba, su cuerpo estilizado estaba ceñido por músculos firmes y perfectos, lo que hacía que él se viera aún más grande y yo, en cambio, infinitamente más pequeño. La mayoría de los Alfas son atractivos, pero este hombre lo era especialmente. 

«¿Será porque es un Alfa dominante? ¿Son todos los Alfa dominantes así?»

En otra circunstancia, y si no se tratara de un Alfa, sin duda me habría sentido atraído por él.

Ese pensamiento solo me irritó más y me hirió el orgullo, por lo que mi expresión se volvió instintivamente hostil. Además, desde hace rato no podía concentrarme porque me incomodaba la mano que había estado en contacto con mi padre adoptivo.

Pero a diferencia de mí, el hombre no mostró el más mínimo cambio en su expresión. El único gesto emocional que había dejado ver fue aquel breve movimiento de sus cejas.

—Entonces.

Nathaniel inhaló profundamente el humo de su cigarrillo y lo exhaló lentamente. Recién ahí noté que estaba fumando. Por suerte, su aroma de feromonas se dispersó un poco al mezclarse con el humo.

—¿Qué piensa hacer con esta situación?

Después de todo, la responsabilidad era mía. Lo sabía, aunque el hecho de haberme metido de manera imprudente también era reprochable. Hubiera sido ideal sonreír tranquilamente y decir con frescura que yo me encargaría de todo lo que viniera después, pero lamentablemente no era capaz de hacerlo.

Delante de mí había un Jaguar. Yo tenía que sobrevivir, tanto económica como biológicamente. Para tomar la delantera, solté mis palabras con un tono aún más firme.

—El accidente también es en parte su responsabilidad, ¿no? No querrá cargarme a mí con toda la culpa, ¿verdad? Supongo que tendrá al menos ese grado de sentido común.

Nathaniel seguía sin mostrar expresión alguna. Sin embargo, sentí como si hubiera fruncido el ceño. En cualquier caso, era evidente que no estaba de buen humor.

De pronto levantó la mano. Me sobresalté sin querer, pero lo único que hizo Nathaniel fue pasar su mano con el cigarrillo por su cabello. Me sentí ridículo por haber reaccionado de más.

HAA.

Soltó un suspiro corto, como si todo le resultara molesto. En ese momento, percibí un hastío abrumador emanando de todo su cuerpo. Pensé que, si este hombre llegaba a morir algún día, sin duda sería a causa de eso.

Sus ojos entrecerrados se oscurecieron. Al toparme con aquellas pupilas de amatista profunda, de pronto me vino a la mente una frase antigua:

«Cuando miro al abismo…»

—¿Dices que fue mi culpa?

Con una voz todavía calmada, él habló. Pero, precisamente porque no había ni un atisbo de cambio en su tono, me recorrió un escalofrío.

Estaba a punto de abrir la boca para decir “responsabilidad compartida” cuando, de repente, su mano apareció delante de mis ojos.

—…¿Qué?

Por un instante me quedé paralizado al ver esa palma enorme extendida. De pronto, me agarró de la nuca y me jaló hacia delante. ¡CLANG! Con un sonido seco mi cuerpo se estampó contra el cofre del auto. El dolor vino después. Un quejido se me escapó sin querer ante la punzada sorda.

Pero no terminó ahí. El hombre estaba de pie justo detrás de mí, presionándome el cuello. Con su mano apretando con fuerza mi nuca, llevó lentamente el cigarrillo a los labios. Nathaniel, que exhaló el humo en una larga bocanada, abrió la boca.

—Dilo otra vez.

Con una voz todavía serena habló. Solo por el tono no se podía percibir nada extraño, era pura calma.

Pero la presión de su mano en mi nuca era completamente real. Me debatí para apartarla, pero Nathaniel, como burlándose de mí, presionó con precisión mi arteria carótida.

Al instante me quedé sin aire y mi rostro se puso rojo. Mi corazón latía como loco, pero el oxígeno no llegaba. Mientras abría y cerraba la boca inútilmente, al borde de la vida y la muerte por la falta de aire, él, increíblemente, no hacía más que fumar tranquilamente.

«Dios mío.»

Más allá de la conciencia que se iba desvaneciendo, lo sentí. Su erección.

Mientras me estrangulaba, él se excitaba. Aunque mi vista comenzaba a parpadear en negro, de forma extraña el miembro duro del hombre que se sentía alrededor de mis caderas se percibía con una nitidez irreal.

«Este… maldito… bastardo…»

Cuando las manos que golpeaban inútilmente el capó perdieron fuerza y se desplomaron, entre el ruido frenético de mi corazón alcancé a oír débilmente su voz.

—Entonces.

Llevando lentamente el cigarrillo a sus labios, Nathaniel habló. Con esa maldita voz lánguida.

—¿De quién es la culpa, fiscal Chrissy Jin?

No quería admitir ni que me estaba estrangulando ni que, mientras lo hacía, sentía placer. Era un terror inimaginable. Pero era un hecho innegable y yo no quería morir. Si no agachaba la cabeza aquí mismo, este hombre sin duda me mataría.

Robin:

Abría y cerraba la boca inútilmente. El interior reseco de mi boca se sentía como si se estuviera agrietando.

Si solo dijera “lo siento”, todo terminaría. Que fui un idiota por desafiar a un Alfa dominante tan brillante como usted, que usted no tiene ninguna culpa y que todo es mío.

Nathaniel Miller nunca comete errores.

Una furia débil surgió junto con la impotencia. Quería vivir, pero tampoco quería quebrarme. Ni suplicar ni atreverme a rebelarme, solo pude mirarlo con los ojos inyectados de sangre. Nathaniel me observaba desde muy arriba. Como si pudiera aplastarme sin esfuerzo. Como un niño que mata una hormiga por diversión trivial.

HOO.

El hombre exhaló el humo del cigarrillo. Entre sus largos dedos, el cigarro, ya consumido más de la mitad, pendía peligrosamente. La comisura de los labios de Nathaniel se torció apenas. De manera extraña, el resplandor rojo del cigarro llenó mi campo de visión. Sin darme cuenta, me quedé absorto contemplando ese goce escarlata que venía hacia mí. 

«Ah, ¿será eso un fuego danzante?»



TRADUCCION: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
RAWS: KLYNN TU PATRONA


¿TE HAS CANSADO?

© 2026 ACOSB

No puedes copiar el contenido de esta página.

    Previous Post

  • CAPÍTULO 7

    Next Post

  • CAPÍTULO 9
Scroll to top
  • INICIO
  • ROFAN
  • BL & GL
  • FANTASÍA
  • +15 & +19
  • VIP
  • MANHWAS
  • My Bookmarks