Capítulo 48
La satisfacción que llenaba su pecho no desaparecía por ello.
«Esto no es nada.»
Si iba a entregarlo todo, incluso el título, no le dolería en lo más mínimo. Al fin y al cabo, hacía tiempo que aquellas cosas habían perdido su significado para Lionel.
Solo que no lo hacía por derrochar; lo hacía para mantenerla a salvo. Si se pasaba de listo, Serenia corría peligro, y eso él no lo permitiría.
Mientras daba golpecitos con la mano en la última línea del contrato ya revisado, un recuerdo de la tarde volvió a su mente.
«…¿Qué fue eso?»
Desde el primer instante en que ella puso un pie en la mansión, su sola presencia había provocado pequeñas diferencias: como si, por tener el don de una santa, hubiera hecho que ciertos fragmentos rotos del mundo dejaran de resonar.
Pero aquel episodio tenía un peso mayor.
Ocurrió cuando Serenia, al notar la herida en su hombro, le aplicó su poder divino para curarlo.
Lionel vio una escena.
A Baikal sujetándolo y sollozando. Una imagen que, si se comparaba con lo que conocía de su relación con Baikal, resultaba imposible.
«¿Será algo del futuro? ¿O…?»
Sintió que necesitaba confirmarlo.
Al día siguiente, tras alejar con firmeza a Danteer —que se había mostrado demasiado curioso por Serenia— Lionel se infligió una herida él mismo.
Había aprendido a usar su cuerpo como herramienta; no vaciló.
Serenia volvió a curarlo, y otra visión le vino a la mente.
En ella, una Serenia más joven corría hacia él sonriendo con alegría: “¡Lionel!”, lo llamaba con familiaridad y lo abrazaba.
Él, como un chico adolescente que acaba de enamorarse, le devolvía la sonrisa con ternura.
{—Serenia.}
Al susurrar su nombre, su pecho latía con una dicha nueva.
«¿Qué demonios es esto?»
No sabía si aquel episodio pertenecía a una vida futura si fracasa esta, o a recuerdos que él mismo había olvidado. Si era lo segundo, ¿qué relación habían tenido él y Serenia? ¿Por qué ahora vivían como si nada? Su cabeza era un caos.
«Confirmémoslo una vez más. Entonces lo sabré.»
Con esa resolución, unos días después sucedió lo inevitable.
Mientras él asistía a una junta en la corte, Serenia quedó expuesta e indefensa ante la gente. Al verla huir aterrada de Ardin Silias, Lionel se llenó de una rabia y un deseo de matar tan violentos que lo asustaron incluso a él mismo.
No solo a Ardin; sintió el impulso de eliminar a Vivian, a cualquiera que hubiese sacado a Serenia y a todo el público de la galería que la había visto.
Era una emoción anormal; si la dejara estallar, su vida habría terminado esa misma vez.
Lo que le devolvió la razón fue la visión de Serenia encogida, temerosa ante su furia.
«No lo hagas, Serenia. Aunque todo el mundo me tema, tú no tienes por qué hacerlo.»
Como si un cubo de agua fría lo despertara, reprimió su violencia y se recompuso. Cubrió con su capa a la muchacha, que temblaba al borde del desmayo, y la sostuvo en sus brazos hasta que, poco a poco, se calmó y terminó apoyándose por completo en él.
Ella se acurrucó en su abrazo como para esconderse del mundo, y él le susurró una y otra vez que todo estaría bien, que no debía preocuparse.
A raíz de aquello, Serenia aceptó la oferta de Lionel.
Quedó claro que necesitaba protección, y él no iba a fallarle.
Al final, todo salió bien, pero el proceso no le dejó un buen sabor de boca.
Danteer Orthatum y Ardin Silias.
Justo esos dos eran piezas clave contra la familia Imperial, por lo que no podía simplemente quitarlos de en medio. Ese era el problema.
Y para colmo, Vivian… Incluso después de incontables regresos, seguía siendo una presencia incómoda para él. Más allá de recordarle su acuerdo de no entrometerse ni interferir, lo único que podía hacer era advertirla.
En conclusión, completar aquel contrato matrimonial era el mejor camino para proteger a Serenia de cualquier peligro, incluida la familia Imperial. En ese momento no le quedaba otra que concentrarse por completo en ello.
Desde antes de traer a Serenia a la capital ya había preparado lo básico. Por eso fue fácil manejar el asunto de encubrir su nombre y su linaje.
El regreso de Serenia al mundo secular* tampoco resultó difícil una vez que tomó la decisión. Colocó gente en los lugares clave y repartió dinero a manos llenas para asegurarse de que el proceso se llevara a cabo sin errores y con rapidez.
*N/T: “Regreso al mundo secular” significa que Serenia dejó un ámbito religioso y volvió a la vida común de las personas: la sociedad civil, el día a día, los asuntos mundanos.
Lo complicado, como ya sabía, sería persuadir a su familia. Especialmente Baikal, que desde la época de la academia lo miraba con desconfianza.
Lionel había puesto todo su empeño en preparar ese frente, pero, contra todo pronóstico, fue Serenia quien dio el primer paso y convenció a Baikal incluso antes de que él pudiera decir una palabra.
Quizá tomara tiempo asimilarlo, pero ya no era un motivo de preocupación. Cuando Baikal visitara Ruanax, entonces Lionel tendría la oportunidad de mostrarle todo lo que había preparado.
Así resolvió los problemas externos. Lo único que quedaba era lo más difícil: la relación entre Serenia y él.
«…¿Qué hago?»
Ese era, sinceramente, su mayor obstáculo.
Ejercer poder, manipular información, pelear o comprar resultados: todo eso era natural para él. Tras tantas vidas, cada vez era más sencillo.
Había aprendido armas, oficios y hasta un poco de magia para matar el tedio de la repetición, y podía enfrentarse sin temor a los guerreros más fuertes del continente.
Pero acercarse a Serenia era un laberinto cubierto de niebla.
No veía ninguna salida, mientras sus emociones galopaban solas y su cuerpo no le obedecía. Era como si dentro de él varios potros salvajes se desbocaran a la vez.
El primer beso.
Con aquel vestido tan ligero como alas de hada que dejaba entrever su piel, Serenia lo miró con esos ojos dulces que parecían derretirle el cerebro.
Y, para colmo, en medio de su estado ya peligroso, ella se inclinó sin miedo y le dio un beso suave.
Lionel estuvo a punto de sujetarla de la cintura y no dejarla escapar jamás.
Y el segundo beso.
Ahí sí, perdió la razón.
Serenia lo besaba tímidamente, como un roce juguetón de aves picoteando, pero su respuesta fue tumbarla en su cama y devorar sus labios sin freno.
No le quedó espacio para ser considerado con alguien que lo vivía todo por primera vez.
Invadió su boca sin descanso, recorriendo y frotando cada rincón con su lengua, obligándola a tragar la saliva que se mezclaba entre ambos.
Acarició aquellas mejillas que tanto había deseado, jugueteó con el lóbulo de su pequeña oreja. Cuando recorrió con los dedos la línea de su cuello, escuchó un débil gemido que lo hizo arder todavía más.
El calor lo estaba consumiendo.
Acostada allí, sin saber nada, sin defensa, recibiéndolo con inocencia… El deseo de poseerla por completo lo volvió casi loco.
«Aún no… No ahora.»
¿Qué pasaría si se precipitaba y ella, asustada, huía? Pobre chica, ya no tenía a dónde regresar.
Lionel recordó aquello y, a duras penas, logró controlarse. Para entonces, el cuerpo de Serenia ya se había rendido al sueño.
Después de actuar con tanta rudeza, terminó fingiendo ternura y esperó hasta que ella se durmiera.
Con la bata desordenada, descansaba plácidamente en la cama del hombre que la deseaba, sin sospechar nada. Él la miró como un depredador hambriento antes de encerrarse en el baño, donde liberó por sí mismo todo lo que había reprimido.
Apoyado contra la fría pared, con el cuerpo aún alterado, Lionel tuvo un presentimiento.
Si la próxima vez volvía a cruzar la línea… no sería capaz de detenerse.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA