Capítulo 42
«Me preocupa.»
Parece que durante el tiempo que estuvimos separados, el carácter de mi hermano empeoró bastante. ¿Habrá sido porque sufrió demasiado?
—¿Podemos dejar esto así como está?
Era un lugar decorado con bastante esmero, pero el sofá, la cama… todo había quedado hecho un desastre.
—El dueño de la residencia sabrá qué hacer.
Bueno, Danteer también suele causar bastantes molestias en la Mansión Ruanax, así que quizá esto no sea gran cosa.
Lionel y yo no tardamos en salir de la habitación sin más demora, pero Baikal ya había desaparecido.
Al mirar hacia el pasillo vacío, vi una bandeja colocada junto a la puerta en el suelo y le pregunté a Lionel:
—Ahora que lo pienso, ¿cómo lo supiste antes? Hasta había traído comida.
—Los sirvientes no caminan de esa manera. Puede que Baikal sea hábil en técnicas de sigilo e infiltración, pero habiendo nacido y crecido en una familia noble, hay cosas que no puede imitar.
Lo miré desconcertada.
¿Acaso quería decir que Lionel podía percibir la forma de andar o la presencia de alguien al otro lado de la puerta sin siquiera mirar? ¿Y que Baikal realmente tenía talento en sigilo e infiltración?
«Suena a novela, de verdad.»
Aunque bueno, si en este mundo existen milagros capaces de volver a unir un brazo amputado, supongo que también es una novela al fin y al cabo.
—Podrías enseñarme a mí también….
Quizá aquello era lo que padre solía entrenar con mi hermano en el campo de prácticas de Solen. Si yo lo hubiera aprendido, me habría sido útil en muchas cosas.
Si hubiera podido valerme por mí misma, no habría tenido que separarme de mi familia.
—Pero no habrían querido que vivieras de esa manera. Si fueras mi hermana, yo tampoco lo habría permitido.
«Mmm….»
Parece que Lionel lo olvidó por un momento, pero él también tiene una hermana menor: Vivian, tan hermosa que recibe la atención de tres pretendientes a la vez.
Aunque con ella es bastante frío. Supongo que entre medio hermanos las cosas nunca pueden ir del todo bien.
Al fin y al cabo, tienen más que suficientes motivos para odiarse, así que quizá sea natural que se lleven peor que extraños.
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Hasta que salimos de la Mansión Orthatum no volvimos a ver a Danteer. Lo mismo con Vivian. Quizá estaría divirtiéndose demasiado.
No me molesté en preocuparme inútilmente sobre sí a Vivian le pasaba algo.
No es que nunca hubiera tenido episodios como embriagarse con champaña adulterada o terminar en manos de hombres de mala calaña, pero al fin y al cabo esas eran las típicas crisis para avanzar en la trama con los protagonistas masculinos.
Como ya había decidido no prestarle atención, no pensaba hacerlo. Y nadie me reprocharía por ser rencorosa o de carácter mezquino.
—En lugares como este es mejor no comer ni beber nada.
Justo antes de salir del salón de baile, al desviar la mirada hacia las copas de champaña que llevaba un sirviente, Lionel me susurró en voz baja.
—En Rubarck el uso de pociones mágicas que exacerban las emociones y estimulan la excitación aún no es ilegal, así que se utilizan con mucha frecuencia.
Me pregunté si los efectos de esas pociones, que dejaban el cuerpo y la mente vulnerables, podrían curarse con poder divino.
La curiosidad se quedó ahí.
En teoría era más probable que no funcionara. La magia y el poder divino eran como agua y aceite: imposibles de mezclar.
Lanzarse a probar por capricho podía acabar en desastre.
Una vez que salimos del edificio y subimos al carruaje, Lionel me habló.
—La próxima vez asistiremos a una fiesta donde podamos disfrutar de manera más segura.
Seguramente creyó que me sentía decepcionada. Pero no era así.
Solo estaba recordando la escena del baile de máscaras de Orthatum que había leído en la novela, por eso miraba de un lado a otro, desde la terraza hasta los arbustos del jardín.
—No es necesario que lo haga. En realidad nunca me han gustado los lugares con tanta gente.
—¿Ah, sí?
Por alguna razón, un gesto de alivio se dibujó en su rostro.
—Entonces somos iguales. Yo también detesto las aglomeraciones.
—¿De verdad?
Ese tipo de coincidencias resultaban muy importantes entre una pareja, así que me pareció una suerte.
Durante el trayecto de regreso a la mansión, me encontré charlando sin parar, explicando por qué prefería los lugares tranquilos y por qué solía pasar tanto tiempo en la biblioteca anexa.
Lionel me miraba fijamente a los ojos y escuchaba con total seriedad.
Preferí evitar cualquier mención de Baikal. No sabía cómo interpretaría Lionel lo que había hablado con mi hermano. En algún momento tendría que discutir con él esos asuntos antes de que Baikal volviera, pero al menos hoy quería dejarlo de lado.
Dejé la máscara dentro del carruaje y descendí tomada del brazo de Lionel, que me escoltó con elegancia.
Me resultó extraño lo natural que se sentía entrar junto a él en el edificio principal.
Por el camino de regreso, al toparme con Baikal lo había olvidado por completo, pero hoy Lionel y yo nos convertimos oficialmente en prometidos en el papel.
«¿La fecha de compromiso estaba incluida en la lista de aniversarios?»
Estaba segura de que la de boda sí aparecía, pero no lograba recordarlo con claridad.
«Tendré que revisar el contrato otra vez.»
Había sido certificado y entraba en vigor desde hoy, así que debía memorizar mejor los detalles. Lionel parecía ser alguien que daba importancia a esas fechas.
Incluso después de ponerme tacones tras mucho tiempo, pude regresar sana y salva gracias a que Lionel no se apartó de mi lado ni un momento y me ofreció un esmerado acompañamiento.
«¿Dónde más podría encontrarse a un hombre tan atento y considerado como él?»
Lionel podía mostrarse algo frío con los demás, pero en el fondo tenía un carácter admirable.
Seguramente mi hermano lo malinterpretaba por los recuerdos de la academia, pero si llegara a tratarlo con más frecuencia lo entendería. Vería lo bien que se porta con aquellos que entran en su círculo cercano.
Mientras pensaba en cómo lograr que esa confusión se disipara, Lionel y yo llegamos al tercer piso.
Creí que se despediría allí para dirigirse a su propia habitación, pero me acompañó hasta la puerta de la mía.
«¿Qué debería decirle?»
¿Que había sido un día agotador? ¿O tal vez agradecerle por su ayuda?
Levanté la vista de reojo hacia su rostro, y me di cuenta de que ya me estaba mirando desde antes.
En cuanto nuestras miradas se encontraron, abrí la boca con torpeza.
—Hoy….
—¿Quiere que le ayude a desvestirse?
«Ah.»
«Ahh….»
¿No era ese el trabajo de las doncellas?
Aun así, no conseguí decir que no. Con esa mirada profunda clavada en mí y su voz baja susurrándome, sentí que deseaba algo más.
Y yo… no quería rechazarlo.
«Quizá solo lo estoy imaginando….»
De cualquier modo, no quería separarme todavía. El deseo de pasar más tiempo a su lado era mío más que de él.
—¿De verdad? Justo pensaba que sería un poco complicado hacerlo sola.
A pesar de haber nacido y crecido en una casa noble, fingí ignorancia como si no supiera nada.
Aunque, ahora que lo pensaba, ¿habría desvestido antes a alguna mujer?
No era tan sencillo como parecía.
Cuando llegamos al tocador, frente al espejo, Lionel soltó mi mano y se quitó los guantes.
Luego, igual que cuando me había colocado el collar, se acercó por detrás. Sentí tanta tensión que tragué saliva sin querer.
—Serenia, hay algo que quiero preguntarle.
Pude notar el roce de su mano en el extremo del lazo que cruzaba mi espalda. Por suerte, parecía tener buena vista: encontrarlo no era nada fácil.
—¿Qué cosa?
El cosquilleo me hizo encoger un poco los hombros.
—Cuando dijo que me había elegido porque me amaba… eso era una mentira, ¿cierto?
El sonido seco de los lazos desgarrándose retumbó en mis oídos de forma inquietante.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA