Capítulo 43
Tal vez fue un error pensar que todo marchaba sin problemas.
—Eso… —dije después de vacilar un momento—. Lo dije para tranquilizar a mi hermano, pero… ¿acaso le molestó?
—En absoluto, claro que no.
El vestido tenía un escote demasiado pronunciado como para volver a usarlo en otra ocasión, pero al escuchar cómo se desgarraba, igual me dolió el corazón.
Seguro que era carísimo.
—Solo que, en ese instante… deseé que no fuera mentira.
De pronto sentí el vestido aflojarse y deslizarse por mi cuerpo.
—Tus palabras, que me amabas… que ya habíamos cruzado la línea. De repente tuve el deseo de convertirlo todo en verdad.
Cuando intenté sujetar el vestido a toda prisa, sus manos se posaron suavemente sobre las mías.
—Sé que es excesivo, pero no puedo detenerme. Sigo repitiendo esas palabras suyas, aunque sé que eran mentira, no puedo sacarlas de mi cabeza. Es patético, ¿no?
Quería volverme hacia él.
Ver con qué mirada me observaba, con qué expresión me hacía esa confesión.
Sentí el calor que rozaba mi hombro y mi nuca.
Eran los labios de Lionel.
—Por favor… dígame que me vaya.
Me lo susurró con desesperación.
—Si no lo hace, hoy no seré capaz de detenerme solo en un beso.
Quizá Lionel también lo había intuido.
La razón por la que acepté que me ayudara a desvestirme.
Aun así, volvió a preguntarlo una vez más, y no era sin motivo.
Necesitaba asegurarse de si yo realmente quería cruzar esa línea. Porque si comenzaba, no tenía intención de parar a medias.
«¿No será demasiado pronto?»
El pensamiento me cruzó brevemente, pero al mismo tiempo…
«¿Acaso importa?»
Con el corazón latiendo de esa manera, no quería dejar pasar la oportunidad de acercarme más a él. Sabía que si lo apartaba ahora, la próxima vez sería mucho más difícil dar ese paso. Yo no tenía el valor de acercarme primero, por eso quería aferrarme a ese hombre que había dado el paso hacia mí.
—Lionel, nunca he estado cerca de un hombre que no sea mi familia —susurré en voz baja—. Así que no sé bien qué es el amor. Ni siquiera llegué a vivir una ingenua primera experiencia.
Lionel me escuchó en silencio, conteniendo hasta la respiración.
—Aun así… quiero hacerme la desentendida y aferrarme a usted. ¿Será demasiado irresponsable y precipitado?
Me gustaba cuando tomaba mi mano y la enlazaba firmemente con la suya.
Me gustaba besarlo y sentirme en el refugio de su amplio pecho.
Me emocionaba cuando pronunciaba mi nombre, y me alegraba poder llamarlo por el suyo.
Cada paso que daba acercándome más a él nunca me había desagradado. Al contrario, siempre me dejaba con ganas de más, esperando la siguiente vez.
Por eso no quería seguir dudando.
Al soltar mi mano, el vestido se deslizó y cayó al suelo con un golpe suave, formando un círculo a mis pies.
—Haré todo lo posible para que no se arrepienta.
La voz de Lionel temblaba apenas perceptiblemente. ¿Estaría tan nervioso como yo?
Entonces me giré para mirarlo de frente.
A diferencia de mí, que solo llevaba ropa interior, Lionel ni siquiera tenía una arruga en la camisa, y sin embargo, eran sus orejas y nuca las que estaban enrojecidas, no las mías.
Al ver su expresión y su mirada, no pude evitar reír. Estaba claro: él tampoco estaba acostumbrado a esto. Aun así, había reunido el valor.
—A mí también me gustas, Lionel.
Así que yo también reuní todo mi valor y me acerqué a susurrarle.
Sus labios se encontraron con los míos, mientras esbozaban una amplia sonrisa. Con cierta urgencia, los saboreó como si quisiera devorarlos.
Después de varios besos profundos y cambios de ángulo, de repente introdujo su lengua profundamente en mi boca. Sentí cómo la saliva resbalaba por las comisuras de mis labios, ahora bien abiertos para acomodar esa masa carnosa.
Mientras, los últimos jirones de tela que quedaban en mi cuerpo caían uno a uno. La enagua y el sostén volaron por encima del vestido, y las ligas arrancadas rodaron por el suelo.
Finalmente, Lionel me levantó en brazos y se dirigió con paso firme hacia la cama. Sus besos llovieron sobre cada rincón de mi rostro: el contorno de los ojos y los párpados, quizá aún hinchados, entre las cejas, el puente de la nariz… Mientras depositaba pequeños besos, me tendió sobre la cama.
Los zapatos, que colgaban de mis pies, fueron despojados hábilmente por sus dedos. Ahora realmente me quedaba poco encima.
Fue entonces cuando los labios de Lionel abandonaron mi rostro. Lamió y mordió mi cuello sin control, mientras sus manos ágiles deshacían la corbata.
Los botones de su ropa superior saltaron casi tan rápido como los lazos de mi vestido. Con una habilidad sorprendente, se despojó de la chaqueta, el chaleco y la camisa de una vez, y como la vez anterior, hundió el rostro entre mis piernas.
—¡Ah…!
Mi espalda se arqueó involuntariamente.
Mi cuerpo, que había anticipado lo que seguiría después de nuestros besos, finalmente se sumergió en el placer vertiginoso que se le concedía.
Los besos que llovían sobre mi sexo eran increíblemente embriagadores. No podía controlar mi cuerpo, que se retorcía sin cesar. Cada vez que su lengua presionaba y frotaba mi clítoris erecto, un fluido brotaba de mi interior.
Al notar la humedad en la entrada, Lionel la frotó suavemente con el pulgar. Extendió el fluido por toda mi vulva y, tras masajearla, introdujo su dedo índice.
—¡Ah…!
Era una sensación nueva y diferente a cuando usaba su lengua. Mucho más firme y áspera. Llegó a profundidades inalcanzables para su lengua y agitó lentamente mis sensibles paredes internas.
Aunque había una molestia y un leve dolor, la abrumadora estimulación de su lengua rodando y jugando con mi clítoris me impedía sentir rechazo.
Mientras tanto, el placer cálido y creciente provocado por sus dedos rascando mi interior hizo que mi cuerpo se retorciera por sí solo.
MMM, AH…
Mientras me movía y gemía, él introdujo un dedo más. Los movimientos exploratorios dentro de mí se volvieron gradualmente más rápidos e intensos.
Cuando comenzó a presionar y frotar un punto en particular, la estimulación en mi clítoris superó ampliamente el umbral de lo que podía soportar.
—Lionel… Espera, espera un momento…
Tenía la sensación de que cometería un gran error si seguía así. No podía quedarme quieta.
Él alzó la vista para mirarme mientras yo movía las manos sin rumbo, luego colocó mis tobillos sobre sus hombros. Y entonces, entrelazó sus dedos con los míos.
«¡Esto no es lo que quería…!»
En un estado en el que ni siquiera sabía qué pedir, sufriendo bajo un placer violento, en un momento dado, el orgasmo llegó como un tsunami gigante que me arrastró.
¡AH…!
Mi vista se nubló de blanco.
Mientras me estremecía convulsivamente, con cada músculo tenso desde los dedos de los pies hasta la cabeza, sentí el fluido derramarse empapando su palma y fluyendo hacia mi perineo.
Lionel, ahora sentado, observaba mi expresión fijamente, sin pestañear.
Cuando nuestras miradas se encontraron de repente, mientras yo jadeaba por recuperar el aliento, no podía creer lo que veían mis ojos.
Lionel estaba lamiendo largamente su palma, empapada con mis fluidos. Y como si eso no fuera suficiente, lamía meticulosamente entre cada nudillo de sus dedos.
—¿Por qué haces eso…?
La vez anterior había lamido lo que manchó mi barbilla, pero esto era claramente diferente.
—Porque tu aroma quedó profundamente impregnado.
Una satisfacción palpable se extendía por sus párpados, ligeramente sonrojados.
De pronto, mi mirada descendió y captó el desorden en su cintura deshecha y su miembro, empapado en un líquido blanquecino.
Con una de sus manos entrelazada con la mía y la otra ocupada explorando mi interior, era obvio que había llegado al clímax sin siquiera ser tocado directamente.
«¿Es eso siquiera posible…?»
Ante esa imagen increíblemente lasciva, sentí cómo mi parte inferior se tensaba con fuerza.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA