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Capítulo 41

La mirada de Lionel atrapó la mía, y sus palabras hicieron que mi corazón latiera con fuerza.

 

Incluso con mi familia a mi lado… no, era precisamente por eso que aún más.

 

Aunque nada de lo que dijo Baikal era incorrecto, para Lionel no debía de ser algo agradable.

 

¿Acaso me había traído a la capital Imperial sabiendo las circunstancias de mi padre y hermano que ni siquiera yo conocía?

 

Después de llevarme a la Mansión Ruanax, me cuidó sin que me faltara nada. Me ofreció comodidades imposibles de comparar con la vida en el monasterio y se esforzó al máximo por protegerme y resguardarme. A pesar de estar tan ocupado, procuraba compartir al menos una comida al día conmigo, y nunca pasó por alto ni siquiera mis palabras dichas a modo de capricho.

 

Desde nuestro compromiso hasta el matrimonio, y a lo largo de nuestra vida matrimonial después de eso, ¿cuántas promesas no me hizo?

 

Era un contrato evidentemente injusto. Si otros lo vieran, pensarían que yo tenía algún punto débil fatal contra Lionel.

 

Así de excesivamente me apreciaba y cuidaba Lionel, pero Baikal, de golpe, desató su sed de sangre y blandió la espada, llegando incluso a acusarlo de algo que no era su culpa.

 

Más aún cuando Lionel era el jefe de la poderosa familia Ruanax, con influencia en todo el continente, mientras que Baikal no era más que el heredero de un linaje ya arruinado. La diferencia de jerarquía entre ambos era abismal.

 

Claro que, por lo que escuché en su conversación, parecía que se conocían de antes.

 

Baikal era tres años mayor que Lionel, quizá coincidieron un tiempo en la academia.

 

Aun así, no debía hablarle de esa manera tan imprudente. Aunque fuera mi hermano, había cosas en las que no podía ponerme de su lado.

 

En una situación así, no sería raro que Lionel se enfadara de verdad, rompiera el compromiso y se marchara.

 

Pero durante toda la conversación, Lionel no mostró ni una sola señal de disgusto.

 

Al contrario, me miró con una expresión más serena que de costumbre y me sonrió con dulzura, como diciendo que no había nada de qué preocuparse.

 

Gracias a eso, mi corazón, que estaba encogido de inquietud, volvió a calmarse y la tensión se deshizo suavemente.

 

«Lionel… de verdad parece que me quiere.»

 

Si no fuera así, ¿cómo podría actuar de esa manera?

 

Me dolía por mi hermano, que pasó de estar furioso a quedar sumido en un gran impacto, pero la actitud de Lionel me llenaba de alegría.

 

«Yo también quiero a Lionel.»

 

Me lo confesé a mí misma.

 

Lo quería tanto que ya no podía soltar su mano, aunque mi padre y mi hermano lo desearan.

 

Así que…

 

Tenía que convencer a Baikal. Realmente quería hacerlo.

 

Aunque fuera solo para no entristecer al hermano que al fin había vuelto a ver.

 

—Hermano, hace tres años o ahora, nada ha cambiado. Lo más importante todavía no está resuelto. Por eso prefiero quedarme al lado de Lionel. No quiero ser una carga para la familia.

 

—¿Por qué dices eso? Padre y yo nunca te hemos considerado una carga.

 

—Pero es un hecho que soy alguien a quien hay que proteger.

 

Baikal me miró como preguntando por qué decía algo tan obvio.

 

—Protegerte es nuestro deber y también nuestro derecho. Es gracias a ti que decidimos librarnos de esta maldita cadena.

 

—Pero aún no están preparados, ¿cierto? —sentí cómo vacilaba ante mi pregunta—. Viniste a buscarme antes de tiempo porque te asustaste al verme llegar al Gremio de Información con Lionel como guardián, aunque todavía no era el momento.

 

—…

 

Baikal no pudo darme una respuesta inmediata. Seguramente porque no estaba equivocada.

 

—Por eso, hasta que padre y tú estén a salvo, me quedaré aquí, junto a Lionel. Ni siquiera la familia imperial se atreverá a tocar a la Duquesa de Ruanax.

 

—Serenia….

 

Baikal, que me miraba con una expresión complicada, se pasó la mano bruscamente por el rostro y negó con la cabeza.

 

—El matrimonio debe ser con alguien a quien ames. No debes elegir de esta forma, acorralada.

 

—Ese alguien es Lionel.

 

—…¿Qué?

 

—Lo elegí porque lo amo.

 

Baikal me miró fijamente, como si no comprendiera mis palabras, con la mirada perdida en mí durante un largo rato.

 

El problema fue que Lionel también tenía la misma expresión que Baikal.

 

Como si hubiera recibido un impacto enorme al escuchar algo que no esperaba en absoluto.

 

«…Así nos van a descubrir.»

 

—Nosotros… ya hemos cruzado la línea.

 

—¡…!

 

—¡…!

 

«Ah, no…. ¡Les digo que no se sorprendan los dos al mismo tiempo!»

 

Lionel no es alguien sin tacto, pero justo ahora, ¿por qué tenía que reaccionar así?

 

Por suerte, Baikal estaba tan atónito, tan cerca del espanto, que ni siquiera tuvo fuerzas para fijarse en el rostro de Lionel.

 

—Serenia….

 

Con el rostro casi al borde del llanto, Baikal me sujetó de ambos brazos.

 

—¿Por qué… por qué precisamente él…? ¡¿Cómo pudiste elegir al demente que todo el continente reconoce como tal?!

 

—Es un malentendido, hermano. Lionel es más cariñoso y sincero que nadie. No sabes cuánto me ha cuidado.

 

AH.

 

AHH…

 

No era solo que pareciera a punto de llorar, en verdad las lágrimas estaban empañando los ojos de Baikal.

 

—No…. No, Serenia…. Lionel Ruanax no, él realmente no….

 

Al ver esa expresión tan desesperada en mi hermano, no tuve más opción que sacar la peor carta.

 

—Aun así, es mejor que Axion.

 

—…¿Quién?

 

—Axion Barnas Rubarck. El Príncipe Heredero.

 

Quizá porque lo que dije fue demasiado inesperado, Baikal me miró con los ojos abiertos de par en par, como si quisiera traspasarme con la mirada.

 

Hasta que, en un momento, soltó lentamente mis brazos y se irguió.

 

Un extraño silencio se apoderó del ambiente.

 

Baikal desvió la mirada hacia Lionel, y luego fijó los ojos en algún punto vacío.

 

¿Quién sabe cuánto tiempo pasó?

 

Finalmente, cerró los ojos durante un largo instante, y al abrirlos de nuevo suspiró profundamente antes de hablar.

 

—…Creo que necesito un poco de tiempo para pensar. También debería hablarlo con padre. Continuemos esta conversación en otra ocasión.

 

Como entendía muy bien los sentimientos de Baikal, asentí.

 

—Sí, está bien. Perdón por preocuparte, hermano.

 

—¿Qué dices? No tienes nada de qué disculparte.

 

Baikal acarició suavemente mi mejilla.

 

Habían pasado tres años, pero en los ojos de mi hermano seguía rebosando el mismo afecto de siempre al mirarme.

 

—La próxima vez, no hagas algo tan peligroso como hoy. Ven a mi mansión.

 

Lionel, que nos observaba, se dirigió entonces a Baikal.

 

—¿Y por qué debería confiar en ti?

 

—Te lo pregunto al revés. Si no confías en mí, ¿qué piensas hacer? ¿Acaso crees poder con la familia imperial y además con Ruanax como enemigos?

 

—¿Eso fue una amenaza?

 

—Interprétalo como quieras. Cree lo que quieras.

 

Baikal frunció el ceño y apartó la mirada de Lionel, recorriendo con sus ojos la habitación destrozada.

 

—Danteer se va a llevar un buen susto —murmurando entre suspiros, recogió la máscara que había caído al suelo y se la puso—. Iré a verte pronto.

 

—Está bien —dijo Lionel, acercándose a mí—. ¿Regresamos ya?

 

—Creo que mi maquillaje quedó hecho un desastre, ¿qué hago…?

 

—No tienes de qué preocuparte. Sigues viéndote hermosa.

 

En el mismo instante en que Lionel dijo eso, la cabeza de Baikal giró bruscamente hacia nosotros.

 

—…¿Qué demonios?

 

Como estaba cerca, pude notarlo: la piel de Baikal estaba erizada y en su mirada hacia Lionel sentí una extraña familiaridad.

 

Al pensarlo bien, Vivian también lo miraba con esos mismos ojos….

 

«¿Por qué será…?»

 

Confundida, volví a ponerme la máscara mientras miraba a Baikal.

 

En cuanto puse mi mano sobre la de Lionel, él, como siempre, la tomó, la acomodó en su brazo y me dedicó una sonrisa suave.

 

—…

 

Con el rostro endurecido, Baikal nos observó a Lionel y a mí, y luego salió de la habitación a zancadas. Creo que murmuró alguna maldición, pero no lo suficiente como para que me llegara claramente al oído.

 



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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