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Capítulo 40

El corazón se me encogió en seco ante la reacción de Lionel. Como no hubo respuesta tras varios segundos, el sirviente habló desde afuera:

 

—Dejaré el vino y la comida frente a la puerta. Que descanse.

 

Poco después, se escucharon pasos alejándose. Sin embargo, Lionel seguía sin bajar la guardia. Se acercó sin hacer ruido a la puerta y, con un gesto, me indicó que me escondiera detrás de una columna.

 

Solo cuando comprobó que estaba bien oculta, bajó lentamente el picaporte.

 

CLICK.

 

Con un leve sonido, la puerta se entreabrió suavemente.

 

Creí que solo se había abierto una rendija… pero Lionel blandió su espada.

 

¡CLANG!

 

Un estruendo imposible de creer estalló, como si se hubieran estrellado dos masas de acero, y una espesa nube de humo llenó la habitación. Conteniendo la respiración, me acurruqué detrás de la columna. Entonces, algo me rozó el hombro y, asustada, lo aparté con todas mis fuerzas mientras soltaba un grito:

 

—¡Kyaaa!

 

—¡Urgh…! —un gemido sofocado se escuchó, seguido de otro estallido aún más violento que el anterior.

 

A diferencia del inicio, esta vez los golpes continuaron uno tras otro, chocando decenas de veces. Poco a poco, la niebla empezó a disiparse, y finalmente pude ver lo que ocurría en la habitación.

 

Un hombre que blandía su espada con una mirada asesina, y Lionel, que bloqueaba cada uno de sus ataques sin ceder terreno.

 

Era un combate tan vertiginoso que apenas podía seguirlo con la vista. Y en medio de aquel caos, la máscara del atacante se deslizó y cayó, revelando por fin su rostro.

 

—¿He-Hermano…?

 

El atacante no era otro que mi hermano, Baikal. 

 

«Entonces, ¿aquello que me rozó el hombro antes había sido su mano? Le pegué con todas mis fuerzas…»

 

Lionel también pareció reconocerlo, pues su cuerpo se tensó por un instante. Pero Baikal no detuvo su ofensiva.

 

—Detente ya, Baikal.

 

—¡Cierra la boca! ¡Voy a matarte y me llevaré a mi hermana!

 

En la voz de Baikal se notaba una rabia profunda. Realmente parecía decidido a matar a Lionel. Con un aura asesina aterradora, lanzó su espada hacia él.

 

—¡Detente! ¡¿Qué estás haciendo?!

 

Al final, no pude soportarlo más y corrí hacia Baikal. Sorprendidos, ambos se apartaron de inmediato y detuvieron el combate.

 

—¡¿Cómo se te ocurre meterte así en medio?! ¡Pudiste salir lastimada!

 

Ignorando su regaño, me quité la máscara y me lancé a los brazos de Baikal.

 

—¡No te enojes! ¡¿Cómo puedes estar enojado conmigo?!

 

No esperaba que todo fuera normal. Nos habíamos separado sin siquiera poder despedirnos, y pasaron años sin recibir una sola noticia. Fui arrojada sola al mundo sin tener tiempo de comprender que el amor y cuidado incondicional que había recibido como la menor de la familia no eran algo garantizado. Temblando de frío, sobreviví como pude.

 

Mi mente se fue desgastando con el miedo y la inseguridad. Emocionalmente me fui marchitando, siempre retrocediendo, siempre dudando. Y físicamente, día tras día, me agotaban los trabajos duros y las tareas interminables.

 

Aunque le enviaba cartas y dinero a la casilla que papá me había dado, nunca obtuve respuesta. Durante estos tres años, me sentí inmensamente sola, y el anhelo por mi familia no hacía más que crecer.

 

Y entonces… por fin me reencontraba con mi hermano. Mi familia. Era imposible recibirlo con calma. Pero jamás imaginé que rompería en llanto apenas lo tuviera frente a mí.

 

Durante el tiempo que pasamos separados, me convertí en adulta. Creí que ya era capaz de controlar mis emociones.

 

—Serenia…

 

Cuando mi hermano suspiró suavemente y me rodeó con los brazos, rompí en llanto como una niña.

 

—Llegué muy tarde, ¿cierto? Lo siento, hermanita…

 

—Te extrañé… De verdad, te extrañé muchísimo…

 

—Yo también… Yo también te extrañé tanto que sentía que iba a morir.

 

Me sentía dolida, pero también culpable. Triste, pero feliz. Entre todas esas emociones revueltas, la que más predominaba era una: alivio.

 

Mi hermano estaba vivo. Mi familia estaba viva.

 

Y esa simple verdad hizo que las lágrimas se desbordaran sin control, sin importar que supiera que se me hincharían los ojos. Lloré durante mucho, mucho rato.

°.♡┈┈∘*┈୨୧┈*∘┈┈♡.°

Como cuando éramos pequeños, Baikal me acarició la espalda con suavidad hasta que me calmé por completo. Una vez que por fin logré dejar de llorar, me escondí en su abrazo y con apuro me limpié el rostro con un pañuelo.

 

Aunque probablemente ya era tarde, por lo pesada que sentía la piel de los párpados… no quería mostrarle a Lionel mi cara tan descompuesta, llena de lágrimas y mocos.

 

—¿Y por qué lloras así…? A ver, muéstrame la cara.

 

Baikal me sostuvo el rostro entre las manos y me observó con atención.

 

—Mi niña linda se volvió una feita.

 

Sus ojos, de un color violeta más oscuro que los míos, me miraban colmados de ternura. Para mi hermano, seguramente seguía siendo aquella hermanita menor caprichosa y torpe.

 

—Debiste pasarla muy mal, ¿verdad? Lo siento por no haber ido a buscarte antes.

 

Volvió a disculparse conmigo, sin que tuviera ninguna necesidad de hacerlo. En realidad, quien debía disculparse era yo. Porque, sin saber nada, solo supe quejarme y actuar con infantilismo frente a mi familia.

 

—No, ya entiendo por qué fue así.

 

—¿Te lo dijo ese sujeto?

 

La mirada que Baikal dirigió hacia Lionel era escalofriantemente fría. No cabía duda de que lo consideraba un enemigo total.

 

—Hermano, ¿por qué estás así con Lionel…? Él no es una mala persona.

 

—¿Quieres saber por qué? —su voz se volvió más baja, como solía hacer cuando estaba realmente enojado—. Papá y yo sabíamos que estabas en el monasterio del Reino de Cloren. No podíamos aparecer abiertamente por ciertas circunstancias, pero te vigilábamos desde lejos y nos estábamos preparando para ir por ti.

 

No pude evitar sorprenderme con sus palabras.

 

Incluso cuando yo creía que estaba sola, ni mi padre ni mi hermano me habían abandonado.

 

—Claro, Ruanax debe conocer perfectamente la enemistad entre la familia imperial y los Solen. ¡Y aun así Lionel te llevó por la fuerza a la capital! ¡Sabiendo perfectamente lo peligrosa que es esta ciudad para ti!

 

«Hmm…»

 

Desde la perspectiva de mi padre y mi hermano, Lionel sí que parecía un villano que arruinó sus planes y raptó a la menor de la familia.

 

—Vámonos ahora, Serenia. Tenemos que salir de la capital, de Rubarck, cuanto antes.

 

—¿Y a dónde iremos una vez que dejemos el imperio?

 

—Te lo contaré por el camino.

 

Baikal me tomó la mano mientras lanzaba a Lionel una mirada cargada de desconfianza. Su expresión decía claramente que no dudaba ni por un segundo que yo lo seguiría.

 

Pero yo…

 

—Hermano… ¿si huimos así, estaremos a salvo?

 

No pude evitar hacerle esa pregunta a Baikal.

 

—Rubarck domina el continente, no hay país con el que no tenga relaciones diplomáticas. ¿De verdad nuestra familia podrá vivir segura por siempre?

 

—Serenia, eso… no es algo fácil, lo sé. Pero confía en papá y en mí…

 

Si en ese momento decidía seguirlo, yo no sería más que la hermanita menor a la que había que proteger y cuidar. Nada habría cambiado desde mi infancia. Volvería a convertirme en una carga para ellos.

 

—Hermano, voy a casarme con Lionel.

 

—¿Qué?

 

Baikal me miró con una expresión incrédula, como si no pudiera creer lo que acababa de oír.

 

—Ya estamos comprometidos. Cambié de identidad y de nombre para que la familia imperial no sospechara.

 

Sus ojos, sacudidos por el impacto, se giraron hacia Lionel como buscando confirmación.

 

—Es verdad lo que dice Serenia.

 

Lionel, que hasta ese momento había escuchado en silencio todas las palabras duras en su contra sin tratar de justificarse, por fin habló.

 

—Fui yo quien le propuso matrimonio, y tu hermana aceptó. Serenia será la Duquesa de Ruanax.

 

—¿Lionel, te volviste completamente loco?

 

La voz de Baikal, que lo miraba con los ojos desorbitados, estaba llena de confusión.

 

—Sabes bien que siempre estuve loco. Aunque últimamente creo que he mejorado un poco.

 

Lionel ladeó levemente la cabeza y, al mirarme, esbozó una sonrisa suave.

 

—Y todo es gracias a mi valiosa prometida.



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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