Capítulo 38
Lionel hizo un gesto para que las doncellas salieran de la habitación, luego se acercó y dijo:
—Aunque no sea en este baile de máscaras, habrá otras oportunidades para encontrarse con el joven Conde.
Aún no era capaz de mirarme a los ojos. Sin saber dónde posar la vista, se la pasaba mirando el tapiz colgado en la pared o las cortinas, y eso me hizo reír.
—¿Estoy tan mal que crees que no debería ir así?
—Eso… no. El problema es que eres tan hermosa que me resulta incómodo —Lionel soltó un leve suspiro y, con esfuerzo, levantó la mirada para encontrarse con la mía—. Creo que ahora entiendo por qué tu padre se arriesgó tanto para ocultarte.
No era para tanto…
Aun así, que me dijera que estaba bonita después de haberme arreglado tanto me puso muy contenta. Al ver mi sonrisa radiante, Lionel volvió a suspirar y abrió la caja de joyas que estaba sobre el tocador.
—No podemos olvidar los accesorios, ¿verdad?
Me acerqué a él para mirar el contenido de la caja. Había un collar formado por decenas de diamantes y rubíes que se extendía desde el cuello hasta la línea del pecho, junto con un par de aretes que parecían hacer juego.
—Uh… esto… ¿no es un poco demasiado?
—Para nada —respondió mientras sacaba el collar de la caja—. ¿Pensarás mucho en mí cuando lo veas?
Los rubíes, del mismo color que sus ojos, resplandecían con un rojo aún más intenso al mezclarse con los diamantes.
—Aunque no fuera este collar, ya pienso mucho en ti. Si lo hiciera más, estoy segura de que tú también te sentirías incómodo.
Por fin, sonrió.
—Vaya… entonces solo nos quedan momentos incómodos.
Se acercó a mi espalda y, con una caricia tan suave como una pluma, me colocó el collar alrededor del cuello. Sentí cómo se erizaban los vellos de mi nuca cuando la punta de sus dedos, cubiertos por guantes de cuero negro, rozó levemente mi piel.
—Serenia.
Después de colocarme también los pendientes, me rodeó en un abrazo delicado por la cintura.
—¿Puedo besarte?
Me sentía extrañamente nerviosa, así que solo asentí con la cabeza una vez. Entonces, sus labios descendieron con suavidad sobre mi nuca. Su aliento cálido se filtraba entre sus labios mientras se deslizaban lentamente por la línea de mi cuello.
—Me molesta mucho tener que llevarte a un lugar lleno de basura.
—Pero vas a estar a mi lado todo el tiempo, ¿cierto?
—Por supuesto. Pero no hay forma de evitar que te miren.
—Seguramente ni les interese.
Ante mi respuesta, él guardó silencio por un momento. Luego, suspirando, susurró:
—Debí dejarte usar esa túnica negra y holgada de sacerdotisa por el resto de tu vida.
Era el tercer suspiro que soltaba desde que habíamos entrado a esta habitación.
—¿Te estás arrepintiendo? ¿Del hábito sacerdotal prohibido?
Se lo pregunté riendo, y él me mordió suavemente la nuca. No dolía en absoluto, pero aun así exclamé:
—¡Ay!
Ante mi fingido quejido, lamió con cuidado el lugar que había mordido; luego soltó el brazo que me rodeaba la cintura y me dejó libre.
—Vamos. Solo viviéndolo en carne propia entenderás cómo me siento.
Sacó de la habitación un chal grande y me cubrió por completo la parte superior del cuerpo, luego me ofreció la mano. Me escoltó fuera de la habitación y bajamos las escaleras. Mientras lo hacíamos, dijo:
—Esta máscara tiene un hechizo que hace que el color de tus ojos se vea distinto. El efecto solo funciona mientras la lleves puesta, así que no te la quites.
—Entendido.
Conseguir una máscara mágica en tan poco tiempo… definitivamente, eso es muy Lionel.
—Por cierto, si el joven Conde menciona que deberíamos separarnos… ¿qué harás?
Parpadeé y lo miré hacia arriba.
—En lugar de elogiarte, ¿crees que te diría algo así?
Los ojos de Lionel se agitaron con fuerza al mirarme.
—… Pensándolo bien, ¿por qué no dejamos pasar este día y mejor buscamos otra oportunidad?
—¿Otra oportunidad cuándo?
—Preferiblemente después de que estemos casados.
Me reí ante su broma… pero al mirarlo, su rostro no mostraba ni una pizca de sonrisa.
«Hmm…»
Parece que no estaba bromeando después de todo.
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Vivian tomó una copa de champaña y recorrió el salón de baile con la mirada. A diferencia de otros salones donde los candelabros esparcían una luz deslumbrante, el salón de Orthatum era sombrío. Probablemente no tenían más opción que mantener la iluminación baja si querían ocultar las identidades tras aquellas máscaras, algunas de ellas incluso rozando lo grotesco.
Había aceptado asistir porque Danteer insistió tanto, pero lo cierto era que los bailes de máscaras no eran de su agrado.
«¿Qué sentido tiene hablar con alguien que oculta su identidad?»
Si al menos fueran capaces de tocar senos o manosear traseros mostrando el rostro, así como su nombre y su linaje, entonces lo aceptaría. Pero mientras se escondan tras máscaras, no serán más que cobardes despreciables.
Mientras daba un sorbo al dulce y tentador licor que tintineaba de forma seductora, Vivian observó al hombre con máscara de cuervo que se acercaba a ella.
Como anfitrión del evento, Danteer tenía que ausentarse de vez en cuando, y los hombres que esperaban esos momentos para acercarse a ella eran persistentes. Seguramente sentían curiosidad por “ella”, la mujer que Danteer Orthatum había traído como pareja. Y deseaban ponerle las manos encima también.
Como si pasar una sola noche con ella fuera suficiente para colocarse al nivel de él.
Pero a diferencia de esos hombres que rondaban indecisos antes de aproximarse, el del cuervo se acercaba con pasos firmes, sin una sola muestra de vacilación. Incluso si Danteer estuviera ahora mismo a su lado, daba la impresión de que no se detendría ni dudaría en acercarse.
Cuando ya no quedaba mucha distancia entre ellos, Vivian reconoció la identidad del hombre.
Halid Kalitas.
Sin duda era su prometido. Aquel que, al igual que ella, detestaba este tipo de reuniones decadentes. Si había decidido poner un pie en este lugar, probablemente era por su causa. De no ser así, no tendría sentido que asistiera a un baile de máscaras solo para ignorar por completo todo lo que lo rodeaba.
«Esto es un problema.»
Vivian recorrió el salón de baile con la mirada, con una expresión que parecía una sonrisa forzada, casi una mueca. Solo quería confirmar dónde estaba Danteer. Sin embargo, lamentablemente, no se veía por ningún lado la llamativa máscara de pavo real. Incluso en un lugar tan oscuro como ese, él era el tipo de hombre que captaba todas las miradas dondequiera que estuviera.
Al parecer, Danteer había salido del salón.
«Ni modo.»
Parecía que hoy también tendría que enfrentarse a Halid personalmente.
Bueno, quizás eso era mejor que tener que lidiar con esos cobardes de corazón podrido que merodeaban por el baile de máscaras.
Finalmente, el hombre que logró llegar hasta Vivian la miró con ojos encendidos de furia.
—¿Te parece gracioso lo que dije?
Vivian ladeó la cabeza, como si no entendiera a qué se refería.
—¿Después de mi advertencia, aun así, vienes a este lugar?
—¿Y qué? Solo acepté la invitación de un amigo.
—¿Un amigo? ¿De verdad crees que ese tipo puede ser tu amigo? ¿No sabes que lo único que le interesa es meterse entre las piernas de una mujer?
¿Cómo no iba a saberlo? Vivian tenía ojos y oídos como cualquiera. Pero también tenía sus razones para fingir ignorancia. Así como Danteer escondía sus propias intenciones, Vivian guardaba las suyas.
—Si tanto lo deseas… te mostraré lo que te espera.
Vivian no opuso resistencia cuando Halid la tomó del brazo y la arrastró consigo. Si seguían discutiendo ahí mismo, atraerían miradas innecesarias. Halid la empujó hacia una de las terrazas, corrió las cortinas y cerró la puerta detrás de ellos. En las demás terrazas, ya había varias parejas entrelazadas, entregándose al deseo.
Aunque el sonido del salón de baile amortiguaba cualquier ruido, las figuras que se movían entre caricias eran perfectamente visibles.
—Vivian, mírame —Halid le sujetó bruscamente la barbilla—. Asume la responsabilidad de haberme hecho venir hasta aquí.
Apretando los dientes, se inclinó, como si fuera a besarla.
Pero Vivian no cerró los ojos. Como esperaba, los labios de Halid no se dirigieron a su boca, sino a su cuello. Estaba decidido a dejar marcas vergonzosas, mordiéndola con fuerza.
—Ah…
Justo cuando echaba la cabeza hacia atrás, soltando un gemido por el escozor, Vivian vio detenerse un carruaje frente a la entrada de la Mansión Orthatum. Era el carruaje que Lionel usaba con más frecuencia, después del reservado para el jefe de familia.

TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA