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Capítulo 37

Aunque Lionel y yo estábamos viviendo días completamente distintos a los de “La noche en que las serpientes se enredan”, Vivian y los tres protagonistas masculinos no eran así. Estaban viviendo una vida casi idéntica al desarrollo de la novela, y el baile de máscaras organizado en la casa del Marqués Orthatum también era parte de eso. Y por alguna razón, Baikal Solen, mi hermano, parecía querer encontrarse conmigo allí.

 

Me limité a morderme los labios mientras miraba a lo lejos la Mansión Orthatum. No podía decidir fácilmente qué hacer.

 

«La probabilidad de que el Príncipe Heredero asista al baile de máscaras es casi nula. Así que no debería haber ningún peligro.»

 

Si hubiera un evento al que Axion nunca asistiría, sería precisamente una fiesta organizada por los Orthatum. ¿Cómo vería la familia imperial a un hijo ilegítimo del anterior emperador? Con desprecio, pero también con cautela. Seguro que rechinarían los dientes con rabia por no poder aplastar por completo su posición.

 

Así que, viéndolo bien, mi hermano había elegido el lugar más seguro para nosotros. Además, la fiesta de hoy era un baile de máscaras, perfecto para ocultar la identidad y encontrarnos en secreto.

 

Sin embargo, había un problema.

 

«Hermano… yo no puedo entrar ahí…»

 

La invitación seguramente la tendría Lionel.

 

Pero yo no tenía un vestido acorde con la elegancia de un baile celebrado por una Casa Marquesal. Incluso si mandaba llamar de inmediato a un modista para hacerlo a medida, tardaría al menos una semana. Por esa razón, no tuve más opción que darle la espalda a mi familia, con quienes me había reencontrado después de tres años.

 

Por órdenes de Lionel, el carruaje volvía a dirigirse a la Mansión Ruanax.

 

—Tonto Baikal…. —murmuré con tristeza, y Lionel, al escucharme, se inclinó para mirarme a los ojos.

 

—Baikal Solen seguramente sabía que su hermana no podría asistir al baile de máscaras de Orthatum.

 

—Entonces al menos debería haberme enviado un hada madrina y unos zapatos de cristal —respondí con brusquedad, y Lionel acercó su frente a la mía con suavidad.

 

—Pero en su lugar, me tiene a mí.

 

«…No puedo creer que incluso en medio de todo esto, sus palabras y gestos amables me hagan latir el corazón.»

 

—No parece que lo esté pensando así.

 

—No es así —sonreí mientras rodeaba su cuello con los brazos—. Lionel es cien veces mejor que el hada madrina.

 

Y por supuesto, mil veces mejor que el Príncipe de Cenicienta.

 

Klynn: En eso, Serenia tiene toda la razón, y para prueba está la novela “Un ratón de campo se robó a Cenicienta”, donde el príncipe, después de diez años, engaña a Cenicienta, la olvida en el Palacio Real y hasta tiene una concubina. Así que vayan a leerla, que también la estoy traduciendo. Está en la web. ¡Corran, corran!

 

A pesar de haber sido él quien apoyó su frente contra la mía, Lionel se tensó ligeramente cuando lo abracé. No pude evitar reír ante su reacción tan honesta.

 

—Parece que el verdadero problema no era el hábito sacerdotal.

 

—… Ya le dije que no lo era.

 

La ansiedad y la sensación de impotencia que había sentido al darle la espalda a mi hermano justo frente a él se desvanecieron como si hubieran sido una mentira. No es que no sintiera nada, pero tampoco pensaba que perder esta oportunidad significaría el final de todo.

 

Después de todo, tenía a Lionel. Mientras él estuviera a mi lado, podía estar segura que reencontrarme con mi familia no era algo imposible. Así que estaba bien. Resultaba realmente curioso: confiar, apoyarse y… llegar a que me gustara tanto alguien a quien apenas conocía.

 

Como si nunca hubiera estado triste, le di un beso en la mejilla, apenas un roce de labios, y luego sonreí ampliamente. Él me miró con una expresión profunda y cálida.

 

—Serenia, tal vez… he estado esperándola todo este tiempo.

 

Lo susurró con dulzura, acariciando mi mejilla con ternura. Fue una frase cargada de significado, oculta tras un secreto.

 

Pero quién sabe. Tal vez era yo quien debía haber esperado a Lionel. Porque si no fuera por él, sentía que no habría escapatoria de este trágico destino que se extendía incluso hasta mi familia.

 

Después de llegar a la Mansión Ruanax, Lionel me llevó al tercer piso del edificio principal. Allí me condujo a un lugar en el que jamás había puesto un pie: el espacio de la señora de la Casa Ruanax, dispuesto de forma simétrica a la habitación del cabeza de familia.

 

No tuve tiempo de detenerme a observar el lugar, que sin duda había sido remodelado para este día, ya que me llevó directamente a la habitación interior, al vestidor.

 

—Por ahora, escoge entre estos.

 

—¡…!

 

Abrí la boca sorprendida. Todo por los vestidos que llenaban el lugar, cuando yo esperaba que estuviera completamente vacío.

 

—¿Qué es todo esto…? ¿Cuándo…?

 

—Lo preparé al mismo tiempo que redacté el borrador del contrato. Después de todo, los vestidos requieren bastante tiempo para confeccionarse. Pensé que necesitarías algo que ponerte hasta que pudieras hacerte uno a tu gusto.

 

«¿Y cómo sabía mis medidas? No, más bien… con tantos vestidos, ¿de verdad era necesario llamar a un modista para hacer más?»

 

Lionel revisó los vestidos mientras yo me quedaba allí, paralizada.

 

—En un baile de máscaras, si usas un vestido demasiado recatado, en realidad llamarás más la atención. Me temo que tendrás que mostrar un poco los hombros.

 

Eso por supuesto que lo sabía.

 

Especialmente en un baile de máscaras organizado por Danteer Orthatum, donde las intenciones eran claras, una joven ingenua que eligiera un vestido discreto se convertiría fácilmente en blanco de burlas y acabaría llorando.

 

Recuperé la compostura y me acerqué a Lionel.

 

—Necesito doncellas que me ayuden a arreglarme. Y también una máscara. Escogeré un vestido que tenga el grado justo de exposición.

 

Aunque ahora estuviera vestida de forma sencilla, no dejaba de ser la hija menor de los Solen. No tenía mal ojo para estas cosas.

 

—Entendido. Entonces, yo también iré a prepararme.

 

Tras salir de la habitación para cumplir mi petición, Lionel me dejó sola. Elegí un vestido de un tono vino intenso, de diseño atrevido que dejaba al descubierto los hombros y la parte superior del pecho.

 

Probé varios zapatos exhibidos a un lado del vestidor y, entre ellos, elegí los que mejor combinaban con el vestido y al mismo tiempo fueran cómodos. Hacía tanto que no usaba tacones que, si me dejaba llevar solo por la apariencia, podía terminar en un desastre.

 

Poco después, la jefa de doncellas llegó con dos chicas más.

 

—Escuché que solicitó ayuda para arreglarse. Estas jóvenes son las más habilidosas entre las doncellas de la mansión.

 

—Gracias. Entonces, las dejaré a cargo.

 

—Puede hablarnos con más confianza. Después de todo, pronto se convertirá en la señora de Ruanax.

 

—Cuando llegue el momento, lo haré.

 

Por lo general, los sirvientes no solían simpatizar con las prometidas que se comportaban como si ya fueran la señora de la casa. Como era de esperarse, la jefa de doncellas mostró un leve gesto de alivio.

 

Con ayuda de las doncellas, comencé a arreglarme rápidamente.

 

Primero debía lavar mi cuerpo con agua perfumada, para impregnarme del aroma y suavizar la textura de la piel. Aunque estaba impaciente, hacía tanto que no cuidaba mi apariencia que, de seguir así, era evidente que ni el maquillaje saldría bien.

 

Por suerte, las doncellas que había traído la jefa eran realmente hábiles. Tras pasar por sus manos, mi piel y mi cabello brillaban con un resplandor sedoso. Me maquillaron con un estilo maduro, completamente opuesto al que llevaba como sacerdotisa, y recogieron mi cabello para dejar al descubierto la línea del cuello.

 

Por último, me puse el vestido y revisé si había algún detalle que necesitara arreglo. No sabía cómo lo habían logrado, pero el vestido me quedaba como si lo hubieran hecho a medida. Fue un alivio inmenso.

 

Justo cuando me calzaba los zapatos, se escuchó un golpe en la puerta.

 

—¿Puedo pasar?

 

Parecía que alguien le había informado que ya estaba casi lista.

 

—Sí, ya terminé.

 

Poco después, Lionel entró en la habitación vestido con su traje de gala para asistir al baile.

 

Venía hacia el tocador con dos máscaras en la mano, pero se quedó congelado a medio camino, sin dar ni unos pasos más.

 

—¿Lionel? ¿Qué pasa?

 

Al mirarlo con desconcierto, él incluso desvió la mirada. Ante esa reacción sospechosa, lo observé con atención… y noté que las puntas de sus orejas se teñían de rojo.

 

Gracias a eso… terminé poniéndome yo también roja sin razón.



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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