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Capítulo 31

Por todo eso, mientras Danteer movía las caderas y se dejaba llevar por el placer, no tuve más opción que quedarme escondida en un rincón de la biblioteca.

Y entonces…

—¿Quién anda ahí?

Justo cuando estuve a punto de ser descubierta, apareció Lionel.

Danteer, que fue sorprendido mientras se corría y tenía a la doncella tomada del cuello, fue expulsado del ala secundaria y obligado a pagar la exorbitante suma de cien monedas de oro en concepto de “gastos médicos”.

Ahora, en la biblioteca, solo quedábamos Lionel y yo. En ese espacio que aún conservaba el olor de un acto obsceno, lo miré mientras abrazaba la bolsa pesada con el dinero.

—Si necesita algo más, puede pedírmelo sin reservas. Le daré lo que sea que desee.

Apenas vi sus labios rojos curvados con elegancia, comenzaron a pasar por mi mente todas las cosas que podrían hacerse con ellos.

«Besos… o besos… o tal vez más besos.»

«¡N-no! ¡Esto no es lo que debería estar pensando!»

Sentí el rostro arder de golpe. Todo era culpa de ese maldito libertino.

¿Lamer a una mujer con esa cara tan lasciva, como si se tratara de un dulce?

—N-no, no necesito nada.

«Ah… terminé diciendo que no por puro impulso. ¡Debería haberle pedido un beso para calmarme el susto!»

—¿En serio?

Lionel inclinó la cabeza suavemente.

—Qué lástima. Me habría gustado que me pidiera algo… lo que fuera.

Ahora que lo decía, me arrepentía aún más. ¡Era la oportunidad perfecta para hacer algo que se sintiera bien!

—¿Y usted, Excelencia?

Avergonzada, solté la bolsa de monedas sin cuidado y le agarré la muñeca.

—Usted me salvó cuando estaba acorralada. ¿No desea nada de mí?

—Solo cumplí con mi deber como dueño de esta casa. No es algo por lo que deba recibir compensación.

—Aun así…

Ojalá él también sintiera que le faltó algo.

—Pero yo sí estoy agradecida.

Más allá del deseo, quería que simplemente sintiera el impulso de besarme. Solo eso.

—Entonces…

Lionel me sostuvo la mirada, captando claramente lo que había en mis ojos ansiosos, y movió lentamente los labios.

—Hay… una cosa que sí me gustaría pedirle, sacerdotisa…

Klynn: Tenemos la continuación del primer capítulo… wow. ¿Qué le pedirá Lionel? Espero que le diga que se mude con él a su cuarto jajajaja.

°.♡┈┈∘*┈୨୧┈*∘┈┈♡.°

Para cumplir con lo que Lionel me había pedido, los dos fuimos a mi dormitorio. Sentada al borde de la cama, jugueteaba con los dedos entrelazados sobre mis rodillas mientras observaba cómo se quitaba la ropa.

Se deshizo del saco y del chaleco de una sola vez y los arrojó sobre la mesita auxiliar. Luego desanudó la corbata y la dejó allí también. Los dedos que bajaban por su camisa, desabotonándola, se movían con impaciencia.

Era la tercera vez que veía el cuerpo desnudo de Lionel. Pero no podía compararse con las veces anteriores. Recordaba claramente cómo, el día que nos besamos por primera vez, su pecho firme rozaba mis pechos redondeados y sensibles cada vez que se hundía más profundo en mí. También recordaba lo caliente que se sentía su piel al tocar la mía.

Una vez que terminó de quitarse la camisa por completo, se acercó a mí.

—Siempre termino causándole molestias, sacerdotisa.

—No diga eso… —suspiré suavemente y tomé su brazo para hacerlo sentar a mi lado—. Teniendo a una sacerdotisa sanadora tan capaz, ¿por qué sufrir así?

Lo que él me había pedido no era un beso, ni algo similar. Era sanación divina.

Así es. Lamentablemente, Lionel había vuelto a presentarse con una herida más. Esta vez, en el costado izquierdo.

Klynn: Quede… 🤡

«Esto es sospechoso, muy sospechoso…»

Ya lo había hecho una vez. No podía evitar preguntarme si se había vuelto a herir a propósito.

Aun así, no lo dejé ver en mi rostro.

Yo tenía una forma de saber la verdad sin necesidad de sonsacarle nada. Y si me había confiado el tratamiento, no tenía forma de engañarme. Coloqué la mano con cuidado sobre la larga herida que se extendía desde debajo de sus costillas hasta la cadera.

—Voy a empezar.

Vi cómo su nuez de Adán se movía con fuerza una vez.

[Manifestación divina. Forma: Sanación.]

Ese día, la marca sobre mi ombligo ardía más intensamente que de costumbre. Entreabrí los labios y exhalé aire caliente antes de activar mi don.

[Intensidad de manifestación: Alta. Objetivo: Lionel Ruanax.]

Inyecté en su cuerpo una cantidad de poder divino mucho mayor a la que la herida visible requería.

Mi intención era clara.

Después de sanar la herida, la cantidad de poder divino que quedaba en su cuerpo determinaba cuántos recuerdos podría vislumbrar. Si esta vez también se había provocado la herida él mismo, debía averiguar lo ocurrido antes y después. Necesitaba entender sus motivos.

Si era posible, quería ayudarlo a obtener lo que deseaba… sin tener que seguir hiriéndose.

[Puede acceder a los recuerdos absorbidos por el poder divino.]

«Ojalá me equivoque esta vez.»

El poder divino, tras cerrar la herida sin dejar ni una cicatriz, comenzó a leer los recuerdos almacenados allí.

El lugar en cuestión me resultaba familiar. Era el despacho que los patriarcas de Ruanax habían utilizado por generaciones; el despacho de Lionel. Frente a él, que hojeaba documentos uno por uno, estaba de pie su asistente Keil.

{—La señorita ha salido hace un momento con el señor Ardin, poco después del almuerzo. Y justo ahora el joven señor Orthatum ha llegado para verla. Dice que la esperará hasta su regreso.}

A pesar de las palabras de Keil, Lionel no apartó la mirada de los documentos. Recorrió con la vista las columnas de números escritos densamente y firmó al final antes de cerrar el legajo.

{—Si Danteer sale de la mansión principal, infórmame de inmediato.}

{—Sí, señor.}

{—¿Y la sacerdotisa?}

{—Tomó algo ligero, un sándwich, y se fue a la biblioteca.}

{—Tch. Invitados míos teniendo que soportar molestias por culpa de ineptos inútiles…}

Lionel suspiró con fastidio.

{—Asegúrate de mejorar el servicio durante las comidas. ¿Recibieron el pastel?}

{—Sí. Hemos recibido siete variedades nuevas, incluido el pastel de chocolate. ¿Planea tomar el té con ella?}

{—…Me gustaría. Pero dependerá de cómo se desarrollen las cosas.}

Su voz al responder carecía de fuerza.

{—Quizá solo esté manteniendo distancia porque aún no se ha completado el proceso de secularización. No se preocupe demasiado.}

Tanto así que incluso el asistente trató de consolar a su señor. Luego de reportar algunos asuntos menores más, Keil salió del despacho.

Lionel, ahora solo, procesó algunos documentos adicionales antes de dejar la pluma sobre el escritorio.

{«No era mi intención apresurarme.»}

Se pasó una mano por el rostro. Aquello no era su voz: sus pensamientos fluían directamente en mi mente.

{«Si esta vez tampoco logro llegar al final… Tal vez en la próxima vida debería seguirla y entrar al monasterio.»}

Klynn: ¡¡LO SABÍA!! Se me llamó loca, pero sabía que Lionel seguro era un regresor o algo así.

Un aliento cálido se condensó bajo su palma.

{«Debí haber salido con alguna mujer, al menos una vez, para practicar. ¿Qué demonios hice todo este tiempo para acabar así de torpe?»}

Se lamentaba mientras bajaba la mano y clavaba la vista en su propio abdomen. Sus dedos se detuvieron justo en el sitio donde se había provocado una herida la vez anterior, la misma que yo había curado.

Recordando ese momento, lo acarició lentamente… y de pronto empezó a desabotonarse la ropa. Tal como ahora, dejó su torso al descubierto y deslizó la mano por su costado. Localizó el punto exacto con la palma, y entonces abrió un cajón del escritorio y sacó un puñal.

Primero probó con una leve presión de la punta, pero acto seguido aplicó fuerza y cortó la piel sin dudar. La sangre brotó de inmediato. Lionel la contuvo con la mano y se recostó en el respaldo de la silla.

{—Ojalá esta vez sea la última.}

Fue lo último que murmuró, mirando al techo, antes de que la visión se desvaneciera.

El poder divino restante en su cuerpo había sido completamente absorbido. Retiré la mano lentamente y lo miré. Él me devolvía la mirada con los mismos ojos profundos del color de aquella sangre que había fluido en la visión.

—Su Excelencia…

—Sí, sacerdotisa.

Entendía que había un motivo. Que él también arrastraba secretos tan intensos como los de mi vida pasada.

Pero aun así…

—Deje de provocarse heridas usted mismo, por favor.

Había cosas que debía decirle, aunque fueran difíciles.

—Si lo hace otra vez… no voy a sanarlo.

Klynn: Lionel…



TRADUCCIÓN: KLYNN
CORRECCIÓN: ANNAD
RAW HUNTER: ANNA FA


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