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Capítulo 41

Cuando Kyle tenía los ojos bien abiertos, Ezequiel ni siquiera se atrevía a decir una palabra frente a él, intimidado por su imponente presencia. Pero ahora, con Kyle caído, el descaro de Ezequiel al burlarse sin miedo resultaba patético. Sin darme cuenta, la frustración me hizo apretar los puños con fuerza.

 

«En el pasado… ¿cómo pude ver algo bueno en alguien como él…?»

 

Kazev y Hyle tampoco ocultaban su desdén hacia la arrogante actitud de Ezequiel, y apenas mostraban el mínimo respeto, manteniendo rostros fríos. En ese momento, un hombre que parecía ser un sirviente real corrió hacia nosotros, pero con mayor precisión, hacia Ezequiel, que se encontraba observando a Kyle sin darse cuenta de la presencia desconocida tras él.

 

Entonces, un grito agudo de una dama noble rompió el silencio.

 

—¡Kyaaah!

 

Al girar rápidamente hacia el sonido, vi a Ezequiel, que se burlaba de Kyle, con sangre brotando de su boca. La sorpresa me dejó sin palabras, no podía comprender lo que sucedía y solo abrí la boca como una idiota. Una larga espada había atravesado el pecho de Ezequiel.

 

—¡…!

 

Era un crimen contra la realeza, castigado con la ejecución inmediata. Pero el atacante no se detuvo allí, con furia, apuñaló a Ezequiel dos o tres veces más, como si estuviera poseído por el odio. Sin embargo, su asalto fue breve, ya que los guardias reales cercanos rápidamente le cortaron la cabeza. El hombre, que había atacado a Ezequiel con tal vehemencia, cayó muerto.

 

La escena era espantosa. La sangre de Ezequiel y la del atacante se mezclaban en el suelo, y los presentes gritaban o quedaban petrificados, incapaces de reaccionar. Todo a mi alrededor estaba teñido de rojo.

 

—¿Qué… qué es esto de repente…?

 

Hasta hace un momento, Ezequiel se burlaba de nosotros, y ahora estaba muerto, convertido en un cadáver frío en un instante. No podía creerlo. ¿Ezequiel, muerto así, tan fácilmente? Todo parecía irreal, como si estuviera en un sueño. No sé cuánto tiempo me quedé aturdida hasta que el grito agudo de otra persona me hizo reaccionar.

 

—¡Aaah! ¡No, por favor, no!

 

Una voz chillona y temblorosa. Cuando por fin recobré el sentido, vi a la prometida del príncipe heredero, completamente fuera de sí, bajando de su asiento real sin ningún cuidado por las apariencias. Corría desesperada hacia donde estaba Ezequiel.

 

¿Cuánto la habría afectado? Ver al príncipe, su prometido, morir de esa manera tan repentina… Sin embargo, sus ojos no estaban en Ezequiel, sino en el atacante. La mirada de Azella hacia el cadáver de ese hombre estaba llena de una ternura extraña. ¿Era solo mi imaginación?

 

—¡Ah, ah…!

 

Azella cayó de rodillas frente a los cuerpos de ambos y dejó escapar un grito desgarrador, casi como el de una bestia herida. Los nobles parecían asumir que lloraba por la muerte del príncipe, pero había algo inquietante en su expresión. No, no era mi imaginación. Ella no lloraba por la muerte de Ezequiel.

 

Lo que la hacía llorar… Era la muerte del atacante.

 

«¿Por qué…?»

 

El festival de caza se había convertido en un desastre en un abrir y cerrar de ojos. El emperador, la emperatriz y la prometida del príncipe heredero estaban fuera de sí, llorando y gritando. Yo, en cambio, solo observaba la situación, incapaz de reaccionar. En medio de los gritos, noté que Hyle tenía una expresión extrañamente satisfecha, un detalle tan sutil que solo alguien que lo conociera bien podría percibirlo.

 

Al darme cuenta, sentí un escalofrío. La princesa, Azella, lo miraba con odio puro.

 

—¡Argent! —llamó a Hyle con una voz llena de rabia, y él la miró sin emoción—. ¿Qué has hecho?

 

Como si estuviera esperando esa oportunidad, Azella soltó esas palabras, y algunos nobles dirigieron sus miradas hacia Hyle. Sin embargo, él permanecía tranquilo, casi aburrido.

 

«¿Qué quiere decir con qué has hecho…?»

 

Confusa, miré a Hyle, quien solo esbozó una sonrisa burlona y le respondió en voz baja para que solo ella pudiera escucharlo.

 

—Alteza… hay muchas miradas aquí.

 

Luego, en un susurro aún más bajo, le dijo solo a ella:

 

—¿Acaso planeas ir por ahí presumiendo que tu amante fue el asesino del príncipe heredero?

 

—Tú… tú…

 

Incluso yo, que estaba muy cerca de Hyle, apenas pude oír sus palabras, pero fueron suficientes para hacerme perder la compostura.

 

«¿Ese hombre era el amante de Azella…?»

 

Azella lo miró con los ojos enrojecidos, temblando de rabia y conteniendo lágrimas de desesperación.

 

—¿Por qué…? ¿Por qué Jerbel…?

 

Jerbel. Así que ese era el nombre del atacante.

 

No era solo mi imaginación. Azella realmente estaba llorando por él. Pero, mientras Azella se debatía entre la tristeza y la rabia, Hyle solo mostraba una sonrisa maliciosa.

 

—¿Qué le hiciste a Jerbel? ¿Lo amenazaste?

 

—¿Amenazar? Yo no hice nada. —respondió Hyle con calma.

 

—¡Mentiroso!

 

—Solo le comenté lo mucho que sufría Su Alteza debido al compromiso no deseado con el príncipe. —La mirada de Hyle se tornó traviesa mientras hablaba en tono burlón—. Después de todo, no dije nada que no fuera cierto.

 

Su voz era sombría y retorcida. Cada palabra que Hyle pronunciaba parecía hundir a Azella en la desesperación.

 

—Qué lástima. Jamás hubiera esperado que su amante hiciera algo así. —dijo, encogiéndose de hombros con una indiferencia infantil.

 

Azella, que hasta ese momento no dejaba de sollozar, tragó su ira y preguntó con voz temblorosa:

 

—¿Quién…? ¿Quién dejó que Jerbel… entrara al palacio…? —preguntó Azella, apenas conteniendo su angustia. La situación era tal que, observándolos a ambos, Hyle parecía el villano que atormentaba a la trágica protagonista.

 

—Por supuesto que yo lo permití. Le rogué al príncipe heredero que lo dejara entrar, con el único deseo de conocer al hombre que tanto había hecho sufrir a Su Majestad. —respondió Hyle con indiferencia, encogiéndose de hombros—.  Aunque, por supuesto, nunca pensé que actuaría de manera tan inesperada…

 

Hyle chasqueó la lengua, negando con la cabeza.

 

—Es verdaderamente sorprendente, ¿no es así? —dijo, aunque su rostro no mostraba sorpresa en absoluto. Más bien parecía que había anticipado la situación desde el principio, como si hubiese soltado intencionadamente esa información a Jerbel. Con una sonrisa fresca y satisfecha, revelaba que todo había salido según su plan.

 

Azella reprimió un sollozo, luchando por no romper en llanto. No podía tocar el cadáver del hombre que una vez había amado, no con tantas miradas observándola. Solo le quedaba fulminar a Hyle con una mirada cargada de resentimiento.

 

Pronto, los guardias arrastraron el cadáver del intruso lejos del lugar. Después de todo, había asesinado a un miembro de la realeza, su cuerpo ni siquiera merecería ser preservado y, probablemente, acabaría siendo arrojado a las bestias salvajes.

 

Azella, consumida por el dolor, murmuró con voz rota:

 

—Maldito demonio…

 

Hyle inclinó ligeramente la cabeza, esbozando una sonrisa que pretendía ser inofensiva.

 

—No estoy seguro.

 

En medio de aquella escena, colmada de sangre, gritos y llanto, Hyle brillaba con una calma casi intocable, como una isla solitaria en un mar de caos.

 

—¿Su Majestad cree que los sentimientos de ese hombre eran amor? —preguntó Hyle con serenidad.

 

—¿Qué…? —respondió Azella, aturdida.

 

—¿Sabía que solía hablar mal de usted en las tabernas, contando chismes y obscenidades?

 

—No digas esas cosas.

 

—Bueno, solo sería cuestión de que usted investigara un poco para descubrir la verdad. —hablaba con una voz sin inflexión, completamente desprovista de emoción—. Si hubiera pactado una vida entera con un hombre así, quien terminaría herida sería usted misma.

 

Hyle la miró por un momento antes de desviar la mirada y marcharse. Azella, ahora sola, lloró en silencio durante largo rato, aunque aparentando, ante los demás, estar llorando la muerte de Ezequiel.

 

* * *

 

—¡Hyle!

 

Al oír la voz, Hyle se giró y vio a Tia acercarse a paso rápido. Mientras Hyle se movía apresuradamente para terminar el asunto, al darse cuenta de que ella lo llamaba, una brillante sonrisa apareció en su rostro.

 

—¿Me llamabas, hermana? —dijo mientras, de forma natural, rodeaba su cintura.

 

—Necesito hablar contigo —respondió ella con urgencia, llevándolo a un lugar más apartado y fuera de la vista de otros. Hyle se dejó llevar sin oponer resistencia.

 

Ya en un rincón desierto, Tia lo miró fijamente y preguntó:

 

—¿Fuiste tú?

 

—¿Te refieres al ataque contra el príncipe heredero? —respondió él con calma.

 

—Sí, y también… a que la joven Vizcondesa Merid se convirtiera en princesa heredera.

 

Hyle la miró por un momento, como si considerara qué responder. Finalmente, asintió, sin ver ya necesidad de ocultarle nada.

 

—Sí, todo fue planeado por mí.

 

Al escuchar esto, el rostro de Tia se desmoronó, palideciendo.

 

—Pero… ¿por qué…?

 

—…

 

—¿Por qué lo hice?

 

La muerte del príncipe debería ser motivo de alegría para ella, pero en su expresión había una incomodidad evidente, casi una duda.

 

—No entiendo a qué te refieres, hermana —dijo Hyle, desconcertado.

 

—Ese atacante… —Dudó ella, evitando su mirada—. Dicen que era amante de la princesa heredera.

 

Hyle entendió entonces el motivo de su pregunta y soltó un breve suspiro sin emoción.

 

—¿Amantes? Bueno… parecían estar enamorados.

 

«Mi dulce y compasiva hermana, preocupada por el destino de esas personas.»

 

No pudo evitar sonreír ante lo típicamente ingenua que era.

 

—Por mucho que nuestra venganza sea importante… no hay necesidad de actuar de manera tan vil y usar las manos de otros. —Tia bajó la mirada, sin poder ocultar su inquietud.

 

Hyle recordó entonces el trágico final de la hija del Vizconde Merid.

 

—El momento en que ella fue asesinada fue después de que tú y los demás se fueran…

 

Claro, si Tia acababa de recuperar la memoria, era natural que no recordara la muerte de Azella. Ella lo miraba con una expresión que bordeaba el llanto, y Hyle, sin poder evitarlo, esbozó una leve sonrisa.

 

Inocente como era, sabía que si le contaba todos los detalles de lo ocurrido entre Azella y Jerbel, ella suspiraría aliviada.

 

Al ver su expresión de genuina inquietud, Hyle decidió que no era momento de prolongar el asunto, no si corría el riesgo de perder el afecto de Tia. Así que, sin demora, le relató el trágico final de Azella.

 

«Después de todo, el plan solo pudo llevarse a cabo debido a la enfermiza obsesión de ese hombre…»

 

¿Quién, en su sano juicio, intentaría asesinar a un príncipe heredero solo porque su ex amante estaba sufriendo?

 

Hyle chasqueó la lengua al recordar las veces que Jerbel había difamado a Azella para lograr su destitución.

 

{—¿La princesa consorte, una mujer que se revolcó con un plebeyo? ¡Esto no tiene ningún sentido! ¡Es una mujer vulgar! ¡Si me la follaba un par de veces, quedaba temblando!}

 

Aunque Hyle no se consideraba un hombre particularmente bueno, jamás habría pensado en menospreciar de esa forma a alguien a quien amaba.

 

Tal y como había imaginado, Tia escuchó atentamente su relato sobre Azella y Jerbel, su expresión de sorpresa suavizándose a medida que él hablaba. Verla así, tan confiada, como un pajarillo que confía ciegamente en su madre, le provocó una peculiar satisfacción.

 

Cuando terminó de hablar, Tia exhaló un suspiro de alivio y lo abrazó con fuerza.

 

—Qué alivio…

 

—¿Qué quieres decir? 

 

—No eres una mala persona.  

 

Era tan adorable mientras lo abrazaba por la cintura y frotaba su mejilla contra su pecho. Hyle sonrió sin mucho entusiasmo y acarició su espalda. 

 

«No soy una mala persona…»

 

Siendo honesto, Hyle no pensaba dejar de usar a Jerbel, incluso si no hubiera cometido esos horribles actos en el pasado contra Azella, incluso si ahora fuera un buen hombre.  

 

Lo más importante para él era la seguridad de Tia.  

 

Si podía salvarla, si podía evitar repetir lo que sucedió en el pasado, estaba preparado para sacrificar a otros por su felicidad.  

 

Aunque pretendía ser una buena persona, sonriendo y siendo amable con todos, todo eso era para no ser visto como un mal hombre a los ojos de Tia.  

 

Sin embargo, a diferencia de él, Tia tenía bien claro lo que era bueno y lo que era malo. Para ella, quien cometiera un delito o acto maligno, era alguien malo, y no tenía piedad con aquellos que hacían el mal.

La carta que podía usar sin ser odiado por ella, “Jerbel”, era, sin duda, un objetivo irresistible para Hyle.  

 

Apenas había mirado a Hyle con un rostro impregnado de sorpresa, y ahora, tras escuchar algunas palabras de él, exhalaba un suspiro de alivio que la hacía parecer simple y adorable.  

 

—Hermana.  

 

—Sí, Hyle…  

 

—¿Qué harías si yo estuviera mintiendo y tú me creyeras tan fácilmente?  

 

Como él dijo, “En el pasado pasó esto y aquello. Jerbel es un asesino, es la basura que mató a Azella de forma horrible.” Es algo que podría inventar sin ningún problema. Y no quedaba ni una sola prueba que respaldara esas palabras.

 

A pesar de eso, el hecho de que ella lo creyera sin dudar lo hacía sentirse bien, y a la vez, curioso. Por eso, mirándola a los ojos, le preguntó. Al escuchar su pregunta, Tia pareció reflexionar por un momento, moviendo sus labios como si buscara las palabras correctas.  

 

—Hmm…  

 

Hyle, como si le estuviera pidiendo que hablara lentamente, pasó su mano suavemente por el cabello de ella detrás de la oreja.  

 

—Porque somos familia.  

 

Su respuesta fue tan clara y sencilla que Hyle abrió mucho los ojos y volvió a preguntar.  

 

—¿Eso es todo?  

 

—Sí. —Tia sonrió de una manera que iluminaba su rostro, una sonrisa que se mezclaba perfectamente con la luz del sol que caía sobre ellos—. Si no confío en ustedes, ¿en quién confiaré?  

 

Habían pasado tanto tiempo juntos.  

 

Las mejillas de Tia, ligeramente sonrojadas, y la mirada suavemente inclinada, hacían cosquillas en el corazón de Hyle. Mientras la miraba fijamente, sonrió como un tonto y apretó su abrazo alrededor de ella. La pequeña Tia se acomodó en sus brazos. Ella tampoco parecía incomodarse por la firmeza de su abrazo, riendo suavemente.  

 

—Hermana.  

 

—Sí.  

 

—Te amo.  

 

Al susurrar esas dulces palabras, Tia cerró los ojos.  

 

—Yo también… yo también te amo, Hyle.  

 

Hyle grabó en su memoria la sonrisa amorosa de ella, como si no quisiera olvidarla nunca.  

 

Aunque no lo mostraba, su visión ya se había nublado tanto que la imagen de Tia ya no era la misma que antes. El pasado había cambiado tanto que tal vez nunca volvería a ver esa sonrisa.  

 

—Hermana.  

 

—Sí.  

 

—¿Puedes sonreírme una vez más?  

 

Hyle se frotó los ojos, intentando enfocar su visión borrosa. Entonces, como si reconociera su esfuerzo, su vista volvió a aclararse por un momento.  

 

Sus ojos azules, tan parecidos, se encontraron. La mirada de Tia se curvó como una media luna, dibujando una hermosa sonrisa.  

 

Hyle miró el brillante rostro de Tia, que probablemente sería la última vez que la vería, con ternura. Durante mucho tiempo.  

 

* * *  

 

El ambiente en el país se volvió sombrío de repente.  

 

Los nobles debían vestirse todos de negro, y los plebeyos también llevaban ropa en tonos apagados para expresar su luto por la muerte del príncipe.  

 

Se cancelaron todas las festividades, como el Día de Acción de Gracias. Las invitaciones a los almuerzos de las damas nobles y las fiestas se volverían raras por un tiempo.  

 

Con la muerte del príncipe, era natural que Azella, la antigua princesa consorte, fuera depuesta. Dado que no se había celebrado la boda formal, el proceso fue muy rápido.  

 

Ah, y Kyle se estaba recuperando sin inconvenientes, aunque había un problema…  

 

—Oye, bruja. ¿Cuánto tiempo más vas a seguir mirándome? ¿Has venido a observar?  

 

Todavía no había recuperado la memoria. Cuando me protegió de las bestias, me llamaba hermana… ahora, como si nunca hubiera pasado, soplaba un viento helado.  

 

Cuando Kyle se comportó de manera grosera conmigo, Kazev, que estaba a su lado, lo reprendió con firmeza.  

 

—Kyle, te dije claramente que no hables así con Tia.  

 

Ante la advertencia clara, Kyle hizo un sonido de desdén con la lengua. Luego, como si no quisiera cruzar miradas conmigo, desvió la mirada. Esa actitud me molestó sin razón. Sentía que todo el cuidado que me había brindado había perdido su valor.  

 

«Por cierto, no he visto a Hyle últimamente…»

 

Pensé que podría estar muy ocupado, pero eso parecía extraño. Ya había pasado varios días comiendo todo en su habitación, así que no podía evitar preocuparme.  

 

—Hermano.  

 

—Sí, Tia.  

 

—Voy a ver a Hyle.  

 

Al mencionar a Hyle, la expresión de Kazev se oscureció de forma peculiar.  

 

—De hecho, esta mañana fui a buscarlo, pero no me abrió la puerta.  

 

—¿No habrá pasado algo?  

 

—Su voz sonaba como siempre.  

 

—Hmm…  

 

Al ver que mi expresión se oscurecía, mi hermano mayor sonrió amablemente y me acarició la cabeza.  

 

—Pero tal vez, si eres tú, Hyle podría abrirte la puerta.  

 

—Entonces iré a visitarlo.  

 

—Está bien, yo estaré cuidando de Kyle, así que no te preocupes y ve.  

 

Al levantarme de mi lugar, eché un vistazo a Kyle. Parecía cansado, pues había estado cerrando los ojos por un momento.

 

«Viéndolo dormir tan tranquilo, parece un ángel…»

 

Negué con la cabeza, recordando lo que salía de su boca cada vez que la abría: pura calamidad.

 

Salí de la habitación de Kyle y me dirigí directamente hacia Hyle. Como era de esperar, la puerta estaba firmemente cerrada. No importa cuántas veces intentara girar la manija de la enorme puerta de madera, no había señales de que se abriría.  

 

—Hyle. —Golpeé la puerta y llamé su nombre, pero no recibí respuesta.  

 

—Hyle, ¿estás ahí?  

 

Me pregunté si podría no estar en la habitación, así que agarré a una sirvienta que pasaba y le pregunté. Sin embargo, todas las criadas dijeron lo mismo.  

 

Desde ese día, Hyle no había salido de su habitación. Ni una sola vez. Eso significaba que, en este momento, todavía estaba adentro.  

 

—Hyle, ¿por qué es tan difícil verte últimamente? ¿Eh?  

 

—…  

 

—¿Está pasando algo?  

 

Después de la desaparición del príncipe, debería sentirme aliviada, pero había algo inquietante en mi interior.  

 

«¿Qué es esto? ¿Por qué me siento tan incómoda?»  

 

De repente, una sensación de ansiedad sin motivo me invadió. Era una intuición instintiva. Sentía que tenía que ver a Hyle de inmediato.  

 

—Hyle.  

 

—…  

 

—¡Hyle…!  

 

Sin darme cuenta, mi voz llamando a Hyle se volvió cada vez más urgente. Mis golpes en la puerta se intensificaron.  

 

—Hyle, ¡abre la puerta!  

 

Golpeé la puerta de madera con tanta fuerza que creía que me haría daño. La intensidad de los golpes era tal que sentía que mis manos se volverían moradas.  

 

—¿No vas a abrir? Entonces seguiré golpeando hasta que lo hagas.  

 

Impulsada por un rayo de obstinación, ignoré el dolor y aumenté la fuerza de mis golpes.  

 

—¡Hyle!



RAW HUNTER: ROBIN
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: DEAR
REVISIÓN: BILLIE



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