CAPÍTULO 12
Ella ni siquiera sabía que estaba siendo engañada por la actuación de Elena.
—Como dije antes, en diez días habrá un banquete para conmemorar el cumpleaños del Duque Rogert, quien es el contribuyente del país. Hasta entonces, trata de ser perfecta.
Durante el regaño de Liabric, que pretendía estar aconsejando, el carruaje cruzó la capital milenaria del Imperio y llegó a la Mansión del Gran Duque.
Cruzaron el jardín y al mirar por la ventana hacía aparición una mansión de estilo *gótico. Posteriormente la puerta del carruaje se abrió frente a ella.
*Gótico es la denominación historiográfica del estilo artístico que se desarrolló en Europa Occidental durante la Edad Media.
El mayordomo, los sirvientes y doncellas, que permanecieron de pie todo el tiempo con este calor, saludaron al unísono.
Elena tenía una virtud orgullosa y los miró con una mirada dominante. Nadie se atrevió a levantar la cabeza ante la mirada autoritaria que hizo que se les erizara la piel. El aire fue dominado por la presencia implícita.
—¡Verónica!
Pudo escuchar la voz del Gran Duque France, que había salido de la mansión a toda prisa, dándole la bienvenida a Elena con los brazos abiertos.
Se las arregló para reprimir una risa ante el acto pretencioso.
—No fue fácil de manejar, pero estoy feliz de verte tan saludable.
—Todo es gracias a su preocupación.
El Gran Duque France se rió a carcajadas cuando Elena respondió moderadamente.
—Gracias a la ayuda de la Diosa Gaia. Ahora, no te quedes ahí y entremos.
—Sí, padre.
Elena y el Gran Duque, quienes interpretaron una relación amistosa entre padre e hija, se trasladaron al salón. Liabric los siguió en silencio y tomó asiento.
Disfrutando de la silla oriental profundamente elaborada, los tres comenzaron una conversación sobre el tema.
—…Has cambiado mucho. Puedo ver bastante de ella.
El Gran Duque France pareció sorprendido por el estado de ánimo diferente de Elena desde el primer encuentro. No solo porque se parecían físicamente, sino por el honor de un noble nacido que mostraba desde el principio.
—Todavía tengo un largo camino para cumplir sus expectativas.
—Eres como mi propia hija. Esta es tu casa, así que diviértete.
—Lo haré, padre —Elena fue obediente y respondió con un tono suave. France se mostró complacido.
—Esto es suficiente para el saludo. Debes estar cansada por haber recorrido un largo camino, así que descansa.
—Gracias por su consideración.
Cuando Elena se levantó, Liabric no se olvidó de decir:
—¿Recuerdas la estructura interior de la mansión? Ve directo a tu habitación.
—Sí, no te preocupes Liv.
Elena con una sonrisa tranquilizadora, fue cortés y salió del salón. Después de un rato, el Gran Duque France abrió la boca.
—Como era de esperar, no me decepcionaste. ¿No es esa cosa vulgar una imitación noble plausible?
—Simplemente se ve así. No hay base, con una pequeña conversación te darás cuenta.
Ante la preocupación de Liabric, El Gran Duque respondió:
—¿No es eso un gran problema? Pronto será el banquete.
—Voy a bloquear el contacto con los nobles tanto como sea posible con el pretexto de una enfermedad crónica.
—Ya veo. Lo harás bien por tu cuenta —el Gran Duque se sentó lánguidamente, como para decir, que confiaba en Liabric.
—Más bien, Su Gracia, se dice que el movimiento del Palacio Imperial es inusual.
—Deben estar hurgando como perros. Cuéntame más.
Hubo una conversación en profundidad sobre la acumulada agenda hasta el momento. La mayoría de ellos estaban directamente relacionados con los movimientos del Gran Duque.
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Mientras tanto, Elena salió del salón y las sirvientas se formaron en línea e inclinaron la cabeza.
Inclinó la cabeza y lo comprobó, conocía bien a las cuatro personas frente a ella.
«Jane, Mass, Lunarin y…»
Los ojos de Elena, que estaban recordando, se dirigieron hacia la chica pecosa del otro extremo.
Su mirada se volvió más fría cuando miró a Anne. Anne, quien tenía apariencia de niña fue su doncella que le entregó su corazón en su vida pasada.
Puede que se vea joven, pero era ingeniosa. Siempre se comportó como una chica inocente para satisfacer a Elena.
«No sabía que me ibas a traicionar.»
Más tarde resultó que Anne fue plantada por Liabric. Durante su reinado fue secuestrada por los hombres que habían recibido las órdenes del Gran Duque France. Anne hizo la vista gorda a la mujer que le pedía ayuda. Se dio cuenta que todo el tiempo actuó como otra persona, Anne sólo se quedó a su alrededor, monitoreando cada movimiento y se lo informaba a Liabric.
Mientras estaba frente a Anne, recordó esa sensación.
«Lo esperaré con ansias, sentirás la misma desesperación que pasé.»
Elena la miró en silencio, advirtiéndole que no podía hablar.
Anne abrió la boca con cuidado, ya que su mirada y el silencio eran pesados.
—Soy Ann-
Anne, que se estaba presentando, detuvo sus palabras y cerró los labios porque la mirada de Elena hacia ella era demasiado fría. Anne contuvo la respiración, porque las sirvientas sentían que algo andaba mal.
—No recuerdo haberte dado el permiso para hablar.
—Lo siento, lo siento.
—¿Cómo podrás servirme si no tienes la capacidad de aprender algo básico?
Sin saber cómo afrontar la situación, hubo una clara señal de orgullo.
Elena sabía que no se sentiría mejor si la abofeteaba, considerando la traición que sintió en ese momento.
«Vamos a parar.»
No tenía que hacer nada más para no levantar las sospechas de Liabric, la línea debía de mantenerse. Debía de caminar por la cuerda floja sin cruzar la línea, nunca había que cruzarla. En este punto, asumirían que la princesa que volvió estaba imponiendo disciplina a los demás.
Cuando Elena se dio la vuelta, se sintió el nerviosismo de Anne aliviándose poco a poco. Caminando por el pasillo, las criadas seguían los pasos de Elena. Al llegar al otro lado del pasillo estaba frente la puerta de la habitación de Verónica en ese mismo piso.
—¿Qué estás mirando? Abre la puerta —dijo con un tono frío.
Anne rápidamente abrió la puerta.
Caminando a través de las puertas de mármol abiertas de par en par, Elena miró por encima los muebles, las alfombras, pinturas familiares. En ese momento, una sensación de incomodidad se manifestó en ella.
«¿Quieres que me coloque lo que ha usado Verónica?»
Estaba disgustada y consternada por el pensamiento. En mi vida pasada, no sabía nada y me vestía como les gustaba, pero ya no.
Elena se dio la vuelta y caminó hacia el armario.
Anne, que estaba nerviosa hizo un movimiento tonto y rápidamente abrió la puerta del armario. Los vestidos colgaban pesadamente por dentro.
—Saca todo.
—¿Qué?
—¿Tengo que decirlo dos veces? Sácalo todo —las sirvientas nerviosas se apresuraron con los vestidos y los amontonaron sobre una mesa que estaba en el centro de la habitación—. También esa cortina fea, ese cuadro mal coloreado y esos muebles sáquenlos.
Las sirvientas obedecieron lo que le ordenaron, tragándose las palabras del porqué lo hacía. Ninguna se atrevía a preguntárselo.
—Quema estas cosas de inmediato.
—Oh, pero… Si, lo haré.
Lunarin, la mayor de las sirvientas, estaba a punto de decir algo, pero se lo tragó rápidamente. Había estado trabajando para otra familia noble y hace unos cuatro meses que empezó a trabajar para el Gran Duque. Basado a la experiencia, cuanto más caprichoso es el dueño, más enojado se ponía si le respondían.
—Anne, dile al mayordomo que busque al modista y al mejor carpintero de la capital. Ahora mismo.
—¡Si, si!
Fue cuando Anne tenía prisa para darse la vuelta.
—No he terminado de hablar todavía.
—¡Oh! Lo siento.
Anne fue contemplada por la frialdad de Elena.
—Dígale esto al mayordomo también, todos los vestidos de la tienda, las cortinas bordadas y muebles deben estar listos antes del atardecer.
—Sí, se lo diré.
Anne salió de la habitación y Elena se trasladó al salón de ese mismo piso, como si no tuviera más asuntos que atender. La mansión era tan grande que había más de cien habitaciones, de las cuales, el salón de ese piso conectaba a la terraza y tenía una vista simple del jardín, era el lugar favorito de Elena.
Elena se sentó en la terraza, saboreando el té negro y las galletas que Lunarin había servido.
—De ahora en adelante no le echen mucha leche al té negro y diles que horneen las galletas no muy dulces.
—Sí, señorita —La mirada de Elena se volvió hacia el jardín—. Acerca del lirio, es muy llamativo y hay muchas flores vivas como los tulipanes y margaritas.
—…Escuché que le gustaban los lirios, pero al parecer estaba equivocada.
—Sí, pero los gustos cambian. ¿Acaso tengo que decirte todo?
—Oh no, lo corregiré. Le pasaré lo que acaba de decir al jardinero.
—Por supuesto.
Elena tomó la taza de té y disfrutó del fragante aroma. Esta debe ser la razón por la que no se pueden ignorar la edad y la experiencia. Aunque Lunarin lo dudo antes, no tuvo que decirlo dos veces para que se mueva de acuerdo a sus palabras.
Anne pronto me traicionará, pero es joven e ingeniosa, aprende rápido. A diferencia de Lunarin, ella era buena haciendo lo que hacía feliz a Elena. Cuando entró en el palacio, confió en Anne, no en la sirvienta mayor Lunarin.
«Voy a traer una criada confiable para que sea útil en un futuro cercano.»
Elena tenía una criada en la cabeza, una de las cuales había estado en mente desde el comienzo de su plan de venganza.
«El enemigo de mi enemigo es mi amigo.»
Solo tres años después, el Imperio acabaría puesto de cabezas debido a un incidente. Una doncella se atrevió a intentar realizar el asesinato del Gran Duque France, el plan era tan preciso que Liabric no pudo afrontarlo. Aunque el asesinato no tuvo éxito, valdría la pena tener las agallas para planear e intentarlo.

RAW HUNTER: ANÓNIMO
TRADUCCIÓN: ANÓNIMO.
CORRECCIÓN: ANÓNIMO.
REVISIÓN: LUMA