CAPÍTULO 11
Fue muy aburrido y confuso memorizar las primeras imágenes de la lista de cientos de personas con sus datos personales. Por cierto, cada vez que Liabric abría la boca, era más información que tenía que recordar; a Elena no le importaba mucho esta situación. «Es más difícil encontrar una cara que no conozca.» Para ella, que reinó como la flor de la sociedad y se elevó a la cima como la Emperatriz. Era una rutina diaria encontrarse cara a cara con la familia real o los nobles de la lista, así que para ella no era necesario tener este tipo de clases.
—Pasemos al siguiente —Liabric extendió la mano y colocó el siguiente retrato con los detalles sobre la mesa. Los ojos de Elena, que estaban atentos a la aparición de un noble obvio, temblaron bruscamente ante la siguiente imagen—. Cladios de Xian, el Príncipe Heredero, que sucederá al Imperio en el futuro.
Los ojos de Elena fueron incapaces de apartar la mirada del retrato, los cuales se llenaron de una pena indescriptible. Ese hombre al que una vez amó más que a sí misma. Fue este quien nunca compartió ningún sentimiento cálido con ella. Lo cual la llevó a resentirse consigo misma cuando le dijo que tenía a su hijo. A pesar de tener un descendiente para suceder a la familia Imperial, todavía no podía olvidar la desesperación y la culpa que sintió.
«Mis errores fugaces finalmente llevaron al Imperio de un milenio al infierno.»
Elena después de que dio a luz, con rostro cubierto de lágrimas gritaba con lamento y dolor {—¡Sigue siendo tu sangre!} Claramente sabía que no tenía ningún afecto hacia ella, pero ¿Cómo podía decir cosas tan crueles a una mujer que dio a luz a su propio hijo? Después de ese día, se mantuvo alejada de Xian; ya no ansiaba el afecto del Emperador; no tenía las habilidades para ponerse de pie sin odio y resentimiento.
«¿Por qué fui tan estúpida? Desde el principio no pudimos vivir juntos. No puedo creer que estaba ansiosa, obsesionada y resentida con él. Solo después de regresar me di cuenta de por qué debía apartarlo de mí.»
El Emperador quería fortalecer el poder del Imperio y la Emperatriz tenía mucho poder. Una gran bola poder fue creada y otorgada a la Emperatriz. Estas dos personas que tenían posiciones políticas muy diferentes. La convivencia era casi imposible por los diversos enfrentamientos que tenían. A esta relación tan delicada se suma la ambición del Gran Duque France y Liabric.
Incluso cegados por la ambición, el Gran Duque France y Liabric hicieron algo que nunca debieron hacer. «Me hicieron la Emperatriz, y envenenaron a la que ocupó ese lugar. Fue una brutalidad cometida por el temor de que ella diera a luz a un príncipe.» En ese momento, Elena ni siquiera sabía si era obra del Gran Duque, ni podía entender el corazón del Emperador, solo sintió la mirada de ira de él por la muerte de la Emperatriz.
Luego de que todo retrocedió, solo pudo averiguarlo después de mirar la serie de eventos con más calma. «¿Por qué me odiaba y resentía tanto?» Fue solo después de llegar a la verdad que fue posible romper los sentimientos de esos días, que estaban llenos de amor y odio.
«Su Majestad, no volveré a estar a su lado. Nuestra relación fue una cadena de malas situaciones que sólo dejaron cicatrices y odio entre sí. Creo que es mejor cortarla para no cometer el mismo error.»
—¿Me estás escuchando? —los nervios de Liabric hicieron entrar en razón a Elena.
—¡Oh! Lo siento. Me dejó fascinada el honor de Su Majestad el Príncipe Heredero, ¿Cómo puede ser tan guapo? Debe serlo más en persona
—Lo veremos pronto, así que compruébalo tú misma en ese momento.
—Bueno, ¡¿En serio?! Mi corazón se siente agitado. Ya estoy esperando ese día —Liabric miró a Elena, que era tan tímida como una niña, y le dio más detalles—. Para hacer eso ¿No debes estar familiarizada con Su Majestad el príncipe Heredero? Aprende cada letra de lo que está escrito aquí —Elena asintió distraídamente.
Estuvieron casados durante muchos años, aunque Xian no se interesó por la hija del enemigo, Elena, que anhelaba unilateralmente su afecto, sabía mucho acerca de él.
«¿Será el arrepentimiento de lo que alguna vez compartimos?»
Al ponerse el sol, quedan pocos retratos y detalles personales.
—Este es el último artículo.
Elena, que había estado tomando la clase de mala gana fingió estar entusiasmada. Miró fijamente el rostro del retrato. «Tú…» Aunque sacudió los corazones de las mujeres y tenía una impresión favorable ante los demás, Elena sólo tenía rabia en lo más profundo por esta persona. «Hijo de puta.» Ren Bastache, cuyo insulto le va mejor que su nombre, es el sucesor del famoso artista Bastache Sasaroy, se convierte en pariente de Verónica. Según la genealogía, fue el nieto de un hombre que se convirtió en el abuelo de la verdadera Princesa. A pesar de ser un pariente en líneas generales, la realidad es que sólo eran sirvientes. La familia Bastache con corazón de plata, firmó un Tratado de cien años de antigüedad para cuidar de las malas acciones del Gran Duque a cambio de su independencia del Ducado durante el reinado de su abuelo. Por supuesto, este convenio sigue en vigor y obedecen al Gran Duque. «El problema aquí, es que pensó que esto era fácil desde el principio.»
N/T: Habla de que es una familia sierva del Gran Duque.
Ren era el hombre más peligroso del mundo, mordiendo y matando a su amo cada vez que veía una grieta. «Espera un minuto, luego, desde la primera reunión, él sospechaba de mí como una farsante. ¿Cómo puede ser posible?» De repente, surgieron las dudas. «¿Cómo podía estar seguro de que Elena era una falsa Verónica en menos de diez minutos después de enfrentarse a ella? No importa qué tan joven la hayas visto, no habría sido muchas veces ¿Verdad?»
Elena siguió recordando su primer encuentro con Ren para saber si hubo un detalle que olvidó. «Obviamente al principio no sospechabas que yo era falsa.» Debió de haber algo que ella se perdió al solidificar las dudas poco claras. «Si tan sólo pudiera saber que… ¿Y sí?» Se acarició detrás de la oreja sin que ella lo supiera. La piel suave y esponjosa llegó a sus dedos. Por supuesto que no tenía las cicatrices de la verdadera Señorita. «He oído que Verónica nunca se había atado el pelo. Lo hizo porque tenía miedo de que vieran esa marca en la parte posterior de su oreja. Estoy segura que fue ese detalle.» Las cicatrices eran más que una vergüenza para los nobles, es comprensible que la escondiera. Sus labios se encontraban ligeramente enroscados. Si no fuera por Liabric, se habría reído a gusto, pero es una lástima que no pudiera. «Ya no me dejaré intimidar por ese hijo de puta.» Ren es un ser humano con el que no debería estar relacionada. Entonces, fue difícil darle a Elena la pista de la sospecha de que podría ser una sustituta.
—Ren Bastache. Es el sucesor de la familia que se independizó del Gran Ducado, y es un pariente de relación ancestral de la Princesa.
—Si es un familiar, ¿Entonces es cercano?
—No, la verdadera relación nunca fue buena. No te acerques a él —Liabric también desconfiaba de Ren. Estaba obligada a tratarlo por el Tratado de los Cien Años, pero no quitaba que fuera un hombre muy ambicioso y peligroso; todos los personajes cercanos lo identificaban de esa manera—. Memoriza todo para mañana. Recuerda que al mínimo detalle de error, será irreversible.
—¡Lo intentaré!
Liabric agregó, mirando a Elena sin confianza, pero mostrando pasión
—No tolero los errores. De ahora en adelante, todo es real, así que no hay vuelta atrás.
—Si, es real.
Liabric continuó hablando tranquilamente con Elena, que estaba nerviosa por lo que estaba pasando.
—En dos días, vamos al Gran Ducado.
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Elena, de pie junto a la ventana, miró el carruaje de cuatro ruedas en la entrada de la mansión. En el costado del carruaje tirado por cuatro caballos blancos, un patrón de águila, que simboliza al Gran Ducado, estaba hecho en un hermoso grabado. La arrogancia del águila, que poseía el poder de hacer contener la respiración incluso a la Familia Imperial.
—Si quieres torcerle el cuello al águila, tendrás que ir al nido.
Elena se paró frente al espejo y se ató la ropa. Sus cabellos dorados que se derramaban como cascadas y el vestido con bordados plateados combinaba a la perfección. Sin embargo, fue la atmósfera la que hizo que pareciera una mujer llena de elegancia. En sus benévolos ojos apareció la severidad de su corazón; su elevado mentón y su autoridad irrefutable por sus gestos mezquinos.
TOC, TOC.
La puerta se abrió y Liabric entró antes de que los golpes se fueran.
—El carruaje ha llegado. ¿Nos vamos?
—Si —Elena respondió y salió de la habitación.
Cuando pasó por el pasillo y salió de la mansión, los Caballeros que esperaban fueron modestamente educados. Echó un vistazo con un gesto incómodo de la barbilla, en lugar de devolverla, se subió al carruaje. En poco tiempo, escuchó el relinchar de un caballo rudo y las cuatro ruedas comenzaron a rodar por el suelo.
—Lo sobrellevó bien sin ponerse nerviosa. Son Caballeros, pero son personas inferiores en comparación con una Princesa. No es necesario responder individualmente.
—Eso es un alivio. Estaba preocupada por la incomodidad.
Elena estaba usando una ropa que no le quedaba todavía, pretendiendo ser la Princesa Verónica. Era comprensible que estuviera nerviosa.
Liabric puso a prueba sus nervios para cometer un error.
—No mires, Elena. ¿De acuerdo?
—Sí, Liv.
Cuando Elena respondió reflexivamente, los ojos de Liabric se volvieron feroces. Ella había preparado una trampa, por si acaso.
—Nuevamente debo advertirte. Desde ayer, murió la mujer llamada Elena. ¿Has olvidado quién eres?
—No puede ser. Lo siento, no volveré a cometer el mismo error.
—Recuerda constantemente que eres una princesa.
—Sin embargo —añadió—, he echado a todas las criadas que servían a Verónica, para poder relajarse —estaba decidida a controlar a Elena.

RAW HUNTER: ANÓNIMO
TRADUCCIÓN: ANÓNIMO.
CORRECCIÓN: ANÓNIMO.
REVISIÓN: LUMA