CAPÍTULO 6
—¿Cómo que irnos? ¿Por qué no podré verte?
Al pensar en dejar ir a Elena, quien todavía era joven, el corazón de Chesana se entristeció.
—Mamá…
Para Elena fue igual, mirando a Chesana triste, sintió ansias por pasar otro día con ella.
«No nos deprimamos. Es algo para lo que ya te has preparado ¿cierto?»
Pero Elena se reprimió a sí misma, era difícil obligarse a salir de la mira de Liabric y no tenía posibilidades de ganar, así que fingir era la mejor opción.
«… Iré, así que.»
—No me quiero ir —Elena agregó rápidamente—. No me voy a ir así.
—Solo déjame pasar tres horas con mi familia, no, dos horas estará bien, por favor.
Tocando la mesa con el dedo, Liabric, que había estado midiendo su tiempo, aceptó a regañadientes.
—Te daré dos horas no más, o será un problema.
—Gracias, eso es suficiente.
Tan pronto como pudo encontrar una excusa para irse, salió de la casa. Solo quedaron los tres familiares, hundidos en un extraño silencio. Nadie sabía por dónde empezar, aunque sabían que no tenían tiempo para esto, no tenían idea de qué decir antes de la despedida.
—¿Cuándo mi niña se volvió tan grande?
—Aunque… Siempre has sido como un bebé cuando lloras.
Chesana, apenas hablando, acarició la mejilla de Elena, sus ojos estaban sumamente rojos, como si fueran a derramar lágrimas en cualquier momento. La voz del Barón Frederick, que fingía ser solemne, tembló.
—No te preocupes por nosotros, solo cuídate mucho. ¿Lo entiendes?
—Mamá, papá —Elena apretó los dientes ante la oleada momentánea de emociones.
«No seas débil. Ni fácil de sacudir. El tiempo es oro.»
—No sé si es sólo un capricho.
Como era de esperarse, la pareja lucía confundida y no eran fáciles de persuadir. Elena dejó de ser impaciente y los convenció de que todo estaba bien, tal como lo había practicado.
—¿No es extraño? El Señor se ofreció a patrocinar a un simple noble caído. Es raro, pero no entiendo por qué quiere que sea su concubina tan pronto como te negaste al patrocinio. Lo que es aún más sorprendente es que Liabric apareció ante ti, en la esquina, como si estuviera esperando.
—¿Qué quieres decir…?
Si desperdicia su jugada, perderá su oportunidad para siempre.
—Escúchenme de ahora en adelante —la voz de Elena estaba llena de solemnidad—. Váyanse de aquí antes de que Liabric regrese.
Cuando se les pidió que se fueran a toda prisa, la pareja parpadeó como si no fuera en serio.
—¿Irnos? ¿A dónde? ¿No decidimos confiar en ella?
—Probablemente todo esto fue fabricado.
La pareja no sabía cuánto habían pasado por alto, pero cuando comenzaron a pensarlo, había más de una o dos cosas sospechosas. Sin embargo, eso no era suficiente para aceptar la especulación de Elena como un hecho real, era solo una suposición, y no está claro el por qué se acercó a ella de esa manera.
Elena dijo para confirmar que no era solo una especulación.
—Lo digo por una buena razón.
Se puso de pie y fue a la habitación, cuando volvió a la sala de estar, ella tenía un sobre en la mano. El sobre estaba sellado.
—Sé que tienen muchas dudas, estoy segura de que hay muchas cosas que quieren preguntar, lo escribí todo aquí, por qué tienen que irse, a dónde van a ir y cómo encontrarán la manera de vivir.
—Cuándo es que…
La pareja estaba perpleja, no sabían cómo tomar lo que estaba sucediendo.
Elena había hecho preparaciones por adelantado, como si hubiera predicho lo que sucedería.
—El Gran Duque de France me necesita.
—Tú, tú… ¿Qué pasa con el Gran Duque?
El Barón Frederick se sintió sorprendido cuando Elena mencionó al Gran Duque como la mente maestra detrás de su partida.
—Lo supe desde el momento en que vi el mensaje.
—¡…!
—Esperen un momento, tengo algo para ustedes dos.
Elena pidió paciencia por un momento sin explicar nada.
—Cuando salgan por la puerta de atrás, sigan recto por el sendero hacia el Monte Lowes, habrá un arroyo cincuenta pasos a la derecha del árbol Zelkova que está en medio de la colina, si cruzas la ladera de la montaña a lo largo del arroyo, puedes ver el río Aegis.
—Tú… tú…
—Debe haber un ferry río abajo, tómenlo y crucen la frontera.
La pareja se sorprendió por el hecho de que había preparado un ferry. Al mismo tiempo, estaban seguros, Elena sabía que esto sucedería.
Frederick lamentó haber intentado juzgar a Elena y criticarla según sus propios estándares, además de lo frustrante que debe haber sido para Elena tratar con alguien que solo vio un árbol cuando ella conocía todo el bosque.
—Iremos —la boca del Barón Frederick se abrió con fuerza.
—¡Cariño!
—Pero vendrás con nosotros.
Elena levantó la barbilla y lo miró a los ojos, sabiendo que no podía estar con él, conociendo los pensamientos del Barón Frederick, que estaba preocupado por su hija.
Lo ha preparado antes.
«¿Cómo demonios lo sabía? ¿Era eso posible?» Ahora que lo pensaba, Elena podía ser una niña encantadora, pero no una niña inteligente o sabia.
Sin embargo, desde hace dos meses, Elena cambió repentinamente su actitud, no solo maduró en el habla o el comportamiento, sino que también había profundizado en el pensamiento. Y la aparición inconsciente del sentido y el conocimiento académico fue difícil de entender para la pareja. Deberían haberlo notado entonces, que Elena había cambiado.
«Estoy descalificado como padre y no puedo creer que fuera tan ignorante con mi hija.»
Estaba aturdido.
—No puedo ir. No, no puedo.
—¡Dijiste que no podías creerle! ¿Cómo sabes que no va a lastimarte? Ven con nosotros.
Incluso diciéndole a Chesana que la convenciera de ir con ellos, Elena se mantuvo firme.
—Me necesitan por alguna razón, entonces no me tratarán descuidadamente; pero, mamá y papá son diferentes, estoy segura de que no los dejarán ir, si los mantienen con vida, serán un rehén para controlarme y oprimirme.
«Serán el medio para amenazarme.»
—…
La horrible expresión de Elena hizo que la pareja abriera la boca; control, rehén, opresión, ninguna de estas palabras fue fáciles de aceptar sin una explicación suficiente. Elena continuó hablando.
—Tengo que quedarme, hay algo que tengo que hacer después con ellos.
Venganza, la venganza comenzará cuando el odio que apenas ha disminuido debajo de la superficie, se eleve nuevamente. Cuando llegue ese momento, usará y cavará las tumbas de quienes la mataron miserablemente.
Serán conducidos a la destrucción.
—¿Qué es lo que vas a hacer?
—No se preocupen por mí.
—Elena…
La pareja sintió que sus corazones se iban a desmoronar; fue una sensación terrible, dejar sola a su hija en tal situación y huir lejos. Elena dijo que tenía algo que hacer en el Imperio, pero lamentaban que fuera su culpa y que no pudieran irse juntos.
—No tengo tiempo para retrasarlos, ellos estarán aquí pronto.
—Elena, te haré una pregunta.
Había una profunda tristeza en los ojos del Barón Frederick, mirando a su hija.
—¿Te pusimos en peligro?
—No —Elena respondió como si no tuviera necesidad de pensar.
«Sé lo que estás sintiendo más allá de esa mirada ansiosa, pero esto es inevitable, como la lluvia en verano.»
Elena los abrazó con fuerza, tanto madre como hija fueron envueltas en los brazos abiertos del Barón Frederick. Estaban lo suficientemente cerca para sentir el calor del otro, era reconfortante en este momento.
—Mi Elena, mi única hija en el mundo.
Ella contuvo el aliento, apretó los dientes, preguntándose si podría dejar escapar un sollozo.
«Elena, Elena, Elena»; mantendrá ese nombre en su corazón, no en sus oídos. El nombre que pronto será borrado del mundo, tal vez no pueda escucharlo de nuevo.
Lo mejor sería encontrar un lugar para escapar de la lluvia antes de mojarse. El Barón Frederick bajó la cabeza débilmente.
—… Haré lo que quieras.
Finalmente, la pareja se preparó para irse con el sentimiento de la separación de su propia sangre, todo lo que llevaban era ropa ligera, monedas de oro y un sobre. Con el adiós al frente, la pareja se paró en la puerta de atrás, si abrían esa puerta y ponían su cuerpo sobre el yermo oscuro, sería una verdadera separación.
—Ven acá —dijo Chesana con una voz medio sollozante.
Para no olvidar su identidad, la grabó en su corazón una y otra vez.
—Adiós.
Las breves y tranquilas palabras estaban grabadas con una injusticia inimaginable.
—Ten cuidado y asegúrate de volver a vernos, ¿de acuerdo?
Después de abrir la puerta trasera, mirando a Chesana, Elena sonrió en silencio.
—Chesana, vámonos.
Chesana fue forzada a alejarse de la puerta, atraída por la fuerza del Barón Frederick.
Su mirada no estaba segura de alejarse de Elena.
—Debes estar a salvo, promételo, por favor.
Elena echó un vistazo a la distancia cada vez mayor de la pareja, tenía las manos en la parte inferior de los pliegues de su vestido, todos inclinándose hacia la cintura y diciendo su último saludo respetuoso y reverente.
Esperaba verlos de nuevo, rezó para que el viento llevara su plegaria al cielo.
Elena levantó la cabeza cuando el susurro a través de los arbustos disminuyó, las palabras de despedida tocaron su corazón cuando no pudo encontrar a las dos personas que se enterraron en la oscuridad de la noche.
—No puedo llorar… es sólo el comienzo —dijo Elena, murmurando para sí misma.
Sus ojos mostraban una mirada fría mientras calmaba sus emociones y sentimientos. Elena, la hija de un aristócrata caído, ya no existía en este mundo. Lo único que quedaba era solo una mujer de hierro, que despreciaba a todos los nobles que dominaban la sociedad del Imperio.
Elena cerró la puerta trasera con llave. Se arregló el cabello despeinado, arregló el dobladillo arrugado y las mangas de su ropa e hizo un acto para enderezar su postura.
Todo esto es para reprimir su interior, acabar con lo que había sido influenciado por los sentimientos afectuosos hacia sus padres.
(Angeli: No estoy llorando, es una basurita que me cayó en el ojo (╥ω╥) )

RAW HUNTER: ANÓNIMO
TRADUCCIÓN: ANÓNIMO.
CORRECCIÓN: ANÓNIMO.
REVISIÓN: LUMA