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Capítulo 62. Vuelve otra vez

—¡Este maldito hijo de perra!

El cabello de Eric, que estaba ordenadamente peinado, cayó sin fuerza.

—¡¡Conde!!

Los guardias de Eric corrieron hacia la casa con sus armas. Apuntaron sus armas hacia Demon.

Eric, levantándose la cabeza, hizo un gesto con la mano como pidiendo que se detuvieran. Los guardias bajaron sus armas, pero no dejaron de vigilar a Demon con mirada cautelosa.

Eric, lentamente ajustándose la ropa, habló hacia Demon.

—Hace tiempo que no nos vemos.

A diferencia del saludo tranquilo de Eric, Demon estaba visiblemente alterado. No era para menos. Había escuchado lo que él le había dicho a su hija.

No solo había dejado embarazada a otra mujer, sino que también le pedía que cuidara de su hijo, y ahora incluso mencionaba un aborto. ¡Era algo imperdonable! Ver a su hija, que había criado con tanto mimo, recibir tal trato de Eric era algo que no podía soportar.

—Qué exagerado es tu saludo.

El rostro de Eric, mientras sacudía su ropa empapada, no mostraba ni una pizca de sonrisa.

—¿Saludo? ¡Vete de aquí ahora mismo!

Eric frunció el ceño ante la actitud emocional de Demon hacia él. Por más que intentaba responder con calma, su interlocutor no parecía dispuesto a calmarse.

—…Parece que hoy no vamos a poder continuar con esta conversación.

Suspiró mientras miraba a Demon, quien lo miraba con ojos fulminantes, como si pudiera matarlo en cualquier momento. Luego fijó la mirada en Rose, quien lo observaba con frialdad.

—… ¿Qué te ha hecho cambiar tanto?

Era alguien que siempre decía que no podía vivir sin él. Su obsesión era tan fanática que le resultaba agotadora, pero ahora de repente cambiaba de actitud de esta manera. Eric estaba desconcertado. Rose, que lo rechazaba, le resultaba extraña.

Él pensaba que, si solo le prestaba atención como ella quería, todo volvería a la normalidad. Así confiaba en ello. Sin embargo, ahora su certeza empezaba a tambalear. Parecía que Rose, que lo rechazaba, lo hacía de manera sincera.

Un dolor punzante comenzó a surgir en su pecho, algo que nunca había experimentado antes, el dolor punzante lo incomodaba profundamente.

—Debe ser por el agua fría… No me siento bien.

Eric se tocó ligeramente el pecho izquierdo y frunció el ceño. Luego, se dirigió a Demon de manera tranquila.

—Hoy me iré.

Desde detrás de Eric, los improperios de Demon se oyeron claramente. Eric hizo caso omiso de sus palabras y, antes de salir por la puerta, se giró para mirar a Rose.

—Volveré, entonces podremos hablar.

—¡No quiero volver a ver esa cara repulsiva!

Demon gritó como si no le diera espacio para hablar. Eric ignoró sus palabras hasta el final y salió de la casa.

***

—Miau.

—Mira, qué linda está haciendo mimos.

De vuelta en la capital, Doana no sabía que Eric había ido a ver a Rose. Estaba pasando tiempo con el gatito que había traído del sur, sin darse cuenta de la situación.

El viaje al sur había sido un desastre. La nueva mujer llamada Beliar y su niñera habían interferido con todo lo que Doana intentaba hacer.

—Ah, ¿todavía sigues molesta?

Doana, sonriendo mientras miraba al gatito, frunció el ceño y dejó escapar un tono mordaz.

No podía soportar que aquellos que se casaban por conveniencia le dieran consejos sobre lo que debía hacer.

—Y, además, Eric estuvo actuando como si estuviera ausente durante todo el viaje al sur. Ni siquiera pudimos hablar bien.

Normalmente, Doana podría haberlo manipulado fácilmente, pero Eric había sido extraño durante todo el viaje al sur. Comportándose como si hubiera dejado su mente en algún otro lugar.

Doana no sabía nada de esto. No sabía que Eric había estado actuando de esa manera porque estaba pensando en Rose.

Después de su luna de miel, Eric había ido directamente hacia Rose. Durante el viaje al sur, se había sumido en los recuerdos de Rose. Ahora, sentía la ausencia de ella más que nunca.

—Gatito, esta es la habitación de tu hermana. ¿Te gusta?

Doana levantó al gatito y se rio.

—Definitivamente, la casa es lo mejor. Estuve todo el tiempo con dolor de estómago en el sur, pero en cuanto llegué a casa, desapareció por completo.

Mientras Doana jugaba con el gatito, la sirvienta principal tocó la puerta y entró.

—¡¿Qué pasa?! Justo cuando estaba descansando, ¿por qué entras?

Ella, al ver al mayordomo, soltó un grito furioso y comenzó a gritar. El mayordomo, como si estuviera acostumbrado, no mostró ninguna reacción y simplemente continuó hablando.

—La esposa del antiguo Conde la señora Tercia ha venido a visitarnos. Busca a Doana, señora.

—Ah, qué vieja zorra.

La palabra Tercia hizo que el rostro de Doana se congelara de rabia.

La mayor responsable de su humillación en la boda. Ella venía a buscarla.

Doana apretó los dientes y miró al mayordomo.

—¿Por qué me busca?

—La señora Tercia le ha traído muchos regalos, señora.

—… ¿Qué?

Doana dudó de sus oídos.

«¿Cómo es que después de todo lo que hizo en la boda, ahora viene con esto?»

—Hmm…

Doana entrecerró los ojos, intentando entender las verdaderas intenciones de Tercia.

Sin embargo, con solo escuchar las palabras, le era difícil comprender qué propósito tenía Tercia al hacer esto.

—Está bien. Prepárame.

Con un simple gesto, terminó de prepararse y se dirigió a la sala de audiencias.

Como dijo el mayordomo, Tercia había traído una gran cantidad de paquetes de regalo. Doana la observó con una mirada indiferente.

Tercia, al ver a Doana entrar, dejó su taza de té y, con una voz suave, la saludó.

—¡Querida! Qué bueno que hayas llegado.

No sonaba como alguien que hubiera jurado no dejarla en paz después de su luna de miel.

Tercia, con los ojos entrecerrados en una sonrisa, abrió los brazos para recibirla.

—¿Me llamaste, madre?

Doana, sin dejar de estar alerta, observó a Tercia.

—Sí, ¿cómo estuvo el viaje? Ven, siéntate aquí.

Tercia hizo un gesto hacia el asiento junto a ella, invitando a Doana a sentarse a su lado.

Doana la observó fijamente, sin bajar la guardia.

—¿Es por lo que pasó en la boda que estás molesta? Déjame explicarte todo.

Tercia, actuando como una mujer de mediana edad con un corazón suave, habló con una ternura fingida.

—Ah, claro. Quiero escuchar lo que tengas que decir.

Doana, con una actitud altiva, asintió y se sentó al lado de Tercia.

—Debí haberlo explicado bien desde el principio. Los sirvientes me dijeron que tenías una gran confusión al respecto.

Tercia actuó como si no hubiera tenido ninguna intención detrás de sus acciones.

—Relájate, no hace falta que te pongas tan seria. Es difícil hablar así, ¿verdad? Bueno, ya hablaremos después, pero abre estos paquetes. Los compré todo para el futuro nieto.

Tercia le ofreció los regalos. Doana, sin poder resistirse, comenzó a abrirlos.

Los regalos eran todos artículos para el cuidado infantil.

Aún no sabían el sexo del bebé, pero todos los regalos eran de color azul.

Ropa, juguetes… como si la estuviera presionando para que tuviera un hijo varón.

Desde el principio, Tercia no tenía intenciones de permitir que el hijo de Doana viviera, ya fuera niño o niña, pero no quería que los demás lo supieran.

Tercia actuaba como si quisiera mucho a Doana.

Era necesario para que, más tarde, cuando matara a Doana y a su hijo, no fuera sospechosa.

El rostro de Doana al abrir los regalos no mostraba ninguna emoción. No le interesaban esos artículos.

—¿Qué es esto? Todos son regalos para niños. No hay nada para mí.

Al ver la indiferencia de Doana, Tercia sonrió, como si lo hubiera previsto.

—Y, por último, este es un regalo de nuestra nuera.

Tercia, con una sonrisa brillante, le entregó una caja de una marca de lujo.

—Esto es lo más popular entre las damas de la alta sociedad en estos días. Lo conseguí con mucho esfuerzo para nuestra nuera.

—¿Es para mí?

—Claro, Doana, es para ti.

—Ah, como dijiste nuestra nuera, pensé que te referías a otra persona.

—¡Hoo! Mira a esta, parece que está molesta.

Las palabras descaradas de Doana hicieron reír a Tercia, quien soltó una carcajada.

—Por supuesto, la hija del Marqués de D’ Car también es nuestra nuera, pero tú también lo eres.

Tercia, diciendo cosas que no sentía, sonrió hacia Doana.

Doana desató el paquete que Tercia le había dado. Al quitar la cuerda y abrir la caja, vio que, como se esperaba de una marca de lujo, el contenido estaba cuidadosamente empaquetado.

Era un bolso.

—¿Vaya, es bastante bonito?

Doana levantó el bolso y lo examinó detenidamente.

—¿Qué te parece? ¿Te gusta?

Doana, sin darse cuenta, dejó caer ligeramente una sonrisa. Luego, con expresión un tanto agria, respondió.

—Bueno, es bonito.

Mientras Doana sonreía satisfecha, la puerta de la sala de audiencias se abrió de golpe.

—¡Oh, nuestra querida ha llegado!

Tercia se levantó de su asiento de un salto y caminó hacia la puerta. Su actitud contrastaba enormemente con la calma con la que había recibido a Doana.

—¿Madre, has llegado? 

La persona que entró en la sala de audiencias fue Beliar.

—Sí. ¿El viaje fue bien?

Tercia tomó la mano de Beliar con delicadeza y caminó hacia ella.

Doana, al ver entrar a Beliar, levantó la cabeza con orgullo, mostrando los regalos que estaban a su lado.

—Mira, ¿ves cuánto me quiere mi madre?

Aunque aún no comprendía las verdaderas intenciones de Tercia, Doana sabía que, desde el punto de vista de una persona ajena, ella parecía una nuera muy querida.

—Madre, estoy muy agradecida por los regalos. No puedo creer que hayas preparado tanto para mí y para mi hijo. Estoy profundamente conmovida.

Doana, a diferencia de cuando estaba a solas con Tercia, levantó un poco el tono de su voz.

—Beliar, no te pongas celosa. También tengo un regalo para ti.

Tercia, aparentemente queriendo aliviar el malestar de Beliar, le entregó una caja de regalos.

Era la misma marca que le había dado a Doana.

—Es un bolso de la marca Hermea. Como bien sabes, era un diseño bastante difícil de conseguir.

Doana miró el bolso que Beliar había recibido. Se preguntaba si era el mismo diseño que el suyo o si era diferente.

Tras observarlo un rato, una extraña sonrisa de triunfo apareció en su rostro.

«Pfft, qué ridículo. Ese bolso es horrible.»

Un pequeño bolso redondo, no más grande que la palma de la mano. El bolso de Beliar, mucho más pequeño que el de ella, era prácticamente una broma.

«Ah, si fuera yo, estaría tan molesta que lanzaría ese bolso.»

Doana no pudo evitar reírse, casi en voz baja, como si lo hiciera para que Beliar la escuchara.

Beliar miró a Doana. Al ver su bolso, su rostro mostró una sonrisa de desprecio.

—Gracias, madre.

Beliar sonrió, como si estuviera satisfecha con el regalo.

—Ah, por cierto, me interrumpí antes. Debemos aclarar el malentendido, ¿verdad, Doana?

Tercia, mirando a Doana, sonrió ampliamente. En sus ojos brillaba el desdén y la burla hacia ella.

«¡Vaya, esa vieja zorra! ¿Estaba esperando el momento con Beliar para hablar de esto?»

Las suposiciones de Doana resultaron ser ciertas.

Tercia, fingiendo ser inocente, comenzó a hablar sobre lo ocurrido en la boda.

—Realmente quería disculparme. No tenía intención de hacer eso…

—Madre, de verdad, ya está bien. Dejemos ese tema atrás.

Doana intentó interrumpir a Tercia con rapidez, pero ella no tenía intención de detenerse.

—Pues, ¿sabías que ella pensaba que el día de tu boda era el suyo? —dijo, riendo mientras se tocaba el estómago.

—No pude explicarme bien, y parece que Doana se confundió bastante. Lamento mucho si te molestó. Si en el viaje de luna de miel te quejaste de ella, por favor, entiende que lo hizo de buena fe.

Las palabras de Tercia hicieron que los labios de Beliar se curvaran hacia arriba.

Beliar había pasado su luna de miel lidiando con Doana, quien no dejaba de hacerle problemas. Ella solo quería descansar, pero se vio obligada a lidiar con las quejas de Doana debido a la insistencia de la niñera.

Este era el momento perfecto para vengarse. Beliar no dejó pasar la oportunidad y murmuró suavemente.

—Ah… por eso llevaba ese ridículo vestido blanco.

El comentario de Beliar hizo que el rostro de Doana se enrojeciera.

Una vez más, Tercia había logrado molestarla.

Doana, con el bolso de Tercia en la mano, se levantó de su asiento de golpe.

—Me iré primero. No me encuentro bien. Por favor, haz que la sirvienta lleve los artículos para bebé a mi habitación, madre.

Sin siquiera una despedida adecuada, salió apresuradamente, como si estuviera huyendo.

Mientras caminaba con paso firme, Doana abrazaba con fuerza el bolso, pensativa.

—¡Voy a aguantar solo porque este bolso es de marca…!

No podía imaginar que, en una historia como esta, también podría haber un bolso falso. A pesar de la furia que sentía, trató de calmarse mirando el bolso de lujo que Tercia le había dado.



RAW HUNTER: ACOSB
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: NOLART
REVISIÓN: NONA


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