Capítulo 155
—…
—…
—…
Con esa única frase, corta y baja, el fervor que llenaba la plaza se extinguió en un instante.
Una locura gélida oprimió incluso el aire, y los vítores, atrapados entre los labios, ya no pudieron salir.
Rudville estaba de pie, abrazándola solo a ella, con la determinación de protegerla incluso si eso significaba enfrentarse al mundo entero.
Su mirada ardía con una sola obsesión.
Cómo usar el poder de la regresión a su máximo potencial.
Cómo hacerlo completamente suyo.
Despedazó el cuerpo del dragón, hizo retroceder el tiempo y calculó interminablemente innumerables posibilidades.
La locura, reprimida durante un tiempo por Odelli, había perdido su control hacía mucho y se desbocaba como un monstruo que ya no podía ser encerrado.
Matar, analizar, matar de nuevo…
Él diseccionó cada posibilidad ante sus ojos.
—Ru, por favor, detente.
—…
—Por favor…
La súplica de Odelli resonó vacía.
Pero Rudville , con una sonrisa increíblemente tierna, besó su frente.
—Está bien, Odelli.
Su voz era suave, pero bajo ella yacía una obsesión insaciable y despiadada.
Era locura.
—No importa cuán perfecto pretenda ser este mundo, ya se ha agrietado miles de veces en mis manos. Con cada repetición, las grietas se harán más profundas. En el momento en que un solo engrane se desajuste, el mundo colapsará. Antes de eso… el mundo no tendrá más remedio que conceder mi deseo.
—¡No! ¡Si continúas así, tu alma será completamente destruida antes de eso!
El grito desesperado de Odelli resonó.
Antes de que el mundo concediera su deseo, el castigo divino caería primero.
Rudville soltó una risa baja.
—Si tuvieran intención de destruirme, ya lo habrían hecho. ¿No te parece extraño, Odelli? Que un dios permita que un mortal que altera el mundo de esta manera siga vivo…
No podía saber la razón.
Pero Rudville planeaba usar incluso eso en su beneficio.
Su locura ya no era ira ni tristeza.
En sus ojos, más oscuros que la muerte, solo existía un deseo ciego por Odelli.
Pero justo en ese momento.
Una voz baja y profunda, como un eco en una caverna, resonó en la mente de Odelli.
[…Mira. Mira cómo ese individuo se desmorona por salvarte.]
Esa voz la instó a observar la espalda enloquecida de Rudville .
Su postura desafiante, enfrentándose a toda la multitud, abandonándolo todo.
[Volviéndose enemigo del mundo, desafiando al Emperador e incluso a los dioses. Tú, observando a ese necio, finalmente caerás con él entre las cenizas.]
Su mente se nubló.
Odelli se tapó desesperadamente los oídos, pero no podía borrar la voz que ya se había arraigado profundamente en su corazón.
Recordó las palabras que una vez el dragón, transformado en la apariencia de Rudville , le susurró:
[Mientras usted esté a mi lado, este Rudville no tendrá más remedio que desmoronarse sin fin.]
[Usted debe elegir. Si abandona esta vida y le pone fin usted misma, yo no acumularé más karma. Por supuesto, deberé pagar el precio durante eones, pero eventualmente me purificaré y regresaré como un alma limpia.]
…Como esas palabras decían, Rudville seguía acumulando karma sin cesar.
Solo para salvarla a ella.
[Mi oferta aún sigue en pie. Abandona al Rudville actual y elige la muerte. Entonces, te esperará una próxima vida. Yo protegeré el alma de ese mortal para que no sea destruida. Algún día, podrá renacer purificado.]
La voz sonaba como un susurro que surgía desde lo más profundo de su corazón.
[Y esta es la última oportunidad, la última oferta. Elígeme a mí, Odelli.]
El dragón revivió una vez más, y Rudville lo cortó de nuevo.
Y el tiempo retrocedió, una vez más, implacable.
Matar, matar, matar de nuevo.
Por mucho que intentara sacudirse los susurros del dragón, el mundo se negaba a darles un final feliz.
Los ojos de Odelli, que observaban esa escena, se estremecieron.
Las palabras sobre que aferrarse a algo roto solo lo destruiría más.
Las palabras sobre que el único final que les quedaba en esta vida era la infelicidad y la tragedia.
No importaba cuál de los dos encontrara la paz primero, al final, si uno caía, el otro también se desmoronaría…
Los susurros que el dragón había implantado en su mente, como un veneno, se infiltraron lentamente en su interior.
[Si esto continúa, Rudville …]
Sus yemas de los dedos temblaron y se llevaron la mano al pecho.
Su corazón palpitaba como enloquecido.
Pero…
—…No.
Los labios de Odelli se abrieron con firmeza.
—Prefiero morir con él antes que abandonar a Rudville .
Si el destino final de este viaje era el infierno, caerían juntos. Si debían ser destruidos, desaparecerían juntos.
Podían llamarlo obsesión o apego, no le importaba.
No había resistido tanto para rendirse de manera tan absurda ahora.
No importaba el precio que tuviera que pagar… si podía vivir a su lado.
Quería intentarlo hasta el final.
Pero.
«Al menos no de esta manera.»
En ese momento, su mirada ya no se dirigió hacia el dragón.
[…Gawain Kardel.]
Justo en el momento en que el dragón murió y revivió, haciendo que el tiempo retrocediera una vez más.
Hacia él, que, atado por cadenas de luz, estaba intoxicado por la arrogante certeza de que podía cambiar el rumbo de los eventos en cualquier momento.
Desde la atalaya, Odelli, agarrando fuertemente el cristal de sangre, susurró:
—Mir.
—¿Miau?
—Usa tu magia. Llévame ahora mismo a esa plataforma.
Justo frente a Gawain kardel.
Al instante, un patrón de magia antigua floreció en el aire.
En un abrir y cerrar de ojos, la figura de Odelli desapareció.
Y, de repente, apareció justo frente a Gawain, y antes de que él pudiera siquiera percatarse, extendió sus yemas frías y tocó ligeramente su frente.
—¡¡Gyaaaah!!
Un grito desgarrador llenó la plaza.
Y en el silencio que siguió en ese instante, todas las miradas se concentraron en ella.
El dolor que Odelli había tenido que soportar docenas de veces al día usando su poder de purificación.
Ese infierno completo fue transferido al cuerpo de Gawain.
Sus ojos se voltearon y todo su cuerpo se convulsionó.
Era como si todos sus nervios se hubieran cortado de golpe, colapsando cada uno de sus sentidos.
Sus uñas se quebraron al arañar el suelo, y su cuerpo se retorció incontrolablemente.
—¡Ugh,… ¡¡Aaaah!!
JADEO
Arañar el suelo hasta romperse las uñas no ayudó en nada a aliviar el dolor.
Décadas, siglos, quizás milenios de dolor acumulado se condensaron y aplastaron su cuerpo en un instante.
Su respiración se volvió jadeante, como si fuera a detenerse, y de su garganta estallaron una sucesión de gritos que ya no sonaban humanos.
Rodó por la plataforma, retorciéndose miserablemente, empapado en sudor y sangre.
—¡Basta… por favor, detente…!
Finalmente, agachándose y cubriéndose la cabeza con ambas manos, Gawain soltó un gemido que sonaba a quebrantamiento.
Pero el dolor, indistinguible de la tortura, continuó sin cesar, interminablemente.
Odelli observó todo el espectáculo miserable en silencio.
Su mirada era fría y serena.
La multitud no pudo ocultar su conmoción ante la escena.
—¡B-Bruja! ¡Una bruja ha aparecido!
—¡Deténganla ahora! ¡La bruja está…!
Y justo en ese momento.
Arriba, en la plaza, la enorme forma del dragón comenzó a tambalearse.
Cada vez que Gawain gritaba como una bestia, el cascarón del dragón, conectado a él, se sacudía inestable.
—¡Miren! ¡Eso no es un verdadera bestia sagrada!
La voz de Odelli atravesó la plaza, resonando.
Su cabello plateado ondeó, y su mirada brilló con determinación.
—¡No es más que un cadáver reanimado, sostenido a la fuerza por la sangre del Lord Kardel!
Instantáneamente, la multitud murmuró.
La imagen de Gawain retorciéndose en el suelo, la forma tambaleante del dragón y el grito decidido de Odelli formaron una tríada que sacudió la plaza.
Al mismo tiempo, Odelli giró la cabeza para mirar a Rudville .
«¿Ves, Ru?»
Su mirada decía en silencio.
«Primero debemos revelar la verdad ante el pueblo y derrotar al dragón. Incluso sin la regresión, incluso sin destruir el mundo, hay innumerables formas de salvarme.»
Odelli movió los labios, formando las palabras:
—Busquemos otra manera juntos.
Esa frase no era una simple promesa.
Era un consuelo desesperado y ferviente para retener a Rudville , atrapado en la locura, a punto de quemarlo todo.
Un lenguaje suave que calmaba a quien estaba dispuesto a destruirse a sí mismo con tal de salvarla.
—…
La mirada de Rudville recuperó lentamente su color.
Incluso en ese momento, la existencia de Odelli brillaba como una única lámpara en la profundidad de su oscuridad interior.
Odelli extendió su mano hacia él.
En sus ojos serenos, que no temían a la muerte, lo único que ella temía era una cosa.
Que Rudville se desmoronara por su culpa.
Que él sufriera solo en una destrucción sin fin.
Eso era todo.
Y en el momento en que su mano estaba a punto de encontrar la de Rudville y entrelazarse firmemente…
[…Aun llegando a este extremo, tú eliges a tu ‘Ru’.]
El dragón, que había guardado silencio, finalmente habló.
«¿Tu Ru?»
Odelli se detuvo por un instante.
La resonancia baja y profunda del dragón no era una simple burla.
Sonaba como el veredicto sereno de alguien que lo había previsto todo desde hacía mucho tiempo.
Mientras Rudville mataba al dragón cientos de veces, repitiendo el tiempo, el dragón no había matado a Rudville ni una sola vez.
No, no es que no pudiera matarlo.
«Es que no lo mató.»
Finalmente, se dio cuenta.
Ya fuera Odelli o Rudville .
En cualquier momento podría haber tomado sus vidas, pero el dragón había esperado con paciencia, esperando una única respuesta.
Deseando escuchar esas palabras de su boca: que abandonaría a Rudville .
Pero Odelli, hasta el final, no dijo lo que el dragón quería oír.
Y así…
[Es hora de regresar, Della. A mis brazos.]
Tan pronto como esas palabras terminaron, la garra del dragón se abalanzó como un rayo.
Sin tiempo ni para esquivar, a Odelli le atravesaron el pecho, siendo capturada en su agarre.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD