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Capítulo 147

El resplandor carmesí y la tierra negra comenzaron a agrietarse en todas direcciones, como una telaraña.

—… ¿Quiere decir que debo dar mi consentimiento?  

Entonces, no había razón para seguir temiendo a este ser.

Odelli ya no se dejaba sacudir por las palabras del dragón. Sea lo que sea que dijera, lo dejaba entrar por un oído y salir por el otro, concentrándose en encontrar la manera de escapar de este lugar.

«Por muy realista y elaborado que sea este lugar, al fin y al cabo es un mundo mental, algo así como un sueño. Cuando amanezca, debería despertar, ¿no? Si aguanto, tarde o temprano podré escapar…».

Justo en ese momento, mientras estaba inmersa en sus pensamientos, la voz del dragón resonó en la oscuridad:

—No te hagas ilusiones. Por mucho que forcejees, puedo retenerte aquí tanto tiempo como desee. Sin mí, jamás podrás salir por tus propios medios.

Entonces, el sonido de los latidos del corazón de Rudville comenzó a ralentizarse gradualmente.

BUM BUM BUM

Cada latido se prolongaba de manera anormalmente larga, como si el tiempo del mundo se estirara tensamente hacia ambos lados, como una goma elástica.

El dragón la observaba con una sonrisa lenta dibujada en sus labios.

«¿Qué trama está urdiendo ahora…?».

Aquella resonancia cálida parecía alargarse y desvanecerse, pero no llegaba a romperse por completo.

«… No, aún la oigo, aunque débil. Todavía sigue ahí».

Odelli se aferró desesperadamente a ese hecho.

—Aunque retuerzas el tiempo, no puedes quebrar mi voluntad.

—En el mundo real, ese breve instante en que respiras puedo convertirlo aquí en una hora, un día, incluso décadas. Podría permanecer contigo aquí por toda la eternidad.

—…

—¿Qué tal si permanecemos juntos hasta que des tu consentimiento?

—Loco… no, un dragón demente…

—Si lo deseas, incluso puedo tomar la forma de tu amado.

—Deja de imitar a ese demonio. Prefiero que me devores como un monstruo. Eso me daría menos asco.

En ese instante, el aire se agitó con pesadez.

—…

El dragón guardó silencio por un momento. Pero no era un silencio de rendición, sino un silencio de conquista, como el de quien disfruta el momento en que la presa mete el pie en la trampa por sí misma.

Y entonces, sus labios se curvaron lentamente. Mientras una sonrisa sombría se extendía, incluso la luz del mundo mental se tiñó de gris en un instante.

—Entiendo.

El dragón, aún con el rostro de Rudville, inclinó su cuerpo lentamente. Sus largos dedos se deslizaron por la línea de su mandíbula y luego la sujetaron con firmeza, levantándola. Era una fuerza imposible de rechazar.

Una vez más, el dragón habló imitando el tono de Rudville:

—Expusiste tu punto débil tan claramente… Della. Eras fácil de leer entonces, y lo sigues siendo ahora.

Dentro de esos ojos púrpura, una luz negra como un abismo brilló como una llama.

—¿Te gusta tanto… este rostro?

—¡Suéltame!

—Para ti, solo son “recuerdos”, así que quizás sea comprensible ese apego. ¿Qué te parece? Experimentar exactamente los mismos veinte mil años que ese mortal estúpido repitió una y otra vez.

Se rió en voz baja con la voz de Rudville.

—Tal vez entonces te canses de ver este rostro.

Odelli lo miró fijamente. Incluso si experimentara los mismos veinte mil años que Rudville repitió en sus regresiones, ella jamás se cansaría de él. Al contrario… si lo enfrentara cargando con todo ese dolor, quizás se derrumbaría y lloraría desconsoladamente, sintiendo aún más apego.

Como si hubiera leído ese pensamiento, el dragón soltó una risa burlona. Sus ojos brillaban con un calor extraño.

—No sabes nada. Nada sobre el peso de ese tiempo. Sin duda te romperás. Aguantarás y aguantarás, pero al final terminarás suplicándome que pare.

Lo afirmó con certeza. Y luego, como burlándose, añadió con voz cariñosa:

—Pero aun rota… seguirías siendo radiantemente hermosa.

—…

—Bueno, ¿comenzamos de nuevo?

Odelli exhaló un suspiro pesado y se pasó la mano por el rostro. Se dio cuenta de que aguantar no resolvería el problema, tras las declaraciones que el dragón acababa de proferir. Quedarse aquí solo significaría quedar atrapada por los fantasmas del pasado y alucinar.

Entonces… solo había una manera de escapar.

«Claramente aparecieron grietas».

Cuando Odelli murmuró sin pensar ¿acaso necesito dar mi consentimiento?, esta conciencia se estremeció.

¿El método era… decir algo que lo tomara por sorpresa y lo perturbara?

Si era así, Odelli tenía algo que podía usar. Cavar en la emoción contenida en esa voz que, hace un momento, la miraba y decía que seguiría siendo radiantemente hermosa.

Odelli alzó la cabeza lentamente. Aunque su mandíbula estaba firmemente sujeta por su opresión, su mirada no se quebró.

—¿También trataste así a tu Della?

Esas palabras fueron tan afiladas como el filo de un cuchillo apuntando al inexistente corazón del dragón. Por un instante, esos ojos púrpura que imitaban a Rudville temblaron levemente.

Un silencio momentáneo.

Los ojos de Odelli brillaron con un resplandor peculiar al ver la fina grieta que se extendía en esos ojos abismales.

—Al final, ni siquiera fue tu amada, ¿verdad? Así como me llamas Della, me forzaste y me sometiste, así también trataste a tu Della, ¿cierto?

La voz de Odelli se hundió en un tono bajo.

—¿Realmente la amaste? ¿O fue solo otra alma que capturaste y devoraste con tu avaricia y tu deseo de posesión?

—…

—¿Me parezco a Della? ¿O acaso crees que soy su reencarnación? Sea lo que sea, entiéndelo claramente. Aunque muera, jamás amaría a algo como tú.

La mirada de Odelli destelló.

—Antes que caer en tus garras, preferiría quitarme la vida con mis propias manos.

Esa declaración fue una verdadera tortura. Odelli, desesperada, empuñó verbalmente un cuchillo y lo blandió contra el dragón sin ceder ni una pulgada, sin darle tregua.

Para crear una grieta en la conciencia del dragón y escapar, este era el único método. Y esta táctica solo funcionaría una vez, solo en este momento.

—… Al final, no obtuviste a Della, ¿verdad?

La voz de Odelli fluyó como un fragmento de hielo afilado, impregnado de una fría serenidad.

—No obtuviste su cuerpo, ni su corazón, ni nada en absoluto, ¿verdad? Por eso ahora me llamas “Della” y me atrapas. Estás superponiendo lo que perdiste sobre mí.

No, ¿ni siquiera era algo que hubiera perdido? Odelli añadió con sarcasmo:

—Probablemente, nunca lo tuviste en primer lugar.

En ese instante, el rostro del dragón se distorsionó. El rostro que sonreía con la apariencia de Rudville se agrietó como vidrio roto. Y pronto, el verdadero rostro del dragón que quedó expuesto era claramente… la expresión de una profunda herida.

—…

No sentía culpa. Solo le devolvía lo que ella había recibido.

—No lo llames amor. Lo que hiciste no fue amor, solo fue obsesión infinita y anhelo unilateral.

La mirada de Odelli no titubeaba.

—Y yo… no soy Della… ni soy el juguete que deseas.

De repente, el rostro del dragón comenzó a desmoronarse lentamente. Los ojos que imitaban el color púrpura se difuminaron y se hundieron en la negrura, y las sombras oscuras se arremolinaron sobre su cabello dorado. Su rostro se agrietó como si una hoja invisible lo hubiera cortado. Era como si se hubiera expuesto una debilidad que, tras eones de existencia, jamás había permitido mostrar.

—… Della.

¿Qué iba a decir? En lugar de conmover al dragón, podría haber tenido el efecto contrario. Él, enfurecido, podría inyectarle inmediamente esos “veinte mil años” de experiencia con la intención de destrozarla.

Odelli, completamente tensa, observó al dragón. En su oído, aún podía escuchar el tenue sonido del pulso de Rudville. Ella se aferró con todas sus fuerzas, deseando que esa resonancia cálida no se alejara más.

Fue entonces.

—… Volveré a verte.

Una voz, como si resonara desde lo profundo de una caverna, se filtró a través de sus labios firmemente sellados. Su resonancia sonaba como el gemido de una bestia herida suprimiendo su dolor.

En ese instante, el mundo mental se sacudió violentamente, como si estallara. Las grietas se extendieron sobre la tierra negra, y todo se derrumbó en un momento.

BUM BUM BUM

El familiar sonido del pulso comenzó a sonar cada vez más cerca, más fuerte y más rápido. Aferrándose a esa resonancia, la conciencia de Odelli fue arrastrada abruptamente desde la mente colapsada de vuelta a la realidad.

JADEO…

Cuando abrió los ojos, todavía estaba en los brazos de Rudville. Sus brazos aún la abrazaban con firmeza. Y en su muñeca… quedaba la marca de la mano del dragón, teñida de azul, que no desaparecía.



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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