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Capítulo 144

La forma de un dragón colosal comenzó a revelar sus contornos lentamente.

Al principio, parecía la sombra de una bestia monstruosa, pero pronto empezó a transformarse en una figura humana.

Unos ojos negros más profundos que la oscuridad de la noche.  

Sin embargo, esos ojos claramente no eran humanos.

Aún parecían contener un abismo; desde el instante en que los miro, sentía una sensación de vértigo como si hubiera pisado un precipicio sin fin.

En el momento en que él dio un paso lento hacia adelante, Odelli retrocedió instintivamente.

Bajo una presión abrumadora que quitaba el aliento, sintió que se apoderaban de ella al mismo tiempo el instinto de huir y una sensación inexplicable que le impedía apartar la mirada.

Sintió una atracción inexplicable.

«¿…¿Encantamiento?»

Como era una criatura mágica, tal vez había usado algún hechizo de fascinación o algo similar.

Pero pronto Odelli se dio cuenta.

Después de todo, ¿acaso no estaba durmiendo en la alcoba del Gran Duque?

Aunque su cuerpo aún estaba en brazos de Rudville, su conciencia había sido arrastrada hasta este lugar.

Ya fuera un sueño o el mundo de la imaginación… este era por completo el territorio del dragón.

Un lugar donde Rudville no podía rescatarla ni alcanzarla como antes.

«…¿Qué piensas hacer?»

Al encontrarse con la mirada del dragón que parecía penetrarle hasta los huesos, Odelli se quedó paralizada, como si una mano fría la estuviera estrangulando.

Su aliento, su corazón, su mirada… todo estaba atrapado.

—…Della.

Una voz baja y suave resonó cortando la neblina.

Odelli contuvo la respiración por un momento.

Entonces, él entrecerró los ojos y susurró de nuevo.

—No. Odelli.

¿Sería porque, antes de dormir, había recordado la absurda hipótesis de que Rudville podría ser la reencarnación del dragón?

No pudo evitar superponerlo mentalmente con él.

Ahora notaba la apariencia del dragón, a la que antes no había prestado atención.

Rudville siempre había sido alguien rodeado de un resplandor deslumbrante.

Un cabello dorado tan brillante que hasta el sol parecía envidiarlo, y debajo, unos ojos púrpuras que destellaban con luz vibrante.

Esos ojos siempre habían sido misteriosos, a veces centelleando con una locura feroz, y como gemas que cambiaban de color según la luz, cautivaban a quien los mirara.

Sin embargo, por muy afilados y penetrantes que fueran, siempre tenían una suave calidez cuando miraban a Odelli.

Deslumbrantes, pero su luz siempre había sido como un escudo que la protegía.

Pero el ser frente a ella era todo lo contrario.

Algo completamente negro, como si la luz misma fuera absorbida por él, lo que no concordaba en absoluto con su identidad de divinidad.

Como si una escultura artificial hubiera sido animada con vida, sus facciones eran tan perfectas que, en cambio, parecía que había tomado a la fuerza una forma humana.

Una inquietud espeluznante provenía de algo no humano imitando a un humano.

Su mera existencia era como un abismo que tragaba la luz. Como una prisión de la que, con solo dar un paso, jamás se podría escapar.

No había ni un rastro de similitud con el rostro de Rudville.

Pero…

—…Odelli.

Sin embargo, esos pequeños hábitos la manera sutil en que inclinaba la cabeza al esperar una respuesta, el breve silencio que dejaba tras hablar, la mirada persistente que parecía traspasarla se superponían con los de Rudville y oprimían su corazón con pesadez.

—Asperilión.

¿Era ese su nombre?

Cuando Odelli respondió llamando al dragón por su nombre, la comisura de sus labios se curvó lentamente.

Esa sonrisa se parecía a la de Rudville, pero en ella no había ni un ápice de emoción humana.

«Uf.»

Por eso daba escalofríos.

Algo no humano imitando a un humano.

Como si, durante ese breve encuentro en el laboratorio, hubiera aprendido y estuviera copiando el comportamiento de Rudville…

Como si fuera un espíritu maligno invocado, sus acciones no eran diferentes a las de un demonio.

—…Bien, supongo que tienes un propósito al aparecer así.

Odelli respiró hondo profundamente por un momento y alzó la mirada.

El hecho de que no intentara atacarla de inmediato significaba que, al menos, tenía la intención de conversar.

—¿Así que cuál es la razón por la que me has traído aquí?

Su voz sonaba serena, pero por dentro estaba tensa por los nervios.

Internamente, ya había imaginado la respuesta.

Se imaginó que volvería a llamarla fastidiosamente por el nombre de Della o que, como correspondía a una divinidad, entablaría un diálogo críptico.

Pero…

—He venido a tomar tu vida.

El dragón fue directo al grano.

Los ojos de Odelli se abrieron desmesuradamente.

Era tan directo que, por un momento, no entendió lo que había escuchado.

—…¿Qué?

Su corazón latió con un retraso.

Odelli solo miraba al dragón atónita.

No podía distinguir si lo que acababa de oír era real o si era una alucinación provocada por su propio miedo interno.

—Si me lo permites, tomaré tu alma en este mismo lugar, sin dolor.

—…

—¿Tu respuesta?

Era absurdo.

Un tono que, aun anunciando su muerte, parecía darle opción a elegir.

«¿Crees que voy a permitírtelo?»

¿En qué base confiaba para estar seguro de que asentiría?

Odelli se quedó sin palabras por un momento.

En su voz había una locura incomprensible y, al mismo tiempo, una extraña calma.

La indiferencia y el hastío característicos de alguien que había vivido eones de tiempo, diferente a la esencia de Rudville, que había repetido incontables veces el mismo periodo.

Sus ojos daban la ilusión de estar atravesándola por completo, viendo su interior.

—Ese humano al final no podrá protegerte.

El dragón habló como si estuviera profetizando.

—¿Acaso no está ahora mismo durmiendo impotente a tu lado?

Al oír eso, Odelli sintió instantáneamente desagrado.

No importaba dónde estuviera, era obvio que, siendo humano, no podía entrar a este mundo de la imaginación.

Después de todo, el hecho de que hubiera derrotado al dragón invocado incluso una sola vez era ya un milagro.

—…Mi esposo no es impotente. Al contrario, no hay nadie en el mundo que se compare a él.

—Sí, precisamente eso es lo que va contra la razón. Ese humano a tu lado no debería existir en este mundo.

En ese momento, la mano del dragón se extendió.

La yema de sus dedos, pálidos con un tinte azulado, se acercó lentamente abriéndose paso entre la neblina roja.

—Tú tampoco deberías existir.

A medida que se acercaba, de sus dedos emanaba un frío inexplicable, y sintió una frescura en su piel incluso antes de tocarla.

El corazón de Odelli se hundió de golpe.

Su instinto gritaba: en el momento en que esos dedos la tocaran, nunca podría volver con Rudville.

Inmediatamente, giró y echó a correr.

Sabía que, desde el momento en que el dragón había atraído su conciencia hasta aquí, huir era inútil.

Se suponía que este era un mundo imaginario bajo su control.

Pero debía escapar de alguna manera.

No podía entregar su vida tan inútilmente.

¿Qué clase de vida era esta?

Era la última oportunidad que Rudville, tras repetir cientos, miles de veces, había logrado agarrar.

«…Él no puede ser Rudville.»

La hipótesis que por un instante le había cruzado la mente ahora le parecía ridículamente ingenua.

Era imposible que Rudville le instara a morir.

Él siempre había sido quien se entregaba por completo para salvarla.

—Della, tú también lo sabes, ¿verdad?

Aunque Odelli corría con todas sus fuerzas, la voz del dragón era clara, como si susurrara justo a su oído.

¿Acaso su lucha desesperada era para él solo el forcejeo de una hormiga?

Sentía la mirada de un ser supremo que la observaba sin el más mínimo interés o compasión.

—Si intentas ir contra el tiempo de vida que te ha sido asignado, solo acumularás karma sin fin.

La voz que surgía abriéndose paso entre la neblina roja se parecía extrañamente al tono de Rudville.

Claramente, estaba imitando sus modismos.

Pero por mucho que ese sonido familiar se superpusiera, no podía cambiar el significado de lo que contenía.

—Y el precio… lo pagarás en tu próxima vida.

Próxima vida.

El dragón ahora la estaba amenazando, usando su próxima vida como garantía.

—…No imites su forma de hablar.

La mirada de Odelli destelló con ferocidad.

—Rudville jamás diría algo así.

Dejó de correr y miró directamente al dragón que estaba detrás de ella.

Como si hubiera estado allí desde el principio, él la miraba impasible.

—Imitar su forma de hablar y susurrar como un demonio no es diferente a ser un espíritu maligno.

Si en cambio hubiera hablado sobre el equilibrio del mundo o la razón, quizás Odelli habría vacilado por un momento.

Pero imitar a Rudville y susurrar como un demonio…

Eso era demasiado siniestro y vil.

—No necesito una próxima vida. Voy a terminar las cosas en esta vida.

Tras la firme declaración de Odelli, el dragón guardó silencio por un momento.

Y luego, sus negros ojos se entrecerraron dibujando una curva cruel.

Una corriente ambigua, fuera una sonrisa o una mueca de desprecio, apareció en sus ojos.

En la oscuridad, se inclinó lentamente.

—No temas. No estoy aquí para destruirte.

Con la yema de los dedos, cortó la neblina roja y acarició el aire como si siguiera la línea de su mandíbula.

Aunque no la tocó directamente, un escalofrío helado recorrió la piel de Odelli.

—…Finalmente, he venido a reclamarte.



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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