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Capítulo 136

La tasa de mortalidad de los sujetos experimentales había aumentado notablemente.   

Aunque no se conocían las cifras exactas, era evidente que se trataba de algo anómalo.  

Los experimentos de la familia Kardel siempre habían priorizado la repetibilidad y la eficiencia.  

Para observar los resultados hasta el final, los sujetos debían sobrevivir el mayor tiempo posible.  

Por eso, sin importar lo cruel que fuera el proceso, intentaban mantenerlos con vida hasta su último aliento. 

 

Al fin y al cabo, también debían proteger su reputación como una familia de héroes.  

Pero algo había cambiado.  

El número de sujetos que morían era abrumadoramente mayor.  

Esto no era un simple problema de variables.  

Quizás significaba que la dirección de los experimentos había cambiado… o incluso su propósito.  

«Desde el principio… ¿quiénes están detrás de esto?»  

Odelli ya había sospechado que debía haber un informante infiltrado en la familia Kardel.  

Pero los posibles responsables se limitaban a la familia imperial o a personajes que Rudville había visto en sus miles de regresiones.  

Incluso él, que conocía todas las variables, desconocía el ritual de invocación antigua. ¿Cómo podían ellos haberlo descubierto, investigado y ejecutado antes?  

Aunque eso pudiera atribuirse a una coincidencia…  

«¿Qué demonios están tramando?»  

Odelli sintió un escalofrío, pero aún faltaban demasiadas pistas.  

—Informe —ordenó Rudville.  

De las sombras emergió un hombre.  

Perteneciente a Sombras, la organización secreta que Rudville había criado desde su época como gran duque.  

Oficialmente, no existían.  

Eran los restos de un grupo de asesinos absorbidos por canales no oficiales durante la guerra.  

Operaban fuera de la ley, más allá de la ética, e incluso del sistema imperial.  

Eran sirvientes que solo seguían el propósito que Rudville les asignaba.  

Las Sombras ya habían sido enviadas a los laboratorios.

  

Era el método más rápido y efectivo.  

Uno de ellos habló:  

—Si el número de cadáveres ha aumentado, lo lógico sería que también lo hiciera la capacidad de procesamiento. Por eso, primero rastreamos los crematorios especializados de la familia Kardel.  

Su voz era monótona, casi mecánica.  

—Durante el proceso, detectamos algo extraño. Algunos cadáveres desaparecieron justo antes de la cremación. Había indicios de que el personal los había trasladado usando equipos mágicos.  

—¿A dónde?  

—A una cámara de almacenamiento en frío.  

Era un desarrollo que ni siquiera Rudville, en sus miles de regresiones, había presenciado.  

Las miradas de ambos se estrecharon al unísono.  

—¿Almacenar cadáveres? —preguntó Odelli—. ¿Para qué?  

El miembro de Sombras continuó:  

—Diseccionamos uno. Aparentemente, la causa de muerte fue una contaminación infecciosa, pero… encontramos rastros heterogéneos en su estructura interna.  

Dudó un momento antes de añadir en voz baja:  

—…Huellas de nigromancia.  

Un breve silencio cayó.  

La nigromancia, el arte prohibido de manipular los cuerpos y almas de los muertos.  

Un tabú entre los tabúes, considerado un desafío a la autoridad divina en este imperio y en la mayoría de civilizaciones.  

Ni siquiera Rudville había recurrido a ella.  

No por ser prohibida, sino porque revivir a alguien así solo crearía un cadáver sin mente.  

Ya no sería Odelli en ningún sentido.  

La expresión de Odelli se tornó gélida.  

—¿Estás seguro?  

—Son rastros de un intento de vinculación espiritual en la estructura básica de formación. El corazón había sido removido y reemplazado por un núcleo mágico.  

Rudville murmuró:  

—…Intentaron revivir a los muertos.  

—No pudimos confirmar si tuvieron éxito.  

¿Nigromancia ahora?  

¿Acaso planeaban crear un ejército de no muertos? ¿Provocar una guerra?  

Rudville se pasó una mano por la barbilla y suspiró.  

—¿La seguridad está garantizada?  

—Sí. No pudimos limpiar el interior por riesgo de exposición, pero una visita rápida no debería ser un problema.  

Odelli necesitaba recuperar la energía purificadora dispersa en los laboratorios.  

—Mantente fuerte. Solo absorberemos la energía purificadora y regresaremos.  

La atrajo hacia su pecho.  

—¿Y la investigación interna? —preguntó Odelli.  

No tenían tiempo para infiltrar espías. 

 

El juicio sagrado de Gawain se acercaba.  

Además, las Sombras no podían acceder a las zonas restringidas.  

Solo Rudville podía entrar.  

—Tú solo absorbe la energía y regresa al palacio. Yo investigaré el resto.  

—La piedra de sangre podría darnos nuevas pistas. Además, solo yo puedo activarla.  

El entrecejo de Rudville se frunció levemente. 

 

Cuando él la tocaba, la piedra se volvía inerte.  

—…Está bien. Pero primero inspeccionaré durante unos días. Si lo considero seguro, entonces te llevaré.  

Odelli le lanzó una mirada de descontento, pero no había margen para negociar.  

Finalmente, asintió en silencio.  

En ese instante, su visión se distorsionó violentamente. 

Un destello cegador los envolvió.  

En un abrir y cerrar de ojos, estaban en otro lugar.  

Sin tiempo para tambalearse, Odelli ya estaba firmemente sostenida en sus brazos.  

Un teletransporte perfecto.  

El mismo que antes dejaba mareados a los sacerdotes, ahora era increíblemente preciso y estable.  

Recorrieron los laboratorios a velocidad vertiginosa.  

Rudville recordaba las coordenadas de cada dispositivo purificador como si las tuviera grabadas en el cuerpo.

  

Teletransporte. Absorción. Extensión de vida.  

Una y otra vez, sin pausa.  

«Siento una especie de déjà vu…»  

Durante el proceso, Rudville actuaba como una madre alimentando a su bebé, asegurándose de que Odelli no perdiera ni un ápice de energía purificadora.  

Como si quisiera regalarle un día más, un minuto más, un segundo más de vida.  

«…¿Cuántas veces habrá repetido esto hasta memorizarlo?»  

Incontables días y noches en soledad.  

Rudville no parecía cansado.  

Su determinación serena resultaba aún más conmovedora.  

Odelli tragó saliva, conteniendo la emoción que le agitaba el pecho.  

En apenas una hora, habían cubierto todos los laboratorios.  

Todos menos uno.  

«Birendel.»  

Un pueblo minero abandonado en el sureste.  

Oficialmente, una zona maldita y despoblada.  

Un lugar con una densidad mágica superior a la normal.  

—Ten cuidado. Esta es la zona más peligrosa.  

—Entendido.  

El pueblo en ruinas solo resonaba con el sonido del viento.  

Entre paredes derrumbadas y techos rotos, los escombros brillaban bajo el sol.  

Aunque parecía desolado, bajo tierra se escondía un laboratorio masivo y sofisticado.  

Rudville marcó las coordenadas del dispositivo purificador.  

Justo cuando activó el teletransporte, la piedra de sangre colgada en el cuello de Odelli vibró levemente.  

—¡La piedra de sangre…!  

Odelli, emocionada por la posible pista, intentó hablar, pero…  

Una vibración rítmica como un latido inundó el aire, seguida de un destello rojo tan intenso que nubló su visión.  

Un remolino mágico se enroscó alrededor de sus tobillos.  

—¡…!  

Un patrón oscuro se superpuso al círculo de teletransporte de Rudville, completándose con líneas y runas brillantes.  

Cuanto más se formaba, más opresiva se volvía la presión.  

—¿Rudville? ¡Rudville!  

Estaba segura de estar en sus brazos, pero… de algún modo, no podía sentirlo.  

Al extender la mano para confirmar…  

El espacio se desgarró como si una hoja afilada lo cortara.  

Una fuerza de succión monumental surgió de la grieta, distorsionando el aire en un torbellino.  

Antes de que pudiera reaccionar, Odelli fue engullida de pies a cabeza.  



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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