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Capítulo 133

El aire subterráneo se volvió pesado, mezclando el calor punzante y el hedor metálico de la sangre derramada, secuelas del reflujo mágico.

Gawain, cubierto de sangre, apoyó una mano en el suelo mientras jadeaba. 

Con un esfuerzo visible por recomponer su expresión, se limpió la sangre de la boca y alzó la cabeza.

—Puedo explicarlo.

Sus labios temblaron como en un espasmo, mientras una sonrisa grotesca se abría paso.

—Entiendo qué malentendido ha ocurrido. Pero le ruego que no se apresure a juzgar.

Su voz temblaba, pero su rostro fingía serenidad, reprimiendo cualquier muestra de agitación.

—Este ritual existe por la paz del Imperio. La sangre y el sacrificio son ofrendas sagradas a los dioses, nunca blasfemia o explotación.

—No estás en tu sano juicio.

El Sumo Sacerdote cortó con firmeza las palabras de Gawain, que sonaban como el delirio de un fanático.

—Príncipe, este asunto ya no puede encubrirse con excusas. Es un problema que afecta la seguridad del Imperio, y toda la Casa Kardel debe asumir la responsabilidad. Sería sabio aceptar su arresto domiciliario sin resistencia.

Ante esas palabras, Gawain parpadeó rápidamente, como si las hubiera esperado.

—¿Que afecta la seguridad del Imperio? ¡Exacto! ¡Eso es precisamente!

Miró directamente al Sumo Sacerdote, abrió los brazos y alzó la voz con expresión exaltada.

—¡Mire, Su Majestad! Todo lo que Kardel ha hecho fue por el bien del Imperio. ¿Quién ha mantenido a salvo al Imperio por generaciones? ¡Fue gracias a esta noble tradición!

Su voz crecía cada vez más, intentando persuadir a los sacerdotes que veían el sacrificio de unos por muchos como algo sublime.

—¡Sin el sacrificio de los miembros de la Casa Kardel, la barrera habría caído hace mucho, y el Imperio habría sido consumido por la corrupción! ¿Acaso ha imaginado un Imperio sin la Barrera Antigua? ¡La gente caería vomitando sangre en las calles, y la capital ardería en un día!

La voz de Gawain se elevó aún más.

—Históricamente, unos pocos han salvado a muchos. Si llaman a esto explotación, entonces están insultando al Imperio.

Él invocó el bien mayor, y creía genuinamente en su lógica. 

Creía que tenía la razón.

Que protegía una verdad que no debía caer.

El peso de la frase “un Imperio sin la Barrera Antigua” no era ligero. Ni siquiera el Sumo Sacerdote podía refutarla de inmediato.

Tras el discurso de Gawain, un silencio incómodo llenó el subterráneo. 

Aprovechando el momento, Gawain continuó con un tono más suave:

—Por favor, juzguen con frialdad. ¿Merece realmente Kardel ser condenado por esto?

—…

—Yo tampoco tomé esta carga a la ligera. ¿Quién podría estar en paz sabiendo que condenó a su propia familia? Pero… alguien tenía que hacerlo, y ese rol lo cumplió nuestra casa.

Contuvo la respiración un momento y miró lentamente a los sacerdotes.

—Muy bien. Permítanme preguntarles: si revelamos la verdad sobre la Barrera Antigua al pueblo… ¿Qué elegirían? ¿Renunciar a la barrera y aceptar el caos? ¿O preferirían la paz mantenida por el sacrificio de unos pocos?

Su voz, disfrazada de suavidad, cortó como una espada.

—¿Podrían asumir la responsabilidad del caos si la barrera cae? 

—¿Y quién cargaría con esa culpa? ¿Acaso Su Majestad en persona?

—¡Príncipe Kardel!

La voz del Sumo Sacerdote destiló furia.

—No pretenderá convocar un Juicio Sagrado solo porque esto no es justo, ¿verdad?

Los ojos de Gawain se estrecharon.

—Su Majestad, lo que la Casa Kardel ha protegido no es solo una barrera. Es la creencia de que el Imperio está bajo la protección del Dragón, un símbolo de paz y orden. A veces, la ignorancia es una bendición. La verdad solo siembra miedo y caos, como un veneno.

Tras sus palabras, el silencio volvió al subterráneo.

En esa quietud, Rudville alzó la cabeza. 

Sus ojos, sin vida pero llenos de intención, estudiaron a Gawain. 

Había cientos de formas de silenciarlo para siempre. Algunas, tan fáciles como un simple cruce de miradas.

Pero Rudville solo estaba decidiendo cuál método usar, uno que no interfiriera con la venganza de Odelli.

Odelli negó levemente la cabeza en su regazo. 

«Déjame a mí.»

Era una señal: ella misma tomaría su momento para derribar a Gawain.

Finalmente, Odelli rompió el silencio y avanzó.

—Si el sacrificio de una persona puede justificarse por la paz del Imperio… entonces ese sacrificio debería haber valido la pena.

Gawain volvió la cabeza hacia ella, pero Odelli no lo miró. 

En cambio, dirigió su mirada a los sacerdotes.

—Si esta barrera fuera tan poderosa como para proteger al Imperio… después de siglos de sacrificios, deberíamos haber visto resultados.

Su mirada recorrió el subterráneo lleno de humo, las runas rotas, las manchas de sangre y los restos de la barrera agrietada.

—Entonces… ¿Por qué seguimos sufriendo maldiciones, enfermedades e invasiones de criaturas oscuras?

La Barrera Antigua se había convertido en un dogma, y nadie cuestionaba su poder. 

La gente prefería creer que era porque la energía maligna crecía, porque las enfermedades eran más virulentas, o porque la humanidad había cambiado, atrayendo peores males.

La familia imperial lo justificaba como “evolución del ecosistema mágico”.

Los Kardel siempre tenían una explicación: cuando alguien sospechaba que la barrera se debilitaba, culpaban al “mundo cambiante”.

Usaban palabras elegantes, mitos y fe para encubrirlo.

—¿Por qué hace décadas las criaturas oscuras invadieron el norte, formando el Cinturón de Bestias? ¿Por qué, pese a tantos sacrificios, las maldiciones y epidemias no cesan? Si la barrera fuera tan poderosa como dicen… ¿no debería el mundo haber mejorado aunque sea un poco?

—Es porque, gracias a la barrera, al menos pudimos defendernos hasta cierto punto…

—No.

Odelli cortó con firmeza.

—La Barrera del Dragón Primordial era perfecta. Ninguna corrupción podía penetrarla, según los registros. Entonces, ¿por qué la barrera que Kardel dice mantener no lo es? ¿Por qué, como alegan, la corrupción crece cada año?

Dio un paso adelante. Luego otro. 

Su voz se volvió más clara y firme.

—Kardel, han fracasado.

Finalmente, habló de nuevo.

—Si la corrupción crece cada año, entonces la barrera ya no es la solución. ¿Por qué no lo ven?

Su tono seguía calmado, pero sus palabras eran frías, decisivas y despiadadas. 

Con ellas, comenzó a diseccionar la hipocresía de Gawain.

—Ustedes solo se aferran al poder, pisoteando la verdad y ocultando su podredumbre.

Los músculos de Gawain se tensaron casi imperceptiblemente. 

Apretó y soltó los dedos, intentando mantener la compostura, pero su escudo ya no era impenetrable.

—Parece que realmente quieren sumir al Imperio en el caos. Si el pueblo supiera de tu egoísmo, no se quedarían quietos…

Gawain intentó, como siempre, culpar a Odelli.

—Pero…

—¿Dijiste que la verdad es un veneno que siembra caos y miedo? No. El verdadero veneno que carcome al Imperio… eres tú.

Odelli lo dejó sin palabras. 

Su voz serena lo destrozó con más precisión que una espada.

—Eres un parásito que devora el futuro del Imperio. Basura que pisotea la verdad y pretende ocultarlo todo.

En el silencio que siguió, hasta las respiraciones cesaron. 

La última frase de Odelli resonó:

—Ahora, es hora de acabar con esa hipocresía.

En ese momento, la Sacerdotisa Principal avanzó. 

Una breve oración después, una luz sagrada iluminó el lugar, extendiéndose como cadenas que ataron los miembros de Gawain.

Era el mismo método que habían usado para inmovilizar a Odelli en el círculo de purificación.

—¡Maldición! ¿Qué hacen? ¡Ni siquiera el Templo puede arrestar así al heredero de Kardel sin un juicio…!

Pero sus protestas terminaron ahí. 

Un sacerdote alzó la mano, y un sello de luz le cerró la boca. 

Era un silencio divino: ya no se le permitiría hablar.

—Gawain Kardel.

El Sumo Sacerdote habló con solemnidad.

—A partir de este momento, pierdes tu derecho a hablar.

Gawain forcejeó, emitiendo sonidos ahogados, pero las cadenas de luz lo inmovilizaron por completo.

—Por la autoridad del Sumo Sacerdote, declaro: todos aquí son testigos de los crímenes de Gawain Kardel, quien enfrentará un Juicio Sagrado por los siguientes cargos.

—Primero: distorsionar la estructura de la magia antigua, corrompiendo su propósito original.

—Segundo: exigir sacrificios sin justificación, tomando vidas como ofrendas.

—Tercero: engañar al Templo y practicar en secreto invocaciones prohibidas.

Tras un breve silencio, vino la sentencia:

—Por estos crímenes, quedas arrestado inmediatamente. Todo derecho a hablar solo se te concederá durante el juicio.

Robin:



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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