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Capítulo 125

El médico que entró en la habitación no se acercó primero a Rudville, sino a Odelli.  

Desde fuera, Rudville parecía demasiado intacto.    

Aunque su cabello estaba despeinado, sus ojos enrojecidos por la fatiga y su frente herida con sangre seca pegada…  

«Mmm, parece estar saludable.»  

Era exactamente como siempre.  

Además, antes de que el médico pudiera evaluar nada, Rudville lo apremió:  

—Atienda a mi esposa. Ahora mismo.  

La insistencia continua hizo que el médico, sin preguntar más, se dirigiera de inmediato a Odelli.  

Arrodillándose con cuidado, tomó su muñeca y le revisó el pulso.  

En un instante, su frente se frunció involuntariamente.  

—…Falta de sueño, deficiencia nutricional… El pulso es extremadamente débil. Está en un estado de gran debilidad. Le receté un sedante suave antes, pero parece que no fue suficiente.  

El médico le levantó los párpados para examinar sus pupilas.  

Su mirada estaba desenfocada, como si apenas pudiera reconocer a la persona frente a ella.  

—Primero, debe tomar algo caliente, como sopa o gachas. Le di instrucciones a su doncella para que la obligara a comer, pero…  

—Solo tomaba un par de cucharadas y luego lo dejaba. Si intentábamos darle más, empezaba a tener arcadas —susurró con cuidado Leona, que estaba de pie a un lado.  

—…  

Su condición se estaba deteriorando sin control hacia un estado crítico.  

«¿Por qué yo…?»  

Rudville también había pasado dos semanas sin comer.  

¿Acaso él no acababa de despertar?  

Por mucho que hubiera usado artefactos mágicos para mantener su vida, era imposible que no tuviera secuelas del ayuno…  

¿Por qué a mí me tratan como a una paciente grave?  

—Ahora que Su Alteza ha despertado, creo que podrá comer con tranquilidad. Después, debe descansar bien al menos dos días. Solo entonces comenzará su recuperación.  

—¿Algo más?  

—Afortunadamente, no parece haber problemas graves en sus funciones fisiológicas.  

—Qué incompetente.  

—¿…Perdón?  

El médico, sorprendido por la reacción inesperada, levantó la cabeza confundido.  

¿De dónde venía ese insulto repentino?  

—Basta. Conozco el estado de mi esposa mejor que usted.  

Rudville lo miró con una expresión que dejaba claro que no quería más preguntas.  

El médico parecía no estar convencido, pero, como si no quisiera involucrarse más, se retiró en silencio.  

—Ah…  

Rudville observó los labios secos de Odelli y sus párpados caídos, y dejó escapar un profundo suspiro.  

Al recuperar sus recuerdos, Rudville también recordó información pasada sobre las características físicas, síntomas y estado de salud de Odelli.  

Y así, comprendió su condición general.  

«En este estado, ni siquiera llegará a los veintinueve… Apenas superará los veintiocho.»  

Dentro de él, el deseo de encerrarla volvió a hervir.  

Quería encerrar a Odelli en un lugar donde nadie pudiera alcanzarla.  

Pero ella había prometido esforzarse…  

Había dicho que lo demostraría…  

—…  

Justo cuando la mirada de Rudville se oscurecía y se hundía en sus pensamientos, Odelli abrió la boca.  

—Tengo hambre.  

Esas palabras lo hicieron contener la respiración.  

Inmediatamente, ordenó a la cocina que preparara algo, y cuando el chef trajo apresuradamente una sopa ligera, Rudville la tomó en sus manos.  

Con una cuchara, verificó que no estuviera demasiado caliente y, con sumo cuidado, la acercó a los labios de Odelli.  

Rudville permaneció en silencio por un momento.  

Con una mirada húmeda, como la de un cachorro bajo la lluvia, observó a Odelli.  

Sus ojos estaban llenos de una pesada culpa.  

La conciencia de haber abandonado a quien debía proteger durante dos semanas se convirtió en autorreproche, hundiéndolo como una bestia arrastrándose por el lodo.  

Mientras tanto, Odelli, al sentir la comida en su boca, notó que el zumbido en sus oídos desaparecía y sus nervios, tensos como agujas, comenzaban a relajarse, dejando su cuerpo adormilado.  

«¿Habrá dormido bien en estas dos semanas?»  

Lo de que solo podía dormir en brazos de Rudville había sido una excusa para calmarlo, pero…  

Era cierto que, en el fondo, deseaba que él se despertara y, usando el insomnio como pretexto, la abrazara de nuevo.  

Odelli, finalmente, comenzó a cabecear, vencida por el sueño.  

—Aún no puede dormir —susurró Rudville mientras la atraía suavemente hacia sí.  

Al sentir sus hombros delgados contra su pecho, se tensó, pero solo por un momento.  

Extendió el brazo y le acarició el vientre con movimientos suaves y monótonos, ayudando a la digestión.  

—Su cuerpo está muy afectado. Por ahora, concéntrese en cuidarse.  

Sus palabras sonaban como una súplica, pero también eran una orden sin espacio para negociar.  

Odelli asintió lentamente y, como si de pronto recordara algo, habló:  

—Adela.  

El nombre desagradable, salido de la nada, hizo que la frente de Rudville se frunciera levemente.  

Odelli acercó sus labios a su oído y susurró:  

—La mujer que usaba el nombre falso “Adela” usó el poder de purificación.  

Con solo eso, Rudville entendió toda la situación de inmediato.  

No, en realidad, lo había intuido desde que recuperó sus recuerdos.  

El dispositivo mágico de purificación.  

Ese artefacto, alimentado por la “energía de purificación” extraída de personas con habilidades purificadoras y la “fuerza vital” de sujetos de experimentación o civiles, podía parecer, a primera vista, una purificación real.  

Especialmente el “tipo de implante corporal” que el lado de Kardel había estado investigando.  

Habían vuelto a usar ese método.  

Mucho antes de lo esperado.  

—Recuperé esa energía de purificación. Mi vida se alargó un poco.  

—…  

¿Acaso esperaba que la felicitara por eso?  

Rudville se sintió exasperado.  

La energía de purificación restante en el dispositivo de esa mujer no sería más que un puñado.  

«Como mucho, habrá ganado unos días más de vida.»  

¿Y en lugar de cuidarse, estaba desgastando su cuerpo aún más?  

Estuvo a punto de pellizcarle la mejilla, pero no se atrevió a tocarla. En su lugar, apretó ligeramente los labios.  

—Haré los arreglos necesarios para recuperar toda la energía de purificación que te quitaron.  

—Sí… Pero no puedes atacar a Kardel ahora. Es nuestra última oportunidad… Debemos ser prudentes. ¿Entiendes?  

Odelli murmuró, medio dormida.  

Su voz ya estaba sumergida en sueños.  

—Por supuesto.  

No sabía cuánto se alargaría su vida con eso, pero…  

Al menos, recuperaría los años que Odelli había acortado usando su poder de purificación en esta vida.  

Finalmente, Rudville giró la cabeza hacia Leona, quien los observaba.  

—Papel y pluma estilográfica. También el sello.  

Leona pensó que había oído mal.  

Pero la mirada de Rudville era firme, sin vacilación.  

Pronto, Leona trajo una caja con documentos y el sello.  

Rudville los colocó en la mesa junto a la cama y, sin demora, comenzó a escribir algo.  

El sonido de la pluma sobre el papel llenó la habitación.  

Era un contrato breve, de apenas unas líneas.  

Después de revisarlo, tomó la mano de Odelli y, con cuidado, mojó su pulgar en el sello.  

—Mi esposa, ¿podría estampar su huella aquí?  

—…¿Qué es esto? —preguntó Odelli con los ojos medio cerrados.  

Su voz, adormilada, sonaba arrastrada.  

—Nada importante.  

Rudville sonrió suavemente.  

—Solo es la documentación de nuestra promesa verbal. El contrato anterior perdió su validez, así que es correcto redactar uno nuevo.  

Guió su pulgar lentamente hacia el documento.  

—Solo necesita presionar ligeramente.  

—Mmm.  

Odelli asintió adormilada y presionó su dedo.  

Cuando el sello quedó impreso en el papel, él susurró con una voz baja y cariñosa:  

—Muy bien, buena chica.  

Odelli cerró un poco los ojos y se apoyó más en su pecho.  

No hizo más preguntas, y Rudville dobló el documento y lo guardó en su bolsillo.  

Mientras tanto, Leona, que había presenciado toda la escena, luchaba contra un intenso conflicto interno.  

«¿De verdad está bien lo que acaba de pasar…?»  

Pero ella era solo una sirvienta.  

Como si hubiera leído sus pensamientos con instinto animal, Rudville lanzó una mirada fría hacia Leona, haciéndola retroceder asustada.  

¡Ay, señora!  

¡Perdón por no protegerla!  

Pero ese obsesivo Gran Duque no le haría daño a la señora… ¿verdad?  

Finalmente, bajó la cabeza en silencio y se retiró rápidamente, como si estuviera huyendo.  



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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