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Capítulo 113

Rudville contuvo la respiración.  

Sentía como si su corazón se hubiera desprendido del pecho y cayera al suelo con un golpe seco.

Aunque abrió los ojos de par en par, no sabía qué expresión poner.

—¿Así que me besaste?

Rudville permaneció inmóvil un largo rato antes de abrir los labios muy lentamente.

—¿Beso… se refiere al acto de transferirle la medicina por vía oral?

Eso era lo único que había hecho con ella. Por eso Rudville vaciló al preguntar. Pero en ese momento, Odelli claramente estaba inconsciente. Él había asumido que era obvio. Fue solo porque juzgó que no podía tragar el analgésico…

Los ojos de Odelli se abrieron incrédulos.

Y luego se estrecharon con sospecha.

Era difícil de creer que un hombre adulto no supiera algo que incluso ella, que había vivido encerrada en su familia toda la vida, conocía.

—¿No sabes lo que es un beso? ¿Cómo es posible? ¿Nunca leíste cuentos de hadas?

—…Sí.

—¿Nunca los leíste? ¿En serio?

—Sí.

—Siempre terminan con el príncipe despertando a la princesa con un beso…

—…

—…

El rostro de Rudville se enrojeció instantáneamente.

Odelli también se sonrojó como si fuera a estallar.

Él, pareciendo consternado, no podía separar los labios hasta que finalmente logró articular unas palabras.

—Eso, es decir… como no tenía fuerza para tragar, temí que se atragantara, así que…

—¿En serio nunca leíste cuentos de hadas? ¿Qué hiciste toda tu vida?

—…Lo siento. Lo corregiré.

—Olvídalo.

A Odelli le pareció que haberse preocupado por esto la hacía sentirse tonta, así que se agarró la frente y giró la cabeza.

Después de un largo silencio, volvió a hablar dirigiéndose a él.

—…Pero, ¿realmente lo hiciste sin saber? ¿Solo para… salvarme?

«Sí», estuvo a punto de responder. En ese momento, solo había tenido el pensamiento desesperado de querer ayudarla.

Pero ahora, consciente de sus sentimientos, ya no podía responder así.

Rudville intentó decir algo más, pero al final bajó la cabeza y murmuró:

—No. Creo que no se me habría ocurrido transferir la medicina por vía oral si hubiera sido otra persona.

—…

Al ver que Odelli permanecía sentada en silencio, Rudville, inquieto, se apresuró a añadir:

—N-no lo volveré a hacer.

Ella tomó el analgésico que sostenía, lo vertió en su boca y lo tragó con agua.

Luego mordió un madelaine que ya se había enfriado y murmuró:

—…No es necesario que evites hacerlo.

—¿Perdón?

—Si es necesario otra vez… puedes hacerlo…

—…

—…Basta.

Rudville se quedó petrificado en ese lugar.

¿Otra vez?

¿Habría una… próxima vez?

No podía creer lo que escuchaba.

—No entiendo bien lo que está diciendo…

—Basta. Idiota que no conoce los cuentos de hadas.

No sabía qué más añadir, así que finalmente cerró la boca con fuerza.

Rudville pasó un buen rato mirando su perfil atontado antes de esbozar una sonrisa muy lentamente.

Ella lo notó, giró bruscamente la cabeza y lo reprendió.

—…¿Por qué sonríes?

Rudville sonrió como un tonto, incluso ante su mirada fulminante, porque le parecía adorable.

Cuanto más intentaba contener la sonrisa, menos podía reprimir la emoción que lo embargaba.

El calor que le llenaba el corazón y la emoción que revoloteaba en cada palabra convirtieron el paisaje de esa mañana en un recuerdo que jamás olvidaría.

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Cuando Rudville finalmente logró sugerir que huyeran juntos, Odelli lo pensó mucho.

Y al final asintió muy levemente.

Con ese pequeño gesto, sintió como si su mundo se abriera. Como si lo tuviera todo.

Siguiendo el método que Odelli le había enseñado en su primer retorno, lograron escapar perfectamente.

Pero esta vez no estaba solo.

Esta vez, Odelli estaba a su lado.

Evadieron por poco el rastreo de la familia Cardelle y llegaron al puerto.

—¿Estás bien?

—Sí. Deja de preguntar. ¿Sabes que lo haces cada cinco minutos?

—Creo que sería mejor si te llevo en brazos…

—Shh, silencio.

El olor a mar era intenso.

El muelle, con el barco de carga atracado, estaba sumido en la oscuridad y el silencio.

Solo el sonido de los pasos de los guardias ocasionales rompía la quietud de la noche.

—Voy a infiltrarme.

Rudville susurró brevemente y siguió a una silueta oscura detenida al borde.

Odelli no dudó. Agarró el borde de su falda y lo siguió, escondiéndose entre pilas pesadas de carga.

El barco en el que se embarcaron pronto cruzaría la frontera al amanecer.

No había nombres en la lista de pasajeros. Era un viaje en el que tendrían que esconderse en la bodega y soportar la travesía a escondidas.

—No te separes de mí.

Rudville abrazó a Odelli mientras se escondía detrás de cajas de madera cubiertas con tela.

Era un tiempo de resistencia, en silencio, solo con el calor del otro.

El aire en la bodega era pesado.

Mezclado con salinidad, olor a hierro y sudor añejo.

Pero allí, en los brazos de Rudville, Odelli sintió una paz que nunca antes había experimentado.

Se relajó, confiando completamente en él.

—…Parece un sueño.

Rudville la abrazó con más fuerza.

Desde lejos, sonó la sirena del barco. Lentamente, el barco de carga que los llevaría a Delhail se preparaba para zarpar.

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Los dos se establecieron en una remota zona rural de Delhail.

Construyeron una pequeña cabaña en un campo tranquilo, casi sin tráfico de personas, al pie de una montaña.

No era nada grandioso.

Arreglaron un pequeño almacén abandonado que parecía una ruina, recogieron ladrillos viejos para hacer una chimenea y plantaron flores al pie de la pared.

—¿Por qué plantas esto…?

—Es la saxífraga, la que me diste. ¿Recuerdas?

—Lo siento. Recién ahora entendí que cada flor tiene un significado. Esta no tiene un buen simbolismo, deberíamos plantar otra…

—¿Qué importa el significado que otros le den? Es bonita. Es la primera flor que me diste. Para mí, eso es suficiente.

Al principio, la lluvia se filtraba y el viento soplaba fuerte, pero se reían.

Se robaban las cobijas mientras dormían, y cuando Rudville se lastimaba un dedo al clavar, ella le soplaba para que no le doliera.

Y entonces, en un día despejado.

Rudville usó todos sus ahorros para comprar anillos de plata.

—No puedo darte algo caro, ni grandes promesas…

Con manos temblorosas, colocó el más pequeño en el dedo de Odelli y el más grande en el suyo.

—Es una promesa de que estaré a tu lado para siempre.

Besó su anillo lenta y profundamente.

Con el rostro de quien sufre un primer amor intenso, susurró:

—…Te amo, Odelli.

Ella apretó su mano.

—Es suficiente.

Ese día, hicieron votos sencillos frente a la chimenea.

No hubo ceremonia ni invitados.

No había altar, sacerdote ni testigos, pero bendijeron sinceramente el futuro que compartirían y celebraron su primera noche juntos con amor.

Por la mañana, cantó un gallo.

Era un pueblo rural en un país extranjero, pero todos los lugares donde vive la gente son similares.

Rudville fue el primero en despertar.

Arregló las cobijas en silencio, tomó un cubo colgado en la pared de la cocina y salió a buscar agua.

Cuando regresó, Odelli abrió los ojos lentamente en la cama.

—¿Regresaste?

—…

Su largo cabello caía sobre la almohada, y ella lo miró con los ojos entrecerrados.

Su sonrisa silenciosa era algo que él podría ver toda la vida sin cansarse.

Rudville, sin motivo, la besó y luego recibió un golpe en la espalda de Odelli.

Al mediodía salieron al patio.

Regaron las macetas y podaron los árboles pequeños.

Odelli se inclinó para examinar un pequeño capullo, mientras Rudville permanecía a su lado, protegiéndola del sol en silencio.

Por la tarde, extendieron una pequeña alfombra bajo un gran árbol.

Cuando Odelli abría un libro, Rudville se recostaba a su lado y solo escuchaba.

—Hoy traje un cuento de hadas.

—…Ahora ya lo sé. No te burles.

—Sé que en secreto te gustan estas historias cursis de amor.

Por la noche, encendían una pequeña lámpara y se acariciaban con cuidado, tomados de la mano.

Algunos días contaban estrellas acostados juntos; otros, simplemente escuchaban la respiración del otro.

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Y entonces, una noche.

Mientras la luz de la chimenea iluminaba suavemente la habitación.

Odelli, abrazando sus rodillas, habló con cautela y suavidad.

—…Ru.

Él giró la cabeza.

—Me gustaría tener un bebé.



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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