Capítulo 110
El primer regreso terminó en la nada.
Con solo la idea de escapar con Odelli, huyó del castillo sin preparación alguna. Fue capturado de inmediato y murió al instante.
Y luego, el segundo regreso.
Esta vez escapó solo de la familia Kardel.
Con este cuerpo débil que ni siquiera puede sostener una espada, era obvio que fracasaría de nuevo si volvía.
Rudville caminó sin rumbo hacia el norte, adentrándose en las montañas cerca del Palacio Imperial.
Confió en el rumor de que un caballero retirado vivía allí.
Pero…
—No tienes talento.
Esas fueron las primeras palabras que Rudville escuchó de él, tras encontrarlo por fin.
El anciano, a quien había suplicado de rodillas al verlo, solo arqueó una ceja con calma.
Era la reacción que esperaba.
Su cuerpo era pequeño y delgado, sin un solo músculo decente en los brazos. Había vivido como esclavo durante 15 años, y tanto antes como después del regreso, se privó incluso de comer y dormir para escapar. Era el resultado lógico. En esos tiempos, hasta las herramientas agrícolas más simples le parecían pesadas.
El chico se levantó de un salto y, adoptando una postura desafiante, replicó:
—¿Cómo puede saberlo sin siquiera probarme?
El anciano, como si no valiera la pena discutir, le lanzó una espada.
Al agarrarla con ambas manos, Rudville tambaleó.
El metal era vergonzosamente pesado. Tanto que casi cayó de rodillas de nuevo.
Incluso con ambas manos, sus brazos temblaron al sostenerla.
—Se nota a simple vista. Tu estructura ósea, tu complexión… no estás hecho para blandir una espada.
—…
—Vete. No hay nada aquí para ti. Serías más adecuado para mover estiércol.
¿Estiércol?
Una vez destrocé a alguien que dijo esas mismas palabras.
Lo hice pedazos…
Por un momento, la ira hirvió en su interior, pero recordó la voz serena que lo llamaba desde detrás del muro cada noche y se esforzó por calmarla.
Después de todo, era el mejor maestro al que podía aspirar en su situación.
—Intentaré mejorar, como sea.
—Qué ridículo. ¿Acaso planeas renacer o algo así?
—…
El anciano se rió y le dio la espalda.
Pero Rudville no se fue.
Esa noche, se sentó en el patio del anciano y esperó hasta el anochecer.
Y lo mismo hizo al día siguiente, y al siguiente.
Incluso cuando llovía o nevaba.
Tras una semana, el anciano frunció el cejo y, a regañadientes, le habló:
—¿Cómo sigues vivo?
—Bebí el agua de la lluvia.
—Loco.
El anciano, como si se rindiera, negó con la cabeza y le lanzó un pan.
No dijo que lo enseñaría.
Pero le mostró cómo sacar agua, cómo encender fuego.
Cómo cocinar, cortar leña, organizar el almacén.
Mientras tanto, su cuerpo comenzó a cambiar.
Al arar el campo del anciano, reparar el techo y arreglar la cerca, la carne y los músculos se adhirieron a sus huesos.
Fue cerca del final del invierno.
El anciano, sin más, le extendió una espada de madera y dijo:
—Blande mil veces al día.
Creyó que sus brazos se desgarrarían.
Al completar las mil repeticiones, sus palmas estaban destrozadas. Cuando su cuerpo empezó a entumecerse, el anciano dijo:
—Diez mil.
No importaba si su cuerpo se arruinaba. No importaba si moría.
Solo quería volverse lo suficientemente fuerte para escapar con Odelli y evadir a la familia Kardel.
Rudville blandió la espada con ese único objetivo en mente.
Un mes después, el anciano habló:
—Ahora podemos empezar.
Desde ese día, el verdadero entrenamiento comenzó.
Desde las posturas básicas, la respiración, hasta cómo sostener el centro de la espada.
Su progreso era dolorosamente lento.
Pero no se impacientó.
—Tch, a este ritmo, apenas serás un caballero de bajo rango para cuando tengas mi edad.
¿Ah, sí?
Entonces decidió entrenar hasta convertirse en un anciano. Así sería en esta vida.
୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧
Y luego, el tercer regreso.
La primera vez que vio a Odelli como caballero, Rudville no pudo hablar. Era el momento que tanto había anhelado.
—Ah, hola, señorita. Yo, yo soy…
Balbuceó como un tonto, incapaz de presentarse correctamente.
—Soy…
Incluso dudó en decir el nombre que ella le había dado.
No se sentía digno.
Aún no merecía llevar el nombre de un héroe.
—…Me llamo Ru.
Cuando uno de los caballeros de la familia Kardel se acercó a hablarle, Odelli lo miró con ojos llenos de desconfianza.
Su mirada era fría y llena de escepticismo.
—Señorita, ¿qué…?
—¿Eh?
—No me hables.
¿Por qué había asumido que ella le sonreiría?
En su primera vida, incluso sin compartir una palabra a través del muro, se habían entendido más profundamente que nadie. Había una conexión por su situación compartida.
Ahora no.
Rudville estaba del lado que la encerraba.
Un vigilante que seguía las órdenes de Kardel.
Un guardián que se turnaba cada 12 horas para evitar que escapara del sótano. Frente a una puerta sellada, solo veía el rostro inexpresivo de Odelli.
No había palabras, ni conexión.
Ella ya no decía su nombre.
Pero estaba bien.
Aunque ella no lo recordara.
Aunque no supiera quién era.
Por ahora, bastaba con poder estar a su lado.
…Al menos por un tiempo.
Rudville ya conocía la ruta de escape y había fijado la fecha para abrir el pasaje secreto.
Para sacarla, eligió deliberadamente el puesto de vigilante.
El lugar más cercano para proteger la puerta.
A un paso de poder abrazarla.
Pero Odelli ni siquiera le permitía hablar.
«¿Debo llevarla en brazos mientras duerme? Escapar del castillo primero y explicarle después…»
Pero no quería hacerlo así.
Antes de ese día, quería convencerla.
De que escaparan juntos.
—¿Cómo se gana el corazón de una mujer?
—…Nunca mencioné a una mujer.
—Vamos, como si no fuera obvio.
Cuando preguntó a uno de los vigilantes cómo ganar el afecto de alguien, terminó así. El caballero soltó consejos absurdos, como mostrar los músculos para impresionar.
—Pero, ¿por qué te complicas? Tú solo con mostrar esa cara bastaría.
Si fuera así, no te habría preguntado.
Lo miró fijamente, y el caballero chasqueó la lengua.
—Patético. Si no vas a usar esa cara, dámela a mí.
—…
—Escucha. Las mujeres…
Justo cuando se arrepentía de preguntar, la siguiente frase lo atrapó.
—…Se arrodillan y les ofrecen un ramo de flores.
—¿Flores?
—Sí, rojas. El sueño de las mujeres.
Probablemente se refería a rosas rojas.
Pero Rudville había sido esclavo, sujeto de experimentos, y en su vida anterior solo había empuñado una espada en las montañas hasta viejo.
No conocía el mundo.
Aún no recibía su salario, y no tenía dinero para flores.
Así que fue al bosque, arrancó un puñado de flores rojas silvestres y se las ofreció.
—…
—…
—¿Qué es esto?
—Son… flores.
Al enfrentar la mirada fría de Odelli, supo que algo había salido mal.
Pero ya no había vuelta atrás.
Sudando frío, parpadeó con expresión torpe.
Un silencio incómodo.
Odelli miró las flores rojas y finalmente habló:
—¿Por qué me das esto?
Eso… ni él lo sabía con certeza.
No esperaba que abriera su corazón por un ramo.
¿Quería ver una pequeña sonrisa? No, ni siquiera eso.
Solo quería cualquier excusa para hablarle.
—¿Qué se supone que haga con esto? ¿Necesitas que las purifique?
—¡No! Para nada. Yo solo, eh… es decir…
—Siempre merodeas por aquí.
Odelli no tocó las flores. Dio media vuelta.
—Si la familia se entera, morirás. Te lo advierto.
La puerta se cerró, y el cerrojo resonó con un clank.
Como si fuera la última barrera entre ellos.
Rudville se quedó paralizado.
En sus manos, las flores rojas del bosque aún temblaban.
Y entonces…
PLOP
Un pétalo cayó al suelo.

RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD