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Capítulo 102

Odelli recordó el primer momento en que sospechó de Adela.

Ojos azules, una cicatriz familiar, incluso la amnesia.

Al principio, pensó que era una coincidencia y decidió ignorarlo.

Era un hecho que Adela había llegado primero a ese lugar.

Pero ahora, al reflexionar de nuevo…

—Aunque Rudville no hubiera venido a este pueblo, tarde o temprano se habrían encontrado.

—Todos en esta región están en deuda con ella. Si no fuera por la señora Adela, mis hijos y yo seguiríamos sumidos en la desesperación.

Una influencia tan grande que todos la llamaban Santa.

Un poder que hacía que la gente se sintiera en deuda con ella.

«…Incluso si no hubiera venido aquí, tarde o temprano Rudville habría oído hablar de ella.»

Si Adela no se hubiera limitado a esta región, sino que hubiera expandido su labor de ayuda y aumentado su influencia…

Quizás habría ganado el reconocimiento de Rudville, el gobernante del ducado.

Y si todo eso había sido parte de su plan desde el principio…

«Si realmente fue Adela quien absorbió la energía vital de los niños….»

Odelli, sumida en sus pensamientos, miró a la mujer que observaba a los niños con preocupación.

«¿Debería probar algo?.»

Aún no había certeza de nada. Todo podía ser solo una suposición suya.

Pero no podía descartar la posibilidad.

«Los niños no deben correr ningún peligro.»

Sin provocar, esperaría a que Adela actuara y revelara sus verdaderas intenciones…

—Rudville, necesito hablar contigo.

Él inclinó la cabeza hacia Odelli.

Ella se acercó y susurró en su oído, tan bajo que solo él podía oír:

—Creo que deberías tener cuidado con Adela.

Rudville mostró una expresión de sorpresa.

Como si no esperara esas palabras.

—Hace poco me dijiste que la llevara al castillo.

—…Las circunstancias han cambiado.

Claro, podía ser simplemente una buena persona, pero no estaba de más ser precavido.

Rudville se sumió en sus pensamientos por un momento y luego esbozó una lenta sonrisa.

—¿Acaso estás celosa?

—….

Odelli se quedó sin palabras y movió los labios.

Ella era la única en ese lugar que podía ver la energía vital y leer sus rastros.

Una habilidad que había desarrollado tras incontables ciclos de purificación, sintiendo cómo la energía se contaminaba, se desgarraba y se desgastaba.

El Rudville que había vivido miles de regresiones lo habría sabido… pero el actual no.

Por eso debía parecerle que Odelli estaba desconfiando de Adela sin motivo.

—No es eso.

—¿Por qué no?

—….

«¿Acaso desea que sean celos?.»

Al ver que Odelli mantenía la calma, él frunció el ceño, molesto.

—…En fin, esto es serio. Escúchame.

Ella continuó con su explicación.

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Adela secaba el sudor de los niños y les cambiaba la ropa mojada.

Aunque su rostro mostraba genuina preocupación, su mente estaba en otra parte.

«Con esa mujer a su lado, el perfume no tiene ningún efecto.»

Desde el principio, había sospechado.

Cuando el Gran Duque de Exion abandonó el orfanato.

Él había tenido una mirada hechizada por el aroma, pero de pronto tomó la mano de la Duquesa y recuperó la lucidez.

Además, no le dio oportunidad de acercarse.

Como siempre, su mirada estaba fija en la Duquesa.

Esa mirada serena e indiferente.

Esa actitud que decía: Solo hay una persona para mí…

Le carcomía los nervios.

«¿Por qué no funciona?….»

Ese perfume debería afectar incluso a la mente más fuerte.

Un artefacto sagrado que evocaba el momento más añorado, el recuerdo más preciado.

El Gran Duque, enloquecido por la mujer de ojos azules, no tendría escapatoria.

Pero…

Ni una vez se había acercado por voluntad propia.

Al contrario, cuando Adela intentaba acercarse, él se pegaba más a la Duquesa o incluso olfateaba el aire para escapar del efecto del perfume.

«Aún no sabe que el perfume es la causa.»

Si lo supiera, la habría interrogado, con o sin pruebas.

El hecho de que no lo hubiera hecho significaba que solo sentía repulsión instintiva, sin entender la razón.

Durante el viaje en carruaje, no dejó de pensar en ello.

En cómo él abrazaba a esa mujer, enterrando su rostro en su cuello.

…Tenía que separarlos.

Necesitaba que él inhalara su perfume, aunque fuera una vez.

Un solo momento bastaría para que todo comenzara a desmoronarse.

Pero no había oportunidad.

Adela bajó la mirada.

Sus dedos temblaban levemente.

«Solo necesito una oportunidad. Una sola….»

En ese momento, el hombre que actuaba como si muriera al separarse de la Duquesa se levantó.

—¡…!

Y se alejó de ella.

¿Tenía algún asunto pendiente?

Adela se apresuró a levantarse, excusándose con que iría a buscar más medicinas para los niños.

Y siguió a Rudville, que había salido.

«Ahora.»

Ahora era el momento.

Rápidamente, aplicó el perfume en su cuello y muñecas.

CHSS, CHSS.

Casi cubriendo todo su cuerpo, desesperada.

Esta podría ser su última oportunidad.

No importaba si otros lo notaban. Para ellos, solo sería un aroma intenso.

Entonces, recordó la advertencia de esa persona:

—No te apliques el perfume más de tres veces.

—¿Por qué?

—Porque en lugar de evocar nostalgia, podría causar alucinaciones y locura.

Adela dudó un instante…

«¿No es mejor que enloquezca por mí?.»

Y lo desechó.

Había envidiado la obsesión del Gran Duque por la Duquesa.

Una devoción ciega, un amor que ignoraba miradas ajenas, incluso a costa de ser llamado loco…

Y el poder y la riqueza que traería consigo.

«…Todo será mío.»

Ahora, el Gran Duque solo tendría ojos para ella.

୨꒷・┈┈・⊹ ̊ʚ・┈ ⊹ ̊✪ ⊹ ̊┈・ɞ⊹ ̊・┈┈・꒷୧

Rudville revisó su bolsillo, asegurándose de que el objeto seguía ahí.

Caminó con calma, invitando al acercamiento.

Adela, creyendo que era su oportunidad, se acercó paso a paso, agarrando su falda con dedos pálidos y delgados.

—Gran Duque….

Lo llamó con voz contenida, inclinando levemente la cabeza para esparcir el perfume de su cuello y muñecas.

Un aroma más intenso llegó con el viento.

—Por favor… ¿podría escucharme un momento?.

Sus ojos azules, frágiles como el cielo, temblaban con pretendida vulnerabilidad.

—No sé desde cuándo… pero cuando estoy frente a usted, me siento tan feliz que apenas puedo respirar… y a la vez, tan temerosa.

Rudville observó su actuación, apretando el objeto en su mano.

Una sonrisa sutil se dibujó en sus labios.

La misma expresión que tenía frente a una bestia, al desenvainar su espada.

Una sonrisa teñida de locura.

«Mi esposa dijo que esta mujer era sospechosa.»

Entonces, lo era.

Odelli solo le había pedido que la probara, pero Rudville no pensaba detenerse ahí.

Revelaría cada uno de sus trucos.

Por qué cada vez que ella se acercaba, sentía que enloquecería.

Entre el aroma que nublaba su razón, Rudville ocultó sus garras afiladas y esperó.

—Su Alteza….

Y justo cuando Adela extendió su mano hacia él…

No fue el tenue aroma, sino uno tan penetrante que resonaba en su cabeza.

Instintivamente, contuvo la respiración, pero el perfume ya se había infiltrado.

Como hundiéndose en un pantano, la realidad se alejó.

La figura de Adela se dividió en dos, superponiéndose en extrañas postimágenes…

—¡…!

Y entonces, llegó el dolor.

Un sufrimiento abrumador, incomparable al persistente dolor de cabeza.

Pero no importaba cuán intenso fuera.

La niebla que siempre nublaba su mente se rasgó de golpe.

—Ah…

Recuerdos del pasado.

Fragmentos que nunca habían sido claros, que parecían alucinaciones por su imposibilidad temporal y espacial…

Por fin comenzaban a aparecer.

Memorias de algo vivido incontables veces, pero siempre borrosas.

Por primera vez, fluyeron con claridad.

{—…Le daré una muerte sin dolor.

  

—Sí, por favor.

Su sonrisa no mostraba resentimiento ni arrepentimiento. Solo alivio por el fin del sufrimiento… y preocupación por él.  

Sus dedos temblorosos buscaron su mano.  

Al tocarlo, su temperatura fría enfrió el calor de él.  

—…Dijo que repetía el tiempo. ¿Volverá a buscarme la próxima vez?.  

Su voz, débil pero clara.  

Un nudo le oprimió el pecho.  

Labios mordidos hasta palidecer, manos convulsionando.  

Rudville no soltó su mano mientras alzaba su espada.  

—…Siempre lo haré.

  

—Aunque el mundo se derrumbe primero.}  

Rudville inhaló hondo.  

Nunca antes los recuerdos habían sido tan vívidos.  

Siempre borrosos, como sueños que quizás nunca ocurrieron…  

Pero esta vez era distinto.  

Solo una cosa permanecía oculta:  

el rostro de esa mujer.  

Y eso lo atormentaba.  

—¿Gran Duque?.  

Adela lo miró, confundida al verlo paralizado, agarrando su cabeza.  

Rudville volvió a la realidad.  

Recordó todo cuando esa mujer, Adela o como se llamara, se acercó.  

«…¿Es que al estar cerca de ella recupero mis recuerdos perdidos?.»    



RAW HUNTER: ANNA FA
TRADUCCIÓN: ROBIN
CORRECCIÓN: ROBIN
REVISION: ANNAD



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