Capítulo 44
—¡Basta, detente!
El grito nervioso del director hizo que los actores se quedaran quietos y lo miraran. Lo mismo hicieron los miembros del staff, pero el único al que él estaba mirando era a uno solo.
—¡Chase, qué demonios te pasa! ¿Por qué no puedes concentrarte hoy?
Al instante, todas las miradas se dirigieron a Chase. Este, que iba a pasarse una mano por el cabello perfectamente peinado, se quedó a medio gesto. La mano quedó torpemente suspendida en el aire antes de caer. Viendo eso, el director volvió a soltar una maldición.
—¡Maldita sea! ¡Treinta minutos de descanso!
Dándose la vuelta lleno de furia, gritó con un rugido que sonó como un soliloquio, aunque estaba claro a quién iba dirigido:
—¡Esto es una pesadilla!
Pero Chase solo desvió el rostro sin expresión alguna.
Desde que había vuelto al rodaje, su estado había sido un desastre. Cada rato cometía errores y provocaba repeticiones. A pesar de los gritos y ruegos del director, nada cambiaba. Al final le dieron dos días de descanso, pero la situación empeoró aún más.
—No podemos seguir retrasando esto.
El director se mesaba el cabello, desesperado. El rodaje se reanudó a la fuerza, pero la actitud de Chase seguía siendo la misma: parecía ausente, olvidaba los diálogos, se quedaba parado en blanco.
Después de una breve pausa, intentaron una nueva toma, pero fue todavía peor. Tras varias equivocaciones, terminó soltando la revista que debía pasarle a Naomi, provocando suspiros de frustración en todos lados.
—¡No sirve, lo dejamos aquí por hoy! … ¿Qué te pasa? ¿Dónde tienes la cabeza?
El director suspendió la filmación y pospuso la escena para el día siguiente. Ya era la enésima vez en pocos días. Todo por culpa de Chase, aunque él no se disculpaba ni mostraba vergüenza; como si nada, se fue directo al tráiler. El director solo negó con la cabeza, incrédulo.
—Ya no puedo cambiar de actor a estas alturas… —con un suspiro resignado, se marchó maldiciendo entre dientes—. Por eso… no… debía… pero…
Junto a Chase, Laura seguía diciendo algo, pero él ya no escuchaba nada. Su mente estaba ocupada por una sola cosa: Josh.
Al ver que Chase giraba la cabeza inquieto, Laura terminó diciendo lo obvio:
—Escuché que Josh empieza su turno por la noche. Seguramente está descansando en la residencia. ¿Quiere que lo llame?
Antes de que terminara de hablar, Chase ya se estaba dando la vuelta con paso rápido hacia el edificio donde se alojaban los guardias. Laura suspiró y lo siguió resignada; Isaac, Seth y el mánager fueron tras ellos como siempre.
Cuando por fin llegaron al alojamiento temporal, Chase se tensó de golpe. Dio unos pasos dudosos y luego caminó más deprisa. Pero el cuarto de Josh estaba vacío. Frunciendo el ceño, salió de nuevo, seguido por toda la comitiva. Una escena ya demasiado habitual.
—Aunque Josh mintiera diciendo que era Beta, ¿no es demasiado exagerado vigilarlo tanto? —murmuró Isaac en voz baja.
Seth lo miró de reojo y murmuró como para sí mismo:
—Con lo despistado que eres, ¿cómo sobrevives en este mundo…?
—¿Eh? ¿Qué dijiste?
—Nada, olvídalo.
En ese momento, Laura giró la cabeza hacia Seth:
—¿Podrías llamarlo? Necesitamos saber dónde está.
—De acuerdo.
Seth sacó el teléfono y llamó. Al cabo de unos tonos, Josh respondió.
—¿Dónde estás?
Tras unas breves palabras, Seth informó a Laura:
—Dice que está comiendo, probablemente en el comedor del staff…
Ni siquiera terminó de hablar cuando Chase se detuvo en seco.
—¿Dónde? —preguntó con voz baja.
Laura, nerviosa, señaló en una dirección:
—Por ahí, pero señor Miller, mejor espere en el tráiler, yo me encargaré de llamarlo…
Una sugerencia lógica, pero Chase no la escuchó. Inmediatamente se giró y caminó en esa dirección. Y como siempre, todo el séquito lo siguió.
El comedor, pasado ya el horario de almuerzo, estaba medio vacío. Algunos miembros del staff tardíos se servían comida en el buffet. Apenas entró, Chase lo vio de inmediato: Josh, frente a la parrilla de los filetes, hablando con alguien. El rostro de Chase se iluminó… hasta que lo notó.
Josh no estaba solo. A su lado, una mujer menuda le respondía con una risa clara.
El corazón de Chase se heló al instante. Sus puños se cerraron con fuerza, abriéndose y cerrándose, y luego comenzó a caminar con pasos rápidos y amenazantes hacia Josh.
***
A media tarde, Josh salió de su alojamiento y se dirigió sin prisa hacia el comedor exclusivo para el staff. Pensaba comer algo y descansar lo suficiente antes de su turno nocturno.
Como los árboles y la hierba abundaban en los alrededores, los insectos eran un problema frecuente; por eso el comedor improvisado se mantenía siempre cerrado y con el aire acondicionado funcionando sin parar. Josh lanzó una mirada distraída al compresor que rugía afuera y luego abrió la puerta para entrar.
Era una hora muerta, ni almuerzo ni cena, y el lugar estaba medio vacío. Tomó un plato sin dudar y se sirvió un poco de ensalada en una esquina. Enseguida vio que la parrilla de los filetes estaba libre y se acercó sin pensarlo.
—Oh.
Una mujer llegó casi al mismo tiempo, dejando escapar una breve exclamación. Josh se hizo a un lado y, con una sonrisa cortés, le cedió el paso con la mano.
—Adelante.
—Gracias.
Ella le devolvió la sonrisa y pidió al cocinero:
—Al punto, por favor.
El empleado colocó un filete sobre la parrilla y luego miró a Josh, esperando su elección.
—¿Me lo puede hacer poco hecho? Gracias.
El cocinero escogió un trozo grande y jugoso.
—Vaya, ¿eso es favoritismo? Ese se ve mucho mejor —bromeó la mujer, incómoda cuando él no rió. Desvió la mirada, pero sus ojos acabaron cruzándose con los de Josh. Sonrió con torpeza, carraspeó y sacó otro tema.
—Usted es el guardaespaldas del señor Miller, ¿verdad? ¿Qué tal es el trabajo? Dicen que es insoportable.
Se presentó como asistente de otro actor y lo miró con expresión compasiva. Josh contestó con su habitual sonrisa:
—Se puede manejar, aunque sí es complicado…
Quiso añadir un cumplido, pero no se le ocurrió nada. Al final cerró la frase con:
—Cuando le ves la cara, lo entiendes todo.
—Ah, eso es cierto. Yo también me quedo impresionada. Pensé que estaba harta de ver actores, pero el señor Miller es…
Ella quedó un momento ensimismada en sus recuerdos y luego lo miró de nuevo.
—¿Vio aquella filmación en la que se disfrazó de mujer?
—Sí, claro.
—Nunca pensé que le quedaría tan bien. Me quedé embobada mirándolo.
Luego añadió con un murmullo travieso:
—Ese anuncio, ¿lo recuerda?
Josh entrecerró los ojos con complicidad.
—Dulce, dulce…
—Mi amigo, la barra de chocolate.
Los dos rieron al unísono. Fue en ese instante cuando alguien lo agarró del hombro y lo giró con brusquedad.
—…Ah.
Josh dejó escapar una exclamación de sorpresa, pero no reaccionó con un golpe. No hacía falta ver quién era: ya lo presentía.
—Chase… señor Miller.
Reconociéndolo, Josh rectificó de inmediato. El silencio cayó entre ambos hasta que Chase desvió la mirada hacia la mujer que seguía a su lado.
El ambiente era tan tenso que cualquiera podía sentirlo. Ella se encogió de hombros, nerviosa, y miró en todas direcciones buscando una salida. Justo entonces el cocinero le entregó su plato terminado; la mujer lo tomó sin dar las gracias y se alejó casi huyendo.
Josh la siguió con la mirada un instante, pero luego volvió los ojos hacia Chase. Él, que también había observado cómo se marchaba, lo miró de frente.
—¿Esa mujer también es tu hermana?
La pregunta cargada de sarcasmo hizo que Josh respondiera con sinceridad:
—No. Solo cruzamos un par de palabras mientras esperábamos… nada importante.
Pero Chase no pensaba lo mismo. Sin previo aviso, lo tomó del brazo y lo arrastró con paso violento. Los demás tuvieron que apresurarse, corriendo a ratos, para seguirles. Sin mirar atrás ni detenerse un segundo, Chase llegó al tráiler y entró llevándose a Josh consigo, cerrando la puerta de un golpe.
El eco del portazo resonó en el claro y luego todo quedó en silencio. Los que habían seguido hasta allí exhalaron aliviados, con los hombros caídos.
Con el rostro pálido, Laura se pasó la mano por la frente empapada de sudor.
—La filmación terminó por hoy, así que todos pueden retirarse. Si el señor Miller pide algo, avísenme…
—Entendido —respondió Seth, y añadió—: Aunque dentro de dos horas Josh tomará su turno de guardia. Supongo que se encargará como siempre.
—Eso espero.
Laura lanzó una última mirada preocupada al tráiler y luego a Seth. Él captó perfectamente lo que ella sospechaba, pero fingió no entender y apartó la vista. Laura se quedó pensativa, con gesto sombrío, y murmuró casi para sí misma:
—No puede ser… ¿verdad?
Seth, en cambio, sí pensaba que aquel “no puede ser” de Laura probablemente era cierto. Poco después, ella y el resto del staff se despidieron y se marcharon. El único que permaneció junto a él fue Isaac, que no tardó en hablar:
—¿No deberíamos entrar? ¿Y si Josh está solo ahí dentro y Chase le pega?
—¿Josh va a quedarse quieto recibiendo golpes? No te metas.
Seth desechó sus palabras con indiferencia. Isaac, incómodo, se rascó la cabeza y echó una mirada preocupada hacia atrás.
«Ojalá no pase nada…»
***
Dentro del tráiler reinaba un silencio tenso. Chase no había dicho ni una palabra desde que arrastró a Josh al interior. Este, con el estómago vacío y los nervios a flor de piel, intentaba centrarse en la situación.
Si seguían así, Chase no abriría la boca jamás. Josh iba a romper el hielo cuando el actor lo fulminó con la mirada y habló al fin:
—¿Qué hacías con esa mujer?
Josh contestó con la verdad.
—Solo iba a cenar. Nos cruzamos y cambiamos un par de frases, nada más.
Como si lo confirmara, su estómago rugió con fuerza. Josh rió con torpeza, incómodo.
—Es que estoy muerto de hambre.
—¿Con tanta hambre y aún así tienes tiempo de coquetear con una mujer?
Josh lo miró en silencio. Una pareja celosa podía resultar adorable, pero eso dependía del momento y la persona. Ahora, con el estómago vacío y Chase fuera de sí, aquel celo no le hacía ninguna gracia. Parecía capaz de salir corriendo y buscar a esa mujer para hacerle algo, y Josh supo que debía escoger muy bien sus palabras.
—No volverá a pasar.
—…
—No hablaré con nadie más. Solo contigo.
Esbozó una sonrisa, como preguntando “¿ya está bien?”. En el fondo pensaba que, si no comía algo pronto, acabaría devorándose a Chase. El hambre era lo único que no podía soportar.
Pero Chase no estaba para pensar en comidas. Josh ya había notado más de una vez que él solía saltarse las horas de comer sin darle importancia. Lo único que le importaba en ese instante era haber visto a Josh hablando y riendo con otra persona. Aguantando las ganas de gritar o golpear la pared, apretaba y soltaba los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
Al fin respiró hondo, tratando de calmarse. Josh ladeó la cabeza, intrigado. Resultaba extraño: estaba tan alterado, y sin embargo no desprendía ni una pizca de feromonas. Lo único perceptible era el débil aroma que impregnaba el tráiler.
Y entonces cayó en la cuenta.
Desde que habían vuelto al set, el olor de las feromonas de Chase se había vuelto mucho más tenue. Incluso Seth e Isaac —que solían comer caramelos a cada rato— ahora lo hacían menos. Mark, encantado con el ahorro en dulces, lo había comentado hacía poco.
—Tú.
Josh alzó la vista justo cuando Chase lo increpó con brusquedad:
—¿Por qué no me diste tu número?
La pregunta lo dejó desconcertado.
—¿Ah, no te lo pasé?
—Exacto.
Chase apretó los dientes. Siempre habían estado juntos, y Josh nunca lo había considerado necesario. Ahora, pedir intercambiar números le resultaba hasta vergonzoso. Así que intentó salir del paso con humor:
—Pero si yo tampoco tengo el tuyo.
—310-447-12XX.
Chase recitó su número sin dudar, y Josh se quedó pasmado.
—Di el tuyo.
No era momento de bromear. Con una risa nerviosa, Josh se lo dio. Chase lo tecleó enseguida en su móvil y, sin perder tiempo, pulsó la llamada. Al sonar el tono en el bolsillo de Josh, este abrió los ojos de par en par.
—¿Qué haces? ¿No lo vas a contestar? —preguntó Chase, molesto.
«¿Para qué voy a contestar si estás delante?», pensó Josh, pero prefirió no provocarlo. Apretó el botón de llamada y se llevó el móvil al oído.
—¿Hola?
Entonces Chase cortó la comunicación y ordenó de inmediato:
—Guárdalo.
Josh obedeció en silencio. Solo entonces comprendió: Chase había querido comprobar en su cara que no le mentía. No era que no lo entendiera; sus propias acciones daban pie a la desconfianza. Aun así, la incomodidad lo hizo fruncir el ceño.
—Nunca te mentiría.
Aunque sí ocultaba cosas.
La imagen de Pete cruzó fugazmente su mente, y Josh guardó silencio. Chase, en cambio, no pensaba detenerse.
Lo llevó hasta el baño, lo desnudó y revisó cada rincón de su cuerpo. Buscó marcas de besos, cualquier huella sospechosa. Al hundir la nariz en su entrepierna para aspirar su aroma, Josh casi se desmaya del susto.
—Tu olor es demasiado débil —murmuró Chase allí abajo.
Por eso había logrado ocultarlo todo este tiempo. Josh pensó aquello en silencio y luego replicó:
—¿No era que odiabas a los Omegas por su olor?
—Sí —asintió Chase con seriedad. Un momento después, su rostro adoptó una expresión grave—. Por eso yo…
Iba a decir algo más, pero se calló. Josh no pudo preguntarle qué quería decir, porque Chase lo besó de golpe. Bajo la lluvia de la ducha, Josh solo pudo recibirlo con un gemido entrecortado.
***
HAAAH.
Josh soltó un suspiro junto con el humo del cigarrillo. Cuatro rondas seguidas, por muy resistente que fuera, no eran cosa fácil. A duras penas había logrado comer algo en medio, pero apenas terminó ese breve descanso, todo volvió a empezar desde cero. Encima, tuvo que contener a Chase cuando intentó ir por más.
—Dame un respiro, ¿sí…?
Se encogió en cuclillas, sujetándose la cabeza entre las manos. Ya de madrugada, al despertar, había retirado con cuidado el brazo de Chase que lo rodeaba por la cintura y salió afuera. Si no fumaba un cigarro, no había manera de calmar esa sensación amarga.
—Ay, ay…
Le dolía la espalda, las caderas, las articulaciones… el cuerpo entero. Con el gesto serio, volvió a levantarse y dio una larga calada.
«¿Cómo se supone que voy a resolver esto?»
Llevaba tiempo buscando el momento para hablarle de Pete, pero intuía que, si lo hacía mal, todo podía terminar en desastre. Y si esperaba demasiado, la situación de Chase podría empeorar aún más.
Las arrugas en su entrecejo se marcaron con fuerza. Jamás había tenido una relación tan complicada. En cualquier otro caso, ya habría salido corriendo. Detestaba las relaciones que pesaban como una carga.
«¿Entonces por qué ahora era distinto?»
No había respuesta, y darle vueltas solo le traía dolor de cabeza. Ese tampoco era él. Aun así, siguió fumando, perdido en pensamientos que no llevaban a ningún lado, hasta que notó cómo el sol empezaba a asomarse en el horizonte.
«Ah.»
Con el rostro demacrado, Josh parpadeó. Reconoció una silueta que se acercaba: era Mark, que venía para el relevo. Esperó en silencio hasta que el hombre se detuvo frente a él, y este, sorprendido, preguntó:
—Pero ¿qué te pasó en la cara? ¿Ocurrió algo anoche?
Josh no necesitaba un espejo; con solo ver su reacción ya podía imaginar en qué estado debía de estar.
—No, solo estoy cansado… Voy a descansar un rato.
—Claro, has trabajado toda la noche. Bien hecho.
Josh asintió para sí: «sí, toda la noche estuve ocupado». Tras despedirse brevemente y darse la vuelta, Mark lo llamó desde atrás:
—Ah, cierto, ¿te dije ya que hoy regresa el equipo de seguridad?
—¿Eh?
Josh se giró sorprendido. Mark, con el rostro iluminado de alivio, añadió:
—Llegan por la tarde. Al parecer ya completaron el personal. ¡Por fin podremos volver a casa!
Pensar en su esposa e hijas parecía llenarlo de emoción, incapaz de contenerla. Josh, desconcertado, apenas murmuró un “ah, ya veo…” como respuesta.
***
Cerca del mediodía, Laura fue quien le informó a Chase del relevo de los guardaespaldas. El actor, que dormía hasta tarde por tener rodaje en la tarde, solo despertó cuando ella entró en el tráiler.
—…¿Qué?
Aún medio dormido, frunció el ceño, así que Laura repitió pacientemente:
—Me avisaron que llegan esta tarde. Apenas hagan la entrega del turno, los suplentes que estaban trabajando se retirarán. Así no habrá más huecos en la seguridad…
Laura siguió hablando, pero las palabras no parecían llegarle. Cuando terminó, notó lo extraño de su silencio y lo observó con cautela.
—Señor Miller… ¿hay algún problema?
Su reacción llegó con un segundo de retraso: la miró de golpe, como sorprendido. Laura sonrió con torpeza.
—El equipo de seguridad va a cambiarse, ¿le parece bien?
No era la reacción que había esperado. «¿De verdad habría algo entre él y Josh?» La duda le cruzó la mente, aunque decidió no precipitarse y mantuvo un tono completamente profesional, esperando.
Chase permaneció callado. Sentado, pestañeaba sin decir nada.
—…
—¿Perdón?
Cuando por fin habló, Laura ni siquiera lo entendió, y tuvo que repetir la pregunta. Pero antes de que él dijera algo más, captó la intención.
—¿Se refiere a Josh? ¿Quiere que lo llame aquí?
De nuevo, silencio. A Laura le dio la impresión de que no sabía decidirse. Tal vez aún medio dormido, pensó. Así que tomó la iniciativa.
—Entonces lo llamaré.
Tras una breve pausa, él asintió. Laura se despidió y salió del tráiler. Afuera, Henry montaba guardia.
—Quiere que llames a Josh.
Él no reaccionó. No era que no la oyera, simplemente no le interesaba nada ni nadie. Laura lo interpretó como que quizá compartía la misma sospecha que ella.
—Sí, Josh, soy Laura.
Marcó el número, reprimiendo la curiosidad, y se alejó. Henry fue el único que quedó en la entrada. Echó un vistazo al reloj: ya casi era hora de cambio de turno.
«¿Quién tocaba hoy?»
Recordando el horario, vagó sin rumbo por los alrededores del tráiler. Y justo entonces, alguien apareció de improviso delante de él. Sorprendido, casi suelta una maldición, hasta que reconoció el rostro: era una actriz secundaria. Ella sonrió y lo saludó.
—Hola, vengo a hablar con el señor Miller sobre la próxima escena. ¿Puedo pasar un momento?
***
El sonido de la puerta al abrirse hizo que Chase, que estaba en la habitación bebiendo agua, girara la cabeza de inmediato.
—Joshua.
Llamó su nombre y avanzó con rapidez, pero enseguida se sintió decepcionado: quien entró no era él, sino otro guardia. Chase frunció visiblemente el ceño, aunque Henry, que ya esperaba esa reacción, habló con calma:
—Una actriz que participa en la misma producción quiere hablar con usted sobre su papel. ¿Desea recibirla?
—¿Quién?
Aunque sabía que no reconocería el nombre, preguntó sin pensar. Henry se lo dijo, pero no le sonaba en absoluto.
—Dile que se vaya.
—¡Señor Miller!
Justo cuando Chase se dio la vuelta sin contemplaciones, una voz femenina lo detuvo desde atrás.
—¡Un momento, no puede entrar así!
—¡Señor Miller!
Henry intentó detenerla, pero Becky lo llamó con desesperación. Chase, sorprendido, se detuvo un instante. Ella aprovechó para hablar:
—Nos vimos en la fiesta del señor Pittman, ¿lo recuerda? Soy Becky.
El aroma a Omega que desprendía hizo que Chase, por fin, la recordara. Pero no en buenos términos. De golpe, todas las imágenes regresaron a su mente:
Los labios de Josh intentando besarlo. La caricia de aquel pañuelo limpiándole el rostro. La mirada tierna con la que lo contemplaba.
Y entonces lo comprendió. Todo había empezado allí. Si aquella noche no hubiera salido al jardín, si no hubiera percibido aquel rastro de feromonas…
Si nunca hubiese conocido a Joshua.
De haber sido así, jamás habría descubierto lo que estaba sintiendo ahora.
—No te conozco.
—¿Cómo dice?
Becky, desconcertada, repitió la pregunta. Pero eso solo encendió aún más la furia de Chase.
—¡He dicho que no te conozco! No me molestes y lárgate de una vez. ¿Qué esperas? ¡Sácala de aquí!
—¡Señor Miller! Por favor, solo escúcheme un momento…
—¡Que te largues! —la voz de Chase estalló en un grito—. ¿Es que no entiendes? ¡Maldita sea! ¡Cómo voy a recordar a alguien como tú!
De inmediato, el color se esfumó del rostro de Becky. Atónita, quedó paralizada mientras Chase, con un insulto entre dientes, le dio la espalda. Henry intentaba sacarla del tráiler con cuidado para que no resultara herida, pero ella se resistía. Chase los ignoró y abrió la puerta del salón contiguo.
—¡Chase, detente!
El ruego desesperado de ella se transformó en un grito cargado de odio.
—¿Qué…?
La voz confundida de Henry apenas se escuchó antes de que un sonido imprevisto sacudiera el tráiler.
¡BANG!
Un disparo resonó con fuerza, seguido de un golpe sordo. Chase se detuvo en seco y giró la cabeza.
Quien había caído era Henry. El guardia yacía en el suelo, sangrando a borbotones, mientras gemidos de dolor escapaban de sus labios. Chase alzó la vista y, más allá, vio el rostro desencajado de la mujer que temblaba con una pistola en ambas manos.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN