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EPÍLOGO

Josh esperaba la reacción de Chase con el corazón encogido, como un reo esperando sentencia. Chase permaneció callado tanto rato que parecía haber dejado de respirar. Tras un silencio que se sintió como media vida, por fin abrió la boca.   

—Yo…

Josh levantó la cabeza al escuchar aquella voz temblorosa. Chase lo miraba con una expresión entremezclada de shock y terror.

—¿Yo te violé?

—¡No, claro que no!

Josh lo negó de inmediato. Al ver el rostro de Chase cubierto de desconfianza, repitió con firmeza:

—Fue porque yo quise.

Era la verdad. Josh volvió a confesar:

—Fue porque lo deseaba, porque me gustabas demasiado. No fue culpa tuya.

Los ojos de Chase se abrieron con fuerza, incapaz de pronunciar palabra. Al verlo así, a Josh le dolió el pecho y se le humedecieron los ojos.

—Lo siento.

—…

—Perdóname por no haberlo dicho antes, por mentirte.

Chase lo miraba sin decir nada, mientras Josh, con voz temblorosa, se disculpaba. Él estaba dispuesto a aceptar cualquier reproche. Al fin y al cabo, ya se había preparado para ello. Incluso si todo terminaba aquí, sería solo volver al inicio.

Cuando un punzante dolor le atravesaba el pecho, de pronto Chase murmuró:

—…Menos mal.

Josh parpadeó, incrédulo. Para su sorpresa, los ojos de Chase estaban llenos de lágrimas. Lo decía de verdad. Con un suspiro tembloroso, Chase continuó:

—Sabía que había estado con alguien.

—…

—Estaba seguro de que, durante el celo, había estado con alguien, pero no recordaba nada. Y durante años lo he estado buscando…

—¿Me estabas buscando?

—Sí.

Ante la pregunta sobresaltada de Josh, Chase se tapó el rostro con ambas manos y soltó un suspiro entrecortado.

—Como no aparecías y no encontraba ninguna pista, llegué a pensar… que quizá había sido con un perro.

—¡No! —Josh lo interrumpió de inmediato, alarmado—. Nunca fue con un perro, Chase.

El gesto de Chase se endureció, sorprendido. Josh, con pesar, siguió hablando:

—Fue Grayson quien mintió.

Poco a poco, Chase apartó las manos del rostro. La conmoción era evidente en sus facciones. Josh se inclinó y le dio un suave beso en la frente.

—Como te resistías una y otra vez, solo quiso asustarte con eso…

—¡Ese maldito! ¡Voy a matarlo!

Chase rugió de pronto, incorporándose de golpe. Pete, que dormitaba detrás, se asustó con el grito y rompió a llorar. Josh lo alzó apresuradamente para consolarlo.

—Cuida lo que dices, no hables así delante del niño.

Las palabras de Josh, inusualmente serias, hicieron que Chase cerrara la boca. Pero la rabia que le hervía por dentro era demasiado grande para contenerse. Se puso de pie y empezó a caminar en círculos con pasos rápidos.

—Dijo que lo hizo pensando en ti.

Aunque ni él mismo lo creía, Josh transmitió las palabras tal cual. Chase se detuvo en seco y lo fulminó con una mirada feroz.

—Grayson no sabe lo que son los sentimientos. Solo los finge.

Josh lo miró, viendo cómo sus hombros se agitaban de ira, y volvió a hablar:

—Dijo que nunca lo habías hecho con nadie.

Chase, que se estaba tirando del cabello, se quedó helado otra vez. Al ver sus ojos sorprendidos, Josh aclaró:

—Siempre lo controlaste con inyecciones. Y lo ocultó todo este tiempo porque tú seguías rechazándolo; solo dijo eso para asustarte.

—…

—Pero matar no es la respuesta, Chase.

Josh lo contuvo con voz firme, aunque calmada.

—Ya lo golpeé bien, pero si quieres, puedo hacer que lo secuestren para que seas tú quien lo golpee.

—Está bien.

—Está bien.

Sellaron el trato con sencillez. Aun así, Chase no lograba aplacar del todo su ira: apretaba y aflojaba los puños, suspiraba mirando al cielo y pateaba el suelo mientras dejaba salir su furia.

Solo cuando logró tranquilizarse un poco, pasó los dedos con fastidio por su cabello. Josh, que sostenía a Pete —ya adormilado otra vez—, se puso de pie. Entonces la mirada de Chase se posó en ellos.

Su forma de mirar a Pete ya no era la misma de antes. En su expresión se mezclaban desconcierto, incomodidad, asombro y ternura. Josh esperó en silencio hasta que Chase lograra poner en orden sus emociones.

—…Aquel con quien me acosté y después no recordaba nada… eras tú.

—Sí.

La respuesta salió sin vacilar. Chase abrió la boca para replicar, pero enseguida la cerró. Josh notó de inmediato que había estado a punto de soltar un insulto y se había contenido.

Tal vez percibiendo el cambio en el ambiente, Pete abrió los ojos. Con los párpados a medio caer, miró alrededor parpadeando. Chase fijó su mirada en él. El silencio que se instaló era más intenso y dulce que nunca. Finalmente, Chase habló con voz baja:

—Perdóname por no haber podido salvar a Jason.

Pete lo miró y sonrió ampliamente. Chase, sorprendido, parpadeó. Entonces el niño dijo:

—Está bien.

Chase, que miraba fijamente a su hijo mientras volvía a cerrar los ojos y quedarse dormido, preguntó:

—¿No era su amigo más querido?

—Lo era —Josh esbozó una sonrisa amarga—. Pero parece que ahora tu rostro le gusta más.

—…

—¿No te alegra?

Ante aquel inesperado silencio, Chase le lanzó de pronto una mirada molesta.

—¿Como tú?

—¿Yo?

Josh frunció el ceño, como preguntando “¿qué dices?”. Chase rechinó los dientes.

—Al final, tú también me quieres solo por mi cara.

Josh vaciló. Chase, como si intentara contener su rabia, escupió las palabras:

—Si lo único que te gusta es mi cara, entonces somos iguales. ¿No?

Josh estuvo a punto de soltar una broma —“y si te quito la cara, ¿qué queda de ti?”—, pero se contuvo. No era el momento de bromear.

—Idiota.

—¿Qué dijiste?

Chase se enfureció de inmediato. Josh, con una sonrisa amarga, respondió:

—Eso también eres tú.

—…

—Eres todo lo que tienes.

Josh lo recalcó una vez más y añadió con un toque de humor:

—Además, piénsalo. Si al principio no me hubiera atraído tu cara, cuando dijiste que podía golpearte, no me habría limitado solo a eso.

Chase preguntó, incrédulo:

—¿Quieres decir que me perdonaste por mi cara?

—Al menos no te di una patada giratoria.

Ante la desvergonzada respuesta, Chase soltó un bufido entre incrédulo y rendido, pero al final no dijo nada. Josh decidió dejar de tomarle el pelo y habló con seriedad.

—Tal vez al principio fue por las feromonas.

—…

—O quizás por tu rostro.

Chase dudó un momento antes de preguntar:

—¿Y ahora?

—Ahora…

Josh sonrió con timidez. Por primera vez, Chase lo vio nervioso. Abrió la boca, respiró hondo, y al fin confesó:

—…Te amo.

Los ojos de Chase se abrieron de par en par. En ese instante Josh comprendió: nunca antes había pronunciado esas palabras con sinceridad.

—Te amo.

Lo repitió como si fuera una declaración solemne. ¿Cómo no había sabido hasta ahora que esas palabras podían sonar tan dulces?

Mientras lo pensaba, Chase lo rodeó de repente con los brazos. Acto seguido, sus labios se encontraron y sus lenguas se entrelazaron con intensidad. El aliento agitado de Chase invadió la boca de Josh, y en segundos, el aroma de las feromonas lo impregnó hasta la punta de su nariz. Cuando su mente comenzaba a nublarse, Chase se separó de él. Al ver la expresión aturdida de Josh, pestañeó.

Aquel rostro lo reconocía.

Chase dejó escapar un suspiro breve.

Era el hombre de sus sueños.

—Eras tú, de verdad.

Chase lo susurró con voz temblorosa. Estaba a punto de besarlo otra vez, pero olvidó que había un niño entre ellos.

—Uwaaang…

Despertado de su sueño por quedar en medio, Pete rompió en llanto. Chase, nervioso, se apartó apresuradamente, mientras Josh soltaba una carcajada.

—Pronto te acostumbrarás… sobre que tienes un hijo.

Josh besó a Chase, que miraba a Pete con expresión incómoda. Le mordió suavemente el labio inferior y luego, soltándolo, se llevó la mano a la oreja.

—Esto también lo dejaste tú aquella vez.

La mirada de Chase se clavó en ese punto. Josh continuó en voz baja:

—Aunque fue algo inesperado, estoy agradecido. Gracias a eso tengo a Pete… todo esto es la felicidad que me diste.

—…

—Y ahora quiero que lo sepas tú también.

Josh, que había tenido muchas relaciones pero nunca había pronunciado esa frase, al fin la dijo:

—Cásate conmigo, Chase.

Los ojos de Chase se abrieron al máximo. Se cubrió la boca con una mano y dio un paso atrás, incapaz de creerlo. Josh esperó, como antes, hasta que él asimilara el impacto. Y tras un silencio más breve que el anterior, Chase asintió.

—…Sí.

Josh fingió no notar que sus ojos se humedecían. En su lugar, cerró los suyos y lo besó, murmurando:

—Te haré feliz, Chase Miller.

***

En la sala VIP del aeropuerto no había nadie más que un hombre y dos niños. El hombre estaba de pie, casi pegado al enorme ventanal que daba a la pista, contemplando sin descanso los aviones que descendían.

Tras él, un niño y una niña correteaban sin parar por la amplia sala.

—¡Pete, dámelo! ¡Te dije que lo devolvieras!

Cuando un muchacho bastante grande le arrancó de la cabeza el lazo y salió corriendo, la niña gritó indignada y corrió tras él. Logró alcanzarlo a duras penas, pero aún era demasiado baja; aunque estirara los brazos con todas sus fuerzas, no conseguía alcanzarlo. Frustrada, gritó con rabia:

—¡Papá! ¡Pete me quitó la cinta del pelo!

—Pete, devuélvela. Se va a enojar.

El hombre, todavía con la vista fija en el exterior, respondió con indiferencia. Cecil, resoplando, extendió la mano.

—¿Oíste? ¡Dámela ya!

—Tonto, ¿para qué usas eso en la cabeza si eres un chico? ¿Acaso eres una niña?

—¡Dámela, te digo!

—¡Cecil es una niña, una niña!

—¡Dámela!

Al final, Cecil rompió en llanto. Fue entonces cuando Chase giró la cabeza, se apresuró y tomó a la niña en brazos.

—Papá, papá.

—Ya, ya. Qué bueno eres.

Chase le dio unas palmaditas en la espalda y luego miró a Pete. La actitud desafiante de antes había desaparecido y ahora, con gesto inseguro, Pete lo observaba. Chase sonrió y le revolvió el cabello.

—Pete, no debes molestar a Cecil.

—Pero Cecil es un niño —protestó Pete—. Los chicos no usan esas cosas. Tampoco visten vestidos rosas.

Al verlo fruncir los labios, Chase recordó de pronto su propia infancia.

—Yo también lo usé, Pete.

Pete se quedó pasmado. Chase, incómodo pero sabiendo que algún día lo sabría, habló con sinceridad.

—Cuando era mayor que Cecil… de tu edad más o menos, me lo puse. Incluso hice anuncios.

Los ojos de Pete se abrieron de par en par y solo parpadeó sin saber qué decir. Chase se preocupó de haberle hecho daño. Dejó a Cecil en el suelo, se inclinó y se puso a la altura de Pete.

—¿Estás decepcionado de tu papá?

Pete no respondió, movía los ojos de un lado a otro con nerviosismo. Aquello dejó a Chase con un sabor amargo, temiendo haber mostrado un rostro triste sin querer. Pero de pronto, Pete abrió mucho los ojos y negó con fuerza con la cabeza.

—¡No, claro que no! Papá, no estoy decepcionado. Si alguien quiere ponérselo, se lo pone. No importa. ¡Cecil también puede usarlo! Así que no llores.

Aunque lo de llorar era un malentendido, al ver a su hijo aferrarse a su cuello y esforzarse por consolarlo, Chase sintió el corazón lleno.

—Está bien. Gracias, Pete. No voy a llorar.

—Ajá.

Pete asintió cuando su padre le acarició la espalda y se apartó. Aún con expresión intranquila, Chase le sonrió para tranquilizarlo. Solo entonces el rostro de Pete se relajó y devolvió a Cecil el lazo que tenía en la mano.

—Toma.

Cecil lo recibió y enseguida lo devolvió a Chase.

—Papá, arréglame el lazo bonito antes de que venga daddy.

—Claro.

Chase le hizo un lazo con destreza. Lo sostuvo de la cintura y lo alzó frente al espejo de la pared para que pudiera verse. Solo entonces Cecil mostró una sonrisa satisfecha.

Después de dejar al niño en el suelo, Chase preguntó entre risas:

—¿De verdad te gustan los vestidos, Cecil?

—¿Eh?

Cecil levantó la cabeza, soltó una breve exclamación y se quedó pensativo un momento.

—No es que me gusten tanto.

—Entonces ¿por qué siempre quieres usarlos?

Chase lo preguntó con simple curiosidad. Cecil respondió con inocencia:

—Porque cuando me pongo ropa de niña, daddy dice que me veo lindo y se alegra. Seguro es porque me parezco mucho a papá. Y como daddy quiere tanto a papá…

—¿Eso es todo?

Chase, sonriendo, lo presionó un poco más. Cecil pareció pensarlo con seriedad, pero luego mostró una radiante sonrisa.

—Es un secreto.

—¿Qué?

Chase se quedó con la sonrisa congelada, mirándolo fijo. Pero Cecil ya había perdido el interés y salió corriendo hacia Pete para decirle algo. Chase lo observó marcharse con un deje de tristeza y luego volvió la vista hacia la pista. Otro avión estaba aterrizando.

—Oh…

Reconociendo una marca familiar, Chase miró con rapidez el reloj de su muñeca.

—¡Pete, Cecil! ¡Daddy llegó!

Al oír su voz apresurada, los niños que seguían peleando giraron la cabeza al mismo tiempo.

—¡Daddy!

—¿Daddy?

Ambos gritaron mientras corrían hacia él. Chase los abrazó y se dio la vuelta con premura. Apenas los guardaespaldas abrieron la puerta, salió corriendo. Con Pete bajo un brazo y Cecil montado en sus hombros, avanzaba a toda velocidad.

—¡Uwaa, uwaa!

Cecil gritaba entusiasmado desde arriba. Chase, con sus largas piernas, atravesó el aeropuerto como un rayo y llegó en un instante a la puerta designada. Era un acceso especial para los pasajeros del jet privado, donde solo había personal de seguridad.

Con el corazón latiendo con fuerza, Chase esperó a que la puerta se abriera. Cuando al fin lo hizo, sintió que el corazón se le detenía.

—¡Daddy…!

—¡Daddy!

El niño montado en sus hombros y el otro colgado de su costado agitaban los brazos y gritaban al unísono. Pero Chase, paralizado, no pudo dar un paso. Solo pudo mirarlo.

Tras dos meses sin verlo, el hombre salió frotándose el cuello con gesto cansado, pero al mirarlos enseguida se le iluminó el rostro.

—¡Mis tesoros!

Exclamando con alegría, dejó caer el equipaje y corrió hacia ellos, abrazando de golpe a los tres, incluido Chase.

—¿Me esperaron mucho? Vaya… Cecil sigue tan bonito como siempre. Y tú, Pete, parece que creciste más.

Tras mencionar a los dos niños por turnos, Josh besó a Chase. Al separarse, sonrió, pero de inmediato llovieron las palabras.

—Daddy, daddy. ¡Hace un rato Pete me quitó el lazo!

—¡Daddy! Papá, no, digo, ¡fue Cecil!

—Joshua, escucha. Me pasó algo y…

—Sí, sí, está bien, lo sé.

Los tres hablaban al mismo tiempo, cada uno intentando hacerse escuchar, y el alboroto creció. Josh se apresuró a calmar la situación.

—Vamos a casa y me lo cuentan, ¿sí? Prometo escuchar todo.

—Daddy, ¿esta vez cuánto tiempo te quedarás? —preguntó Cecil con ansiedad.

En un instante todos guardaron silencio y fijaron la mirada en Josh. Él sonrió antes de responder:

—Pienso descansar tres meses. Este trabajo fue realmente agotador.

Al verlo frotarse los hombros con exageración, los otros tres guardaron silencio. No hacía falta hablar; Josh podía leerlo todo en sus rostros. Con una sonrisa afectuosa, añadió:

—Volvamos… a casa.

—¡Sí!

—¡Guau!

Pete y Cecil gritaron al unísono, y Chase esbozó una amplia sonrisa. El nuevo beso entrelazó sus labios más tiempo que el anterior. Cuando por fin se separaron, Chase, con el rostro suavemente sonrojado, susurró:

—Te extrañé.

Josh le devolvió la sonrisa y otro beso. Después, al apartarse, dijo:

—La próxima vez, déjame a mí decirlo primero.

Chase no respondió, solo sonrió. Entre el parloteo de los niños, ambos comenzaron a caminar juntos. Pete, con voz emocionada, empezó a contar en voz alta:

—Daddy, escucha. ¿Sabes por qué a Cecil le gusta ponerse vestidos de niña? Pues resulta que…

Klynn: Estos capítulos le tocaban a Robin traducirlos, pero no me pude contener y aquí estamos: son la 1:00 a. m. de un viernes y, en unas horas, suena mi alarma para irme a trabajar. Pero valió totalmente la pena. ¡Nos vemos en los extras!

Posdata: ¿alguien puede decirme por qué a Cecil le gusta vestirse como niña? ¿Cuál es el secreto? ¿Lo explican en los extras?



TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN


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