Capítulo 35
«¿Por qué?»
Ese fue el primer pensamiento que se le cruzó. «¿Por qué Grayson está aquí? ¿Por qué? ¿Cómo?»
Como si respondiera a su pregunta muda, Grayson habló:
—Tuve la suerte de encontrarme con Mark. Si no me hubiera abierto la puerta, habría tenido que esperarte afuera sin más. Qué suerte, ¿no crees?
—Grayson.
Chase apenas pudo repetir su nombre. Grayson ladeó la cabeza como si respondiera con un “¿sí?”.
—Aquí… ¿por qué viniste? De repente. ¿A qué…?
Chase se odiaba por el temblor de su cuerpo y por tartamudear al hablar. Le resultaba insoportable, pero frente a Grayson siempre reaccionaba igual.
Un hombre al que odiaba profundamente y, al mismo tiempo, temía con toda su alma. Alguien que detestaba pero al que nunca podía desafiar.
Para Chase, Grayson era exactamente eso. Aunque se presentara solo, siempre le daba la sensación de que lo tenía sujeto con una correa invisible. Y, como siempre, a sus pies parecía estar ese perro.
«Ah.»
La respiración se le agitó tanto que terminó mareándose. Chase cerró los ojos con urgencia y se cubrió el rostro con ambas manos. Grayson, viéndolo así, habló con su habitual tranquilidad:
—Decían que habías tenido un accidente, pero te ves mejor de lo que imaginaba.
Chase lo miró con rencor entre los dedos.
—¿Y eso te decepciona?
—Claro que no. Nunca entiendes mis verdaderos sentimientos.
Grayson suspiró con dramatismo, como si actuara en una obra. Incluso puso la mano en el pecho y exclamó un “¡Ohh!” como si fuera Hamlet. Y, por supuesto, aquello bastó para que a Chase le diera escalofríos de puro asco. Bajó lentamente las manos y lo encaró.
El rostro crispado de Chase contrastaba con la calma de Grayson, que continuó con la misma ligereza:
—Vine a ver si estabas rodando bien la película, y parece que sí.
—Ja.
Chase soltó una corta risa irónica. Grayson no se inmutó; lo escaneó de arriba abajo y luego le dedicó una amplia sonrisa.
—Nunca pensé que serías tú quien interpretara al Dr. Flame.
—¿Y por qué no?
Su tono cortante hizo que Grayson soltara una carcajada. El sonido alegre y desubicado endureció de golpe el rostro de Chase. Mientras lo miraba, Grayson respondió con claridad:
—Porque eres Chase Miller, no el Dr. Flame.
Para él, esa respuesta era más que suficiente. Chase, incrédulo, se quedó sin palabras unos segundos. «¿Vino hasta aquí solo para soltar semejante estupidez?» Pero claro, tratándose de Grayson, era totalmente posible. Asqueado, apretó los dientes.
—…Lárgate.
Apenas pudo contener la sensación de asfixia y el deseo de gritar. Se levantó de golpe, tomó los jeans que Joshua había usado antes y se los puso sobre el cuerpo desnudo. Pasó junto a Grayson y salió de la habitación.
Pero si Grayson hubiera venido con intención de rendirse tan fácilmente, jamás habría llegado hasta aquí. Sin dudarlo, echó a andar tras él.
—No me sigas. Te dije que te largues.
—Hace tanto que no nos vemos, no seas así. Ven, dame un beso, hermanito.
—Estás demente. Vete al demonio. Seguro que esta situación te parece de lo más graciosa, ¿no?
Chase rechinaba los dientes de rabia. Grayson abrió exageradamente los ojos, como sorprendido:
—¿Cómo puedes decir eso? ¡Si yo te adoro! Aunque bueno… siempre me has malinterpretado.
—No es un malentendido, es la verdad. Si de verdad me amaras, no me harías esas cosas.
Chase lo dijo con firmeza, pero Grayson solo mostró un rostro de incomprensión.
—Precisamente porque te amo, quiero ayudarte.
Chase soltó un resoplido corto y después alzó la voz con furia:
—¿Ayudarme? ¿Forzándome a follar con un perro cuando estoy en celo?
La expresión de Grayson se tornó genuinamente intrigada mientras replicaba:
—¿Y qué tiene de malo hacerlo con un perro?
Chase se quedó sin palabras y detuvo sus pasos. La mente, en blanco por un instante, pronto se le llenó de calor.
—¿Y tú? ¿Acaso te basta con follar con cualquiera?
Escupió con sarcasmo al girarse. Grayson lo observó en silencio. Fue un instante extraño, incómodo; justo cuando Chase empezaba a tensarse, Grayson se movió. En un solo paso largo se plantó frente a él, inclinando la cabeza. Clavó sus ojos en los de Chase y habló con una dulzura perturbadora, como si revelara una verdad bien guardada.
—Chase, un agujero es un agujero.
—…Ha.
El suspiro escapó de su boca como un lamento vacío. Chase lo miró sin fuerzas. «De nada servirá lo que diga. ¿Alguna vez hubo alguien que realmente me entendiera?» Una vez más, volvió a enfrentarse con esa certeza.
No le quedaban ganas de hablar ni energía para hacerlo. Sostenerse en pie ya le consumía todo. Ante su silencio, Grayson prosiguió:
—Si no te gusta, ya te lo dije varias veces: deshazte del exceso de feromonas antes.
—Yo…
Chase iba a responder, pero se detuvo. De pronto, las palabras del mayordomo le vinieron a la mente.
{—Para proteger a su amado hijo menor, no tuvo más remedio.}
Mordiéndose los labios, preguntó:
—Y tú… si llegara a pasar, ¿violarías a Bliss? ¿Qué harías si te llegara el rut y no hubiera nadie?
Grayson contestó de inmediato, sin la menor duda.
—Si los ciclos coinciden, no habría remedio. Mejor eso que con un perro, ¿no?
De golpe, el rostro de Chase perdió todo rastro de color.
—Él es tu hermano…
Pero Grayson no mostró alteración alguna.
—Ayudarse mutuamente está bien, ¿qué tiene de malo?
Ante un Chase que parecía haber quedado en shock, Grayson aspiró profundo de su cigarro y soltó el humo con parsimonia. Una sonrisa tenue se dibujó en sus labios.
—¿O prefieres hacerlo otra vez con un perro?
Chase aspiró el aire con brusquedad. Grayson lo observaba entrecerrando los ojos. Los labios de Chase temblaron, se abrieron, se cerraron y volvieron a abrirse. Solo después de varios intentos, salió la voz:
—Yo… yo no lo hice.
La confesión, entrecortada, temblaba de miedo. Grayson soltó una corta carcajada.
—¿Y cómo lo sabes? Si no recuerdas nada.
Era cierto. Y Grayson sabía exactamente dónde hurgar: en su miedo más profundo. Inclinó lentamente la cabeza y lo miró con una sonrisa torcida.
—¿O tal vez no fue un perro, sino un gato?
La visión de Chase se nubló. Las arcadas le subieron a la garganta. De pronto, imágenes del pasado irrumpieron en su mente: las cortinas ondeando, respiraciones ásperas, el olor penetrante de un animal en celo.
HAAH, HAAH.
Su respiración se volvió errática. Grayson, viéndolo así, soltó una risa amarga.
—Chase, de verdad no te entiendo. ¿Qué es lo que está tan mal? Nathaniel y yo… todos tratamos de ayudarte.
—…Ugh.
Chase respiró hondo, exhaló, y con voz quebrada logró hablar:
—Déjame en paz.
—Chase.
Grayson extendió una mano. Chase la apartó de un manotazo.
—¡Te dije que te largues! ¡Que no me toques! ¡Tendría que haberte matado, debí dispararte a ti y no a Alex!
—Chase.
—¿Qué se supone que está haciendo?
Una voz irrumpió de repente. Grayson giró la cabeza, y Chase abrió los ojos de par en par, sobresaltado. En cuanto distinguió el rostro del hombre que estaba a unos pasos, su rostro se endureció y dejó escapar un resuello ahogado.
Cuando por fin consiguió soltar el aire entrecortado, Joshua avanzó a grandes zancadas y se interpuso entre ambos. La mirada directa que le lanzó hizo que Grayson se sorprendiera un instante, aunque enseguida su expresión cambió a una de diversión.
Un silencio gélido se extendió entre ellos. El primero en hablar fue Joshua.
—No puede entrar así como si nada. Aunque sea familia, debería haber pedido permiso antes.
—Lo pedí, a Mark —respondió Grayson con una sonrisa torcida—. Él me abrió la puerta.
—Eso es imposible. Acabo de hablar con Mark y no mencionó nada. Y aunque lo hubiera hecho, jamás habría dejado de informarle al señor Miller. El hecho de que él no supiera nada solo significa que usted entró aquí por su cuenta.
Ante el tono firme, Grayson parpadeó antes de sonreír con calma. Inesperadamente, hasta lo elogió.
—Inteligente.
—Gracias.
Replicó Joshua con sarcasmo. Grayson se acarició el mentón mientras lo observaba en silencio. Esa mirada seguía siendo incómoda, y Joshua solo deseaba que se marchara de una vez, pero el hombre no mostraba intención alguna de hacerlo.
—…¿Qué crees que estás haciendo?
La mano que Grayson había extendido fue atrapada de golpe por Chase. Aún pálido, lo fulminaba con la mirada y preguntaba en un tono bajo. Joshua bajó los ojos hacia la mano detenida frente a él, luego miró a Chase y después otra vez a Grayson. Sin embargo, Grayson seguía con la vista clavada en Joshua, sin moverse.
—Dime, no parece un Beta. ¿De verdad lo es?
—Lo es.
Contestó Chase con sequedad, y solo entonces Grayson apartó la mirada hacia él.
—¿Y qué te lo asegura?
Con ese matiz divertido en la voz, Chase, aún rígido, replicó:
—Con olerlo basta. No emite nada. Ni siquiera reaccionó a mis feromonas.
—Oh…
Un murmullo lento escapó de Grayson. Al mismo tiempo, tanto Chase como Joshua pensaron «mierda», pero ya era tarde: en el rostro de Grayson se dibujaba una sonrisa extraña.
—¿Lo oliste y hasta probaste usar feromonas? ¿Por qué?
—Vete.
—¿Qué fue lo que te dio tanta curiosidad?
—¡Te he dicho que te largues!
—Señor Miller.
Joshua se interpuso de inmediato entre los dos. Sus miradas se clavaron en él al mismo tiempo. Con serenidad, habló. Pero al querer decir “señor Miller”, se dio cuenta de que ambos compartían el mismo apellido. No tuvo más remedio que omitirlo.
—Su hermano acaba de despertar y está cansado. Será mejor que hoy se retire y vuelva en otra ocasión.
Grayson lo observaba con los ojos entornados. Joshua añadió con frialdad:
—Con una cita previa.
Pensaba que si ese hombre no se iba por las buenas, tendría que sacarlo a la fuerza. Se lo decía a sí mismo como un simple deber, pero la verdad era que, si se trataba de proteger a Chase, estaba dispuesto a hacer lo que fuera.
Durante unos segundos, Grayson no respondió nada. La expresión con la que lo miraba resultaba imposible de descifrar. Joshua frunció el ceño.
«¿Qué significa esa cara?»
No sabía si estaba sorprendido, fastidiado, enojado o decepcionado. Jamás había visto a alguien poner un gesto tan ambiguo. No podía adivinar qué pasaba por su cabeza.
—Bueno.
Cuando Grayson abrió la boca, Joshua lo miró con absoluta desconfianza, preparado para atacar en caso necesario. Pero, para su sorpresa, el hombre esbozó una sonrisa fresca y se volvió hacia Chase.
—Entonces me voy, no queda de otra.
Era difícil creer que Grayson se retirara tan fácilmente. «¿Hablaba en serio?» Joshua lo miraba con desconfianza, pero el otro seguía sonriendo cuando añadió:
—¿Me acompañarías hasta la salida? Mi hermano no creo que lo haga, y volver solo sería algo triste.
Cada vez que abría la boca decía cosas que no tenían nada que ver con él. Joshua, incrédulo, asintió en silencio.
—Entonces, Chase, esfuérzate.
—Cállate.
A pesar de la grosería, Grayson negó con la cabeza y hasta suspiró antes de darse la vuelta. Joshua se tensó, temiendo que Chase le arrojara una silla por detrás, pero al final el actor solo lanzó un insulto y no pasó nada más. Para evitar que la situación se saliera de control, Joshua se apresuró a seguir a Grayson.
—Ah.
Ya casi en la entrada, Grayson se detuvo de pronto. «¿Y ahora qué?» Joshua frunció el ceño, molesto. Grayson miró por encima del hombro hacia Chase y esbozó una sonrisa.
—Si lo quieres, solo tienes que convertirlo en Omega, Chase.
Y como si nada, añadió:
—¿Verdad?
Mientras sonreía en dirección a Joshua. El desconcierto fue tal que ni siquiera él entendió lo que acababa de pasar, y tampoco Chase. Esta vez el actor sí intentó agarrar a su hermano por el cuello, pero Grayson se escabulló con rapidez.
—Nos vemos la próxima, Doctor Flame.
Se burló al añadirlo, sin olvidar reírse por lo bajo.
—Por aquí, señor Miller.
Joshua no tuvo más remedio que sacarlo de allí a toda prisa, antes de que Chase cometiera un asesinato.
***
—Huuuh.
Por fin, al salir del tráiler y quedar en el espacio abierto, Joshua sintió que el aire por fin entraba en sus pulmones. Soltó un largo suspiro, pero en cuanto su mirada se cruzó con la de Grayson, su rostro se endureció al instante. El otro le devolvió la mirada con una sonrisa torcida.
—No me mires con tanta desconfianza, de verdad es absurdo. ¿Cómo puede ser tan difícil ver a mi propio hermano?
—La razón usted la sabe mejor que nadie.
Ante la respuesta de Joshua, Grayson fingió una expresión de sorpresa. Joshua frunció el ceño. «¿Por qué todos los gestos de este hombre parecen tan falsos, tan calculados?»
—No tengo idea de qué hablas. ¿Tú sí? Oye, por cierto, ¿cómo dijiste que te llamas?
Intentando provocarlo, Grayson lanzó la pregunta, pero Joshua mantuvo la compostura y contestó sin alterarse:
—A cualquiera le molesta cuando lo obligan a algo por la fuerza.
—¿Obligar? ¿Yo? ¿A qué?
Joshua no sabía si lo decía en serio o solo quería jugar con él. Calló, observándolo en silencio. Grayson se acarició la barbilla con gesto pensativo y ladeó la cabeza.
—¿Te refieres a eso?
Joshua creyó por un segundo que por fin iba a hablar en serio, pero entonces Grayson continuó, con toda tranquilidad:
—¿A cuando jugábamos a las escondidas y Chase siempre era el señuelo? ¿A cuando lo metíamos en el clóset para que se acostumbrara a la oscuridad? ¿O aquella vez que lo empujé por la chimenea para que entendiera que Santa no existía? ¿O cuando lo lancé frente al autobús escolar porque decía que no quería ir a clases? ¿O cuando lo encerré tres días seguidos en la sala de audio, pasándole películas una tras otra, para que aprendiera a actuar antes de debutar? ¿O quizá…?
—¡Un momento, espere! Por Dios, ¿qué demonios está diciendo? ¿Está diciendo que todo eso se lo hizo a Chase, al señor Miller? ¿Y todavía hay más?
Abrumado por la interminable lista, Joshua lo interrumpió. Grayson parpadeó un par de veces, como si de verdad no entendiera el problema.
—Claro, ¿y qué?
Joshua se quedó sin palabras, incapaz de reaccionar. Grayson frunció el ceño y soltó un suspiro como si él fuera el incomprendido.
—No, en serio, es que no lo entiendo.
Y continuó con total naturalidad:
—¿Por qué se enoja tanto? Nosotros de verdad hicimos lo mejor por él. Lo usamos de señuelo porque igual siempre lo atrapaban, así nos ahorrábamos el esfuerzo. Lo de la chimenea fue porque seguía insistiendo con que Santa sí existía; pues qué mejor que demostrarle lo absurdo que era. Se rompió el brazo, sí, pero no el cuello, ¿no es eso lo importante? Y lo del autobús… vamos, si no quería ir a la escuela, tenía que tener un motivo válido. ¿Sabes lo que me costó distraer al chofer y esperar el momento justo para empujarlo? Si no fuera por Stacy, habría fallado. Y gracias a mí pudo faltar ¡seis meses enteros a la escuela de manera legal! ¿Y aún así ese imbécil nunca me lo agradeció? Exacto, ni una sola vez me dio las gracias.
Al ver a Grayson estallar de repente, Joshua se preguntó de verdad en qué momento se suponía que debía agradecerle algo. En ese instante tuvo la certeza de por qué Chase había terminado convertido en un hombre roto. Después de semejante trato, cualquiera habría acabado torcido.
Pero Grayson seguía sin mostrar el menor indicio de comprensión. Con el ceño fruncido, brazos cruzados y fingiendo reflexionar, solo consiguió provocarle a Joshua un fuerte dolor de cabeza.
—¿Eso no es maltrato?
—¿Por qué lo sería? Yo solo lo ayudaba.
La reacción de Grayson era la de alguien que realmente no entendía nada. Joshua, conteniendo la paciencia, señaló con firmeza:
—Si él sufría, era maltrato. Y si lo sigue cargando hasta hoy, entonces lo fue todavía más.
Sin darse cuenta, añadió:
—Usted sabe bien que el señor Miller todavía sufre por culpa de los perros.
Esperaba que por fin entendiera. Pero no fue así.
—¿Y qué tiene de malo hacerlo con un perro?
Con un gesto increíblemente ingenuo, Grayson formuló la pregunta.
—No es diferente de acostarse con cualquier agujero o cualquier pene que me guste, ¿no?
Joshua se quedó sin palabras. Fue ahí cuando, con un peso amargo, aceptó una verdad que había querido negar hasta ahora.
Había pensado que Chase Miller estaba loco, pero resultaba que era el más cuerdo de todos. O quizá simplemente no había tenido otra opción más que perder la cabeza.
Grayson, aún con ese aire convencido, lo miraba sin entender nada. Y al verlo, Joshua comprendió cuál era el mayor problema con ese hombre:
Creía que todo lo que hacía era un acto de bondad. Y como tal, debía ser aceptado como algo bueno sin importar la voluntad de la otra persona. Nunca iba a entender por qué alguien lo rechazaba con horror.
—De verdad es complicado Chase, demasiado quisquilloso —concluyó Grayson, como si con eso todo quedara explicado. Para él, el problema no era lo que hacía, sino que Chase era simplemente raro y difícil.
Joshua sintió un cúmulo de emociones imposibles de poner en palabras.
—…Con permiso.
Ya no tenía sentido seguir hablando. Solo dejó esas palabras y se dio media vuelta.
Cuando estaba a punto de volver al tráiler, lanzó una mirada por encima del hombro.
Grayson seguía allí, inmóvil, con el rostro serio, la vista fija en un punto. Joshua no supo si seguía pensando en Chase o en algo más.
Decidió ignorarlo y siguió caminando. El lugar al que se dirigía era la habitación.
***
Toc, toc.
Unos golpes suaves antecedieron a la puerta que se abrió. De todos modos no iba a haber respuesta, así que no tenía sentido esperar.
Tal como imaginaba, Chase estaba sentado en la cama. No llevaba puesta la camisa; con el rostro enterrado entre las manos y el cuerpo encogido, se veía extrañamente vulnerable. Joshua cerró la puerta, se giró y se acercó a él. Extendió la mano, pero apenas sus dedos rozaron su hombro, Chase lo apartó bruscamente y retrocedió como si hubiera saltado.
—…¿Qué quieres?
El rostro pálido de Chase apareció en su campo de visión. En sus pupilas, temblorosas y desorientadas, se veía un miedo latente. Joshua permaneció inmóvil, esperando a que recuperara la calma. Poco a poco, la mirada de Chase se fue oscureciendo hasta que, al fin, logró fijarla en él. Entonces Joshua abrió la boca.
—Se fue, tu hermano.
En realidad, solo había salido del tráiler, pensó para sí. Pero no iba a volver. Solo con esas palabras pudo notar cómo la tensión en el cuerpo de Chase comenzaba a aflojarse.
De pronto, la imagen de un Chase niño le vino a la mente: cayendo por una chimenea, con el brazo roto; encerrado en un armario, llorando de miedo.
Encogido en la cama, con el rostro enterrado entre las manos, Chase se veía diminuto. Joshua alzó la mano, pero se detuvo a medio aire. En lugar de abrazarlo por los hombros, habló.
—¿Qué quieres que haga por ti, Chase? Dime, lo haré.
Él no respondió. Solo dejó escapar un suspiro tembloroso. Joshua lo observó y preguntó:
—¿Quieres que lo mate?
Chase tardó en entender. Levantó la cabeza con el ceño cargado de sospecha, pero Joshua no se inmutó y continuó con el mismo tono plano:
—¿Quieres que lo mate por ti? Solo dime a quién, Chase. ¿Grayson? ¿El perro de Grayson? ¿O todos los que te han hecho daño? Los mataré a todos.
Los ojos de Chase se abrieron más y más. Movió los labios, sin voz, hasta que por fin logró articular:
—Dijiste que no podías convertirte en un criminal.
Joshua dejó escapar una sonrisa amarga.
—Lo dije, sí. Pero… —soltó un suspiro breve y añadió— yo me adaptaría mucho mejor que tú a la cárcel.
Con dulzura, le acarició la mejilla y susurró:
—¿A quién quieres que mate?
Chase abrió la boca. Los labios le temblaban tanto como su respiración. Apenas pudo forzar el sonido, confesando en un susurro quebrado:
—…A mí.
Joshua lo miró en silencio.
—Por favor… mátame. No quiero seguir viviendo así —la voz de Chase se quebró—. No quiero pasar los días muerto de miedo.
Estaba cansado de la vida.
¿Y si volvía a perder el conocimiento y un día terminaba acostándose con un perro?
Solo de imaginarlo le daban ganas de colgarse y acabar con todo.
—¿Alguna vez pensaste en lo aterrador que es no recordar nada de lo que hice, ni dónde estuve?
—…
—Yo sí lo sé.
Los ojos de Chase se llenaron otra vez de lágrimas.
—Tú ni siquiera puedes imaginarlo.
Decía que no quería sexo no deseado, pero nadie lo tomaba en serio. Y cuando rompía a llorar en un ataque de pánico al ver un perro, Grayson se limitaba a decir:
{—De ahora en adelante no tendrás que buscar pareja a la fuerza. Tienes a Alex. No habrá necesidad de hacerlo con alguien que no quieras.}
Y entonces sonrió de verdad, con un gesto radiante.
{—Qué suerte la tuya, Chase. ¿No es maravilloso?}
Aquel día, su expresión, la ropa que vestía, las ventanas abiertas de par en par en la sala de estar, el viento que entraba, el aroma fresco de los árboles que le cosquilleaba la nariz, mezclado con el hedor metálico de perro… y los ojos brillantes del rottweiler fijos en él.
Chase lo recordaba todo con una claridad punzante. Como si hubiese ocurrido ayer mismo.
Las lágrimas que había contenido regresaron de golpe. Se mordió los labios para reprimirlas, pero fue inútil: cayeron sin control. Joshua lo rodeó con un brazo y lo atrajo hacia sí. Eso fue todo, pero las lágrimas, una vez desbordadas, no se detuvieron.
Hasta ese momento siempre había estado completamente solo. Como una isla aislada en medio del mar, encogido en silencio, simplemente esperando el día en que se desvanecería mientras arrastraba una jornada tras otra.
El mundo entero era igual. Todos lo miraban como si fuera extraño. Nadie lo entendía. Sonreían con incomodidad, lo ignoraban y pasaban de largo. Estaba agotado de esa incomprensión. No quería nada más. Solo que lo dejaran tranquilo.
Pero, en el fondo, había estado esperando. Esperando que alguien lo reconociera. Que alguien viera lo herido y lo solo que estaba. Que alguien extendiera la mano.
«Por favor, que alguien me entienda.»
Joshua lo abrazó con fuerza y susurró sobre su cabeza:
—No vas a morir, no mientras yo sea tu guardia —su voz se mantuvo serena—. Tampoco vas a perder la memoria. Y si alguna vez llegara a pasar…
—…
—No dejaré que nadie te haga daño.
Chase levantó despacio la mirada. Sus ojos, empapados de lágrimas, brillaban más que cualquier estrella en el cielo.
—…¿De verdad? —preguntó entre sollozos, sin un ápice de confianza en su voz.
Joshua sostuvo su mirada y respondió:
—Te lo prometo.
Con la misma ternura con la que lo hacía con Pete, le besó la frente y sonrió. Chase lo observó parpadear, y Joshua, apartándole con cuidado un mechón húmedo que se le pegaba al rostro, sonrió de nuevo.
—Definitivamente, el rubio te queda mejor.
—…
—Ojalá el rodaje terminara pronto.
Lo dijo casi para sí mismo, pero lo que Chase deseaba era lo contrario. «¿Qué pasaría cuando el rodaje acabara? ¿Y si desaparecía de golpe, como la vez anterior?»
Sin atreverse a preguntar más, Chase lo abrazó por la cintura y hundió el rostro en su pecho. Joshua no lo apartó.
—…Olvídalo. No pienses en lo que dijo tu hermano.
Con el rostro apoyado en su pecho y los brazos temblorosos rodeándole la cintura, Chase cerró los ojos y aspiró profundamente su olor.
No había aroma alguno.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN