Capítulo 36
El suave canto de los pájaros lo despertó. Con los ojos pesados, Joshua parpadeó varias veces antes de recordar dónde estaba. La habitación, a la vez extraña y familiar, lo desconcertó unos segundos… hasta que el dulce aroma que flotaba en el aire le trajo de golpe los recuerdos de la noche anterior.
Al bajar la mirada, encontró a Chase abrazado a su cintura, con el rostro apoyado en su pecho. El hombre que decía no poder dormir sin pastillas estaba hundido en un sueño profundo, como si nada en el mundo pudiera despertarlo.
Joshua lo observó en silencio. Entre alivio y pesar, se quedó un buen rato contemplando aquel rostro sereno. Sin pensarlo, inclinó la cabeza y le dio un beso suave en la comisura del ojo. Chase frunció apenas el ceño en respuesta, y Joshua sonrió quedo.
Quería quedarse así para siempre, disfrutando de esa paz… pero sabía que la realidad no se lo permitiría.
Con un gruñido bajo que se le escapó del pecho, Joshua suspiró y se incorporó. Chase, aún dormido, extendió un brazo buscando su cintura. Joshua lo miró un instante y, antes de apartar con cuidado aquel brazo, le dio una palmadita cariñosa en el hombro.
Había demasiado que hacer antes de que Chase despertara. Se llevó la muñeca a la nariz: solo detectó el rastro dulce de feromonas, nada más. Se tranquilizó. Después de todo, la noche anterior solo lo había abrazado hasta dormir, sin nada que pudiera detonar una reacción peligrosa. Aun así, no podían vivir eternamente al filo de ese riesgo.
Entonces lo recordó.
«Quizá aquel tipo pueda conseguirme la medicina adecuada.»
Con cuidado de no despertarlo, Joshua se levantó de la cama. Revisó su teléfono, encontró el número que buscaba y, tras dudar un instante, envió un mensaje.
«¿Y si ya cambió de número después de tantos años…?»
Con el ceño fruncido aguardó, hasta que de pronto llegó una respuesta. Al ver el remitente, su rostro se iluminó.
—¿…?
Chase, medio dormido, tanteó a su lado y descubrió que estaba vacío. Abrió los ojos y comprobó que era el único en la cama. El gesto se le endureció, hasta que el sonido del agua en la ducha le devolvió el aliento.
UF.
Se frotó los ojos cansados y dudó: ¿esperarlo allí o entrar al baño? Estaba por levantarse cuando la puerta se abrió y Joshua apareció.
—Ah, ¿ya despertaste?
Envuelto de cintura para abajo con una toalla, se frotaba el cabello mojado mientras se inclinaba a darle un beso ligero.
—¿Cómo te sientes?
—…Bien.
Chase sonrió al fin y le devolvió el beso. Quiso rodearle el cuello y profundizarlo, pero Joshua se apartó primero.
—Vamos, levántate y dúchate. Hoy tienes agenda desde temprano.
Chase frunció el ceño. La prisa de Joshua no le gustaba. Este, sin notarlo, se vistió con ropa cualquiera que había dejado en una silla y añadió:
—Ah, cierto. Hoy tengo que ir al hospital, así que estaré fuera todo el día.
«¿Todo el día?»
Por un momento Chase pensó en estallar, exigirle explicaciones, incluso decir que iría con él. Pero de pronto le vino a la mente su propio itinerario.
Joshua, en cambio, temía que se irritara con Mark o con cualquiera del equipo, así que se apresuró a quitarle importancia:
—La cita estaba programada desde hace tiempo, no puedo evitarlo. Cuando regrese, haré el relevo enseguida…
—Está bien, ve.
Joshua parpadeó sorprendido. ¿Lo había escuchado bien? Pero Chase ya se había levantado de la cama, recogiendo la ropa esparcida por el suelo.
—El tratamiento no se debe saltar… ¿Tardará unas tres o cuatro horas?
Joshua calculó mentalmente y respondió:
—Con el trayecto de ida y vuelta, más bien seis horas.
Joshua había exagerado el tiempo a propósito, dándole un margen más amplio. Sin embargo, Chase apenas respondió con un “¿sí?” antes de apartar la mirada como si nada. Algo no cuadraba.
«¿Por qué lo aceptaba tan fácil? Apenas el día anterior había insistido en cambiarle el turno para retenerlo a su lado.»
—¿Qué pasa? ¿No vas a ir? —preguntó Chase, observando a Joshua, que seguía de pie con los brazos cruzados y una expresión desconfiada.
—¿Por qué quieres tanto que me vaya? —su voz bajó, cargada de sospecha—. Es raro… ¿estás planeando algo? ¿Por qué insistes en mandarme lejos?
—Se supone que vas al hospital.
—Aun así, es extraño.
Joshua lo miraba con suspicacia, y Chase, cansado de la resistencia, lo tomó del brazo y lo atrajo con brusquedad. Sus labios se encontraron de golpe.
—…Mmph.
Joshua no tuvo manera de evitar la lengua que lo invadió de inmediato. Chase lo sujetó por el rostro, recorrió a placer su boca y lo besó con desesperación. Un suspiro se escapó entre ambos. Sus respiraciones se entremezclaron, y cuando Joshua quedó acorralado contra la pared ya no tuvo a dónde escapar.
Cuando por fin se separaron, los dos jadeaban.
—Entonces… ¿por qué no pospongo el hospital y retraso también la filmación? —susurró Chase entrecortado, peinándole el cabello hacia atrás con una mano mientras con la otra lo sujetaba por las firmes nalgas, acercándolo más. Su erección se marcaba con claridad bajo la tela.
Los labios volvieron a juntarse, más largos esta vez, hasta que Joshua se apartó de golpe.
—La próxima, cuando regrese.
Chase le sonrió abiertamente, y Joshua no pudo evitar un gemido ahogado al tomarlo por el cuello y morderle los labios con furia, antes de apartarse con premura y salir casi huyendo del tráiler. Temía que, si se quedaba un segundo más, jamás lograría marcharse.
Cualquier sospecha que había tenido desapareció de su cabeza en ese instante.
***
Dos hombres sentados frente a frente en una cafetería al aire libre podían dar pie a malentendidos. Mucho más si uno de ellos era Dane Stryker.
Joshua lo conocía desde el ejército. Rubio rojizo, ojos azules y un atractivo tan deslumbrante que, incluso siendo hombre, uno no podía evitar mirarlo dos veces. Joshua todavía recordaba el impacto que le produjo la primera vez que lo vio.
No era alguien cercano a los demás ni tenía muchos amigos, pero tras un episodio en que Joshua lo ayudó, habían terminado relacionándose. Aunque, en realidad, la amistad era más clara desde la perspectiva de Joshua; con Dane, nunca se sabía. Era difícil leerlo, difícil adivinar qué pasaba por su cabeza. Joshua, aun así, lo consideraba un amigo.
—Aquí —fue lo primero que dijo Dane al verlo, deslizando una nota sobre la mesa.
—Ahí puedes conseguir un medicamento que impide que el olor a feromonas se detecte aunque entres en celo. Eso sí, ve preparado: no será barato.
—Gracias. —Joshua echó un vistazo a la dirección escrita en el papel antes de guardarlo en el bolsillo. Luego, al ver a Dane sacar un cigarro y dejarlo sobre la mesa, comentó:
—No esperaba que tu número siguiera siendo el mismo.
—Me dio flojera cambiarlo —respondió él, indiferente.
Joshua soltó una risa breve. Observó a Dane por encima de la mesa: después de tantos años, no había cambiado nada. Unos cinco centímetros más alto que él, con un cuerpo musculoso y bien definido, ahora trabajaba como bombero. A primera vista, una ironía: alguien tan individualista en una profesión que exige tanto sacrificio. Pero imaginarlo lanzándose a las llamas no era difícil; desde siempre había sido un hombre sin miedo.
Seguía teniendo ese aire de tipo pendenciero, además. Incluso en ese momento, recostado en la silla con desgano, tomando una Dr. Pepper, se parecía más a un bartender de club nocturno o a un guardia de seguridad que a un bombero.
Aunque solo llevara una camiseta vieja y unos jeans arrugados, Dane seguía viéndose increíble. Tal vez por eso nunca le faltaba compañía; al menos en lo que Joshua sabía, siempre tenía a alguien detrás. Incluso en ese rato que llevaban sentados uno frente al otro, ya habían pasado tres personas a saludarlo. Una de ellas, particularmente entusiasta, llegó incluso a plantarle un beso en la cara.
—Dos hombres guapos sentados juntos, ¿qué más se puede pedir? ¿Por qué no se vienen a mi casa? Se los aseguro, la pasaríamos muy bien.
Con el brazo colgado del cuello de Dane, la mujer le guiñó un ojo a Joshua. Él solo respondió con una sonrisa incómoda y un “lo siento, pero no”, mientras que Dane, sin inmutarse, le dio un beso rápido en el cuello y dijo:
—Ese tipo es impotente.
—¡Oh!
—Dane.
La mujer se quedó sorprendida, y Joshua frunció el ceño con una dureza poco habitual. Pero Dane, como si nada, lo miró sin un ápice de remordimiento, como si no entendiera qué tenía de malo lo que había dicho. Joshua no tenía intención de acostarse con ella de todos modos, pero la broma lo dejó de mal humor. Cuando por fin la mujer se marchó, tras arrancarle a Dane una promesa de verse en otra ocasión, Joshua habló:
—Un día de estos te van a pegar un tiro.
Dane se llevó un cigarro a la boca y sonrió de lado.
—Amén.
Joshua lo observó sin palabras mientras él encendía el cigarro, aspiraba hondo y soplaba el humo formando anillos en el aire. No sería la última interrupción: tres o cuatro personas más se acercaron a coquetear con Dane antes de desaparecer. Tras ver cómo un hombre le acariciaba el brazo al despedirse, Joshua no pudo evitar soltar:
—¿Todavía sigues con las aventuras de una noche? ¿No sería hora de tener una relación seria?
—Claro, pero primero quiero acostarme con todos.
Joshua no pudo evitar reírse, incrédulo.
—¿Con todas las mujeres de California?
—Con hombres también. Ah, pero tranquilo, tú no me gustas. Tu hermana tampoco.
Joshua frunció el ceño.
—Que no te guste yo lo entiendo, pero ¿por qué mi hermana?
No es que pensara presentarle a Emma, mucho menos a alguien como Dane, pero aun así quería escuchar la razón. Dane respondió con total naturalidad:
—Tu hermana es fea.
—¿Quién dice eso? ¡Maldito imbécil!
Joshua lanzó la maldición de inmediato, apretando el puño sobre la mesa, listo para estamparlo. Dane lo miró con indiferencia y contestó:
—Tú.
—¡Yo podré decir que es fea, pero tú no!
—¿Y por qué no?
Dane frunció el ceño mientras soltaba el humo, genuinamente confundido. Joshua rechinó los dientes.
—Porque yo soy su hermano, maldito. Soy su hermano, y tú no eres nadie. Si vuelves a mencionar a Emma, te mato.
—Ok, ok.
Dane levantó la mano en señal de rendición.
—Podría juzgar objetivamente si me la presentas.
Su sonrisa traviesa tras la nube de humo delataba claramente su intención. Joshua lo fulminó con la mirada y respondió tajante:
—De nada sirve, no eres el tipo de Emma.
Dane, sorprendido por un segundo, terminó riendo antes de soltar el humo.
—Tiene problemas de visión, entonces.
Joshua no contestó. El comentario lo golpeó donde más dolía. Se limitó a dar un trago a su bebida con gesto tenso, mientras Dane volvía a hablar:
—Entonces, ¿qué haces aquí? ¿Trabajo?
Joshua agradeció el cambio de tema y le contó brevemente: estaba de guardaespaldas de un famoso, había habido un accidente y terminó en el hospital recuperándose.
—Por suerte me di cuenta rápido. Fue el mismo truco que usaron aquella vez que nos lanzaron una granada.
—¿Cuándo me salvaste la vida?
Joshua sonrió con ligereza, como restándole importancia, pero Dane no sonrió en lo absoluto.
—Odio deber favores, así que dime de una vez qué quieres a cambio.
—Después. No puedo gastar una carta tan valiosa así como así.
Dane desvió la mirada hacia la herida de Joshua, aspiró el humo de su cigarro y soltó:
—¿Y por un trabajo así cuánto pagan? ¿Unos cien mil?
Joshua pensó un momento antes de responder:
—Si lo sumas todo, debe andar por ahí. Tal vez más. ¿Por qué? ¿Te interesa?
Faltaba personal, así que si Dane aceptaba, sería bienvenido. Solo después se le ocurrió preguntarse: «¿Podría compaginarlo con ser bombero?»
Dane entrecerró los ojos, soltó una bocanada de humo y dijo:
—¿Y ese famoso no necesita un gigoló?
—…
—Si no, olvídalo.
Lo dijo sin mostrar el más mínimo interés, y Joshua volvió a pensar lo mismo de siempre: era imposible saber si hablaba en serio o en broma. Se limitó a negar con la cabeza.
Después la conversación se volvió dispersa: hablaron del gato de Dane, de Pete, de anécdotas del ejército, incluso de noticias recientes.
Como siempre, Dane permaneció impasible. Por eso Joshua se sorprendió un poco cuando al menos mostró algo de reacción ante un tema:
—¿Que un Alfa te dijo que le gustabas?
Joshua, incómodo, desvió la mirada y se justificó:
—Eso dice, pero… yo nunca lo noté. ¿Tú crees que podrías darte cuenta de inmediato si alguien te gusta?
—Haría como que no me doy cuenta. Es molesto.
—…
—¿En serio no notaste nada? Entonces sí que te importaba poco.
El comentario, frío pero certero, dejó a Joshua sin palabras. Solo pudo soltar un suspiro incómodo.
—Voy a seguir ignorándolo, pero igual me resulta incómodo. No sé qué vio en mí. ¿Tú tienes alguna idea?
Dudoso, Joshua le preguntó. Dane era más perspicaz, quizá él sabría. Dane volvió a inhalar, soltó el humo lentamente y contestó:
—Será por los feromonas.
Lo dijo con absoluta indiferencia. Joshua lo observó en silencio a través de la mesa.
—Muy pocos saben que soy Omega.
—Lo sé. Y además tu aroma es débil. Ahora seguro tomas pastillas para ocultarlo del todo.
La mirada de Dane se deslizó hacia el bolsillo donde Joshua había guardado el papel con la dirección.
—¿Y aun así dices que es por feromonas?
Joshua lo miró incrédulo. Dane no se movió de su idea.
—Claro. Al final, que si te gustan o no, todo es efecto de los feromonas.
De pronto, Joshua recordó las palabras de Chase. Y dudoso, preguntó:
—¿Tú también piensas que solo el amor de los Betas es verdadero?
—No.
Dane le lanzó humo directo a la cara.
—Lo que digo es que el amor mismo es una mentira.
—…
—Ese sentimiento no existe.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN