Capítulo 34
HAA… HAA… HAA…
El aliento agitado de Josh se dispersaba, y al fin dirigió la mirada hacia Chase. Sus ojos húmedos lo observaban fijamente. Con un movimiento lento, se quitó los pantalones junto con los bóxers, sin apartar en ningún momento la vista de él. Chase, conteniendo la respiración con los hombros tensos, esperaba con nerviosismo lo que vendría.
Josh se acomodó poco a poco sobre su abdomen. Su erección rozaba las nalgas de Chase. Cuando este no pudo contenerse y arqueó el torso, Josh llevó un dedo a sus labios en un gesto de silencio, indicándole que se quedara quieto. Chase, sin más opción, se detuvo. Entonces Josh preguntó:
—Bueno, ahora que te quite la corbata, ¿sabes lo que tienes que decirme?
—…
Chase lo miró con rencor durante unos segundos, pero al final asintió. Josh alargó la mano y deshizo el nudo detrás de su cabeza.
—¡Haa!
Por fin libre, un jadeo se escapó de sus labios. Mientras Chase respiraba con dificultad, Josh lo contempló en silencio antes de hablar.
—Vamos, Chase.
Él no respondió, solo lo miró fijamente. Sus ojos inyectados de sangre rebosaban rencor, pero el deseo no era menor.
—¡Maldita sea!
Chase lanzó un insulto sin reservas y, al final, cedió:
—Ya no volveré a golpearte.
—Eso no es lo que tienes que decir. Lo que debes prometer es que no vas a malinterpretar las cosas otra vez. ¿Qué importa un golpe?
Josh corrigió con ligereza, como si no le diera importancia. “Si me golpeas, yo también puedo hacerlo”, parecía decir. Luego se inclinó, acercando el rostro hasta que sus respiraciones se mezclaron, y advirtió en voz baja:
—Si vuelves a decir esas tonterías, no habrá castigos ni segundas oportunidades. Lo dejaré todo y desapareceré, entiéndelo bien.
—…
—¿No vas a responder?
Chase, resignado, asintió.
—Está bien.
—Eso me gusta.
Josh confirmó con un leve asentimiento y se enderezó. Cuando Chase vio entre sus piernas abiertas la erección completamente rígida de Josh, contuvo el aliento.
—Ah…
De su garganta escapó un gemido entrecortado. El glande húmedo de Chase empezó a abrirse paso en su interior, y el grueso tronco fue entrando poco a poco.
Cuanto más lo envolvían aquellas paredes calientes, más perdía la razón Chase. Incapaz de resistir, empezó a mover la cadera con fuerza. El plan de Josh, que quería tomarlo con calma y hacer que entrara poco a poco, se desmoronó. La embestida salvaje de Chase lo penetraba sin piedad.
—Ah… haa…
Josh arqueó la espalda, ahogando un grito, y su cuerpo se sacudió con un estremecimiento.
El semen brotó con violencia, salpicando en todas direcciones. Por el sabor sutil que se le quedó en la boca, Chase comprendió de inmediato que Josh había acabado.
Encima de él, Josh quedó sentado, todavía temblando. Apenas lo habían hecho y ya se había corrido. Fue tan rápido que ni él mismo podía creerlo.
Pero no había tiempo para saborear nada. La erección de Chase, como una víbora enardecida, seguía dentro de él, rígida y amenazante.
Al notar la mirada impaciente de Chase, Josh esbozó una sonrisa amarga y le soltó las ataduras. La corbata se deshizo en un instante, y enseguida el cinturón cayó con un chasquido metálico. En el mismo momento, Chase se lanzó sobre él con furia, devolviéndole todo lo que lo había hecho pasar.
—¡…!
Cuando Josh recobró la consciencia, ya estaba en otra posición.
—¡Maldito…! ¿Acaso quieres matarme?
Chase apretó los dientes con rabia. Josh, tumbado ahora en el lugar donde antes él había estado atado, sonrió. Estiró la mano, le rodeó el cuello y lo atrajo hacia sí. Chase lanzó un insulto bajo y, sin más, unió sus labios a los de él. Luego lo penetró de golpe, llenándolo hasta el fondo, sin mostrar ni rastro de paciencia o cuidado.
HAA, HAA, HAA…
El pene de Chase lo embestía con violencia, entrando y saliendo sin piedad. Josh frunció el ceño sin querer, aunque el dolor no era intenso. Sus paredes, completamente empapadas, rebosaban fluido y hacían que cada movimiento se deslizara con facilidad.
El sonido húmedo de sus cuerpos chocando resonaba sin cesar en sus oídos. Chase le devoraba los labios con desesperación, mezclando su lengua con la suya. La fricción ardiente de aquella erección que lo penetraba lo hacía sentir como si perdiera la razón una y otra vez.
—Haa, haa… ah, haa…
Chase jadeaba con violencia mientras se hundía enloquecido. El sudor que corría por su rostro caía dentro de la boca de Josh, mezclándose con la saliva de sus besos.
Chase lo abrazaba con fuerza, moviendo las caderas sin freno. Su interior se llenaba hasta el fondo, luego se vaciaba, y enseguida volvía a colmarse con cada embestida. Josh, con el ceño fruncido, lo estrechó entre sus brazos. Al alzar las caderas y encajarlo hasta el fondo, Chase dejó escapar un resoplido áspero.
—Ugh…
El aroma de feromonas se expandió por todo su cuerpo, ardiendo en su interior. Josh apretaba y aflojaba rítmicamente para acompasar las descargas de Chase. Cada vez, un chorro caliente de semen llenaba su vientre.
HAA, HAA.
Cuando al fin, tras un jadeo profundo, terminó de correrse, el interior de Josh estaba completamente empapado, mezcla de semen y fluidos.
HAA, HAA… HAA, HAA…
Los jadeos se prolongaron un buen rato. Josh, aún abrazándolo mientras recuperaba el aire, lo sintió apartarse cuando Chase se incorporó. De inmediato lo perdió, el miembro grueso se deslizó hacia afuera y el vacío lo dejó con una sensación de hueco en el vientre.
Antes de que pudiera sentirse frustrado, Josh vio claramente que Chase seguía duro, su erección aún erguida, brillante y empapada de fluidos mezclados. Desde arriba, Chase lo miró fijamente y dijo:
—Boca abajo.
Josh sonrió con picardía y obedeció. De inmediato lo volvió a llenar, penetrándolo con brusquedad, hasta lo más profundo. Chase comenzó a mover las caderas con furia, haciendo que las nalgas firmes de Josh chocaran contra su piel una y otra vez, produciendo un ruido obsceno que llenó la habitación.
El sexo volvió a empezar, repitiéndose una y otra vez, hasta varias veces, hasta entrada la madrugada.
El cuerpo entero de Josh se rendía a una sensación de pesadez, mientras Chase, ya adormilado, se removía en la cama y fruncía el ceño. Un olor tentador le despertó parte de la conciencia. Aspiró, entrecortado.
«…¿Mantequilla? ¿Cacahuate?»
Como para confirmarlo, oyó el débil chisporroteo de algo friéndose en aceite. Un hambre feroz lo golpeó de repente y abrió los ojos. Lo primero que vio fue el techo familiar del tráiler. Solo entonces se dio cuenta de que estaba recostado en la cama.
Al alzar la mano sin pensar, se detuvo al notar las marcas rojas que aún quedaban en sus muñecas. Los recuerdos del sexo salvaje justo antes de quedarse dormido regresaron de golpe: lo mucho que había rodado con Josh sobre la cama después de liberarse. No era un sueño. Las manchas secas en las sábanas eran prueba suficiente. Lo único que lo inquietaba era que Josh no estaba a la vista.
—¿Joshua?
Lo llamó con incertidumbre. En ese momento, la puerta del dormitorio se abrió de golpe.
—¡…!
Se incorporó de un salto, pero Josh ya estaba entrando, sorprendiéndose al verlo despierto.
—¿Ya te levantaste? ¿Cómo te sientes?
—¿Qué… qué pasa? ¿Qué estás…?
Chase lo miró atónito. Josh vestía solo unos jeans, el torso desnudo, y reconoció que llevaba puesta una de sus prendas. Su mirada se quedó fija en ese pecho firme y trabajado.
Josh, como si nada, explicó:
—Estabas dormido, así que preparé algo. Imaginé que tendrías hambre.
Durante toda la explicación, Chase no parpadeó ni una vez. Sus ojos recorrieron lentamente el pecho desnudo, la cintura esbelta, las caderas, los hombros anchos, el cuello… hasta llegar finalmente al rostro. De pronto, lo tomó del brazo y lo atrajo hacia él.
Josh no opuso resistencia. Se dejó guiar y quedó entre sus piernas. Chase le rodeó la cintura y apoyó la cabeza en su pecho. Josh, recordando a Pete buscándolo medio dormido, le acarició el cabello con ternura.
—¿Comes cacahuates?
Chase asintió, y al mismo tiempo besó su piel desnuda.
—¿Por qué tienes tantas cicatrices en el cuerpo?
Se refería a las viejas marcas. Josh recordó cómo Chase había observado su cuerpo y respondió con total naturalidad.
—Cuando estuve en el ejército me lastimé varias veces. También trabajando como escolta terminé herido más de una vez.
—¿Y esta?
Cuando Chase rozó con los dedos la larga cicatriz en su abdomen bajo, Josh estuvo a punto de dar un salto. Era la marca de una cesárea.
De inmediato, su corazón empezó a latir con fuerza. Los hombres Omega daban a luz por cesárea. Josh no era la excepción. Pero jamás podía admitirlo abiertamente.
—Fue por una apendicitis —respondió rápido, y antes de que Chase pudiera sospechar algo, desvió el tema con agilidad—. Estoy tan hambriento que podría morir, ¿y tú?
Solo entonces Chase pareció caer en cuenta de su propio apetito y asintió. Josh, con naturalidad, se apartó de él y dijo:
—Vi que había bastantes ingredientes en el refrigerador. Preparé algo, ¿te parece bien?
—¿Tú? ¿Tú cocinaste? ¿En serio?
—Sí, sí, claro que sí —Josh asintió varias veces seguidas con una sonrisa—. No le puse veneno.
—…Lo sé —murmuró Chase con el rostro levemente enrojecido, incómodo.
Josh se dio la vuelta y se encaminó directo a la cocina.
Chase permaneció sentado en la cama, esperando en silencio. Para él, la comida nunca había tenido demasiada importancia; bastaba con que saciara el hambre. Siempre lo había visto así, y jamás había sentido que le traicionara esa creencia.
Esta vez tampoco esperaba nada distinto. Solo quería llenar el estómago vacío que le rugía como si lo hubieran dejado sin entrañas. Así que cuando percibió aquel aroma intenso que lo hacía tragar saliva con fuerza, no le prestó demasiada atención. El olor era tentador, pero al ver un plato simple de bistec con papas, incluso sintió un ligero desencanto.
—Si no te gusta el término de la carne, dímelo. Puedo volver a cocinarla —dijo Josh, colocando una bandeja sobre la cama.
Chase bajó la vista con indiferencia; pensaba que daba igual un punto más o menos. Josh se sentó frente a él y empezó a cortar el filete con movimientos expertos.
Cuando Chase vio cómo la carne sangrante se llenaba de jugo rojo en el plato, levantó la mirada. En ese instante, Josh se detuvo de golpe: se había sorprendido al repetir un gesto automático, cortar la carne como solía hacerlo para Pete. Por suerte, se dio cuenta antes de reducir el filete a trozos pequeños como para un niño. Fingiendo naturalidad, le tendió el cuchillo.
—Toma.
Chase aceptó sin decir nada, tomó el cuchillo y el tenedor, y probó un trozo. Al masticar distraídamente, se detuvo. Josh lo observó con calma, pendiente de su reacción. Chase siguió masticando despacio, con el ceño fruncido como siempre, pero el cambio era evidente. Al tragar, Josh preguntó:
—¿Quieres que lo vuelva a cocinar un poco más?
Tras una breve pausa, Chase respondió:
—No.
Se llevó otro trozo a la boca y lo masticó con más rapidez. Josh destapó una botella de agua y le sirvió un vaso mientras comentaba:
—El refrigerador tiene muy buenos ingredientes. ¿Qué tal si a partir de ahora cocinamos más seguido?
Chase se detuvo y levantó la mirada, sorprendido. Aquella reacción hizo sonreír a Josh.
—Es difícil cuadrar horarios para comer, y siempre es mejor un plato recién hecho que uno preparado con antelación. Claro, solo si no te molesta que lo haga yo.
—¿Tú…?
—Sí.
Josh bromeó con ligereza:
—Y si temes que pueda envenenarte, bastaría con que me trates lo bastante bien para que no tenga motivos.
—Ya te dije que nunca pienso así contigo.
Chase, molesto, replicó con brusquedad y, como para demostrarlo, se metió un gran trozo de carne a la boca. Josh sonrió levemente y, mirando su plato casi vacío, preguntó:
—¿Quieres que te prepare más?
Chase no contestó. Josh continuó hablando con naturalidad:
—Mientras esperas, prueba un poco de ensalada. Es puré de papas con cacahuates fritos y triturados. Está muy bueno.
Josh le dirigió una sonrisa segura cuando Chase lo miró de reojo, y de pronto extendió la mano. Fue entonces cuando se dio cuenta de que, sin querer, casi le acaricia la cabeza igual que solía hacerlo con Pete. Sobresaltado, retiró la mano de inmediato.
«Se parecen, no puedo evitarlo.»
Pensándolo en silencio, Josh se giró fingiendo naturalidad.
***
Del otro lado de la puerta cerrada se escuchó un silbido suave. Era Josh, que lo hacía de forma habitual mientras encendía la parrilla.
Chase se llevó un poco de ensalada de papa a la boca. Entre la suavidad de la papa, el cacahuate se partió con un crujido agradable. Intentó saborear lentamente, pero no lo logró. En un instante se deshizo dentro de su boca. Fue la primera vez que Chase comprendió lo que significaba “derretirse en la lengua”.
«¿Qué me pasa?»
Se cubrió la boca y parpadeó con los ojos muy abiertos. El calor le subía a las orejas y el rostro se le encendía.
«¿Qué hago?»
Le costaba respirar; tuvo que hacer varias inhalaciones profundas para tranquilizarse. Apenas consiguió recuperar el aliento cuando Josh regresó. Con una sonrisa, colocó sobre la bandeja otro filete recién cocinado.
—Ah…
Chase lo miró aturdido. El torso desnudo de Josh todavía mostraba las marcas de la noche anterior: huellas de mordidas y besos enrojeciendo su cuello, clavículas y pecho, incluso los pezones aún ligeramente erguidos. Sonriendo sin tapujos, Josh comentó:
—Ayer estuvimos algo intensos, ¿no?
En ese instante, Chase entendió qué era exactamente lo que hacía latir su corazón con tanta fuerza.
—¿Qué pasa?
Josh ladeó la cabeza, curioso. Chase deseaba abalanzarse sobre él y llenarlo de besos, pero la bandeja de comida se interponía. Si lo hacía, echaría a perder lo que Josh había preparado con tanto empeño, y eso lo decepcionaría.
Que Chase Miller pensara de esa manera era impensable, pero él ni siquiera se daba cuenta. Lo único que sabía era que tenía el pecho tan apretado que apenas podía seguir comiendo.
Cuando por fin logró controlar su respiración, Josh le apartó un mechón de cabello caído y le preguntó otra vez:
—¿Estás bien? ¿Quieres que te traiga algo de beber?
Chase solo negó con la cabeza. Josh, aunque confundido, siguió sonriendo.
—¿Entonces prefieres terminar de comer? Tengo que irme ya, es la hora del relevo.
Josh miró su reloj al decirlo. Chase, con esfuerzo, volvió en sí.
—¿Irte? ¿Adónde?
—Te digo que es la hora del relevo. Debo volver a mi alojamiento —respondió Josh con naturalidad, tomando su ropa para vestirse. Pero Chase lo detuvo.
—Deja de decir estupideces y quédate aquí.
—¿De qué hablas…?
—¡Te digo que no te vayas, carajo!
Josh creyó que seguía bromeando, pero en el rostro de Chase no había ni una pizca de sonrisa. Hablaba en serio. La presión de su mano sujetándole el brazo era evidente. Josh frunció el ceño, pero Chase insistió:
—¿Qué, entonces? ¿Acaso te avergüenza acostarte conmigo?
—No es eso, y lo sabes.
Ante la vehemencia casi desesperada de Chase, Josh suspiró.
—Mi vida privada es asunto mío. No tengo por qué ir contándola. ¿Por qué debería anunciar a todo el mundo con quién me acuesto? Además, si se llegara a saber, el problema sería mío. ¿Quieres que me pase lo mismo que a ti, que me persigan los paparazzi o me ataquen tus fans?
Chase se quedó inmóvil. La luz en su mirada se apagó y el rostro se ensombreció de golpe.
—Yo puedo protegerte.
—El que te protege soy yo.
Josh le cortó en seco. La habitación se llenó de un silencio pesado. Tras un largo momento, Chase volvió a hablar:
—Entonces cambia el orden de guardia.
—¿Qué dijiste?
Ante aquella propuesta inesperada, Josh se desconcertó y preguntó. Chase, con sorna, respondió:
—Si quieres cumplir con tu trabajo y al mismo tiempo satisfacer lo que yo quiero, no hay otra manera. ¿Tienes acaso otra?
—No, es que…
Josh estaba a punto de decir que cambiar el horario a su antojo era complicado, pero al ver la expresión obstinada de Chase, de pronto le vino Pete a la mente.
«¿Por qué tenía que heredar solo este tipo de cosas?»
—Te pregunté si tienes otra manera.
Chase apretó los dientes, insistente. Claro que no la había. Al final, Josh se rindió.
—…Está bien, hablaré con Mark.
—…
—No tardaré, pero suéltame esto primero.
Señaló la mano con la que Chase aún le apretaba el brazo. Solo entonces Chase aflojó la fuerza. Josh se frotó el lugar adolorido y lo miró. Una vez más, el rostro de Pete se superpuso al de Chase, y Josh solo pudo sonreír.
—Ay, Dios…
Con una sonrisa amarga, le revolvió el cabello como solía hacer con Pete. Chase frunció el ceño, pero no apartó su mano; más bien, tocó torpemente el sitio donde Josh lo había acariciado.
Josh se quitó los jeans que llevaba puestos y recogió los suyos del suelo, cuando…
—¿Eh?
El murmullo sorprendido de Chase lo hizo girarse.
—¿Qué pasa?
Chase frunció el ceño y comenzó a olfatear de un lado a otro. Luego, de pronto, se volvió hacia Josh y lo atrajo con un tirón, estrechándolo entre sus brazos para aspirar profundamente. Al levantar el rostro, soltó con dureza:
—¿Por qué hueles a Omega?
El corazón de Josh casi se detuvo. Lo miró con los ojos muy abiertos, viendo en su expresión un torbellino de emociones imposibles de describir. Con rapidez, improvisó una excusa.
—Hace un rato fui al comedor porque faltaban ingredientes. Había muchos Omegas ahí, y el aire estaba cargado de feromonas. Supongo que se me impregnó el olor.
Incluso forzó una sonrisa, como si quisiera convencerlo. Chase lo observó en silencio. No, era imposible: con la cantidad de feromonas que él mismo había liberado, si Josh fuera un Omega ya estaría en celo y arrojándole feromonas encima.
De pronto recordó a la mujer que lo había embriagado con feromonas en aquella fiesta, y el solo pensamiento lo irritó. «Joshua un Omega, imposible.» Con esa conclusión, lo soltó.
—Ve.
—De acuerdo.
Josh respondió ligero, se vistió a toda prisa y salió de la habitación. Esta vez no hubo caricias en el cabello ni un beso de despedida.
Chase, solo, cortó un trozo del filete ya frío y se lo metió en la boca. Curiosamente, no le supo a nada.
«Joshua no puede ser un Omega.»
Era un hecho evidente. Más lógico sería pensar que, al saturar el ambiente de feromonas, su propia cabeza estaba empezando a jugarle malas pasadas.
Pero si seguía así, desbordando feromonas de esa manera…
Chase se detuvo en seco.
«Podría provocar que Joshua mute.»
Un escalofrío le recorrió la espalda. Y si llegaba a convertirlo en un Omega, ¿no terminaría Joshua odiándolo? Con la visión nublada, Chase jadeó, esforzándose por calmarse.
«No va a pasar. No pasará jamás.»
Se lo repitió una y otra vez. Mutar no era algo tan sencillo.
Jadeos. Respiraciones entrecortadas. Cuando por fin recuperaba un poco de cordura, escuchó el chirrido tenue de la puerta del tráiler al abrirse.
—¿Joshua?
Chase levantó su pálido rostro hacia la puerta. En cualquier momento, él aparecería. Vendría a tranquilizarlo. Podría aspirar a pleno pulmón su aroma propio, no las feromonas. «Hoy dormiré abrazado a él…»
Su rostro se iluminó más y más con cada paso que se acercaba. Incluso cuando la figura finalmente cruzó el umbral de la habitación, Chase todavía sonreía con alegría. Pero en el instante en que quiso contenerse y abrazar a Joshua, la sonrisa se le congeló en el rostro.
El hombre que entró sin dudarlo en la habitación, con una expresión tan radiante como la suya, abrió la boca y dijo:
—Vaya, Chase. Así que estabas bien, mi amado hermano.
El rostro de Chase se tornó aún más desprovisto de color cuando murmuró:
—Grayson.
Y hasta ahí llegó. No pudo decir nada más; solo quedó mirándolo en silencio.

TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN