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Capítulo 25

Por un instante, nadie pudo comprender qué estaba pasando. Para cuando Mark sacó apresuradamente su arma, Josh ya había arrancado el auto. La mujer también sacó una pistola de su abrigo justo después. El cañón apuntando directamente hacia ellos era claro como el agua. Mark bajó la ventanilla a toda prisa para dispararle, pero Josh giró el volante bruscamente, impidiéndoselo.    

—¡¡Argh!!

—Ah, ¡mierda…! ¿¡Estás loco, imbécil!? ¿¡Quieres morir!? —Chase, que iba en el asiento trasero, soltó una maldición entre dientes.

Mark lo miró con alarma, pero Chase aún no había recobrado totalmente el sentido. Al verlo apretar los dientes mientras se frotaba el entrecejo como si le doliera la cabeza, la carrocería del auto volvió a sacudirse con fuerza.

—¿¡Qué estás haciendo, Josh!?

Mark también gritó al golpearse contra la puerta. Josh respondió rápidamente sin voltear atrás.

—No baje la ventana. Es una emboscada.

—¿Qué dijiste?

—Es una táctica predecible. No puedo creer que hayamos caído en una trampa tan burda.

Josh rechinó los dientes mientras daba marcha atrás con urgencia. El auto de atrás, igualmente sorprendido por la situación repentina, no pudo reaccionar a tiempo.

—¿Qué carajos? ¿Ese loco qué le pasa?

Henry, que estaba en el asiento del conductor, exclamó desconcertado. Pero antes de que pudiera hacer algún movimiento impulsivo, Josh ya los había sobrepasado solo con la reversa y se había alejado hasta el fondo.

—¡Maldita sea, qué demonios!

Soltó una sarta de insultos mientras giraba desesperadamente la cabeza de un lado a otro, pero no tuvo tiempo de hacer nada. De inmediato, varias personas que se ocultaban agachadas al borde de la carretera comenzaron a salir de su escondite. Los ojos de Henry se abrieron como platos, horrorizado.

—¿Qué diablos…?

Enseguida, comenzaron a disparar con rifles largos. Las balas impactaron por todos lados del vehículo, y un estruendo ensordecedor retumbó por doquier.

¡KYAAAH!

El grito de Laura resonó dentro del auto. Isaac bajó rápidamente la ventana y gritó:

—¡Seth!

Pero no había tiempo para ir a rescatarlo. Al girar la cabeza hacia atrás apresuradamente, Henry soltó más maldiciones. Josh ya se había alejado a una gran distancia en reversa.

—Abre el techo solar.

Isaac lo ordenó con rapidez. Henry presionó el botón y de inmediato intentó dar marcha atrás. Isaac, con cuidado de no perder el equilibrio, asomó la cabeza por el techo. En su campo de visión aparecieron los hombres que disparaban sin cesar. Poco después, el estrépito de los disparos se mezcló salvajemente desde todas las direcciones.

***

—…¡Agh!

—¡Ah! ¡Josh, maldito! ¡Aah!

Desde varios asientos comenzaron a estallar gritos uno tras otro.

—¡Estás loco, idiota! ¿Cómo… manejas así?

Chase rechinó los dientes al hablar, aunque su tono seguía siendo torpe. Pero Josh no le prestó la menor atención y giró el volante violentamente mientras retrocedía en zigzag. Gracias a eso lograban esquivar las balas que les llovían de todas partes, pero no podían huir así para siempre.

Por suerte, Henry e Isaac comenzaron a cubrirlos con fuego, y Josh logró ganar un breve respiro. Justo cuando intentaba reducir la velocidad del auto, una sombra negra apareció de pronto por detrás.

—¡Josh!

Mark gritó alarmado. Era el camión que habían pasado anteriormente en el arcén. No hacía falta pensarlo demasiado: eran cómplices. En cuanto la enorme silueta del camión apareció en su campo de visión, Josh pisó el freno al mismo tiempo que giraba el volante hasta el límite.

—¡…!

Con un chillido desgarrador, el agudo roce del auto contra el pavimento retumbó como si fuera a romper los tímpanos. La carrocería giró descontroladamente dejando marcas de derrape por todos lados. Incluso con los cinturones de seguridad abrochados, sus cuerpos eran brutalmente golpeados contra los lados del vehículo.

No podían pensar con claridad. Sin embargo, Josh se aferró al volante con los dientes apretados, girándolo frenéticamente de un lado a otro mientras alternaba entre el acelerador y el freno. El auto, apenas logrando recuperar el equilibrio, se detuvo brevemente y luego arrancó de nuevo en otra dirección.

—¡Mierda, ese tipo está loco!

Al ver que se les venía encima el auto, Henry gritó. Pero no había otra salida. En el instante en que vio cómo se les aproximaba a una velocidad monstruosa, Henry pisó el freno y detuvo la reversa. Justo entonces, el enorme camión apareció ante él. Cambió la palanca de velocidades y volvió a avanzar. Isaac, que había arrojado un cargador vacío, cargó otro y gritó:

—¡Sigue derecho!

—¡Ya lo sé, maldito bastardo!

Isaac apretó el gatillo varias veces seguidas. Uno de los tipos que disparaban cayó con un grito. Luego otros dos más fueron abatidos, y los tres restantes vacilaron mientras retrocedían. Aun así, seguían disparando sin ceder. Henry, apretando los dientes, aceleró directo hacia ellos.

—Voy a aplastarlos a todos, hijos de puta. ¡Vengaré a Seth!

Ante el grito de Henry, Isaac respondió desde arriba:

—Seth aún no está muerto.

—Si alguien lo toca, lo mato, estúpido imbécil.

Henry escupió con rabia entre los dientes. Isaac echó una mirada al asiento del conductor donde él estaba, y luego volvió a enfocar su vista al frente.

Seth se había refugiado junto al lateral del auto para evitar los disparos. En medio del caos había aprovechado para golpear y dejar inconscientes a la pareja que servía de carnada, pero parecía que ya no podía hacer más. Tenían que acabar con esa situación rápido. Eliminar a los tres que quedaban, y luego…

Hasta ahí llegó el pensamiento. De repente, un claxon descomunal sonó con fuerza. El camión que venía por detrás había tocado el claxon.

—¡Agh, joder! —maldijo Henry, y por reflejo se le resbaló el pie del acelerador.

Laura también gritó y se tapó los oídos mientras se encogía de miedo. En un instante, la velocidad del coche disminuyó, e Isaac perdió el equilibrio y cayó de golpe en el asiento.

Y eso no fue todo. De pronto, los ojos de Henry se llenaron de una luz blanca, como si le hubieran encendido los faros de frente.

—¿Henry?

Isaac lo llamó con urgencia. Pero Henry parecía estar completamente fuera de sí. Aún tenía las manos en el volante, pero ya no servía de nada.

Con el vehículo tambaleándose de un lado a otro, Isaac intentó cambiarse rápidamente al asiento delantero. En ese momento, Henry giró de repente la cabeza y comenzó a estrangular a Isaac. Al verlo, Laura soltó un grito desgarrador.

—¡…!

La situación en el auto que conducía Josh era incluso peor. El estruendo brutal que sonó justo detrás les hizo vibrar el cerebro entero.

Mark, tapándose los oídos asustado, tragó saliva. Josh, que tenía ambas manos en el volante y no podía cubrirse, estuvo a punto de pisar el freno sin querer.

Por suerte, no soltó el acelerador, pero Henry parecía sí haber sido afectado. Su vehículo, que iba adelante, redujo la velocidad de repente y estuvieron a punto de chocar contra él. Josh giró el volante de inmediato, logrando evitar el accidente por un pelo, aunque el parachoques apenas lo rozó.

—…E-es… eso…

La voz de Mark zumbaba dispersa en sus oídos. El claxon volvió a sonar, esta vez aún más largo. Delante de ellos apareció el auto que había servido de carnada. Si seguían así, iban a estrellarse de lleno. Pero no podían cambiar de carril: el auto de Henry se interponía.

—¿Qué carajo están haciendo esos idiotas?

Mark soltó una maldición al ver cómo el vehículo tambaleaba de un lado a otro. Frunciendo el ceño, intentaba entender qué pasaba dentro del coche, cuando de pronto, Laura llamó por teléfono.

[—¡Mark, es grave! ¡Henry está actuando raro, ahora está con Isaac y—¡Aah!]

El grito vino seguido del ruido del celular al caer. Luego se oyeron gritos, forcejeos y golpes. Mark sintió cómo la rabia le hervía por dentro, pero no era momento de gritarles. El camión les pisaba los talones.

Josh apretó los dientes y giró bruscamente el volante. Aprovechó el leve hueco que se formó cuando el coche de Henry redujo la velocidad y se abrió paso a la fuerza. Consiguieron esquivar por los pelos al auto-carnada y salir del cerco, pero no había tiempo para respirar aliviados.

—Oh, mierda…

Mark soltó otra maldición. Un vehículo del mismo tamaño que el camión que los perseguía venía de frente. A ese paso, quedarían completamente atrapados o aplastados entre ambos.

Mark trató de advertir lo que venía. Pero en los oídos de Josh solo resonaba un pitido agudo; no oía nada. Mark, desesperado, gesticuló con fuerza mientras gritaba con ansiedad. Justo cuando el vehículo frente a ellos estaba por alcanzarlos, Josh gritó:

—¡Agárrense todos!

Y en ese instante giró el volante con todas sus fuerzas. El auto dio un giro violento y, por un momento, voló por los aires. Mark se encogió protegiendo a Chase con el cuerpo. Josh mantuvo ambas manos firmes en el volante mientras pisaba el acelerador a fondo.

Las ruedas giraron frenéticamente en el aire, empujando la pesada carrocería hacia adelante. Esos pocos segundos en el aire se sintieron eternos. Finalmente, con un ruido sordo, el auto cayó de nuevo al suelo.

Nubes de polvo y tierra se alzaron en remolinos a su alrededor. Josh siguió conduciendo a toda velocidad por el camino de terracería. Detrás de él, el camión saltaba y se sacudía violentamente mientras los perseguía.

El traqueteo del vehículo era tan brutal que apenas podían mantenerse conscientes. Josh apretaba los dientes, cambiando de marcha como un loco mientras seguía acelerando. Tenía que perderlos como fuera.

«¿Cómo?»

Justo entonces, se abrió una de las puertas del camión y un hombre se asomó por el asiento del copiloto. Josh lo vio justo cuando intentaba lanzar una advertencia, pero ya era tarde: el tipo comenzó a disparar con una ametralladora.

El rugido de las balas sacudió con violencia el vehículo blindado. Josh giró el volante con urgencia, pero no era tan fácil maniobrar sobre el camino sin pavimento, así que apenas logró esquivar algo.

—Piensa, piensa, piensa…

Josh repetía esas palabras como si se azotara a sí mismo. No tenía mucho tiempo. A ese ritmo, los alcanzarían y embestirían por detrás. Si eso pasaba…

—¡Josh, algo anda mal con C!

Mark gritó desde atrás. Aún con los oídos zumbando, el sonido tardó un poco en llegarle. Entonces Josh tomó una decisión y gritó:

—¡Agáchense!

Sacó su arma y disparó sin vacilar contra el vidrio trasero. Los cristales, hechos trizas por los disparos consecutivos, cayeron sobre Mark y Chase, que estaban agachados. De inmediato, Josh giró el volante en dirección contraria. El auto, dando un gran giro, se tambaleó violentamente, lo que provocó que las balas pasaran de largo por un momento. Josh gritó de nuevo:

—¡Mark!

—Lo tengo.

Enseguida levantó su cuerpo y apuntó con el cañón del arma. Mientras el vehículo que los perseguía se tambaleaba al intentar cambiar de dirección, Mark aprovechó ese breve momento para apuntar directamente a las llantas del camión. No supo cuál de los seis disparos fue el que dio en el blanco. Pero lo que sí fue seguro fue el estallido desgarrador que acompañó al sonido: una de las llantas había explotado.

El hombre que se asomaba por la ventanilla disparando salió despedido entre gritos. El conductor giró el volante desesperadamente de un lado a otro, pero no había nada que pudiera hacer. El camión, dando vueltas con gran estruendo, quedó atrás mientras Josh aceleraba con toda su fuerza para alejarse de allí.

—…¡Maldita sea, jodido infierno!

Apenas pensó que habían escapado del peligro, Josh soltó una maldición y golpeó el volante con el puño. Mark, sorprendido por su reacción tan fuera de lo común, lo miró alarmado.

—Está perdiendo gasolina. No vamos a llegar muy lejos.

El GPS tampoco funcionaba. Era un milagro que el coche aún pudiera avanzar, pero no duraría mucho. Al poco rato, la alerta de bajo combustible comenzó a sonar. Y como si fuera el remate final, el coche se detuvo por completo.

En la árida llanura, donde solo crecían matas dispersas, había algunas zonas con árboles, aunque era ridículo llamarlas bosque. Hacía años que no llovía con regularidad, por lo que los incendios forestales eran comunes, y los helicópteros contra incendios se veían con frecuencia.

Pero hoy no era uno de esos días.

—¡Maldita sea!

Josh, sin contener su rabia, le dio una patada al neumático. Por supuesto, eso no iba a cambiar nada. Mirara a donde mirara, no se sentía ni una sola señal de vida.

—Maldito…

—Ey, cálmate.

Mark trató de tranquilizarlo entre suspiros y maldiciones cuando, tambaleándose, Chase salió del auto apoyándose contra la puerta. Al verlo con el rostro completamente pálido, supo que no era buena señal. De repente, Chase se dobló por la cintura y comenzó a vomitar.

UGH… UGH…

Los gemidos de dolor eran constantes, pero no salía nada. Solo escupía saliva mezclada con bilis amarga. Josh, compadecido, lo observó en silencio.

Pasó un buen rato antes de que Chase lograra tranquilizarse, aunque ahora parecía mareado y se quedó allí, de pie contra la puerta, con los ojos cerrados, sin moverse. Josh empezó a sentirse culpable. En vez de disculparse o consolarlo, simplemente fue al compartimento del refrigerador que había en el vehículo y sacó una botella de agua.

Destapó la botella con fuerza y se la ofreció. Chase, que aún respiraba con dificultad, entreabrió los ojos. El rostro agotado y pálido que lo miraba desde abajo, más allá del sufrimiento, seguía teniendo una fuerza capaz de atrapar la mirada. Y esos ojos húmedos, a punto de soltar lágrimas, multiplicaron la culpa de Josh.

Él solo le extendió el agua, sin decir una palabra. Si hubiera sido en otro momento, Chase ya lo habría insultado o habría explotado, pero esta vez solo lo miró, en silencio, como si ni fuerzas tuviera para hablar. Con un leve suspiro, tomó la botella.

Josh observó sin decir nada mientras Chase inclinaba el cuello y tragaba el agua de un solo trago, con la nuez de Adán subiendo y bajando rápidamente. No fue hasta que vació toda la botella que por fin la separó de sus labios con un largo suspiro.

Pasó el dorso de la mano por los labios mojados y, como si fuera lo más normal del mundo, le devolvió la botella vacía. Josh la tomó y la arrojó sin cuidado dentro del auto. Recién entonces Chase pareció volver en sí, al menos un poco. Justo cuando Josh sentía una extraña mezcla de alivio y desazón, Mark habló.

—No podemos avanzar más.

—Ya lo veo, idiota.

Chase, sin duda, había vuelto a su estado habitual. Con su típica rabia y los insultos rechinando entre los dientes, hizo que la culpa de Josh desapareciera al instante. Mark continuó hablando con frialdad.

—Ya que lo sabe, se lo diré sin rodeos. Solo tenemos dos opciones. O nos quedamos aquí esperando a que venga un equipo de rescate, o salimos a buscar el camino por nuestra cuenta.

Mark lanzó una rápida mirada a Josh. Él respondió con voz seca:

—El agua alcanza para resistir un día.

Su plan era pasar la noche en el coche y salir a pie cuando amaneciera. Claro, si Chase estaba de acuerdo en caminar. Aunque, por supuesto, su respuesta fue obvia.

—¿Me estás diciendo que me largue a caminar sin saber ni siquiera dónde mierda estamos? ¿Estás loco, estúpido?

Mark y Josh cerraron la boca al mismo tiempo. Chase volvió a soltar una maldición, frotándose un ojo con una mano, visiblemente molesto.

Mientras lo observaban en silencio, él dejó escapar un gemido bajo y sacó una cajetilla negra de cigarrillos del bolsillo interior de su chaqueta. Caminó unos pasos alejado del auto y encendió un cigarro. Josh y Mark, que miraban su espalda, apartaron la vista con discreción. A su alrededor, no se sentía ni una sola señal de vida. Mark soltó un suspiro.

—¿Y ahora qué hacemos?

Al verlo fruncir el ceño de repente, Josh lo miró con curiosidad. Mark levantó una mano como si dijera que estaba bien.

—Debe de haber sido por el mareo. Hace tiempo que no tenía uno tan fuerte.

Soltó un exagerado “wow” de asombro, y luego continuó con tono más serio.

—De todos modos, no podemos quedarnos aquí para siempre. Hay que intentar salir y buscar una carretera.

—Va a ser un buen tramo caminando.

—¿Y qué otra opción hay? Alguien tiene que ir a pedir ayuda.

Como no había alternativa, Josh solo pudo decir con preocupación que tuviera cuidado. Mark asintió y añadió:

—A estas alturas, el mánager de C debe de haber hecho algo al no poder contactarse con nosotros. Puede que haya enviado un equipo de búsqueda… En todo caso, tú quédate aquí con C y cuídalo. Aún debe tener algo del efecto de la medicina… ¿Estarás bien?

Mark lanzó una mirada dudosa hacia Chase. Él seguía apartado, fumando en silencio. Josh respondió con un vago “supongo”. Mark se encogió de hombros.

—Y si no, tampoco es que haya mucho que hacer.

Después de hablar brevemente sobre la dirección donde creían que podría haber una carretera, el tiempo estimado para llegar, y algunos detalles más, Mark abrió el refrigerador del coche y tomó un poco de agua y algunos bocadillos. Dejó aparte lo suficiente para Josh y Chase.

—Entonces cuídate también.

—Sí, tú igual.

Tras desearse buena suerte mutuamente, Mark fue el primero en marcharse. Josh se quedó solo con Chase.

Cuando vio que Mark ya se alejaba bastante, Josh entró sin dudar al asiento del conductor. De repente, la voz de Chase llegó desde atrás.

—¿Qué haces? Dijiste que el auto no sirve.

Chase estaba ya junto a él. Josh lo miró brevemente y respondió de forma mecánica.

—Sí, pero quería revisar si algo aún funciona. Tal vez podamos enviar una señal de emergencia.

Comenzó a presionar botones por todos lados, revisando el estado del panel. Al deslizar los dedos por la pantalla del monitor, esta parpadeó y se encendió, para su alivio. No estaba en perfecto estado, pero podría servir.

Josh, con paciencia, manipuló la pantalla intermitente. Ajustó la señal con lo poco que tenía, aun cuando se cortaba constantemente. Cuando levantó la cabeza, Chase lo miraba desde arriba con expresión molesta. Josh habló:

—Ya envié la señal. Si alguien la detecta, vendrán a rescatarnos.

—¿Quién?

—…

Pensó en explicarle el funcionamiento del sistema de emergencia, pero enseguida se rindió. También estaba cansado y no tenía ánimos.

—Alguien vendrá.

—…

Chase no respondió. En lugar de eso, comenzó a maldecir mientras pateaba y golpeaba el auto con furia. Como el vehículo ya era chatarra y ni siquiera era suyo, Josh decidió dejarlo desahogarse hasta que se cansara.

Por alguna razón, hoy sentía más que nunca la necesidad de ver a Pete.

***

Cuando cayó la noche por completo, el viento frío comenzó a soplar y la temperatura descendió bruscamente. Josh fue al maletero a buscar una manta. A pesar de que tenía esperanzas, dentro solo encontró algunas herramientas y casi nada útil. Por suerte, sí había una manta.

Josh tembló brevemente sin darse cuenta, luego extendió la manta de un solo movimiento, se la colgó del brazo y fue hacia Chase.

Abrió la puerta del lado donde Chase estaba sentado y lo vio mirarlo con gesto hostil. Josh le ofreció la manta mientras hablaba:

—Tápate, va a hacer frío.

Tal como él decía, en aquella llanura desolada con apenas unos árboles dispersos, el viento frío se levantaba tan pronto caía el sol. Si lo dejaban así, era seguro que su temperatura corporal bajaría. Pero no había mucho que pudieran hacer más allá de acurrucarse dentro del auto cubiertos con una manta. Y aún peor: la luneta trasera estaba completamente rota, dejando pasar el viento sin obstáculos.

Chase solo miró la manta de reojo antes de girar el rostro hacia otro lado. Josh lo observó un momento en silencio, luego se dio vuelta y se cubrió él mismo con la manta. Sintió la mirada de Chase clavada en su espalda. Fingiendo que no lo notaba, se acomodó la tela sobre los hombros.

—Ja.

Chase soltó una carcajada incrédula desde atrás. Josh lo ignoró, disfrutando del leve abrigo que aquella simple capa de tela podía ofrecerle.

Josh soltó el aire con un suspiro y una nube blanca se formó en el aire antes de desvanecerse. De pronto, detrás de él, frunciendo el ceño, escuchó un sonido extraño. Prestó atención en silencio y, al voltear de reojo, lo vio: Chase, con solo una chaqueta sobre una delgada camisa, rechinaba los dientes mientras el viento frío le azotaba el cuerpo.

—Maldita sea.

Soltando una maldición en voz baja, se pasó la mano por el cabello. Sus dedos, largos y elegantes, temblaban finamente, pálidos por el frío. Chase se mordió los labios, giró la cabeza y su mirada se cruzó con la de Josh.

—…

—…

Durante unos segundos, ambos se observaron en silencio. Josh solo se quedó mirando cómo poco a poco regresaba algo de color al rostro pálido de Chase, teñido por el frío. Chase se cubrió la boca con una mano, y al final, todo su rostro se tornó de un suave tono rojizo.

Una ráfaga implacable de viento pasó sobre el rostro enrojecido del hombre. Sus cabellos rubios, tan vistosos, se desordenaron sobre su frente impecable, y el rubor bajo sus ojos se intensificó. Sus pupilas violetas, agitadas, parecían moverse con desconcierto hacia un lado, mientras sus largas pestañas se estremecían.

Josh, que seguía con la mirada la línea que iba desde la punta bien delineada de su nariz hasta sus labios, notó que una respiración temblorosa escapaba entre ellos, ligeramente entreabiertos. En ese instante, no pudo evitar quitarse la manta de los hombros y ofrecérsela.

«Este hombre podría vivir toda su vida solo con esa cara. ¿Qué importaba el carácter?» Josh lo pensó con sinceridad. Si hasta él mismo, sin dudarlo, le estaba entregando la única fuente de calor que tenía.

Chase, esta vez, no lo rechazó. Aunque tampoco lo aceptó de inmediato. Sin decir palabra, siguió mirando hacia otro lado. Josh, en silencio, se la colocó sobre los hombros. Igual que hacía con Pete, la envolvió medio giro por debajo del cuello, asegurándose de cubrirlo bien.

Solo entonces apareció un leve rastro de calor en el rostro de Chase y sus temblores empezaron a calmarse. Él, que se adueñó de la manta sin mover un dedo, se recostó con comodidad contra el asiento. En ese momento, Josh se detuvo un segundo.

«¿Espera… me acaba de manipular?»

Se dio cuenta demasiado tarde, ya no había vuelta atrás. Chase, con sus largas piernas cruzadas descaradamente sobre el respaldo del asiento del copiloto, cerró los ojos. Y como si nada, le lanzó una frase a Josh, que se había quedado pasmado:

—Cierra la puerta, inútil de mierda.

—…

Josh obedeció en silencio. El viento helado que le rozaba la espalda se sintió aún más cortante.

***

Josh abrió los ojos sobresaltado por un escalofrío repentino que recorrió todo su cuerpo, casi una hora después de haberse quedado dormido en el asiento del conductor. Parpadeó, con los ojos algo irritados, y miró el reloj en su muñeca. Luego giró la cabeza hacia el monitor para revisar la señal de emergencia: parpadeaba aún más débil que antes.

La señal, que titilaba como una luciérnaga, desapareció y tardó bastante en volver a aparecer. Josh suspiró con resignación. Echó un vistazo por encima del hombro: Chase seguía hundido en el asiento, con los ojos cerrados.

«¿Estará dormido?»

Tal vez era lo mejor. Josh, por poco, al ver un mechón de cabello cayendo sobre la pálida frente del otro, estuvo a punto de apartarlo con la mano… pero logró contenerse justo a tiempo. Su mirada descendió por las pestañas alargadas y perfectamente delineadas, hasta posarse en los labios entreabiertos de Chase. Lo observó por un rato desde su perfil, y luego, en silencio, salió del auto.

—¡…!

Una ráfaga de viento le golpeó el cuerpo de lleno. Dentro del coche, con los vidrios rotos, ya hacía frío… pero no se comparaba con enfrentar el viento de la noche a cuerpo limpio. El escalofrío lo sacudió por completo, y gracias a eso recuperó el juicio. No era momento de quedarse embobado con la cara de Chase.

Josh se estremeció con fuerza y comenzó a trotar en el lugar. Necesitaba elevar su temperatura corporal de cualquier manera. Recurrió entonces al método más simple y familiar: se tiró al suelo y comenzó a hacer flexiones.

—…99, 100.

Contó como loco hasta llegar a cien y se levantó de un salto. El calor se le había subido a la espalda y sentía todo el cuerpo ardiendo. Por fin, el frío había empezado a ceder. Con el cabello despeinado, que se sacudió sacudiendo la cabeza, volvió a trotar en su sitio.

Mientras trataba de mantener su temperatura en movimiento constante, le vino una sensación extraña. Al girar la cabeza, se cruzó de golpe con la mirada de Chase, que tenía los ojos abiertos desde hacía un rato.

—…

Josh fue reduciendo el ritmo hasta quedarse completamente quieto. El viento frío le rozó los oídos con un zumbido.

—…

—…

Por unos segundos, ninguno de los dos dijo nada. La expresión de Chase, fija en él, le hizo pensar que lo miraba con lástima. Josh se sintió incómodo, se rascó la cabeza torpemente y sonrió con una mueca. Chase frunció el ceño en respuesta. Josh intentó recomponer su expresión, pero ya era tarde.

—¿Qué te hace gracia, idiota de mierda?

Josh ya estaba harto de disculparse, así que simplemente cerró la boca. Se giró de nuevo y continuó moviéndose para entrar en calor. Mientras lo observaba en silencio, Chase terminó por hablar.

—¿Qué se supone que estás haciendo?

—¿No lo ve? Estoy corriendo porque hace frío.

Su tono salió cortante de manera automática, pero Josh no se esforzó en corregirlo.

Lo curioso fue la reacción de Chase. Solo por un instante, se quedó quieto. Como si estuviera sorprendido. «No puede ser…» pensó Josh. Ese tipo no se sorprende por nada.

Decidió ignorarlo y continuó ejercitándose. Pero a Chase no le gustó nada eso.

—Ey.

—…

—¿Me estás oyendo, imbécil?

Chase acabó abriendo la puerta del auto y le lanzó una botella vacía que estaba rodando por el suelo. Josh no tuvo más opción que detenerse y volver la vista hacia él.

—¿Qué pasa?

Respondió sin ocultar su molestia. Chase abrió la boca, pero no supo qué decir. Después de todo, solo lo había llamado porque le molestaba que lo estuvieran ignorando.

Josh frunció ligeramente el ceño al verlo dudar, y Chase no pasó por alto su reacción.

—¿Y tú? ¿Tienes algo que decir?

Ante la actitud descarada de Chase, Josh sintió el impulso de ponerle fin a la conversación. Pero lo que salió de su boca fue algo completamente distinto.

—¿Cómo es que me recuerda?

—¿Qué?

Esta vez fue Chase quien frunció el ceño. Recién entonces Josh se dio cuenta de lo que acababa de decir. Chase solo lo miró, sin decir una palabra. Tal vez, una vez más, iba a esquivar la respuesta. O quizá, simplemente, no lo consideraba algo tan importante como para mencionarlo.

Aun con todas esas suposiciones lógicas rondando su mente, Josh esperaba que Chase lo confirmara de algún modo. Pero él seguía observándolo en completo silencio.

«Si le digo que fue por un sueño que recordé su rostro, seguro me va a mirar como si estuviera loco.»

Chase frunció el entrecejo mientras miraba el rostro de Josh, que seguía esperando su respuesta en silencio. No era una mirada nueva para él. Ya había recibido esa clase de mirada demasiadas veces. Esta vez no sería distinta.

Aun así, no tenía la más mínima intención de explicarse ni de satisfacer la curiosidad de Josh. Si lo hacía, tendría que hablar también del sueño… ¿y por qué habría de ser tan amable?

Por un sueño sobre alguien cuyo rostro ni siquiera podía recordar.

Chase se mordió el labio y entrecerró los ojos. El recuerdo seguía difuso. Tanto entonces como ahora, nunca tuvo certeza de nada. Y sobre todo, ¿por qué razón habría de soñar con eso justo ahora, después de tantos años?

Chasqueó la lengua con fastidio mientras se pasaba la mano por el cabello.

«Solo fue un maldito sueño.»

Justo cuando llegó a esa conclusión, un aullido se escuchó no muy lejos de allí. El rostro de Chase se endureció al instante, y Josh giró el cuerpo por reflejo para observar los alrededores. No estaban solos. Una presencia escalofriante se sentía en todo el cuerpo, y Josh afinó sus sentidos con cautela.

Tomó unos segundos poder identificarlos. Como Josh, ellos también brillaban con los ojos abiertos en la oscuridad, tensos y listos para atacar. No pasó mucho antes de que su identidad quedara clara.

Era una manada de coyotes.



TRADUCCIÓN: ROBIN KLYNN
CORRECCIÓN: ROBIN KLYNN
RAW HUNTER: KLYNN


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